Friday, October 10, 2008

EDICIÓN OCTUBRE 2008

INVENTIVASocial
Edición OCTUBRE 2008
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   Q-U.*
 
 

  La Leo escribe la “Q” y la “U”, a la “E” la va a escribir después. No se por qué, pero pone “QU” y después va a agregar las “Es”. Lo escribe grande, en una columna larga y finita al lado izquierdo de la hoja, y con su regla de treinta centímetros fabrica casilleros desiguales para enmarcar todas esas preguntas incompletas. Quizás sea que las preguntas son incompletas ya que la respuesta es incógnita. Así debería de ser. Uno no sabe la respuesta, no hay por qué terminar la pregunta.
     La Leo está en el geriátrico desde hace varios años, pero estaba acompañada por su mamá de cien años. La mamá ya no está. La mamá murió. Ahora la Leo está solita con sus setenta y cuatro años, y esos siete años que lleva adentro desde los siete años de veras, desde que las convulsiones le detuvieron el tiempo adentro. Siete años de alumnita de primaria. Siete años de viejita que escribe con su birome “QU”. Muchas QUs”, muchas preguntas sin final.
     Y me mira con los ojitos pequeños, me mira con intensidad. Parada frente a mí sobre las piernas con llagas, con la boca desdentada, los rulitos canosos, niñita siempre niña a pesar de las arrugas y las manos manchadas con vejez y tinta azul. Me extiende la hoja mamarracheada la Leo y dice “QUÉ”. Me grita su “QUÉ”. Me grita la pregunta como los niños, que todavía esperan que uno tenga una respuesta; que la respuesta sirva de algo; que sea posible solucionar los desastres que la vida, el tiempo, los insondables acaeceres complican y borronean.
     Desde su vida borroneada, la Leo me grita su “QUÉ”. Qué voy a hacer el día de la madre. Qué voy a hacer el día de la madre. QU, QU, QU, QU, muchas preguntas incompletas una debajo de la otra en birome temblorosa, subrayadas con regla de treinta.
     Qué voy a hacer el día de la madre, pregunta, demanda, grita. Me grita qué.
     Me dice que ya no le puede dar de comer, que ya no la tiene al lado, me repite que ya no le puede dar de comer. El supremo, primer y último cariño, si a los niños y a los viejos les llevamos dulces, galletitas, si a los novias se le regalan chocolates. “Ya no le puedo dar de comer”, dice la Leo. Y me deja estúpidamente balbuceando obviedades inservibles.
     No puedo contestarle. Apenas poner unas palabras sin sentido delante o detrás de otras palabras sin sentido.
     No puedo contestarle a la Leo. Me pregunto qué puedo decirle, cómo consolar su tristeza, su soledad, sus lágrimas de niña anciana que caen redondas y transparentes. Qué puede hacer la Leo el día de la madre. ¿Qué puede hacer?

     Me pregunto qué decirle. Me pregunto QU, QU, QU, QU.
                                                       

*de Mónica Russomanno. monicarussomanno@yahoo.com.ar

CITA A CIEGAS*

 

Anuda una venda alrededor de tus ojos
Déjate guiar por el aroma de la hierba buena
Colócate de espaldas al viento adverso
Siente el sol en la frente
Desdeña los caminos
Los campos de amapolas
Sumérgete en el bosque
Persigue el canto de las aves que huyen a tu paso
Sigue más allá de tu cansancio
Hasta hollar la línea del horizonte.

Allí donde el mar se une con el cielo
Donde cada noche aguardo tu presencia
Te daré mis amores.

*de Marié Rojas  tgrafica@cubarte.cult.cu
(indicar “PARA MARIÉ” en el asunto del correo)

ELLOS*

 

Todavía no puedo pronunciar: nuestra casa y es mucho el costo por una pierna reiteradas veces  operada, cruzar el puente de Santo Tomè. Tan sólo nos separa el río Salado y extraño mucho “mi río”: el gran Paranà. Y “mi hermoso parque”. Hago referencia al Parque del Sur, de la ciudad de Santa Fe.
Hace escasos seis años lo recorrìa todos los dìas  dando una, dos y hasta tres vueltas y  lleguè  a nadar,  mil doscientos metros, pero esto, ya esta en otro relato.
Dejar una urbe por otra, un barrio vivido por años: casi sesenta, es mucho, ¿no? Los vecinos amigos, reiniciar otra historia, cambiando de ropa, de vínculos, de entorno y hasta de agua, cuesta muchísimo.
El dolor se suaviza escuchándolo a ellos. Bastó que una mano sabia pusiera junto a una batea de agua, un comedero.
Ya no están los perros ni los gatos que tanto lo asustaban y, entonces, ¡volvieron¡.
Ellos me acompañan al comenzar la jornada y ¡alegran mis mañanas¡.
Ya no escucho la radio ni las mismas malas noticias o la baja y suba de la Bolsa.
Los escucho a ellos que me acunan con su canto y no me dejan sola.
El llamador de Naty, uno de mis queridos hijos hoy, radicada en el exterior, aquél que en nuestra anterior casa estaba adentro y ahora está afuera, el que le regalara un gran amigo y poeta: Horacio Rossi, los convoca.
Están ambos presentes en el nuevo patio inundado de flores, de luz, de sol.
Sus gorjeos, su manifiesta alegría y algarabía, comiendo, bañándose, han vestido de fiesta sus juguetones vuelos.
Entre arbusto y arbusto ya florecidos, entre jazmín y jazmín, de esta, la nueva casa, en su amplio patio, entre vuelo y vuelo, comparten  uno u otro grano sin disputar.
Se mojan gozosos y juegan entre ellos en sus rasantes aleteos entre césped y techo.
Hablo de “mis” pájaros, de los caseritos, chingolos, tacuaritas, calandrias, palomitas torcaza y las muy buchonas del centenario campanario de la Iglesia Inmaculada.
En el de adelante, percibo los benteveos o pechitos amarillos que, durante algunas horas en busca de agua, abandonan sus nidos de la cercana plaza.
Al atardecer, regresan nuevamente en busca de alimento y, cuando se opacan los rayos de luz, se llaman a silencio.
Reflexión:
Nuevamente repito como lo dijera hace cuatro años, elaborando ayer uno de mis duelos en “Territorios Compartidos” y hoy, otro: “no quiero que…” esta casa,”… tenga murallas, ni que …las ventanas estén tapiadas…” de Mahama Gandhi.
Un pensamiento de Kierkegaad. me impactò muchísimo, por eso lo transcribo: “…la vida…puede comprenderse …mirando hacia atrás, pero se puede vivir mirando hacia delante”

*de Zulema Estela Saus. zulemasaus@yahoo.com.ar

Cincuenta*

 

Empecé a creer en el amor
Sin  contar que tenía mis primeras canas
Comencé a quererte
Sin concesiones
Sin darme  cuenta que contaba
Con muchos años.
Aumentó la fantasía
De renunciar a la rutina y
Aprender a juguetear
En ese universo
De verdades  anquilosadas
En esperanzas de antaño
En arriesgar a ser y “no parecer- perecer”.

Así tan simplemente
Y fenomenalmente como sale
El sol por la mañana
Y la lluvia moja los pies
Con las baldosas rotas de las veredas
Y al estar contaminada
Por la edad de los períodos encadenados
Empecé a conquistar
Los momentos de alegres compañías
Y encarar los abatidos escenarios
Con el íntegro desapego de los niños
Que pueden curiosear
Qué es la muerte
Pisando a un insecto
Que chilla en la suela de un zapato
o
Cuando descubren que su abuelito
Se fue al cielo
Y contemplan los rayos de luz de la persiana
Como surcos separados del día
Así tan simplemente empecé a quererte
En esos ojos de azul intenso
Vi reflejada una jirafa
Que  soñaba estar en su terreno escogido
Encontré tiburones domesticados y
Murciélagos sujetados a la simpatía
de los humanos
de a poquito fui sacando las vendas
que aumentaban los dolores
de la soledad
se fueron aflojando
no tenían que estar pintadas
de rojo sangre
podían caer con ese azul
de esperanza y tranquilidad.

*De Nora Azul del Rosario Akimenco azulaki@hotmail.com

Aleluya*

Yo estaba perdida hasta que encontré al señor ¿La llevo a su casa señorita?
Me desnudó en rojo.
Cuando me invitó a guarecerme en su pecho. Realzó el final que había sido tan feliz.
 
Alabé al señor y me quedé dormida.
 

*de Cristina Villanueva. libera@arnet.com.ar

Campaña de concienciación*

 

Aquel gobierno quería potenciar la conciencia social por lo que adoptó una serie de medidas encaminadas a concienciar a los ciudadanos para que hicieran obras benéficas, sociales y de convivencia.

Entendió que una de las maneras era consiguiendo que cuidaran más y mejor de sus mascotas. Evitar que se produjeran abandonos de perros, dotar a los municipios de solares para que estos animales corrieran y establecer un censo real y efectivo de todos los canes del país. El slogan adoptado “Da a tu perro los mismos cuidados que quieres para ti” manifestaba claramente la intención de la campaña.

Los ciudadanos vieron con buenos ojos estas medidas, sin embargo, todo el mundo entendió que se habían extralimitado con aquella iniciativa de crear una escuela de hombres lazarillo para perros ciegos.

*de Joan Mateu. joan@cimat.es

 

Cuicatl*

 

Me duele la tierra,
Y el pasto,
Y las flores,
Y las raíces que se clavan en ella.

Me duele la tierra,
Y el viento,
Y el agua que corre desbaratando laderas…

Cómo duele la tierra.
En tus manos,
Tus uñas,
Demonio de piel.

Cómo duele la tierra,
Tus labios,
Tu cabello,
Tu corteza empapada
Que los Dioses  quisieran tener.

Me duele la tierra,
Y las rocas,
Y las aves,
Y cada lombriz que es arrancada con fuerza
Mientras se aferra frenéticamente por no partir.

Me duele la tierra,
Y su vida,
Y su muerte,
Y cada pulso que le doy con mis pies…

Cómo duele la tierra,
Cuando llena por completo los pulmones
Y a bocanadas se le obliga a entrar.

*de hugo ivan cruz-rosas. quetzal.hi@gmail.com

*De los idiomas originarios de México, el náuatl es el más conocido por ser el que hablaban los
Mexicas-Aztecas; y Cuicatl significa canto.

 

UN TAL PITÁGORAS*
 
 

Los lados adyacentes al ángulo recto, siempre manifestaron carecer de la condescendencia amistosa que sentido común obliga entre vecinos y esto se debió, en parte, a la rivalidad entre ambos por superar a la hipotenusa.
La hipotenusa, que como todas las hipotenusas juega a dos puntas, realizó sin conseguirlo, grandes esfuerzos para que los adyacentes comprendieran que la suma de sus cuadrados es igual al cuadrado del lado más largo del triángulo rectángulo o sea, ella misma.
Por eso, los trigonómetras contrataron a un tal Pitágoras para que se los demuestre.
 

*De Ana Broglio.  anabroglio2@yahoo.com.ar

 
PRELUDIO DE GARZAS SALVAJES*

 
 
Me desperté dormida en el mar de tus brazos
Ay el preludio de garzas salvajes en el alba.
Giran como caligramas de señales blancas  
Escriben tu nombre que  desbordado cae
En un torrente  de magnolias  de lluvia.
 
Tan blancas sabanas amor/tan negra ausencia.
La costa/tan lejana.
Los árboles de pié intentan/elaborar un oscuro
Duelo de pañuelos blancos.
 
El mar no existe, amor. Lo se.
Quizás escondido en otro cielo, espere.
En las oscuras rocas de los desnudos mares.           
Entre los peces muertos y el ballenato azul.
Entre los vórtices  de abrazos circulares.
Entre los brazos desencontrados de los vientos alisos.
Entre mares australes y océanos boreales
Entre los arrefices de corales pasión.
Entre los fantasmales barcos.
Entre tesoros de recónditos piratas.
Entre los lagartos marinos y la soledad de los Galápagos.
Cabalgando suavemente en los vientos de Índico
 

Hay un epilogo de algas que en oleajes verdes
Te buscan y me buscan                
                    La rosa de los vientos desdibuja la infranqueable bahía de los sueños                                
Se que no estas, quizás nunca estuviste
Pero hay un preludio de garzas salvajes en el aire
Que me hace vibrar, hasta morir. 

*de Amelia Arellano  arellano.amelia@yahoo.com.ar

Rubias…?*

Quisiera ser la rubia tonta

No tener que irritarme

Por llegar a fin de mes

Ni pensar cada día

En el almuerzo y la cena.

En la educación de mi hijo

Ni los autorreproches

Ni sentir la soledad

Y el oscurecimiento

Frente a las decisiones

De trabajo tantas veces

Teñido del sufrimiento

Enajenado de la pobreza

Y  la preocupación de

Expresar la palabra adecuada

Sin dañar a los más necesitados.

 

*De Nora Azul del Rosario Akimenco azulaki@hotmail.com

PARÍS*

 

Quiero decirte tantas cosas
Y no alcanzan las palabras…
Quiero hablarte de París,
De los olores que trae el viento,
De las notas que lleva en sus alas,
De la lluvia que moja mi rostro,
Del ocaso que se cierne
Sobre los tejados,
Y de nuestro abrazo,
De ese abrazo nuestro
Que ciñe la vieja ciudad.

Pero no puedo,
No me alcanzan las palabras…
Para decirte que sin ti
París no es ciudad,
Sino lejanía.
Las flores solo portan aromas de nostalgia,
La lluvia no es otra cosa que gotas de agua,
Que el viento no lleva ni trae melodías antiguas,
Que el ocaso no es sino símbolo de algo.

Porque sin ti,
Y sin tu abrazo,
Sin tu mejilla junto a la mía,
Contemplando como se oculta el sol
Tras los tejados,
No sirven,
No son nada las palabras.

*de Marié RojasTamayo tgrafica@cubarte.cult.cu
(indicar “PARA MARIÉ” en el asunto del correo)

 

La pequeña muerte*

No nos da risa el amor cuando llega a lo más hondo de su viaje, a lo más alto de su vuelo: en lo más hondo, en lo más alto, nos arranca gemidos y quejidos, voces de dolor, aunque sea jubiloso dolor, lo que pensándolo bien nada tiene de raro, porque nacer es una alegría que duele. Pequeña muerte, llaman en Francia a la culminación del abrazo, que rompiéndonos nos junta y perdiéndonos nos encuentra y acabándonos nos empieza. Pequeña muerte, la llaman: pero grande, muy grande ha de ser, si matándonos nos nace.

*Eduardo Galeano
del Libro de los abrazos.

*

muere de muerte lenta
el que no sabe de abrazos
ni del ímpetu
y la fuerza que aprisionan los espacios.
entre tu cuerpo y mi cuerpo
no queda luz si hay abrazos…

*De Ana Lía Gattás. analia_gattasz@speedy.com.ar

FELISBERTO NO SE PARECE A NINGUNO*
 
 

La vida del escritor uruguayo Felisberto Hernández (Montevideo 1902-1962) parece haber salido de su propia literatura hecha de equívocos, de fantasmas y de empecinamientos pueriles por contar no lo inasible sino la materia con la cual se pretende representarlo.
Si bien la actividad literaria no es algo que quite el sueño a los burgueses, en el caso de Felisberto Hernández “su estar en el mundo” pudo ser una intolerable seguidilla de malentendidos kafkianos donde no logró ser reconocido mientras vivió.
Justamente un trabajo del crítico Jorge Panesi se titula “Un artista del hambre” parafraseando un relato del praguense inmortal, ya que Felisberto Hernández se ganaba la vida tocando el piano en remotos tugurios de provincia, amenizando las películas mudas de entonces o dando conciertos en pretenciosos centros llamados  “de cultura”.
Felisberto tuvo tres pasiones excluyentes: la música, la literatura y las mujeres.
Nadie entendió nunca cómo este hombre que llevaba en sí a un niño caprichoso y glotón pudo seducirlas con tanto éxito y tan sordamente durante toda su vida adulta. Tal vez sin el apoyo de cada una de ellas no hubiese podido producir una de las obras más originales y más fascinantes de la literatura escrita en español en los últimos cien años. La escritora mexicana Rosario Ferré escribe: “tenía una capacidad sorprendente para suscitar una gran ternura en las mujeres, aunque luego les hacía la vida imposible(…) las mujeres se enamoraban de él, llevándoselo a vivir con ellas a los sótanos de sus casas familiares, donde harían lo posible para mantenerlo y protegerlo”.
Su literatura que fue inexistente como difusión en todo el continente, apenas fue marginal en su propio país. José Pedro Díaz, uno de sus primeros biógrafos y críticos ha dicho al respecto. “Los pequeños libros que publicaba tenían siempre algo de esotérico: eran apenas existentes, a veces anotaciones mínimas sobre un sesgo de una situación, a veces pequeñas historias míticas, irónicas y filosóficas a la vez. Su quehacer más permanente y ostensible era la música.”
Es Díaz precisamente quien primero traza un ordenamiento de la obra de Hernández y la divide en “tres grupos de libros que se corresponden, además, con tres modos de presentación: sus cuatro primeros libros fueron ediciones de autor y lo constituyen sendos libros sin tapas: “Fulano de tal” (1925); “Libro sin tapas” (1929); “La cara de Ana” (1930) y “La envenenada” (1931). El segundo grupo está integrado por dos únicos relatos largos: “Por los tiempos de Clemente Colling” (1942) y “El caballo perdido” (1943).
Estas ediciones ya no son de autor sino que las financian sus amigos y que llevan un sello editorial de fantasía.
El último grupo lo integra el resto de su obra. “Nadie encendía las lámparas” (1947) que le editó Sudamericana, fue el único libro que en vida se distribuyó comercialmente. A este grupo pertenecen “La hortensias” (1949) y “La casa inundada” (1960).
En la edición de sus obras completas(1) que Arca de Montevideo diera a conocer en cuatro tomos entre los años 1967 y 1970, justamente en su tomo cuarto aparece el largo relato inédito hasta entonces, titulado “Tierras de la memoria”, que aparece con un postfacio de José Pedro Díaz, que no tiene desperdicio por el rigor crítico que tiene, además el mérito de iniciar la cada vez más creciente crítica hernandiana.
Su última etapa es considerada realmente fantástica, como “hermano bastardo” y tardío de los grandes del género en el Plata: Macedonio Fernández, Bioy Casares, Borges, Quiroga y Cortázar.
Carlos Martínez Moreno pudo decir que Felisberto, en un país de literatura realista, “fue la vanguardia de un solo hombre”.
Lo cierto es que la literatura de este  hombre distraído, que fue dándose a conocer, trabajosamente, durante 40 años a  través de ignotas apariciones de 100 ó 200 ejemplares llegó a convertirse con los años en un escritor de los llamados “de culto”.
El filósofo uruguayo Carlos Vaz Ferreira había comentado cuando apareció “Libro sin tapas”, su segundo volumen: “Posiblemente no haya en el mundo más de diez personas a las cuales les resulte interesante la obra  de Felisberto Hernández y yo me considero una de ellas”.
Como casi siempre  la “Institución” literaria (esa corporación de rinocerontes) haciendo gala de su eterna miopía y su resentimiento, esta vez en la voz de Emir Rodríguez Monegal, pudo comentar: “Su eterno desaliño y su desconocimiento de la sintaxis”.
No es para preocuparse, también fueron tratados de brutos Shakespeare, Cervantes, Dostoievsky y, entre nosotros Roberto Arlt.
Como si todos ellos hubieran sido traspasados por las musas y sólo hubieran prestado su mano para escribir esas bellas páginas que la humanidad no dejará morir, para decirlo con palabras de Borges.
Lo cierto es que Felisberto Hernández nos dejó una obra que, pese a no tener ningún punto de referencia con la Historia ni con el mundo circundante, produce una sensación de perplejidad al remitir a la expresión de un narrador generalmente en primera persona que cuenta mientras observa la animización de los objetos, la relación que tiene no con la memoria sino con la enunciación con que aborda la memoria, una relación con la literatura que él mismo llamaba “su misterio”.
La literatura de Felisberto no tiene ni antecedentes ni seguidores. Aunque yo he creído percibir entre nosotros a Hebe Uhart, que en algunos momentos presupone un asombro similar al que experimenta Felisberto ante la cosa narrada. Pero creo que allí se acaban las coincidencias.
Felisberto Hernández recibió, pese a la casi nula difusión de sus escritos, la admiración incondicional de grandes hombres de las letras: Jules Superville, Roger Callois, de Cortázar quien prologó una edición de sus cuentos en Barcelona, en 1973 y de Italo Calvino quien escribió el prólogo a las obras traducidas al italiano del escritor uruguayo. Fue justamente este último quien estampó para siempre: “Felisberto no se parece a ninguno”.

(1) Nota feliz: acaba de ser reeditada por Siglo XXI en 3 tomos con prólogo del poeta mexicano David Huerta.
                                                                         

*De Jorge Isaías jisaias46@yahoo.com.ar

El poeta*

El poeta, caminando lentamente bajo la fina lluvia, subía por el pedregoso camino que iba hasta el acantilado. Iba haciendo repaso de su vida mentalmente, deseando encontrar alguna alegría, pero cuanto más recordaba y más la analizaba, más se convencía de que la decisión que había tomado era la correcta. Apareció, después del último recodo, el borde del precipicio a unos veinte metros escasos. Hizo un nuevo esfuerzo para recordar alguna cosa positiva que le justificara un cambio de idea pero nada encontró y la decisión del suicidio se consolidó en su mente.

No sintió miedo aunque si una profunda tristeza. Se acercó decidido hasta el borde y, tomando impulso, arrojó sus poemas al abismo.

*de Joan Mateu. joan@cimat.es

EL BOSQUE DE LOS CEREZOS HA PARTIDO*

 

Me desperté asustada por el estruendo leve del silencio.
El bosque de los cerezos ha partido.
Ha partido. Ay sin despedirse.
También se ha ido el hombre del sombrero roto.
Se lleva, Ay se lleva la huella de la última nevada.
Los viñedos, inútilmente extendieron sus brazos.
Ay no pudieron, no.
Reclusos crepitan en la pasión dorada del otoño.
El sol, indeciso muerde una manzana de oro.
Ay una manzana de oro.
La esclavitud sonríe en la pausa fresca.
 

El bosque de los cerezos ha partido.
Ha partido. Ay sin despedirse.
El amor y el olvido,  mustios
Caminan  aferrados al  hombre del sombrero roto
Y se llevan, Ay se llevan la huella de la última nevada.

*de Amelia Arellano  arellano.amelia@yahoo.com.ar

Quería escribir*

Él necesitaba escribir.
A primera hora, cuando los zorzales cantaban a la primavera. Mientras su mujer e hijos dormían…
Él quería escribir.
Hasta la media mañana al menos, cuando empezaba a escuchar a su mujer que protestaba desde la cocina:
-“A la carnicería hay que ir con plata”.
 
-Seamos vegetarianos y felices. –le contestaba a los gritos desde la habitación.

No tuvieron que cazar para comer perdices.
 
Ni dejaron de ir a la carnicería.
Ni fueron felices.
 
 
Él, no escribió nunca más.
 
 

*De Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@hotmail.com

 

Convocatoria*

El trilingüe Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL “Estrella Errante” (impreso y digital), que desde hace 17 años se edita en Salzburgo, Austria, convoca a ensayistas, narradores y poetas a colaborar con el trabajo de difusión cultural que llevamos a cabo.

Las colaboraciones deben tener una extensión máxima 4 páginas para ensayo y cuento. Para poesía se ruega enviar una selección de poemas de un máximo de 10 páginas. Los escritos deben acompañarse de un breve curriculum vitae (que contenga la dirección postal) y una foto digital del escritor a la dirección euroyage@utanet.at
 Los textos seleccionados serán traducidos al alemán y publicados de manera digital e impresa.

Más informaciones sobre nuestra labor cultural sin ánimo de lucro en Europa encontrarán en nuestra página de internet www.euroyage.com
 Cordial saludo,

*Dr. Luis Alfredo Duarte-Herrera
Director de YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schiessstattstr. 37    A-5020 Salzburg   AUSTRIA
Tel: ++43 662 825067

*

Queridas amigas, apreciados amigos:

El domingo 12 de octubre del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor argentino Pablo Espada. Las poesías que leeremos pertenecen a María Elena Solórzano (México) y la música de fondo será de Yawar Inka (Andes). ¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!

REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!

Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst,  Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schießstattstr. 37   A-5020 Salzburg   AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067

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Inventiva Social no puede asegurar la originalidad ni autoria de obras recibidas.

Respuesta a preguntas frecuentes

Que es Inventiva Social ?
Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.

Cuales son sus contenidos ?
Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.

Cuales son los ejes de la propuesta?
Proponer el intercambio sensible desde la literatura.
Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.

Posted by URBANOPOWELL at 17:04:59 | Permalink | Comments (2)

Wednesday, September 10, 2008

EDICIÓN SEPTIEMBRE 2008

INVENTIVASocial
Edición SEPTIEMBRE 2008

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Redención*

 
Llegó la redención,
Tan esperada
Y no supe qué hacer con ella
Porque no sé qué hacer sino quererte.

Sin la dulce espera de la nada,
Sin la triste misión de tanta espera.
Sin desgranar rosarios, sin quimera,
Sin la esperanza de volver a verte.

Barquito de papel que boga
En brazos de la luna enamorada,
Barco velero, solo,
Aferrado a la ola de su suerte.

Llegó la salvación,
Como el olvido.
Tocó a mi puerta
Y no acudí a la entrega de mi muerte.

-Del poemario “Memorias del pescador”

*de Marié Rojas  tgrafica@cubarte.cult.cu
(indicar “PARA MARIÉ” en el asunto del correo)

LA ISLA DEL SOL REBELDE*

 
 
Asomarse  para ver el mar como el borde de un sueño.
País, nombre, sueño prohibido.
Eras un gusto entre los labios,
una fruta de azúcares huracanados.
En mi país, a veces, la gente moría por ese sueño,
Otras, a las radiantes  muchedumbres que lo cantábamos,
 nos venían
hombres montados en caballos con máquinas de fabricar lágrimas
para hacernos callar el nombre  de la isla
o del sueño
o del deseo
                de un mundo por llegar.
Ahora que dicen que la historia terminó.
Desde el balcón veo la ciudad
de  las columnas en el espejo de su propia voz.
Isla con puentes sobre el mar.
 Viva
                de son, de ron,
  de calles que crujen, de tambores,
y un aire apenas imaginado,
sin ráfagas  para levantar las polleras de Marilyn,
aunque  si puede, no el aire, sino  las voces, los deseos de un  pueblo,
caminar hacia el centro,
       deslizar al menos la punta de la ropa de la historia.
Para espiar, no claro, no el Paraíso.
 Si, un malecón  a la vuelta del que se cree amo.
Que rodea como un amor,
como una cintura cómplice que baila,
 el cuerpo de los últimos sueños.
Entre los hilos verdes, vegetales
y
la deriva de un sol que no se rinde.
 
 

*de Cristina Villanueva. libera@arnet.com.ar

 

Dos y Tres Noches (o no hay ni dos ni tres)*

Nadie se suicida con un “punto y final”,
Parecieran causar más daño
Las “comas” y los “punto y seguido”;
Pero nadie usa ya,
Para morir tajantemente,
Un “punto y final”…

Ahora hay otras causas por qué morir:
Una televisión,
La partida del ser amado,
La democracia que reviste nuestro Estado
O la playera de moda,
Que combina con los zapatos…

Pero nadie lo hace ya por revertir el hambre,
Por las manos que se quiebran en la miseria
Y mucho menos lo hacen
Por un “punto y final”…

Parecen lejanos los días
Donde un “punto y final”
Era preciso para morir heroicamente;
Ahora se usan los brazos,
Las hordas de desempleados,
Los seguidores de películas de acción
Y a más de un funcionario…

El “punto y final” se evita:
Ha sido olvidado,
Hoy matamos con guerra industrial;
Ya nadie se suicida con signos de puntuación…
Mutilan sus manos y sacan sus ojos
Con latas de frijoles
Embasados al vacío…

Quien quiera seguir viviendo
Se le aborrecerá hasta la muerte:
¿Es verdad que nadie muere ya
por un “punto y final”,
que desde el principio se ha evitado?

Nadie muere en paz sin que la lápida exhiba:
“Punto y Final”…

¿Nos habremos suicidado en vano?

Nuestra vida misma:
¿Alcanzará para dejarnos morir?

El “punto final”
Ha llegado.

*de hugo ivan cruz-rosas. quetzal.hi@gmail.com
 

EL DESENAMORARSE*

El desenamorarse
sucede
de un desenamorarse
lentamente,
como desgrana
el tiempo
en un reloj de arena.

Se va desovillando.
Punto a punto
hilera por hilera
como quien va
destejiendo
una bufanda.

Como pelar cebolla.
Gota a gota
como agua de deshielo,
como cerrar la puerta
que nunca se abrirá.

Se disipa el amor,
se desapega.
Los más ardientes besos
van perdiendo calor.

Hasta que una mañana
descubrimos
que uno no reconoce
en esos ojos
otros
que nos miraron antes.

                         

*De Ana Broglio.  anabroglio2@yahoo.com.ar

 

La inutilidad del sufrimiento*

En el pasado, piso a ciegas el fastidiado recuerdo.
Un  ayer de soledades únicas e irrepetibles para otros.
Para mí el ocaso que tiñe el deseo del hoy. Al cual me lo hace verde huraño. Como la oliva oscura, impregnada de una imperiosa necesidad de sed. Quisiera estar sentada frente al manantial de aguas de ríos de deshielo.
No tan lejos, si pudiera mirar con descaro la sorpresa de cada madrugada, y embellecerme con la suave tela de la juventud.
Podría rellenarme con baladas antojadizas  y de asombro. Me subiría a un globo aerostatito con pocas pesas de equipaje, iría por las nubes probando los sueños de frutos, los que tuve de niña y he invalidado por mi circunspecto afán de ser tan perfeccionista.
De a poco y con fuerza, convencida de no arrepentirme por mi airada neurosis iría tirando al vacío las pesadillas de la culpa, el sometimiento y el rencor,  esas que duelen al viento.
Con la sutileza de un relojero, reemplazaría cada pieza de ritual oxidado por el tic tac de la repetición, e incorporaría la picardía, el sentido del humor  y la aventura.

*de Azul. azulaki@hotmail.com

ADN*

    
    Le correspondía analizar las increíbles muestras de ADN encontradas por la sonda espacial en una de las lunas de Júpiter.

         El ordenador lo sorprendió, no sólo aquellas pautas correspondían a un ser humano, sino que coincidían con su propio ADN… Comprobó una y otra vez, descartando cualquier posibilidad de contaminación.
         Lo aparentemente imposible saltó a su vista: todo margen de fraude era descartable; aquel era su mapa personal, pero reflejaba a alguien veinte años mayor que su edad actual.

         Sonrió.

         El viaje en el tiempo era un sueño realizable y un día llegaría a las estrellas.

*de Marié Rojas  tgrafica@cubarte.cult.cu
(indicar “PARA MARIÉ” en el asunto del correo)

 

EL LINYERA DEL GATO*

 

El linyera del gato  en su mochila lleva,
 
gruñidos de fiera y arañazos de hembra.
 
(Cabalgando, desnuda,  en el potro inalcanzable del amor.)
 
Los esconde en la tumba que retumba.
 
(Como una leona en celo, el amor, aúlla, rasguña)
 
En peñascos de noche jadea el sol.
 
El Volcán de fuego, entibia las colinas
 
Revientan, lujuriosos, los brotes.

La lava se derrama.
 
 
El linyera del gato lleva su mochila
 
al territorio de  los amantes locos.
 
Allí estarás, amor, lo sé.

 *de Amelia Arellano  arellano.amelia@yahoo.com.ar

 

*

Sepa que
su palabra es canto y gozo en la mirada
que en cada marca de su paso,
en el recordado paisaje que me nombra,
que nombro,
queda el corazón de esta huella ingenua
este hilo luminoso que no se aleja
porque queda…

Sepa que
en ese beso mañanero a su Madre admirable
mis labios juegan despreocupados
porque hay alma en su gesto protector
con estrellas de río
que sonríen al niño sonriente,
a los ángeles girando
la altivez de su mano en calor alimento…

Sepa que mi noche canta el canto del recuerdo
cuando lo nombra
que el día sube junto al sol
como naranjal a una estrella
con lluvia
sin espejos
y en perfumada nostalgia de su abrazo…

*De Ana Lía Gattás. analia_gattasz@speedy.com.ar

ANALFABETOS DE AMOR*

Basado en poema de Bertolt Brecht
 

Antes de ser “Juanito Laguna”
Vivió el mundo. ¿Viejo mundo? ¿Mundo nuevo?
 Cueva tibia / tibio mar, tibias mareas.
Protorecuerdo  /  bombo / frágil cristal de roca
Primera herida  / rayo de luz/ vinieron muchas más.
Aprendió como pudo/ morir/ sobrevivir.
El mundo ¿Línea plana?  Final / infierno / paraíso
Piernitas flacas/  costillas salidas/  panza redonda
Un mundo / adentro / afuera/ excluidos/ incluidos/ círculo cerrado.
Nada de  amor / aprendió / el desamor es una moneda de dos caras.
Aprendió / secretos del lobo  Ataque / defensa / defensa / ataque.
In-migrantes. E-migrantes Mulatos/ indígenas/ mestizos.
Ta/ Te /Ti ¿Cara o seca? Alpiste/ perdiste.
Cuando los piojos buscaron abrirse camino /en su rabia gredosa
cerro los dientes/ el corazón / la casa.
Aprendió / no solo de pan vive el hombre / Tambien  de  piedras
Hurgó los desperdicios, / pan  y fruta / chancho limpio nunca engorda.
Zapatos chicos /  dolores grandes  / pantalones cortos / tristeza larga.
 
“Don Juan  de la pipa rota   ¿con que se la componemos?”
Con un palo que le daremos
“¿Adonde está el palo? El fuego  lo quemó
¿En donde está el fuego? El agua  lo apagó
¿En donde está el agua ? Un burro se la tomó
¿Adonde está el burro? El burro se murió
¿Adonde lo enterraron? Adonde quiso Dios”
¿Adonde está Dios? Diosito se escapó
¿De quien  escapó Dios? Del peor de los bandidos
¿”El peor de los bandidos donde está”? /Engendrando
¿A quien está engendrando? A  “Juanito Laguna.”
 
 “Juanito Laguna”/ No  / no aprender /  no  enseñar / no  leer / no escribir/
“Juanito Laguna” / Aprendió / le enseñaron / todo tiene costo
 
Su costo de vivir
 fué
 ser engendrado
 por los analfabetos del amor.
 

*de Amelia Arellano  arellano.amelia@yahoo.com.ar

Recorrerte lentamente*

 

Recorrerte lentamente con mis besos,
acariciarte despacio piel con piel,
hablarte sin palabras de papel
y besarte sin vocales, con acentos.

Sentir este temblor entre mis brazos,
estremecerte entre mis piernas enlazada,
entregarme sin desear nada de nada
y sentir que eres mía en el abrazo.

Amarte con silencios y suspiros,
abrazarte con el cuerpo y con el alma,
meterme entre tus piernas, ya sin calma,
y saber que los sueños se han cumplido.

Quedarás impregnada, en la sábana y la ropa,
y en mi pecho, y en mis manos que te sienten.
Y sabrás por estos labios, que no mienten,
la verdad de los silencios de mi boca.

Ya jamás volverán a ser las cosas
del gris eterno de aquellos sincolores.
Conocerte han sido los mejores
esquejes de mi campo de rosas.

*de Joan Mateu. joan@cimat.es

La punta de las lágrimas*
 
  

Tristeza irreversible de diluvios sin arca
te pareces al niño que me resiste adentro
te veo desesperada tras el robo de los espejos
cuando ya no quedan alegrías a fotografiar
sólo oscuras túnicas de silencio
que nadie toca por miedo al contagio
se prevé el café solo, enfriándose sin palabras.
Tristeza enorme junté anoche
por descuido
aullando bajo la puerta
la tomé en brazos y
en vano la acuné para que no llorase
irrumpió desconsolada patinando por mi cara
me estrelló los ojos contra vidrios
supliqué que regresasen los soles
camuflados de lunas rotas
como si bastasen
para despeñarla.
Tristeza huérfana de risa
que me incita a la desesperanza
a la partida sin naves y sin arca
fortificando en mi naufragio
sólo diluvios.
 

*de Diana Poblet. soydian@yahoo.com.ar

Sucede*

Sucede
que la vida,
no tiene
más remedio
que lavarse
la cara
y salir
a la calle
a buscar
la mañana.

Que la vida
no tiene
otra oportunidad
de practicar
la acción
y se enfrenta
a los hechos
sin haberlos previsto.

Que la vida
no puede
comenzarse
de nuevo
ni permite
flaquezas
ni perdona
demoras.

No sabe
de destrezas
no comprende
disculpas
no acepta
ir por atajos.

Sucede
que la vida
hoy,
no tiene
más remedio
que emprender
la mañana.

De Breve y brillante -Poemas

        
*de Ana Broglio.  anabroglio2@yahoo.com.ar

ELLOS*

         Caminaban de un lado a otro… sin verme, a excepción de algunos que se inclinaban para recoger algo del piso. Otros incluso me pisaron, maldiciendo que me encontrara en medio de su camino.  De repente, uno de ellos me miró fijo a los ojos y me cogió entre sus manos. Se fijó en algunos detalles de mi cuerpo, sonrió y me guardó en su maleta.
Luego de un rato, volvió a abrir la valija, me sacó con mucho apuro mientras me mostraba emocionado a otras personas diciendo:  “Su rostro, miren los detalles, les aseguro que no me equivoco”… “Algunos arreglos en la vestimenta bastarán”… “Tiene una pierna rota, habrá que arreglársela, pero eso no es
problema”.
Me mantuvieron durante un largo tiempo desnudo, diciendo que me iban a hacer una nueva ropa. Cuando me arreglaron la pierna el dolor fue intenso, pero sobreviví.
Ahora estoy en una exhibición, limpio y vestido con mi nuevo atuendo. La vidriera en que me encuentro tienen un cartel que dice:
“Ejemplar único de la raza humana, varón y en edad de apareamiento”.

Es probable que mañana alguno de ellos me compre, es realmente muy difícil encontrar un humano en estos días.

*de Ray  Respall  Rojas tgrafica@cubarte.cult.cu
(indicar “PARA RAY” en el asunto del correo) 

Sultán*

 

- Papá, papá, ¡Sultán me ha hablado!
- Muy bien hijo, ahora déjame acabar de ver el partido.

El niño entra en la cocina corriendo muy excitado y le dice a su madre:

- Mamá, ¡Sultán me ha dicho que le gusta mucho el nuevo pienso!
- Muy bien hijo, ahora vete a jugar que estoy preparando la cena.

El niño se va cabizbajo y se sienta en la alfombra entreteniéndose con un soldado al que se le cae la lanza. Sultán tumbado a su lado no le pierde de vista. Desde donde está escucha a los padres comentar que están preocupados por su comportamiento. Dicen que inventa cosas, la última de ellas que el perro habla.

- Tenemos que dar a Sultán y así solucionamos el problema.

El niño sale al porche con lágrimas en los ojos y se encuentra con la vecina que al verlo de esta manera le pregunta que le ocurre.

- Estoy muy triste porque me voy a quedar solo. Mis papás van a dar al único que habla conmigo.

*de Joan Mateu. joan@cimat.es

La lección*

A edad oportuna la abuela se lo había dicho a su madre con todas las letras.
Años después su madre pudo explicárselo a ella con la firmeza de un catecismo. Como un saber que no debe ser olvidado:
“Hay que conquistar el corazón del hombre, pero que él no conquiste el tuyo”
No entregar jamás el corazón, -ni mucho menos la ilusión- era la consigna.
El tiempo pasó escurriéndose como el agua. Su libertad era tan profunda como su soledad.
En la cola del banco, mientras esperaba su turno para cobrar la jubilación. Escuchó la conversación de dos mujeres jóvenes que hablaban de cómo “Enganchar un tipo”.
Quiso hablarles pero se le hizo un nudo en la garganta. 
Decirles que no es así. Qué el amor no es enganchar al otro.

Lamentó una vez más no tener hijos ni nietos para cambiar la lección.

*De Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@hotmail.com

 

El señor de los perros*

Era bipolar, entre la euforia y la honradez. Entre pulgas y garrapatas amaba tanto a sus perros que cuando estaba con ellos les conversaba de igual a igual.
En esa cucha de gruñidos y hocicos húmedos, no importaba quién era el amo.

 
*de Azul. azulaki@hotmail.com

Las Gotas*

Empezaron a corretear por aquella superficie lisa y transparente haciéndose un poco más grandes.

Estaban en la parte superior de aquel cristal empañado muy cerca la una de la otra. Se miraron y casi al unísono empezaron una carrera por la superficie lisa deslizándose hacia la parte inferior de la ventana. Jocosamente se cruzaban y las estelas que dejaban conformaban un dibujo que parecía un corazón.
Las dos gotas se amaban desde hacía más de un cuarto de hora, cuando empezaron a formarse por el contraste entre el frío de la calle y el calor de la habitación.

Súbitamente se separaron, cada una hacia un costado, pareciendo que no se iban a encontrar más, pero con un rápido giro volvieron al centro y se unieron en una sola, justo en el momento que llegaban a la parte inferior.

Su vida fue efímera pero tan intensa que no se hubieran cambiado nunca por aquel señor que, dentro de la habitación, contaba monedas de oro, tan abundantes como su soledad.

*de Joan Mateu joan@cimat.es

POR SI CONOCEN DADORES DE SANGRE
 

Presentarse en Hospital de Clínicas. Av. Córdoba 2351.   ciudad de Buenos Aires.
 
3º piso Hemoterapia. Lunes a viernes  de 7.30 a 12.30 horas. Sábados de 8 a  12 horas.
 Para el paciente Barberón Nicolás. (8 años)
 

 

*

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Posted by URBANOPOWELL at 21:38:07 | Permalink | Comments (1) »

Saturday, August 9, 2008

DAR LO QUE NO SE TIENE A QUIEN NO ES…

ANALFABETOS DE AMOR*

Basado en poema de Bertolt Brecht
 

Antes de ser “Juanito Laguna”
Vivió el mundo. ¿Viejo mundo? ¿Mundo nuevo?
 Cueva tibia / tibio mar, tibias mareas.
Protorecuerdo  /  bombo / frágil cristal de roca
Primera herida  / rayo de luz/ vinieron muchas más.
Aprendió como pudo/ morir/ sobrevivir.
El mundo ¿Línea plana?  Final / infierno / paraíso
Piernitas flacas/  costillas salidas/  panza redonda
Un mundo / adentro / afuera/ excluidos/ incluidos/ círculo cerrado.
Nada de  amor / aprendió / el desamor es una moneda de dos caras.
Aprendió / secretos del lobo  Ataque / defensa / defensa / ataque.
In-migrantes. E-migrantes Mulatos/ indígenas/ mestizos.
Ta/ Te /Ti ¿Cara o seca? Alpiste/ perdiste.
Cuando los piojos buscaron abrirse camino /en su rabia gredosa
cerro los dientes/ el corazón / la casa.
Aprendió / no solo de pan vive el hombre / Tambien  de  piedras
Hurgó los desperdicios, / pan  y fruta / chancho limpio nunca engorda.
Zapatos chicos /  dolores grandes  / pantalones cortos / tristeza larga.
 
“Don Juan  de la pipa rota   ¿con que se la componemos?”
Con un palo que le daremos
“¿Adonde está el palo? El fuego  lo quemó
¿En donde está el fuego? El agua  lo apagó
¿En donde está el agua ? Un burro se la tomó
¿Adonde está el burro? El burro se murió
¿Adonde lo enterraron? Adonde quiso Dios”
¿Adonde está Dios? Diosito se escapó
¿De quien  escapó Dios? Del peor de los bandidos
¿”El peor de los bandidos donde está”? /Engendrando
¿A quien está engendrando? A  “Juanito Laguna.”
 
 “Juanito Laguna”/ No  / no aprender /  no  enseñar / no  leer / no escribir/
“Juanito Laguna” / Aprendió / le enseñaron / todo tiene costo
 
Su costo de vivir
 fué
 ser engendrado
 por los analfabetos del amor.
 

*de Amelia Arellano  arellano.amelia@yahoo.com.ar

DAR LO QUE NO SE TIENE A QUIEN NO ES…

La sombra china de Jacques Lacan*

En ensayista y semiólogo François Cheng introdujo la poesía y la filosofía orientales en el ideario lacaniano. Dos de sus libros, que ahora se consiguen en Buenos Aires, influyeron en las teorías del brillante y controvertido seguidor de Freud
Sábado 9 de agosto de 2008 | Publicado en la Edición impresa

*Por Luis Gruss
Para LA NACION

Su nombre no suena con demasiada frecuencia por aquí. Quizás ahora un poco más, con la reciente llegada a las librerías porteñas de dos de sus libros fundamentales: Vacío y plenitud (Ediciones Siruela) y La escritura poética china (Pre-textos). François Cheng (nacido en Pekín en 1929 y luego nacionalizado en Francia, país adonde se trasladó en 1948) es, sin embargo, el más reconocido experto en el conocimiento y difusión de la espiritualidad de Oriente. Sus reflexiones fueron fundamentales, entre otros, para su admirador y amigo Jacques Lacan, cuyas investigaciones en torno al valor del significante confluyeron naturalmente con la teoría de palabras llenas y palabras vacías o muertas que Cheng elaboró al analizar la escritura poética china. El sueño tiene la estructura de una frase, decía Lacan en su estilo enigmático que armonizaba con el de Cheng cuando éste comentaba aspectos de la escritura poética china: el ritmo desempeña una función primordial, ya que indica la forma en que se agrupan las palabras y permite decidir cuál es su verdadero sentido.

Filólogo, poeta, ensayista, calígrafo, traductor, novelista y semiólogo, Cheng ha sido un estrecho colaborador de Lacan. El psicoanalista francés lo presentó en uno de sus célebres seminarios (abril de 1977) con su ironía habitual: “François Cheng, que en verdad se llama Cheng-Tai-Tchen, se ha puesto François con el objeto de reabsorberse en nuestra cultura, aunque esto no le ha impedido mantenerse muy firme en lo que hace, un trabajo de gran utilidad para los que aquí se consideran analistas”.

La zambullida china de Lacan nada tuvo que ver con el exotismo que a veces provoca en Occidente aquel mundo lejano de ikebana, té verde, dragones y flores de loto. Lacan vio una clave de sus teorías en los estilizados ideogramas chinos. La forma genera sentidos inesperados. La forma, debe subrayarse una vez más, arrastra por añadidura el contenido y no al revés, como antes se creía. La poesía china es eminentemente metafórica. Sólo así puede concebirse (por ejemplo) que la unión nube/lluvia aluda por elevación al acto sexual; el jade, a la mujer de bellas formas o que la luna llena señale un reencuentro de amantes. Según el imaginario chino estudiado por Cheng, la montaña pertenece al yang y la nube al yin. En ese caso la montaña designa al hombre y la nube (inalcanzable), a la mujer. Las voces que emanan de ellos, entonces, son: “Viajo pero, como la montaña permanezco contigo” y “Estoy aquí pero, como la nube, mi pensamiento viaja contigo”. Esto, aunque resulte arduo de asimilar para el lector occidental, está resumido en un dístico de Wang Wei, destacada figura poética junto a Li Tai Po durante el reinado de la floreciente dinastía Tang.

El lago se vuelve sobre un instante/
La verde montaña rodea la nube blanca

Lacan leyó con atención a los poetas chinos y en ellos, de la mano de Cheng, observó que los ideogramas generan sentido en los versos. Algo análogo sucede en el diván del analista. Simples sonidos evocan situaciones más complejas que trascienden ampliamente las palabras pronunciadas. En su libro La escritura poética china , Cheng cita el “sencillo” ejemplo de un ideograma que, por sus componentes gráficos, suscita una imagen poética. En China la expresión po-gua (literalmente, “melón partido”) designa los dieciséis años de una joven deseable y casadera. A partir de una imagen gráfica se llega, al final de la cadena significante, a la idea erótica de carne tierna (melón) y fresca, mordedura sensual, etcétera. La partición del melón podría ser interpretada como pérdida de la virginidad. Este raro juego de espejos se entendería mejor, claro, si se viera el dibujo partido del ideograma correspondiente.

En su Seminario 24, Lacan les dice a sus alumnos: “Yo quisiera llamar la atención sobre algo: el psicoanalista depende de la lectura que hace de lo que dice el paciente. Y lo que escucha no puede ser tomado al pie de la letra [ ]. ¿La verdad despierta o adormece? Me gustaría que antes de responder leyeran a François Cheng, ya que con la ayuda de lo que se llama escritura poética ustedes pueden tener la dimensión de lo que podría ser la interpretación analítica”.

Eran habituales las caminatas y conversaciones entre Lacan y Cheng, quien no casualmente dedica su libro Vacío y plenitud “al maestro Jacques Lacan”, cortesía que el psicoanalista francés solía devolver en el mismo tono. Leyendo poemas chinos de la Antigüedad o analizando pinturas donde las áreas en blanco eran muy evidentes, los dos pensadores concibieron la noción de vacío no como algo vago e inexistente sino como un elemento dinámico y activo.

El vacío pasa a ser un signo; es origen y elemento central en el surgimiento de ” las diez mil cosas” del mundo. La pincelada del calígrafo o del artista acaba diciendo mucho más de lo que se había propuesto, tal como sucede con el paciente en el consultorio. Lo dicho se traduce en un malentendido eterno. ¿Por qué? Porque una palabra no revela claramente su sentido (por ejemplo, la voz china dao o tao no refiere sólo al camino aludido). Más bien conduce a otras voces en una cadena lingüística así como un sentido conduce a otros. Siempre decimos más de lo que nos proponemos. Esto último se produce mediante los conocidos mecanismos inconscientes de desplazamiento (desvío) y condensación. La digresión es el recurso preferido en estos casos. Sólo hay algo nuevo en el significado cuando hay algo también nuevo en el significante. El sujeto que habla no es amo y señor de lo que dice. En los hechos, termina diciendo más de lo que quiere. Termina expresando (siempre) otra cosa. Desde el análisis lacaniano se afirma que hay que entender al paciente más allá de lo que dice. En cuanto se quiere afirmar algo, se producen incidentes inevitables: de ahí la confusión y la imposibilidad del diálogo como absoluto lazo de unión. Cada uno de nosotros es hablado por la lengua. Por eso, en principio conviene que no nos tomemos a pecho ni a nosotros ni a los demás. El oficio propio del analista es escuchar al paciente casi como si hablara a través de ideogramas chinos: diciendo mucho más allá de lo que dice. Interpretar es escuchar al sujeto no en lo que él cree pronunciar sino en el deseo que fluye a través del significante que por algún motivo eligió.

En función de estos razonamientos, Cheng se detuvo especialmente en los poemas de Li Bo (o Li Tai Po) y otras tantas obras maestras que, como se ha dicho, iluminaron el cielo del arte bajo el imperio de los Tang, durante los siglos VII y IX de nuestra era. Entre varios centenares de poemas, Cheng eligió para su análisis -realizado al unísono con Lacan- una conocida cuarteta (“Escalinata de jade”) que podría traducirse así:

Del umbral de la escalinata de jade
Brota un rocío blanco/
La larga noche penetra en las medias de seda/
Dejando caer la cortina de cristal/
Contemplada al trasluz por la luna de otoño.

El tema abordado es la noche de espera de una mujer ante la puerta de su casa vacía. La espera es inútil porque su amante no llegará. Desilusionada y con frío, la mujer se retira a su cuarto. Allí baja la celosía de cristal y se queda un rato más, confiándole su pena y su deseo a la luna, cercana y lejana a la vez. Li Bo invita al lector a vivir los sentimientos del personaje desde dentro. Pero sólo entenderá mejor la idea que sobrevuela allí el lector familiarizado con el valor simbólico de los significantes chinos:

Escalinata de jade: piel lisa y suave de una mujer. Rocío blanco: noche fresca, hora solitaria, lágrimas. Y tiene un matiz erótico. Media de seda: cuerpo de mujer. Celosía de cristal: interior del gineceo. Luna de otoño: presencia lejana y deseo de reencuentro.

Con esta secuencia de imágenes -dice Cheng-, el poeta crea un mundo coherente y misterioso. Las cosas parecen derivar unas de otras de manera inexorable. Por intermedio de los signos, la luna adquiere su estatus de símbolo primordial de los poetas chinos clásicos, artistas de una sensibilidad nocturna que revela el secreto de una noche de mito y comunión. El amor (que Lacan ha definido como dar lo que no se tiene a quien no es) se conecta con la idea del vacío esencial, es decir, fuente permanente del deseo aunque no excluya -en esa búsqueda infinita- el dolor y la melancolía que inevitablemente nacen de la ausencia.

*Fuente: http://adncultura.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1036743&origen=relacionadas

“Quien ama en exceso se agota”*
 

Reproducimos aquí algunas ideas centrales de François Cheng expuestas en sus libros Vacío y plenitud y La escritura poética china, distribuidos ahora en algunas librerías de Buenos Aires.

“En China, arte y arte de vivir son la misma cosa. El pensamiento estético de ese país considera siempre lo bello en su relación con lo verdadero. La noción central de esta búsqueda se resume en la palabra vacío. No menos esencial que la célebre dualidad yin-yang, el vacío se presenta como un eje en el funcionamiento del sistema de pensamiento chino. Ese principio rige la pintura, la poesía, la música, la narrativa, el teatro y hasta disciplinas físicas como la acupuntura o el taichi.”

“En el orden de lo real, el vacío tiene una representación concreta: el valle. El valle es hueco y aparentemente vacío; pero hace crecer y nutre todas las cosas; lleva todas las cosas en su seno y las contiene sin dejarse nunca ni desbordar ni extinguir. El espíritu del valle por siempre está vivo. En él se habla de la hembra misteriosa. La hembra misteriosa tiene una abertura de donde salen el cielo y la tierra. El imperceptible chorro fluye indefinidamente; se bebe de él sin jamás agotarlo. El espíritu baja al valle y vuelve a subir; es el aliento o el soplo; espíritu y valle están abrazados por la vida.”

“Quien ama en exceso se agota.”

“Antes de pintar el bambú hace falta que el bambú crezca dentro de nosotros.”

“Una obra maestra es aquella que restituye las relaciones secretas entre las cosas.”

*Fuente: http://adncultura.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1037430

    ALLÁ, A LO LEJOS…*

 
Allá,
a lo lejos,
eras un punto en la distancia,
un grano de arena,
una semilla que orbita
en tierras lunares,
 
una gota
de agua cayendo,
un pedacito de cielo recortado
entre el embarcadero
y la visera de mis manos.
 
 

*de Sebastián Slobodjanac Iparraguirre. sebaslobo@hotmail.com 
En Libro “Amor Universal” -Carpe Diem Editora S.J.-2004

ALIMENTOS TERRESTRES*

 

 *Por Miriam Cairo. cairo367@hotmail.com

 

Cuando el apetito voraz la llevó a devorar cerdo, pollo, conejo, perdiz, iguana y cuanto animal cayera en sus cacerolas; cuando el olfato se agudizó hasta percibir a la distancia el olor de lo femenino y lo masculino; cuando notó que las pupilas se le dilataban tanto ante un hombre como ante una mujer hermosa, comenzó a prestar atención a su conducta.
Con dos o tres baños diarios de inmersión en agua fría, procuró bajar la temperatura del cuerpo. Cuando las sales bullían como si ella fuera un termostato en la bañera, la vaciaba y repetía el procedimiento las veces que fueran necesarias.
A pesar de los intentos de sofocación, tuvo que admitir que desde el primer día de casada, el compromiso de ser de goce privativo del esposo, le había sembrado una pequeña raíz de hastío que se empecinaba en ignorar. La fanfarria de aquella noche de vestido excesivo, alegría programada y comentarios acordes a la tediosa eternidad, la hizo sentir como si esa fuera la última fiesta de los condenados. Pero con abnegación mantuvo su compromiso de fidelidad evitando contactos, desviando miradas, tomando distancia.
Esa entrega exclusiva y excluyente le fue diezmando el deseo. Ya conocía tan de memoria aquella piel, aquellos recorridos y vaivenes, que perdió interés en ese cuerpo que no se diferenciaba del propio.
Por el bien del esposo consultó revistas femeninas que indicaban con tino que la pareja debía explorar otros estímulos, otros escenarios, otras coreografías. Sin embargo, tuvo que admitir que por encima de un cambio de posición ella necesitaba un cambio de individuo. Pero no podía desperdiciar, así como así, tantos años de abnegación, de sacrificio y entrega.
Para eludir la lujuriosa verdad, tomó clases de gimnasia tres veces por semana. Buscó aquietar la efervescencia del cuerpo con rutinas en ocho tiempos, con flexiones cortas y largas, con ejercicios abdominales intensivos. Logró aductores rígidos, glúteos firmes, vientre contraído pero en vez de extenuarse, fue aumentando su vigor físico. La ligera vestimenta de sus compañeras, el torso semidesnudo de los hombres y la música energizante, multiplicaron el apetito y las palpitaciones.
Entonces inició cursos de bonsai, de pintura sobre tela, de deshilado en bastidor, de primeros auxilios, crochet, educación vial, esperanto, control mental y cocina vegetariana. En esta última actividad depositó toda su esperanza. Debía desterrar la carne. Los vapores del coliflor y los aromas del berro habrían de sosegar el ímpetu de la sangre. La leche de soja, si lograba ingerirla, apaciguaría el furor.
Sostuvo la dieta con disciplina tibetana. Con el paso de las semanas, se tornó blanca y fresca como una hoja de endibia. Las venas acentuaron el color verdoso y su andar fue languideciendo. El viento la hacía oscilar como una espiga. El cabello floreció en las puntas y fueron inútiles los tratamientos capilares. Las pestañas, las cejas y el vello púbico adquirieron la textura del pasto. Su aliento olía a yuyo, su cuerpo era un árbol. Pasaba horas sentada en el jardín con los pies en remojo y se dejaba rondar sin fastidio por hormigas, pájaros y arañas.
Hasta que el marido advirtió una hipotermia alarmante. El esposo insistió en consultar un médico pero ella se negaba. Cuando ya no tuvo fuerzas para oponerse fue sometida a inyecciones de hierro, complejos vitamínicos, suplementos dietarios.
Día a día sus axilas fueron dejando de oler a brócoli y los dedos perdieron el aspecto filamentoso, para ir recuperando su peligroso aspecto de conformación humana. El sexo, que al contacto con los dedos del esposo, ahora se abría como un alcaucil hervido sin sal y sin limón, fue recuperando la antigua firmeza y el color. Como era previsible, poco a poco el ardor recobró su poderío en cada rincón del cuerpo. La recuperación fue admirable. Así, se le hizo firme la mirada, fácil el contacto, corta la distancia…

*Fuente: Rosario-12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-14689-2008-08-09.html
-Enviado para compartir por Ruben Vedovaldi. RubenVedovaldi@netcoop.com.ar

RIESGO*

 

Si en el riesgo se han dejado piel y pasos
al empeño le han tensado las raíces
y en lo hondo, en lo vivo, allá en lo humano
tendrá un sitio bien ganado la esperanza

Cuánta vida emana de un abrazo
cuánto invierno he visto en las miradas;
mas lo recio se fugó hasta la intemperíe
cuando el ansia por la sed se entrego al viento

Y qué más exigirle a la libido de la noche
y qué historia tan tierna me contó ese cuerpo

El ciclo nació y se perdió en los tiempos
y el andar del alma es lento…

Tristes de aquéllos que no arriesgan
más allá de lo que verbalmente dicen,
en entornos generosamente afines
con argumentos entrañablemente hermosos;
tras vidas cerradas a cal y canto

Donde todo lo previsible va cayendo en lo gregario

Si metafóricamente la memoria es una esponja
o una cinta magnetófonica , tendente en muchos casos
a almacenar con celo , mimo , lo más crudo ;
lo más duro de la bestia cotidiana

Y dado que la felicidad siempre llega fragmentada :
anda , asume el riesgo y ¡ atrévete !
atrévete con tu sueño cualquiera que sea
atrévete incluso a soñar de nuevo.

*De Pablo Fuentes setembrine@yahoo.es

Perdido ante un tunel del tiempo…*

-Texto del año 2002-

Siempre que tomo el ferrocarril Belgrano Sur en la estación Buenos aires me acuerdo del viaje que hice aquella tarde de 1989, cuando todavía estaba cursando la carrera de Sociología. Me debe haber impactado mucho ese viaje pues guarde el boleto de cartón bicolor -ida blanco y vuelta naranja- que vendían en las boleterías de aquella época cuando los trenes eran de una empresa nacional y el ferrocarril perdía solo un millón de dólares por día como aseguraba Bernardo, muy temprano, desde su programa de radio “despertando adormecido”, cuando el sol apenas corría de luz al lucero y muchos maquinistas y operarios ferroviarios del Belgrano, entraban a trabajar en la estación Tapiales, donde están sus depósitos de locomotoras y talleres. Carlos Saúl, había ganado las elecciones hace un mes y conspiraba para tener el poder anticipado, para no esperar hasta el 10 de diciembre, y empezar a “unir las dos Argentinas” ya mismo. Bueno, pero esa es otra historia, padecida por todos.
En ese cuatrimestre cursaba Pensamiento Social Latinoamericano, y la daba Horacio González. Esa tarde fría y gris, nos convoco al numeroso curso a la terminal de la estación Buenos Aires, para tener una clase de cierre en el viaje en tren hasta la estación Tapiales. No me avergüenzo en decir que recuerdo poco y nada de la clase ni del viaje, salvo dos cosas: el respetuoso silencio con el que los trabajadores que retornaban a sus hogares se sumaban a escuchar la clase, y la imagen de Horacio, con su mechón de pelo caído a lo Arlt sobre la cara diciendo que con el gobierno de Menem llegaba el “fin de la patria ferroviaria”. El futuro estaba lejos.  Yo no consideré esa experiencia como una profunda experiencia pedagógica para mi carrera. Y muy lejos también estaba de verme reconstruir recuerdos.

Una gran nebulosa rodea todo lo que tenga que ver con esa época, ¿Qué pensaba? ¿Como sentía las cosas cuando estaba por cumplir 31 años, vivía con padres bastante saludables y tenía trabajo de asistente social en dos escuelas?. No lo sé. No puedo entender bien mi sentir de esa época.

Recuerdo, eso sí, que Horacio hablo de los trabajos que había recibido sin nombrar a los autores, el mío era un collage de imágenes que había recortado en revistas, a las cuales les había agregado algunas citas de autores, seguramente deformadas, habiendo entendido, el “malentendido creativo” que subyace a toda comunicación y desde luego a la literatura. Pero creo, y estoy casi seguro de esto, que estaba a años luz de entender que la “sociedad es como el aire”, y que muchas cosas solo pueden percibirse en ausencia. La ausencia que es una realidad material, ó como gustaba decir Macedonio “casi como un pozo en el pasto”.

Pero en ese año, teníamos 40.000 Km. de vías, había más ferroviarios que botelleros y cartoneros.
 Y aunque el futuro estuviera expropiado de antemano, era un umbral impensable. Como ver desde un hoy cada paso que damos en la pura obstinación de vivir entre lo imprevisible y lo irreversible.

Hace unos años, quede varado en la estación de Tapiales por un desencuentro. y me encontré al frente del bar donde habíamos estado aquella vez sentados todo un curso y sus profesores tomando caña o café. El lugar se llamaba El Nogal, sin duda nombrado así por la calle los Nogales donde hace esquina, esta cerrado según parece hace muchos años, algunos pastos suben por los techos, creo que nunca antes había tenido una imagen que reuniera en pequeña geografía las tristezas del paso del tiempo, hacía un par de meses que se había muerto mi viejo, en un 12 de julio muy frío y luminoso, y yo estaba allí, 12 años después frente a ese bar cerrado, esperando a una persona que no vendría a buscarme. Llevaba el título de sociólogo enrollado en el porta láminas, y vagaba de pura ansiedad por la estación de trenes.
Pude ver por un descampado una locomotora negra de esas que andaban originales a vapor y otra diesel casi un esqueleto vacío, pegaditas como para que no haya mucho trabajo para levantarlas como chatarra. Más al oeste se ven dos vagones de maderita abandonados allí, la mayoría eran -y creo que lo son hoy mismo- usados como una vivienda mísera. En ese andén, percibí nuevamente el vértigo que siento ante cada túnel del tiempo que se abre en mis pasos de cada día, y volví en ráfagas a aquella tarde de 1989, cuando sobre una mesa de bar que bailoteaba por desniveles del piso, Horacio me firmo la libreta universitaria y nos cruzamos una eterna sonrisa.

*De Eduardo F. Coiro. inventivasocial@hotmail.com

*

Queridas amigas, apreciados amigos:

El domingo 10 de agosto del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor mexicano Armando Luna Ponce. Las poesías que leeremos pertenecen a Elena Fassio (Argentina) y la música de fondo será de Jorge “Lobito” Martínez (Paraguay). ¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!

REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo! Cordial saludo!
YAGE, Verein für lat. Kunst,

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

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Tel. + Fax: 0043 662 825067

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Que es Inventiva Social ?
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Cuales son los ejes de la propuesta?
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Posted by URBANOPOWELL at 15:18:53 | Permalink | No Comments »

Thursday, August 7, 2008

COMO EN UNA POSTAL…

RECONQUISTA DE ANTAÑO*

(Década del cuarenta)

Terrosas calles hundidas
Quietos ríos polvorientos
Tus veredas como muelles
Salteadas, altas, salientes.
Sombreaban adormecidos
En los bordes barrancosos,
Amarillentos paraísos,
De gajos ralos,  nudosos.

En cada esquina una loma,
Encima un foco colgante,
Que los vientos hamacaban,
Una luz de cobre, oscilante;
Que a un vacío de sombras,
Quería vencer cabeceante.
Barría el viento norte;
Polvo, arena y hojas secas,
Un caballo flaco y tunante
Tierna brizna  pellizcaba.

Casas de frentes severos
Altas, planas, con cornisas
Se copiaban las ventanas,
Balcones de rejas macizas.
Alineaban las fachadas
Viviendas con almacenes,
Paredes sin revocar,
Puertas de altos dinteles.

En la oquedad de un silencio
Con ecos que repicaban;
Como un ladrido lejano,
Vendedores que voceaban
Pan, pescado, o un artesano,
El batir seco de un parche,
Que la comparsa ensayaba,
Y el tañer de una campana,
Que a la oración convocaba.

En un baldío cualquiera
Tejido de alambre cercado
Juegan niños y mascotas
Bajo un arco deformado.
En el cielo un barrilete,
Coletea libre su suerte;
Y otro caído hace tiempo,
Enreda en el cable su muerte.

Algunos carros mezclaban
Sus crujidos quejumbrosos
Roncaban transportes viejos,
Y escasos autos ruidosos.
Convive en esa armonía,
Traqueteante sinfonía,
Con aromas de especias y campo;
Una vida de pueblo hacendosa,
 Que hoy Ciudad,  guarda orgullosa.

*de Celso H Agretti. celsoagr@trcnet.com.ar
-Avellaneda, Sta.Fe; 02/08/2008

COMO EN UNA POSTAL*

Venta de castillos*

La moda de comprar castillos en Europa y trasladarlos piedra a piedra a
Estados Unidos ha llegado a los países del Golfo. No es de extrañar que las
grandes fortunas en  petrodólares se apuntaran a esta fórmula y el tener un
castillo en una duna del desierto es ahora un símbolo de riqueza, poder y
cultura.

Los precios que se pagan ahora por estos castillos son mucho mayores que
cuando empezó la moda, por ello, los actuales compradores exigen que en el
traslado no se extravíe nada, controlando hasta el menor detalle el
inventario realizado en el mismo día de la compra.
A tal efecto, han creado unos controladores a los que llaman jocosamente
“Controleitors” para tener la seguridad en el traslado. Únicamente cuando
estos “Controleitors” han estampado su firma en el documento de inventarios,
certificando  que se ha trasladado todo lo comprado, se libera el restante
80 % del pago, congelado en un banco suizo como garantía.

Aún y así hay casos en los que se presta a discusión, como el traslado del
mes pasado del castillo de Plumkier en la Renania, que al inventariar en la
llegada los “Controleitors” congelaron el pago ante la falta de tres
fantasmas que sí constaban en el inventario inicial.

*De Joan Mateu joan@cimat.es

Como en una postal*

Sobre la calle, su vivienda
Sentado en un umbral
Arrinconado por el vino
Y el frío del invierno
El borracho del vecindario
Dormía soñaba deliraba,
Intentaba secarse la indiferencia.

Mi visión de vidrios rasgados
Por el impacto de la suerte
Intentaron entre el miedo
Y el pudor acercarme a
Ese ser, paradigma de la pobreza
Pero no pude o no quise.

*Todavía lo pienso. -Azul. azulaki@hotmail.com

Pensamientos*

El boliche, que era nuestro segundo hogar, se esta poniendo cada vez más
mustio. Desaparecieron la jarana y el espiritu de camaradería. La malaria
general nos sacudio duro y logro que cada uno de nosotros, aislado del
resto, pensativo frente a su copa, mastique y digiera sus problemas en
soledad.
-Queridos clientes - Nos dice el gallego -, los vengo observando y me parece
que llego la hora de que les cuente la historia de la fundación de mi pueblo
en Galicia. Los habitantes originales eran gente muy primitiva, hosca,
cerrada, no se hablaban entre ellos, cada cual se ocupaba de lo suyo, cada
uno en su casa y si algo le pasaba al vecino no se daba por enterado. Era
además, hay que decirlo, gente a la que le costaba mucho pensar, tardaban un
montón en construir un pensamiento. Eso sí, una vez que conseguian tenerlo
armado no se lo derrumbaba ni una bala de cañon. Allá por los comienzos, el
único pensamiento al que habían llegado todos, sólido como una roca, era:
“Primero yo, segundo yo, despues mi familia y nadie más”. Imaginese como
seria el trato con los de afuera. En general la naturaleza era generosa; las
lluvias llegaban puntualmente; la tierra respondía y le daba a cada uno
cosechas razonables. Pero según cuenta la historia en algun momento hubo una
serie de cataclismos que dejaron a mis antepasados temblando. Primero
sequías que quemaban todo, después lluvias que no paraban más y pudrian
hasta las piedras. Resulta que un hombre de la aldea se había caido en un
pozo en el medio del pueblo y ahí quedo sin poder salir durante días. Todos
pasaban al lado y seguian de largo. No es que fueran mala gente, pero darle
una mano a un tipo caido en un pozo era un pensamiento que todavía no habian
pensado. Hasta que cruzó la aldea un caminante, vio al tipo alla en el
fondo, le tiro una soga y lo saco. Los demás se acercaron curiosos y uno
preguntó: “Oiga, ¿Por qué hizo eso ?”. Y el hombre contestó: “Porque si
algún día yo me caigo en un pozo me gustaría que alguien me saque”. Y siguió
su camino. Mis antepasados se quedaron en silencio mirandose unos a otros y
después se fueron a sus casas a tratarde pensar. Tuvieron que trabajar mucho
con la cabeza. Hasta que un día una mujer le dijoa otra: “Vecina, me di
cuenta de que usted se quedo sin harina para hacer pan, a mí todavía me
quedan un par de tazas, asi que podemos compartirla”. Uno de los hombres
estaba arreglando su granero que se había quedado sin techo en la tormenta y
otro se acerco y le dijo: “¿ No quiere que le de una mano?, entre dos es más
fácil”. Ahí fue cuando todos miraron el puente sobre el arroyo que la
correntada había hecho de goma hacia como un año y marcharon a
reconstruirlo. Mientras trabajabam se pusieron a considerar las calamidades
que habian estado sufriendo y tuvieron una idea todos juntos: “¿Por qué no
nos ponemos a trabajar para prevenir las épocas de malaria?”. Y bueno, una
cosa trajo la otra; cavaron canales para traer agua, levantaron defensas
contra inundaciones, construyeron un depósito volectivo para almacenar los
cereales. ¿Se acuerdan de la señora de la taza de harina? Tambien ella tuvo
otro pensamiento nuevo, ya a esta altura le venían solos los pensamientos, y
le dijo a la vecina : “¿Y si en vez de hacer pan cada una por su cuenta nos
juntamos y hacemos pan para todos ?”. Ya les dije que tardaban, pero cuando
tenían una idea bien agarrada no se la volteaban ni cincuenta cañonazos.
Cómo se podrán imaginar, a partir de ese momento la vida en el pueblo cambio
totalmente. Mis ancestros instauraron el día del caído en el pozo,
festividad que todavía se celebra con gran pompa y que es una ceremonia
lindisima: delante de una estatua que esta en la plaza y representa al
caminante que les trajo aquella idea, se hace un pozo bien profundo, uno de
los vecinos se tira adentro de cabeza y después entre todos lo ayudan a
salir del agujero.

Encuentro*

En un viaje reciente al pueblo donde viví de chico me detuve en una esquina,
cerca de la estación de trenes, donde todavía resiste una vieja casa de
ladrillos sin revoque y una vez más me vino a la cabeza el nombre de Borges.
En aquella época de mi adolescencia la casa era un almacén que funcionaba
también como boliche y seguramente tenía unas piezas al fondo donde los
paisanos podían alquilar una cama. Ahí, una tarde, mientras pasaba en mi
bicicleta de reparto, vi salir a dos hombres y detenerse bajo el sol y sacar
sus cuchillos.
Yo acababa de llegar al pueblo desde otro continente. Había cruzado el
océano en un barco de emigrantes y en nuestros bultos, entre las escasas
pertenencias, había algunos libros de Emilio Salgari. Me pertenecían y
habían llenado mi infancia de aventuras. durante la travesía, yo sentía que
esas aventuras comenzaban a perfilarse como posibles y parado en la proa del
barco soñaba con una América mítica y confusa donde se mezclaban los indios
sioux, el México legendario, el Amazonas y los Andes. Es probable que,
cuando llegamos, aquél pueblo chato me desilusionara un poco. Lo que
descubrí fueron silenciosos hombres de a caballo y que llevaban cuchillos en
la cintura. El cuchillo era una herramienta de trabajo para los hombres de
campo, pero también servía para dirimir oscuras reyertas en cualquier calle
de las orillas del pueblo. Supe de muchas peleas y algunas habían alcanzado
estatura de leyenda.  Y aquella tarde vi mi propia pelea. Tal vez sentí que
la aventura había llegado por fin a buscarme. También es posible que aquel
enfrentamiento bajo el sol me haya parecido una ceremonia triste. En esos
días apenas masticaba algunas palabras del nuevo idioma y hacía mi
aprendizaje recorriendo las páginas de revistas viejas. Sé que una de las
primeras historias que pude leer entera -o tal vez fue una de las primeras
que me impresionó- trataba de dos hombres que se enfrentaban a cuchillo. El
autor se llamaba Borges. Aquello que había visto meses antes en una esquina
volvía a encontrarlo en las páginas de una revista o de un libro. Este
acercamiento doble, mi experiencia por un lado y las palabras escritas por
otro, ahora asociados, abrían una perspectiva nueva, le conferían al hecho
una importancia que yo todavía no hubiese podido definir, pero cuya magia
comenzaba a seducirme. Tal vez descubrí ahí, sin saberlo, la fascinante
alquimia del traspaso de la realidad a la ficción, la realidad rescatada y
perpetuada en la literatura. Después, mucho después, accedería a los libros
de Borges y volvería a enfrentarme con otros rituales donde la violencia y
un par de hojas afiladas eran los principales protagonistas. Y tal vez pude
especular, igual que otros, con la inútil reflexión de que esa pasión por
los cuchillos, que atraviesan tantas de sus páginas, no sea más que la
manifestación nostálgica de un hombre condenado al hábito de las ideas;
nostalgia por un mundo donde lo que importa es el riesgo y el coraje físico.
Descubriría también que las historias de Borges no estaban hechas sólo de
puñales y hombres que los esgrimían. Su literatura era mucho más que eso y
me deslumbré con sus juegos, su humor, sus laberintos y su inteligencia.
Pero para mí, aquel hallazgo inicial siguió teniendo peso propio. El
recuerdo de los dos hombres parados bajo el sol de una calle de mi
adolescencia irían acompañados siempre por la fuerte resonancia del nombre
de un escritor. Y me remitirían a él tanto o mucho más que las catedrales
elaboradas por su prodigiosa fantasía. Estas cosas sentí en mi última visita
al pueblo, parado frente a aquella vieja esquina. Volví a pensar que ahí
había comenzado efectivamente una aventura y que esa aventura todavía me
acompañaba. Pensé también que esa contraposición o esa alianza entre la
barbarie del cuchillo y la delicadeza del pensamiento se convirtieron
después en una imagen válida para definir la América que descubriría con el
pasar del tiempo.

*Escritos de Antonio Dal Masetto.

La literatura, vana y peligrosa*

*Por Gary Vila Ortiz

En un excelente libro sobre Proust, una antología crítica realizada por el
estudioso español Víctor Gómez Pin, recordaba en alguna de las primeras
páginas que Proust parecía tener la convicción de que la literatura, como
tal, era vana y peligrosa. El comentario del mencionado pensador español
era, me parece, de una lucidez convincente: esa convicción, sin embargo, no
era tal si no que se trataba de un juego de ardides. Para el lector profano
y común que somos, ese libro nos fue necesario para nuestras desprolijas
lecturas de Proust, que fueron como perdidas en la vastedad de dos o tres
bibliotecas que aparecen y desaparecen como en un sueño. Esa memoria
involuntaria que se encuentra en todo Proust, pero sobre todo en dos
episodios de su obra, que suele acosarnos, pero nunca para sacar las
conclusiones y la ejecución de un libro tan poco común y tan persistente
para sus lectores ajenos al estudio sistemático del arte literario. ¿Cuál es
la diferencia de la lectura de Proust por parte de un profano que lo lee y
relee siempre encontrando cosas nuevas que aquella que hace un especialista?
En vano buscamos encontrar una respuesta pero, posiblemente, si encontramos
alguna no debe ser la adecuada. Sabemos que es así y que nuestra lectura de
Proust, como la de otros escritores, no llegará más lejos que adonde ha
llegado. Como consuelo a esa limitación pensamos que, en ocasiones, ese
profano que somos encuentra aquello que el que tiene una preparación
universitaria no puede imaginar que en ese sitio en donde a uno le parece
ver tal movimiento en la escritura, al profesional le parecerá un absurdo.
Y en el caso de Proust (y es cierto que en el de muchos otros) esas lecturas
“periodísticas”, dicho esto en un tono peyorativo, nos deparan más de un
nuevo asombro aun en aquello ya descubierto o ya leído. Proust es (chocolate
por la noticia) siempre sorprendente (de una manera diferente a lo
sorprendente en Borges, en Becket, en Joyce, en Kafka o en Nabokov) pero no
únicamente en su búsqueda del tiempo perdido, ese tiempo que dicho sea de
paso, creo que somos muchos los que buscamos. No a la manera de Proust (su
obra no tiene repetición posible, no tiene discípulo alguno, se lo puede
querer imitar, pero no pasa de un desastre), pero con una intencionalidad
similar, ya que tanto los olores como los sabores, así como la música, ponen
la memoria involuntaria de cada uno, incluso de las memorias que pueden ser
más pobres en experiencias.
El libro de Proust es también una forma de llevarnos al pasado, el libro en
sí, la forma en que fue leído, las páginas y la edición donde lo
descubrimos, el subrayado repetido en distintas ediciones. Las páginas de
Proust producen esa memoria involuntaria. En lo que hace al libro de Gómez
Pin como en otro de Luis Antonio de Villena, titulado justamente “La memoria
involuntaria”, los autores ponen el acento en dos episodios. Gómez se
detiene en algo que ocurrirá en el patio del hotel de Guermantes, que le
evoca el momento aquel de la magdalena pero con un nuevo sentido. Villena
pone el acento en esos instantes en que Proust, al mojar la magdalena en su
té de tila (acaso habría que decir de tilo), regresa al pasado. No recuerdo
qué estudioso de la obra de Proust observaba que, necesariamente, la
magdalena debía estar empapada en el té, pues de otra forma no habría vuelta
al pasado de ninguna manera.
Villena cita a Proust: “Pero cuando nada subsiste ya de un pasado antiguo,
cuando han muerto los seres y se han derrumbado las cosas, solos, más
frágiles, más vivos, más inmateriales, más persistentes y más fieles que
nunca, el olor y el sabor perduran mucho más, y recuerdan y aguardan y
esperan sobre las ruinas de todo y soportan sin doblegarse en su impalpable
gotita el edificio enorme del recuerdo”. ¿Explica eso que la lectura de
párrafos de Proust y de sus comentadores nos lleven por caminos vivenciales
a otros autores?
Ya he dicho que para nosotros los libros juegan el papel de la magdalena
mojada en el té de tila. Acostumbrados desde muy temprano a subrayarlos,
hacerles anotaciones marginales, apuntar los días de sus relecturas, el
recuerdo surge como una vivencia plena de lo repetido y no mera rememoración
de ello. Es así como lo puntualiza Gómez Pin y así lo sentimos.
Tratemos de provocar en nosotros mismos algo así como un intermedio, un como
encerrarse en un paréntesis, y desde ese refugio, un palco cerrado mientras
miramos al “otro mundo” en el escenario, sea cual fuese el otro mundo,
resultado de lo que podríamos llamar la “angustia de las influencias” en el
sentido que le da Harold Bloom. La evocación se encuentra encadenada a datos
que, acaso, sean meramente circunstanciales pero que perduran en la memoria.
La memoria involuntaria, que se instala en nuestro pensar a partir de
Proust, suele caminar por lugares insólitos, que pueden o no estar cercanos
a Proust. Más aún, nos obliga a la búsqueda de libros, algunos que tenemos y
otros que no, a escuchar músicas que ignoramos, que relación tienen con
Proust (en realidad creo que ninguna), incluso a mirar films que nos parecen
regresarnos a un, para nosotros, antiquísimo comedor de campo, iluminado por
un farol de noche en el medio de la mesa para más de diez personas, volvemos
al olor de una sopa a la que los argentinos le pusieron el nombre de un
presidente brasilero que nos visitó, creo que para el tiempo del Centenario.
Mi tía Elena la preparaba de una manera fenomenal: era una sopa de arroz,
bien espesa, con gallina y otras yerbas que no recuerdo (y mi memoria me las
oculta) y era realmente deliciosa.
Pero es evidente que este recuerdo casi campero, o campero a secas, nada
tiene que ver con aquella magdalena cuyo sabor, siempre mojada en té de
tila, produjo una de las novelas más singulares del siglo veinte y una obra,
por cierto, que en muchos de sus aspectos nunca ha sido superada.

*Fuente: Rosario-12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-14659-2008-08-07.html

*

“Abre los ojos”

Son imposibles
son incapaces
son fugaces.

Tus malos entendidos son un estorbo,
quizás solo malgastando el tiempo,
para terminar por concluir: esta mujer está loca.

Limpieza general me pide a gritos
el escondido corazón.
Y yo tratando de pensar…
para elegir qué hacer.

Y tu imagen es un glaciar mas que un reflejo.

Son invatibles
son inalcanzables
Impenetrable, es la sensación.

Ya no te pido
ya no te espero
hace tiempo no te creo.

El agua se volvió desierto,
ya no te creo.

Y esto te lo iba a dar,
pero ya no te espero.

Y aunque quiera que lo escuches,
ya no te quiero.

Puede ser tan corto el espiral
y tan poco tierno.
Todo lo que quedó atrás,
se lo lleva el viento.
Y no es tiempo de echar culpas
ni de falsos lamentos.

Se dijo Basta hace mucho tiempo.

*de Julia Irigoitia. juliados@hotmail.com

Para ver desde el zeppelín*

-Texto del año 2003-

1.

Pienso en  promesas incumplidas. Ahí están las palabras incrustadas en el
alma, hundidas en el muro, llevadas para siempre adentro. Las promesas
imposibles de cumplir, deuda eterna con quien ya no esta. Y, las otras que
abren futuro como los cielos libres y un batido alto de alas. Remontamos un
barrilete en el polideportivo de la escuela de Franco, es una tarde fría y
oscura, gélida, nuestro barrilete hace papelones, sube breve y se desmorona,
ninguna teoría logra que permanezca en los aires. Hemos llevado varios
modelos, ninguno funciona, lo siento como una derrota, o quizá como un
anticipo de otras derrotas que la vida le inflige a la ilusión. A los chicos
no les importa, corren, se cuelgan del hilo del que si sobrevive al viento
huracanado, comparten, festejan las caídas de los barriletes. No funcionan
los tiros, la cola de tela es muy pesada, el último cae. Invierno terrible
aquel, con malas noticias sobre la salud del Nono.
Mi hijo observa, no le importa mi frustración de fabricante de cometas y
así, sin aviso, me pregunta:      - me vas a llevar a conocer el pueblo del
Nono?
El pueblo del Nono esta en Italia, y se llama Paterno Di Lucania, para ser
más precisos. Lo abrazo fuerte y él escucha bien mi respuesta:  -si hijo, te
voy a llevar…

2.

Silvano D’Orba. El tío abuelo Pascual, se siente muy viejo y sin
descendencia, decide dejar instrucciones para el después de su muerte.
Piensa en su hermana mayor ya fallecida, con dos hijos y dos nietos, En su
hermano menor, Juan, tres hijos profesionales, nietos y bisnietos. Pascual
ordena en su testamento que mientras esa casa exista este disponible una
habitación lista para recibir a los descendientes de sus hermanos que
lleguen desde la Argentina. El los espera, ahora o en un futuro indefinido,
confía, quiere que ninguna puerta se cierre después de su partida.

3.

Silvana escribe las cartas de su madre a su tío en la Argentina, cuando él
partió ella no había nacido, solo quedan las fotos, algunas anécdotas, el
relato de su madre y de la abuela sobre la partida: primero llegar con ese
enorme bolso hasta la estación de trenes de Marsiconuovo, La letorina va
repleta y muchos también van a Napoli para embarcarse a América. Muchos
chistes y risas cubren las sensaciones de dolor que no tienen cabida. No es
la primera generación que viaja a la Argentina, la tía abuela con su familia
ya están allí desde 1927, cuando el tío cumplió 4 años y crecía fuerte
tomando leche de cabras y comiendo sopressatta. Escribió una nueva carta, y
sale a ver el cielo, sueña el avión que nunca partirá.
Pero ella escribe sin parar, una carta por cada peca de su rostro pelirrojo,
no solo a la Argentina, el leer y escribir en varios idiomas la hace sentir
ciudadana de un mundo más cercano, con amigos que escriben en francés,
inglés, portugués, y hasta en chino, el último de los idiomas que aprendió a
traducir.
Sueña abrazos de primera vez, reencuentros esperados en cada carta de
promesas abiertas. Llegará ese día..?

4.

Mario ya compro los pasajes en avión, el se siente italiano como sus padres,
quiere vivir de la escritura, trabajar de corrector o de guionista en la
industria del cine. Su amigo Manuel ya partió hace un par de años a probar
suerte en Italia con una beca. Todavía están frescos los años en que se
escapaban de la escuela secundaria para ir al cine a deslumbrarse de
Hollywood. Manuel le dice en la penumbra del cine, que pegara palabra tras
palabra como en los hilos de araña hasta llegar a escritor respetado. En la
pantalla ella espera del otro lado de sus ojos. Rita Hayworth, es la araña
que espera del otro lado de su mirada trampa. Mario y Manuel, sienten lo
mismo, esta realidad como los halagos comunes de las parejas son cadenas que
atan para no dejar crecer. Y, como el cuerpo y otros designios debe ser
destruido, para ser re-escrito de otro modo.
Unos días antes de partir, llega la sobrina de Manuela para almorzar. Es un
jueves, el día de la semana que esta destinado a almorzar con visitas, ella
se sienta en el mismo lugar donde se sentó Manuel muchas veces antes, esta
embarazada y pasea su dicha por la casa de las tías. De golpe, se hizo un
silencio largo, de esos que piden respuesta. Mario, la miro, le dijo que
tendría un hijo varón. -Ya lo veré a la vuelta de Roma.

5.

A quienes llevo a viajar, por mis viajes en la vida. Quien de ellos quiere
despertar de su letargo, invitarme a volar de palabras, a que destino real
llevarlos a todos. Azar de azares. Podré ir al pueblo de mi padre con mi
hijo crecido algún día?.
Cuantos destinos hay, en las promesas implícitas del pasado, en los aires
que se viajan como una boca del infinito, ni mar ni cielo, a la altura justa
de los ideales que no pueden descender.

6.

1928, mi madre esta en la panza, casi a punto de nacer. La abuela no sabe
leer y escucha asombrada las noticias que le lee en voz alta su hermano
Joany sobre la partida del Graf Zeppelin. Se sostiene la panza sentada
debajo de la parra en Turdera. Hay detalles: tiene 235 metros de largo y una
capacidad de 105 millones de litros. Al futuro le resta escribir mucho
todavía: dará la vuelta al mundo con escalas en Tokio, Los Angeles y
Lakehurst, Nueva Jersey. Cruzará el océano Atlántico hacia América del Norte
o del sur 139 veces, volará  1.600.000 Km. en sus 9 años de funcionamiento.
Pero, cuando el Graf llego a Buenos Aires, en 1934, la pequeña ya quería
partir con su propio bolsito al hombro, quizá a buscar a su padre Fernando
que se “había ido con otra”, ya se había ganado varios apodos: Shirley, por
los rulos, y el que le quedaría durante muchos años: La Nena.

7.

El gorrión picotea rápido el pedazo de tostada del otro lado del vidrio,
mientras acá adentro observo al gato durmiendo sobre la colcha de mi cama y
pienso en esos artefactos más livianos que el aire, en los cuales vamos a
viajar sin alas, más alto que las aves migratorias. Salgo a recorrer las
cosas y los recuerdos, apenas un inventario de las cosas que desatan
recuerdos que merecen ser escritos: está el zeppelín de mi hijo, mi viejo lo
trajo de la fábrica Láctea donde se jubilo después de 25 años. Fue a ver a
sus antiguos compañeros, quedaban muy pocos, la mayoría ya jubilados. El
delegado, sigue allí, no lo pueden echar por los fueros gremiales. Le
regalaron el zeppelín, es para el nene me dice, también una canasta con
productos de la marca. Esta casi desinflado, el nene lo uso mucho en la
bañera, para el era una ballena que lo llevaba a navegar, lejos, muy
lejos….

8.

Es cierto¡¡¡¡, si lo observo con ojos de niño, por que no puede ser una
ballena?, solo dibujarle la boca y los ojos de profunda sabiduría. Hasta
tiene las aletas. En realidad es la versión pequeña de un zeppelín
publicitario que atravesó los aires, se notan los colores y la marca “La
Serenísima. La verdad Láctea” a lo largo del dirigible y abajo en la
góndola, donde viajan tripulación y pasajeros. Vuelvo a mirar y se me ocurre
que tengo el nombre justo para bautizar a nuestro primer zeppelín, se
llamará: Moby.
Será Moby por la ballena del capitán Ahab, por su obstinación, por su
secreta firmeza en seguir.

9.

Veo las nubes altas del atardecer con cierta ansiedad, veo formas de los
zeppelines en esas nubes lejanas. Pienso desde ya, en esa aventura de
descubrirnos en viaje, de aprender a vernos adentro, viendo alto, con cierta
distancia las cosas, la geografía social. . En aquella nube puedo ver a
Julie Andrews. Su belleza eterna de Mary Poppins, con su paraguas todavía
cerrado, bien clavado en el suelo nube, esperando con su mejor sonrisa,
mientras imagino soñados y míticos reencuentros en el aire.

*De Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@hotmail.com

*

Queridas amigas, apreciados amigos:

El domingo 10 de agosto del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg
(107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro
programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor
mexicano Armando Luna Ponce. Las poesías que leeremos pertenecen a Elena
Fassio (Argentina) y la música de fondo será de Jorge “Lobito” Martínez
(Paraguay). ¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar
online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede
bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia
horaria con Austria!!!!

REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se
repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en
la Radiofabrik de Salzburgo! Cordial saludo!
YAGE, Verein für lat. Kunst,

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schießstattstr. 44  A-5020 Salzburg  AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067

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Respuesta a preguntas frecuentes

Que es Inventiva Social ?
Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.

Cuales son sus contenidos ?
Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y
noticias que se publican en los medios de comunicación.

Cuales son los ejes de la propuesta?
Proponer el intercambio sensible desde la literatura.
Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.

Posted by URBANOPOWELL at 22:51:58 | Permalink | Comments (1) »

Sunday, August 3, 2008

EDICIÓN AGOSTO

INVENTIVASocial
Edición AGOSTO 2008

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LAS GRUTAS DE SARA*

    
     Siempre es mágico y misterioso esto de entrar a la tierra, de penetrar por los recovecos donde se refugiaron los hombres de la prehistoria, esos lugares de temperatura constante como la cava donde se almacenan los vinos para transmutar en exquisito y viejo lo joven y destemplado.
      Claro que nuestros antepasados no habitaban más que en la sala de recibimiento, donde la luz aún proporciona un contacto con el exterior y donde aún se cuelgan los murciélagos. Apenas la antesala, el inicio.
     Pasarelas y escaleras nos permiten llegar más adentro, recorrer pasadizos que eran para los osos de las cavernas, animales de tres metros de estatura si se les daba por poner su altura sobre las patas traseras. Osos que ya no hay. Y un océano sumergido, las conchas marinas y los fósiles tubulares tapizando la pared más recóndita, adonde uno no sospecharía, jamás sospecharía que hubo mar.
     Las placas que se chocaron allá lejos en un tiempo inimaginable soldaron la Europa con la Iberia (aún desunidas esas placas, como lo dijo Saramago cuando imaginó el camino inverso,  la península bogando de nuevo a la deriva, lejos de esa Europa a la que está adosada imperfectamente).
     Conchas marinas y animalejos de las profundidades, en las profundidades ahora, a cuarenta metros de la superficie colina arriba.
     Y la caverna formada por el agua. Corroída la roca, infiltrada, vaciada hacia abajo hacia abajo en galerías superpuestas, caprichosas, chorreadas de cristal ferruginoso. Unas cavernas vivas, sonoras, gotas sobre lagos serenos, gotas límpidas sobre mi cabeza, humedad de los muros. Tan rápido cae este agua que no da tiempo para las fantasmagorías de estalactitas y estalagmitas. Nada de columnas; paredes chorreadas, sí,  urgente el agua para esculpir y dar forma a la imaginación de la piedra.
      Nos hablan de los pueblos originarios, de la cultura que se creó entre estas montañas, nos hablan de los mitos de este pueblo que pobló los Pirineos. Y fue ayer. Fue hace unos segundos.
     Entre la piedra moldeada por el agua y los restos de un mar que ya no está, la historia humana toma su dimensión de fugacidad insoslayable.
     ¿Están en Francia las cuevas? ¿Se hallan dentro de la Euskalerría? ¿A quién pertenece la piedra, el agua incesante, los fósiles inmóviles?
     Miro, escucho la lluvia interior, la lluvia que cae en mi pecho, dentro de la cueva que es cada corazón humano. Trabajado, él también, por las aguas del tiempo sobre los fósiles de la memoria.

*de Mónica Russomanno. russomannomonica@hotmail.com

 
 
 

IMPROBABLE*

Bienaventurados los locos
los sedientos
los que no encuentran puerta ni camino
los que comulgan ritos de niebla
                           entre fantasmas
los militantes del miedo
o de la sombra.

Bienaventurados los atormentados
los que no confían en el Padre
ni conocen al Hijo
los que no han recibido más Palabra
que un silencio porfiado
                       y dos preguntas.
                   

Bienaventurados los menesterosos
                        de ternura
los que han aprendido de memoria
la rutina de sufrir

los que ejercen su eterno desencuentro
los que postulan el absoluto
                 de la contradicción.

Bienaventurados los harapientos
                    limosneros de la paz
los que fuerzan con llaves obsoletas
las muertas cerraduras.

los miserables
los que rasgan la carne para hallar
                        el cero de la vida
los que mienten para acertar
los que se atreven a decir
                   que son inútiles

los ignorantes
los que no saben ni aspiran a saber
los desahuciados de toda ideología

los que transcurren sin pena ni gloria
y diluyen sus días en agua de misterio.

Bienaventurada la vulgaridad                       
de ser prosaicamente igual
a los que nombro

y el escándalo de andar anónima
arrullando mis dudas con un himno

a los próceres de algún mañana neutro,

si es que llega.

*de Martha Valiente. puertopegaso@gmail.com

 
Mundo Nuevo*

 
Vine acá porque creí que sería mejor
Extrañar los campos y los caminos enlodados,
Al igual que las casas hechas de palos y techos de cartón.

Vine, porque creí encontrar lo necesario para trabajar,
Porque creí en lo que se dice:
Que quien trabaja
Tiene para comer.

Y en las noches extraño a mis amigos,
Y a tu cara dulce y pálida,
Morena de entre el frío que hay en las mañanas.

Vine hacia acá porque creí
Que allá la cosa nunca iba a cambiar,
Pero encuentro aquí
Que la cosa anda igual,
Y que si seguimos como vamos,
Es seguro que esto va empeorar.

Que si hacemos algo como hermanos,
Y que si no seguimos esperando
A que alguien más lo haga,
Seguro que la cosa va a mejorar.

Vine acá porque creí lo que dijeron:
Que en este modelo económico
Se tiene libertad.

Pero nadie dijo que mi fuerza de trabajo
La tenía que dar a alguien más.
Que lo que ganas por un salario,
A penas te alcanza para tragar…
Y que si no encuentras a quien se adueñe de tu trabajo,
Que Dios te bendiga y a ver cómo le haces para comer.

*de hugo ivan cruz-rosas. quetzal.hi@gmail.com

*

No era de talla muy grande
más bien pequeño, pero su personalidad
y empuje  hacían que los demás lo vieran
mucho más amplio y monumental
de lo que era
su forma de ser llevaba optimismo
su forma de silbar
hacia poner celosos a los ruiseñores
el impacto de su voz
retumbaba en los pasillos
y las vibraciones se extendían por toda la casa
era pequeño de tamaño
pero grande en su saber
hipnotizaba con sus letras inscriptas en sus falanges
de sus labios, a pesar de la agonía
había siempre un vocablo de aliento
de seguridad y de ternura.
Ese ser inmensamente grande en su pensar
sabrosamente perspicaz y considerado
tiene un aura de creación.
Las neuronas y los glóbulos rojos,
le temen o le hacen caso
las hernias se vuelven a su lugar
el ahogo y la fatiga no están
en su diccionario de lenguaje
en su dirección hay como un espacio
de Ángeles de la guarda que cuidan el entorno.

*de Azul. azulaki@hotmail.com
 

SOY LA PERRA RABIOSA*

 

Soy la perra rabiosa. Envenenada.
La fundadora de las vides de olvidos.
En las venas, un vino acre y nauseabundo
Recluida a las regiones mas sombrías del Tártaro
Vomitada por el hombre y los dioses.
La que tiene garras de ojos amarillos.
La que aloja en su vientre un escorpión nocturno.
Amo esta rabia mía como la muerte misma.
De ella me alimento. Día a día.
Me nutro de carroña y de cráneos partidos.
Soy fiel a la especie de las bestias heridas.
El amor ha abortado su cosecha.
Cada noche, cosecho lo sembrado.
Necesito esta rabia pan de cada día.
Es la coraza que me salva.
La que permite exudar
Gota a gota.
La insoportable soledad de cada día.

 *de Amelia Arellano  arellano.amelia@yahoo.com.ar

Pesadilla*

Estaba en el Circo Plumkier, dentro de una jaula con 10 tigres que se acercaban y tuve que saltar la reja de la jaula para escapar. La desgracia fue caer en el recinto de los cocodrilos. Inmediatamente dos de ellos, enormes y con la fauces muy abiertas, se lanzaron sobre mi con ánimo de comerme. Me zafé del primero mediante un escorzo y del segundo lanzándome al agua. Lamentablemente en el agua estaban los otros tres compañeros que al verme chapotear, nadaron hacia a mí a toda velocidad. Tuve la suerte de poder agarrarme al trapecio y salir volando por los aires. Dando una pirueta extraña uno de mis pies quedó enrollado en la cuerda y caí a plomo desde una altura de 15 metros; reboté en la cama elástica y caí dentro del carromato de los osos. Un oso enorme y peludo se acercó a mí con la fauces abiertas y moviendo las zarpas en actitud agresiva. Parecía enloquecido y rabioso.
En todo este tiempo puedo asegurar que no sentí miedo. Cuando realmente me aterroricé fue al despertar y darme cuenta de que la pesadilla había acabado. A partir de ahí debía enfrentarme con el mundo real.

*de Joan Mateu. joan@cimat.es

Onetti: la lección del maestro*
 
 
 
La obra del gran escritor Juan Carlos Onetti (Montevideo,1909-Madrid,1994) estuvo signada por los desencuentros -el primero con la crítica ciega, y luego con el público que no estaba preparado para recibir una escritura de esa dimensión- que lo llevaron, pese a ser muy original, a los segundos premios donde se presentara.
En 1939 a instancias de su amigo el poeta Juan Cunha que se improvisó su editor, apareció en Montevideo la primera edición de “El pozo”, donde Eladio Linacero, personaje emblemático del sujeto urbano aplastado por la angustia y el anonimato, monologa sobre la sinrazón de la existencia. “La náusea”, saldría varios años después, al fin de la guerra, es decir que Onetti pasó desapercibido porque simplemente vivía en el arrabal del mundo. Era latinoamericano.
La patética suerte de este libro que debió modificar el mapa literario del Río de la Plata, quedó sujeto a la falta de interés ya que según Angel Rama, quien años después de  su aparición  lo reeditó, sostenía que aún quedaban (a 30 años de aquella edición secreta) paquetes de ejemplares  de los 500 que se habían tirado.
La tapa tenía la reproducción de un Picasso apócrifo y el papel interior era de estraza celeste.
En estas costas reinaba Eduardo Mallea, de quien hoy nadie se acuerda, ni los distraídos profesores de literatura lo incluyen en sus programas..
No mejor le fue con “La vida breve”, en 1950, ya viviendo en Buenos Aires. No tuvo casi comentarios, pasó desapercibida esta obra verdaderamente de vanguardia, seis años después le pasaría lo mismo a Antonio Di Benedetto con “Zama”, que son junto a “Los siete locos” las tres mejores novelas que se publicaron  en la Argentina en el siglo XX según Juan José Saer.
Los “fracasos” no hicieron mella en la obcecación de Onetti. Siguió poniendo en palabras como nadie al ritmo de su respiración de fumador empedernido y de alcohólico contumaz, las insanias de este mundo absurdo. Su galería de putas y de borrachos, su “corte de los milagros” donde pululan los fracasados, los locos, los pirómanos, los proxenetas, los marginales que sólo en sus piadosas palabras tienen un destino, y los únicos seres que se salvan de su mundo atroz: los adolescentes, porque según sus palabras no han perdido aún la pureza  que una vida de miserias les va a arrebatar seguramente en la primera de cambio.
Huraño, cascarrabias y escéptico, pasó por este mundo escribiendo “por necesidad, para mí mismo, aunque supiera que nunca nadie me va a leer” como dijo en uno de los pocos reportajes que concedió en su vida a la periodista uruguaya María Esther Giglio.
La obscenidad, que es norte de la vida social de muchos escritores que sólo se empeñan en hablar mal de los colegas en público, como si eso les diera una pátina de genialidad, deberían seguir su ejemplo de ascetismo.
Onetti, como su admirado maestro Faulkner, dejó una larga estela de escritores que sin su obra no hubieran existido. Lo diré sin más vueltas: dejó un montón de discípulos, que aprendieron a escribir gracias a él. Algunos se lo han agradecido (Carlos Fuentes, García Márquez, Vargas Llosa, Saer) y otros se lo guardan y lo niegan si se les pregunta, pero no llegan lejos con su mentira. Eso se percibe fácilmente al leerlos. Pareciera que son “guachos”, como se les dice en el campo a los huérfanos, a los que no tienen padre conocido, a los “hijos de la nada”. Suponen que el mundo los estuvo esperando para  comenzar su marcha, son  sus modestos aportes a este mundo de miserias. Allá ellos.
Lo cierto es que Onetti nos dejó un puñado considerable de cuentos y por lo menos cuatro novelas que son obras maestras del género:  “La vida breve”,”El astillero”,”Los adioses” y “Juntacadáveres”. El “Juntacadáveres” Larsen o simplemente “El Junta”, quien ya había ido apareciendo en novelas anteriores y que en “El Astillero” había sido personaje principal, pero es en “Juntacadáveres” donde hace su aparición que es toda una sinfonía: el sueño de un prostíbulo perfecto. ¿Acaso “el astrólogo” no pensaba  lo mismo  en la saga arltiana para financiar “su” revolución. ”Juntacadáveres” se instala en la ciudad  de Santa María, la ciudad inventada por Juan María Brausen en “La Vida breve” y trata de poner en práctica su plan, elaborado minuciosamente, ya abonado por fracasos anteriores pero se debe enfrentar con el doctor Díaz Grey (otro emblemático personaje onettiano, quien representa las fuerzas vivas de la ciudad. Hay un diálogo entre ambos que no tiene desperdicio. Allí Juntacadáveres intenta convencer al médico que ellos tiene vocaciones diferentes, pero una misma pasión.
Cierta vez se le preguntó a Onetti sobre el origen de este personaje. Y él contó que trabajando para la empresa Reuter en Buenos Aires, una madrugada  asomó por la puerta de un bar un sujeto que llamó su atención. Al inquirir por él, le dijeron: ”AH, es el Junta. Le dicen Juntacadáveres porque se dedica a coleccionar prostitutas viejas. Fue suficiente para construir después uno de sus personajes más entrañables, aún en su miseria final y su abyección.
En su magistral cuento “El posible Baldi”, afirma que somos responsables de una lenta vida idiota. ”Porque el doctor Baldi-dice el narrador- no fue capaz de saltar un día sobre la cubierta de una barcaza, pesada de bolsas o maderas. No se había animado a aceptar que la vida es otra cosa, que no puede hacerse en compañía de mujeres fieles ni de hombres sensatos”.
Una vez le preguntaron por qué sólo salvaba a los adolescentes en sus libros. “Porque al ser humano lo destruyen la política y el matrimonio”, contestó. Él, que se casó cuatro veces.
Entre las cosas absurdas de un continente sumido en la represión que orquestaron sus propios Estados contra los pueblos está la dolorosa anécdota que llevó a Onetti a la cárcel por haber participado como jurado en un concurso de la mítica revista “Marcha” y haber premiado un cuento de Nelson Marra donde el personaje era una represor/torturador. Marra estuvo 5 años preso en una cárcel para detenidos de extrema peligrosidad. Onetti, Mercedes Rein, miembros del jurado, seis meses, junto a Carlos Quijano y Hugo Alfaro, director y Jefe de redacción respectivamente de esa publicación donde Onetti había sido su primer secretario en l939. Esto de las detenciones fue en gobierno de Bordabberry, quien disolvió el Congreso y  gobernaba con una junta militar. Corría el año 1974.
Cuando lo dejaron libre se cruzó a Buenos Aires con una valija de libros, allí tomó un avión para ir a Madrid donde se lo había invitado para participar como jurado en la editorial Seix Barral. Su última esposa, la argentina Dorotea Muhr lo siguió. Estando privado de la libertad pidieron por él todos los intelectuales dignos de Europa y Latinoamérica. Empezando por Jean Paul Sartre.
Nunca volvieron de allí, ni cuando el presidente Sanguinetti elegido democráticamente  lo invitó telefónicamente.
-Gracias, pero no sé qué volvería a hacer yo allí, contestó eludiendo el convite.
Pasó sus últimos años escribiendo cuatro novelas más y algunos cuentos, se empezó a reeditar parte de su obra en España y otros países de Europa, pero él siguió acostado en su cama tomando whisky, fumando varios paquetes de cigarrillos y leyendo interminables novelas policiales. Sin dar ningún reportaje.
Había hecho hacer un cartel  que pegó con una chinche en la puerta con la leyenda que decía: “Onetti no está”. Los curiosos o pacientes que lo buscaban infructuosamente se encontraban con el cartel… y el ruido del violín que producían los ensayos de su esposa que era música.
Cuando le concedieron el Premio Cervantes (máximo galardón literario en lengua española), nunca tan bien otorgado valga apuntar, agradeció al rey con un discurso donde aclaraba que él en  la vida siempre había pagado “no placé” y cuando ya no esperaba nada le caía esta distinción. Al ser requerido por el periodismo de todo el mundo, un periodista español le preguntó qué significaba el premio para él.
-“Ciento diecisiete mil dólares”, contestó lacónico.
Al periodismo hispano no le cayó muy bien su respuesta.
Se olvidaba que él era Juan Carlos Onetti, un verdadero duro hasta el fin.
 
 
          

*Jorge Isaías jisaias46@yahoo.com.ar
 

Abuelo Pablo*

 

Te dejé olvidado entre lápices de colores muy usados
y un nido de horneros deshabitado
ahí estarás protegido de tormentas viejas
y poemas nuevos
para siempre tuyos los pasos de mi infancia
los maceteros de malvones rojos
y el perfume dulce de violetas invasoras
en ese jardín eterno adonde moriré niña y saltando a la soga
recogiendo hojas de laurel para la salsa de tomates
corriendo incansablemente a los patos.
Aún me observas
encendiendo eternamente la pipa
tras los anteojos redondos y dorados
flamean al viento tus bombachas de campo
permaneces
atornillado al suelo por tus alpargatas negras.
Mi tiempo es mentira
aún estás ahí
enseñándome a tomar mate amargo y a montar
mientras la Patagonia se desenrosca en mi pelo
y un caballo que no entiende de linajes
me vuelve a arrojar cerca de la tranquera
ilustrando tu iracundia
no fuera cosa que se rompiera tu muñeca
y su mágica sonrisa de chocolate.
Ninguna mano tan enorme
ningunos ojos tan claros
ningún silencio tan palabra.
Ningún abuelo en tu sillón
donde reinabas mi infancia.
Antiguo rey de corazones.
 

*de Diana Poblet. soydian@yahoo.com.ar

INFANCIA EN LA PLAZA ESPAÑA*

Un grupo de niños sin patria, duerme a la intemperie.

Sus alforjas figuradas son sacos rotos de afectos y miradas.

Sus vidas son manchas inciertas

de una sociedad dormida e injusta.

Deambulan en la noche como sombras del día,

trémulo en cada uno de ellos.

Valoran como los valoran y allí no sobra para la yapa.

Acunan en su piel
                                                                     
                                                                el frío y el hambre como únicas presencias.

Son la sobra del mundo no lejano,
                                                             
                                       del nuestro, del cada día.

Y mueren sin saberse si murieron
                                                                      
                                                    o emigraron como pájaros.

Los que quedan ocupan la plaza o lo que sea,
                                                              
                                 clamando.

Su violencia, desmesurada, es un modo
                                                               
                                                     de clamar por su vacío.

*De Oscar A. Agú. cachoagu@yahoo.com.ar
-Fuente: ARENA DE NUEVE CANTOS. Antología de Poetas Santafesinos. (2008)

Regalo de amor*

 
El le dijo que le regalaría la luna si pudiera. Se subió a una escalera, no pudo, estaba muy alta y tenía que nadar en ese cielo oscuro de las ciudades, se enganchaba con antenas que servían para que de las cajas cuadradas, salieran palabras que hacían que los que las recibían se quedaran callados. A él le gustaban las palabras de ella que miraba los ojos de él, nolas cajas que despertaban silencios. Los ojos de él eran pantallas abiertaspara ver el mundo. Más hablaba ella, más quería el regalarle la luna.
Un día se la trajo. Ella abrió el paquete encontró una luna, redonda, clara, a veces derritiéndose, otras erguida.
Todas las noches se acercaba a esa luna de la revuelta, la luna del deseo, con hebras de pasto y suaves aromas de infancia. Un día se animó, la tocó con la boca, se dio cuenta que era un maravilloso queso que guardaba en su interior palabras de Calvino, las artesanías de antiguos campesinos, la historia del mundo en pedacitos.
Cuando el llegó, ella le sirvió trocitos del secreto de él, con vino.
No quiero contarles lo que siguió, si desean saberlo apaguen esa caja repetidora del más pobre sentido común, busquen en los ojos de un él o una ella, la luna, el mundo, o lo que quieran, y verán como sigue la historia.

*de Cristina Villanueva. libera@arnet.com.ar

Limpieza a fondo*

Desprende del techo con un plumero los sueños que cuelgan junto a las telarañas del cielo raso. De bajo la cama, barre el deseo. Con una espátula despega la ira de las paredes. A la ternura, bastante apolillada, la
descuelga del ropero. Mete todo en una caja, que envuelve y ata con espléndido moño de regalo, y la deja sobre la mesa del comedor.
Conforme con la tarea realizada, se va de la casa dando un portazo.
- ¡Qué sea él quien saque la basura!- exclama.

*de Lucia Diaz. ludiaz1@yahoo.com

Regreso con Ollie*

Los dos hombres han salido a cubierta. Amanece y desde el barco puede divisarse la costa, el primer movimiento del día. Una leve bruma dificulta la visión desde la popa, donde los dos hombres se han apoyado y permanecen en silencio.
El gordo está prolijamente peinado, el cabello ralo apretado por la gomina. La brisa le hace entrecerrar los ojos. Una arruga le cae entre las cejas, otras dos a los costados de la nariz y la boca es un arco fláccido sobre el mentón quebrado.
  Los ojos del hombre flaco son opacos; los rasgos suaves del rostro denotan comprensión
-resignación tal vez-, y ya no hay ternura ni esperanza en su gesto. toda la amargura del mundo mira, desde esa cara, a la costa inglesa.
Stan coloca una mano sobre los ojos, a modo de pantalla, un poco para evitar el fulgor del sol que se levanta en el horizonte, un poco para que el gordo no advierta que esa costa (que es la misma que dejo hace cuarenta años), es otra para él.
Los cuarenta años pasados en Hollywood lo han convertido en un hombre cansado. Al fin y al cabo, es mucho tiempo y la vitalidad no le puede ganar a la vida. ¿De qué valdría estar recostado en un cómodo sillón, rodeado de nietos que miman, de periodistas que adulan? John Wayne le dijo una vez al gordo, que ahora está a su lado y entonces no le hizo caso, que la vida es dura y es mejor defender a cada momento lo que se consigue porque si no, la gente lo olvida. y la gente olvida su propia risa.
El flaco ha movido levemente la cabeza y le ha parecido percibir, en el gesto del gordo Ollie, una mueca parecida a una sonrisa.
-Ya salen los pescadores- ha dicho el gordo.
En el horizonte, centenares de barcazas dejan la costa en dirección al pequeño barco. Sólo Laurel y Hardy permanecen en cubierta. Ambos han levantado las solapas de sus sacos, aunque no hace demasíado frío; el viento silba contra el buque.
-Habrá que tomar un tren hasta Lancanshire-, dice el flaco sin mirar a su compañero.
-los trenes tienen que ver con el principio y con el final- ha dicho Stan.
-Por primera vez, Ardí se ha dado vuelta para mirarlo. Luego baja la vista. Le gustaría estar otra vez bajo los reflectores, frente a una cámara de cine.
Piensa que no está demasiado viejo para eso. Tiene 62 años y está cansado, es cierto, pero debe reconocer que es la gente quien se ha cansado de él y de Stan.
“Los trenes tienen algo que ver con el principio y con el final”, piensa ollie. Es cierto. También los barcos y la distancia. Uno siempre va a morir lejos de los mejores lugares. Por vergüenza tal vez, como los elefantes. El siempre tuvo algo de elefante. No sólo fisicamente. Los elefantes son codiciados en su mejor momento cuando sus colmillos son frescos y deslumbrantes. La gente sólo busca eso, los colmillos. Si atrapa a un elefante, enseguida se los corta y toda la grandeza del animal desaparece. Queda apenas el cuerpo pesado, dolorido, tan dolorido está el elefante que cualquier otro animal puede matarlo.
-Me siento como un elefante-, ha dicho Hardy, Stan lo mira y luego dirige sus ojos a la distancia donde las chalupas navegan agitadas por el mar.
-¿Tu padre sabe que llegás? -pregunta Ollie.
-Le mande un telegrama. Habrá función en Lancanshire. El todavía trabaja en el teatro del condado.
Cuarenta años fuera de Inglaterra. Nunca extrañó demasiado. Sin embargo, Stan siente esta madrugada un suave estremecimiento cuando piensa que su padre lo verá en el escenario. Siempre le mandaba cartas luego de ver las películas. Alguna vez, recuerda, le sugería cambiar detalles. El viejo era muy minucioso y no perdonaba nada. El lo hizo actor y no le dolió cuando lo dejó ir, aún sabiendo que no regresaría. Quizás esperaba de su hijo la grandeza que él nunca había conseguido. Y ahora el hijo regresa, con toda su grandeza a cuestas, y le da miedo enfrentar al viejo (tendrá más de ochenta años ahora), que todavía actúa en comedias y ha sido premiado en el condado. Dos hombres viejos van a encontrarse, van a resumir sus vidas en un instante.
Ollie mira a Stan. Tiene los ojos nublados y siente ahora un poco de frío. el sol se levanta cada vez más. las estrellas, que aún brillan, son las mismas que las de aquella noche de 1912, cuando Stan partió de Inglaterra. Stan siente ahora lo mismo que aquel día. Es necesario apostar otra vez por la vida, pero no sabe si alguien querrá aceptar la apuesta de un viejo perdedor.
Stan enciende un cigarrillo, tiene que darse vuelta, dar la espalda al viento para que el fósforo no se apague.
A lo lejos comienzan a sonar las campanas de la iglesia del pueblo. Ollie reconoce antes que Stan el ritmo de los tañidos, la música que tantas veces oyeron en sus películas.
Se han mirado sin hablar. Stan se ha cubierto la cara con las manos. Arroja el cigarrillo al mar. Ollie le da la espalda. Ambos saben que todo final abre la esperanza de un nuevo comienzo.
La música llena el aire.

*de Osvaldo Soriano.
-De Artistas, locos y criminales.

*

Queridas amigas, apreciados amigos:

El domingo 3 de agosto del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor brasilero Alberto Nepomuceno. Las poesías que leeremos pertenecen a Beatriz Marín Aguilar (Colombia) y la música de fondo será de Takillakta (Andes).
¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!

REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo! Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schießstattstr. 44  A-5020 Salzburg  AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067

 

3. CONCURSO DE COMPOSICIÓN
XICóATL „ESTRELLA ERRANTE“

BASES DEL CONCURSO:
 
ÁREAS:
a.   Composición para piano solo
b.   Composición para piano y electrónica
c.   Composición para piano y trío de cuerdas
 
v     Para todas las áreas deberán ser enviadas seis (6) copias de la partitura (eventualmente 6 cds de la parte electrónica). Los ganadores del concurso se comprometen a enviar los materiales necesarios para la ejecución (particellas, material electrónico) hasta el 31 de diciembre 2008, para poder realizar el concierto en la primavera europea del 2009.
v     En relación con los medios electrónicos en caso de una ejecución de la obra, los organizadores ponen a disposición los amplificadores en la sala; la compositora / el compositor deberá poner a disposición los demás materiales necesarios para la audición.
INEDICIÓN: No se permiten obras ya publicadas, premiadas en otros concursos, aceptadas para un estreno o ya ejecutadas públicamente.
TEMA: Las composiciones deberán tener base o nexos con la música latinoamericana clásica o experimental.
DURACIÓN DE LA OBRA: Cada obra enviada podrá tener una duración máxima de 20 minutos.
ANEXOS: Adjuntar una breve nota explicando el origen, fuentes, técnicas utilizadas, nexo con la(s) cultura(s) latinoamericana(s) u otras descripciones de la obra de máximo una página. Este texto será usado como nota de programa.
 
ENVÍO: Enviar SEIS EJEMPLARES de la obra y de la nota explicativa utilizando pseudónimo o palabra clave. En sobre cerrado anexo remitir los datos personales (dirección, fax, teléfono, e-mail, foto de ser posible) y un breve curriculum vitae.
 
Alternativamente se puede enviar la partitura y demás anexos solicitados (en archivos separados) en formato PDF por correo electrónico a la dirección: euroyage@yahoo.de . La parte electrónica de la obra, en formato WMA o MP3 y máximo 99 MB, debe ser subida (upload) en la página www.rapidshare.com. En el e-mail de participación se debe indicar el link correspondiente donde puede ser descargado (download) tal archivo.
 
Fecha límite para el envío de los trabajos: 30 de Agosto del 2008.
Las obras premiadas serán estrenadas en la primavera europea del 2009 en Salzburgo. No se retornarán las copias enviadas por los participantes.

PREMIOS:
1. PREMIO: 1.500 Euros
2. PREMIO: 1.000 Euros
3. PREMIO:    500 Euros
 
* Menciones de Honor para los trabajos sobresalientes.
 
* Los resultados del concurso serán anunciados en el No. 87 del Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL (Abril/Junio 2009).
 
Remitir las copias y anexos solicitados a:
CONCURSO XICóATL
Schießstattstr. 44/9
A-5020 SALZBURG
- AUSTRIA –
o a:  euroyage@yahoo.de
 
más informaciones encontrará en: www.euroyage.com
 
EL JURADO ESTÁ INTEGRADO POR:
KLAUS AGER (AUSTRIA)
JORGE ANTUNES (BRASIL)
ALICIA TERZIAN (ARGENTINA)
ROLANDO CORI (CHILE)
ORLANDO JACINTO GARCÍA (CUBA)
 
El 3. Concurso de Composición XICóATL „Estrella Errante“ es posible gracias al auxilio de:
v      El Gobierno del Estado de Salzburgo
v      La Alcaldía de la Ciudad de Salzburgo
v      La Asociación Música en el Museo (MiM)
v      La Asociación pro Arte, Ciencia y Cultura Latinoamericanos YAGE

*

A los Amigos lectores de la edición mensual:

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*Eduardo F. Coiro. inventivasocial@hotmail.com

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Respuesta a preguntas frecuentes

Que es Inventiva Social ?
Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.

Cuales son sus contenidos ?
Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.

Cuales son los ejes de la propuesta?
Proponer el intercambio sensible desde la literatura.
Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.

Posted by URBANOPOWELL at 18:28:35 | Permalink | Comments (2)

Thursday, July 31, 2008

EN LA BOCA DEL COCODRILO…

Pesadilla*

Estaba en el Circo Plumkier, dentro de una jaula con 10 tigres que se acercaban y tuve que saltar la reja de la jaula para escapar. La desgracia fue caer en el recinto de los cocodrilos. Inmediatamente dos de ellos, enormes y con la fauces muy abiertas, se lanzaron sobre mi con ánimo de comerme. Me zafé del primero mediante un escorzo y del segundo lanzándome al agua. Lamentablemente en el agua estaban los otros tres compañeros que al verme chapotear, nadaron hacia a mí a toda velocidad. Tuve la suerte de poder agarrarme al trapecio y salir volando por los aires. Dando una pirueta extraña uno de mis pies quedó enrollado en la cuerda y caí a plomo desde una altura de 15 metros; reboté en la cama elástica y caí dentro del carromato de los osos. Un oso enorme y peludo se acercó a mí con la fauces abiertas y moviendo las zarpas en actitud agresiva. Parecía enloquecido y rabioso.
En todo este tiempo puedo asegurar que no sentí miedo. Cuando realmente me aterroricé fue al despertar y darme cuenta de que la pesadilla había acabado. A partir de ahí debía enfrentarme con el mundo real.

*de Joan Mateu. joan@cimat.es

EN LA BOCA DEL COCODRILO…

Palito*

Un palito en la boca del cocodrilo. Es lo que me dicen.
Me dicen que lo dijo lacan.
El cocodrilo es la madre.
Los hijos. -Mis hijos y los hijos de cada cual- están en sus bocas.
El palito es el padre. No queda claro si es su voz, su presencia, su diferencia, el límite sutil o no que hace que la madre no se trague a los hijos en su puro mundo-vientre.

A veces me duelen un poco los colmillos de mi ex-mujer -son muy filosos-
En la espalda que por momentos se tuerce un poco.
O en el pecho que no tiene heridas definitivas.
Pero por ahora aguanto.

*De Eduardo F. Coiro inventivasocial@hotmail.com

 

El jardín encantado*

 
*de Italo Calvino

Giovannino y Serenella caminaban por las vías del tren. Abajo había un mar todo escamas azul oscuro azul claro; arriba un cielo apenas estriado de nubes blancas. Los rieles eran relucientes y quemaban. Por las vías se caminaba bien y se podía jugar de muchas maneras: mantener el equilibrio, él sobre un riel y ella sobre el otro, y avanzar tomados de la mano. 0 bien saltar de un durmiente a otro sin apoyar nunca el pie en las piedras. Giovannino y Serenella habían estado cazando cangrejos y ahora habían decidido explorar las vías, incluso dentro del túnel. Jugar con Serenella daba gusto porque no era como las otras niñas, que siempre tienen miedo y se echan a llorar por cualquier cosa. Cuando Giovannino decía: “Vamos allá”, Serenella lo seguía siempre sin discutir.
¡Deng! Sobresaltados miraron hacia arriba. Era el disco de un poste de señales que se había movido. Parecía una cigüeña de hierro que hubiera cerrado bruscamente el pico. Se quedaron un momento con la nariz levantada; ¡qué lástima no haberlo visto! No volvería a repetirse.
-Está a punto de llegar un tren -dijo Giovannino.
Serenella no se movió de la vía.
-¿Por dónde? -preguntó.
Giovannino miró a su alrededor, con aire de saber. Señaló el agujero negro del túnel que se veía ya límpido, ya desenfocado, a través del vapor invisible que temblaba sobre las piedras del camino.
-Por allí -dijo. Parecía oír ya el oscuro resoplido que venía del túnel y vérselo venir encima, escupiendo humo y fuego, las ruedas tragándose los rieles implacablemente.
-¿Dónde vamos, Giovannino?
Había, del lado del mar, grandes pitas grises, erizadas de púas impenetrables. Del lado de la colina corría un seto de ipomeas cargadas de hojas y sin flores. El tren aún no se oía: tal vez corría con la locomotora apagada, sin ruido, y saltaría de pronto sobre ellos. Pero Giovannino había encontrado ya un hueco en el seto.
-Por ahí.
Debajo de las trepadoras había una vieja alambrada en ruinas. En cierto lugar se enroscaba como el ángulo de una hoja de papel. Giovannino había desaparecido casi y se escabullía por el seto.
-¡Dame la mano, Giovannino!
Se hallaron en el rincón de un jardín, los dos a cuatro patas en un arriate, el pelo lleno de hojas secas y de tierra. Alrededor todo callaba, no se movía una hoja. “Vamos” dijo Giovannino y Serenella dijo: “Sí”.
Había grandes y antiguos eucaliptos de color carne y senderos de pedregullo. Giovannino y Serenella iban de puntillas, atentos al crujido de los guijarros bajo sus pasos. ¿Y si en ese momento llegaran los dueños?
Todo era tan hermoso: bóvedas estrechas y altísimas de curvas hojas de eucaliptos y retazos de cielo, sólo que sentían dentro esa ansiedad porque el jardín no era de ellos y porque tal vez fueran expulsados en un instante. Pero no se oía ruido alguno. De un arbusto de madroño, en un recodo, unos gorriones alzaron el vuelo rumorosos. Después volvió el silencio. ¿Sería un jardín abandonado?
Pero en cierto lugar la sombra de los árboles terminaba y se encontraron a cielo abierto, delante de unos bancales de petunias y volúbilis bien cuidados, y senderos y balaustradas y espalderas de boj. Y en lo alto del jardín, una gran casa de cristales relucientes y cortinas amarillo y naranja.
Y todo estaba desierto. Los dos niños subían cautelosos por la grava: tal vez se abrirían las ventanas de par en par y severísimos señores y señoras aparecerían en las terrazas y soltarían grandes perros por las alamedas. Cerca de una cuneta encontraron una carretilla. Giovannino la cogió por las varas y la empujó: chirriaba a cada vuelta de las ruedas con una especie de silbido. Serenella se subió y avanzaron callados, Giovannino empujando la carretilla y ella encima, a lo largo de los arriates y surtidores.
-Esa -decía de vez en cuando Serenella en voz baja, señalando una flor.
Giovannino se detenía, la cortaba y se la daba. Formaban ya un buen ramo. Pero al saltar el seto para escapar, tal vez tendría que tirarlas.
Llegaron así a una explanada y la grava terminaba y el pavimento era de cemento y baldosas. Y en medio de la explanada se abría un gran rectángulo vacío: una piscina. Se acercaron: era de mosaicos azules, llena hasta el borde de agua clara.
-¿Nos zambullimos? -preguntó Giovannino a Serenella.
Debía de ser bastante peligroso si se lo preguntaba y no se limitaba a decir: “¡Al agua!”. Pero el agua era tan límpida y azul y Serenella nunca tenía miedo. Bajó de la carretilla donde dejó el ramo. Llevaban el bañador puesto: antes habían estado cazando cangrejos. Giovannino se arrojó, no desde el trampolín porque la zambullida hubiera sido demasiado ruidosa, sino desde el borde. Llegó al fondo con los ojos abiertos y no veía más que azul, y las manos como peces rosados, no como debajo del agua del mar, llena de informes sombras verdinegras. Una sombra rosada encima: ¡Serenella! Se tomaron de la mano y emergieron en la otra punta, con cierta aprensión. No había absolutamente nadie que los viera. No era la maravilla que imaginaban: quedaba siempre ese fondo de amargura y de ansiedad, nada de todo aquello les pertenecía y de un momento a otro ¡fuera!, podían ser expulsados.
Salieron del agua y justo allí cerca de la piscina encontraron una mesa de ping-pong. Inmediatamente Giovannino golpeó la pelota con la paleta: Serenella, rápida, se la devolvió desde la otra punta. Jugaban así, con golpes ligeros para que no los oyeran desde el interior de la casa. De pronto la pelota dio un gran rebote y para detenerla Giovannino la desvió y la pelota golpeó en un gong colgado entre los pilares de una pérgola, produciendo un sonido sordo y prolongado. Los dos niños se agacharon en un arriate de ranúnculos. En seguida llegaron dos criados de chaqueta blanca con grandes bandejas, las apoyaron en una mesa redonda debajo de un parasol de rayas amarillas y anaranjadas y se marcharon.
Giovannino y Serenella se acercaron a la mesa. Había té, leche y bizcocho. No había más que sentarse y servirse. Llenaron dos tazas y cortaron dos rebanadas. Pero estaban mal sentados, en el borde de la silla, movían las rodillas. Y no lograban saborear los pasteles y el té con leche. En aquel jardín todo era así: bonito e imposible de disfrutar, con esa incomodidad dentro y ese miedo de que fuera sólo una distracción del destino y de que no tardarían en pedirles cuentas.
Se acercaron a la casa de puntillas. Mirando entre las tablillas de una persiana vieron, dentro, una hermosa habitación en penumbra, con colecciones de mariposas en las paredes. Y en la habitación había un chico pálido. Debía de ser el dueño de la casa y del jardín, agraciado de él. Estaba tendido en una mecedora y hojeaba un grueso libro ilustrado. Tenía las manos finas y blancas y un pijama cerrado hasta el cuello, a pesar de que era verano.
A los dos niños que lo espiaban por entre las tablillas de la persiana se les calmaron poco a poco los latidos del corazón. El chico rico parecía pasar las páginas y mirar a su alrededor con más ansiedad e incomodidad que ellos. Y era como si anduviese de puntillas, como temiendo que alguien pudiera venir en cualquier momento a expulsarlo, como si sintiera que el libro, la mecedora, las mariposas enmarcadas y el jardín con juegos y la merienda y la piscina y las alamedas le fueran concedidos por un enorme error y él no pudiera gozarlos y sólo experimentase la amargura de aquel error como una culpa.
El chico pálido daba vueltas por su habitación en penumbra con paso furtivo, acariciaba con sus blancos dedos los bordes de las cajas de vidrio consteladas de mariposas y se detenía a escuchar. A Giovannino y Serenella el corazón les latió aún con más fuerza. Era el miedo de que un sortilegio pesara sobre la casa y el jardín, sobre todas las cosas bellas y cómodas, como una antigua injusticia.
El sol se oscureció de nubes. Muy calladitos, Giovannino y Serenella se marcharon. Recorrieron de vuelta los senderos, con paso rápido pero sin correr. Y atravesaron gateando el seto. Entre las pitas encontraron un sendero que llevaba a la playa pequeña y pedregosa, con montones de algas que dibujaban la orilla del mar. Entonces inventaron un juego espléndido: la batalla de algas. Estuvieron arrojándoselas a la cara a puñados, hasta caer la noche. Lo bueno era que Serenella nunca lloraba.

*Fuente: Ciudad Seva
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ita/calvino/jardin.htm

 PELOTA DE TRAPO*

 

*Por Eduardo Pavlovsky

El día 25 de julio, Página/12 denunciaba que un adolescente de 16 años que estudiaba en la fundación Pelota de Trapo fue secuestrado por un auto en Gerli por cuatro encapuchados –que lo amenazaron con un arma mientras le decían: “déjense de joder porque les vamos a quemar la imprenta, la panadería y la casa de los niños”. La amenaza se refiere a tres proyectos que desarrolla la fundación en Avellaneda. Allí acude el adolescente todos los días para terminar la escuela primaria.
Anteriormente el 25 de abril, un grupo de ocho personas entró a la Escuela Gráfica Manchita y amenazaron a los chicos que estaban allí. “Es evidente que a alguien le molesta, y mucho, que denunciemos que nuestros chicos se mueren de hambre. Sabemos que el Estado es el máximo responsable, pero si desde él no pueden defender a nuestros pibes de la fundación, tendremos que salir nosotros a hacerlo” (Espósito, sacerdote y director del hogar).
Decía yo hace poco en estos días: el hambre no tiene tiempo. El hambre tiene hambre.
“El hambre es un crimen. Hay que detenerlo. Sí o sí. En nuestro país no faltan alimentos ni platos ni madres ni médicos ni maestros. Falta en cambio la voluntad política, la imaginación institucional, la comprensión cultural y las ganas de construir una sociedad de semejantes que asegure a nuestros hijos las oportunidades vitales para que puedan crecer con dignidad. Es imperativo terminar con un sistema económico que en la mayoría de los casos no da hijos sino hambre, que no da futuro sino paco, que talla caricias olvidadas en cuerpos olvidados. Niños hermosos nacen a la muerte; sin una infancia sana, amasada y entera es impensable una Argentina mejor. Porque un país que mutila a sus niños es un país que se condena a sí mismo” (Alberto Morlachetti, coordinador del movimiento Pelota de Trapo).
“Según el barómetro de la Deuda Social de la Infancia desarrollado por la fundación Arcor y la Universidad Católica, más de cuatro de cada diez chicos entre 0 y 17 años viven en hogares que no pueden acceder a una adecuada alimentación. Tres generaciones de chicos vienen sufriendo la desocupación y la marginalidad y quedaron fuera de la red social en todos sus aspectos: alimentación, salud y educación” (Taffetini. Movimiento Nacional de los chicos del Pueblo – Rev. Tercer Sector).
Los que tienen hambre son invisibles en nuestra vida cotidiana; esta invisibilidad los condena definitivamente a las sombras (Juan Carr de la Red Solidaria).
Pero volvamos por fuera de las estadísticas, a la denuncia inicial, dos veces en menos de tres meses han sido amenazados, a través de “grupos de tarea”, los participantes de la fundación Pelota de Trapo de Morlachetti. Con capuchas y revólveres.
Yo creo que las organizaciones de derechos humanos, que han sido víctimas de las capuchas y las armas, deberían pronunciarse a riesgo de dejar estos hechos en la invisibilidad que menciona Juan Carr. La invisibilidad de las vidas desperdiciadas.
Cada desaparecido era un crimen de Estado durante la dictadura. Pero cada niño muerto por desnutrición en la Argentina es otra perspectiva del crimen de Estado. La indiferencia es criminal también.
Ayer murió en La Rioja un nene que pesaba menos de ocho kilos y tenía 4 años, vivía en Nonogasta, una localidad con otros 400 chicos diagnosticados de desnutrición. En septiembre de 2007, el gobierno le había cortado la ayuda alimentaria de 50 pesos. Esa muerte y las otras son de absoluta responsabilidad del Estado.
No le niego a la Sra. Presidenta sus deseos de lograr un bienestar general para la mayoría de la población. Pero nunca le oí nombrar la palabra indigencia.
La población en general frente al problema de la pobreza e indigencia infantil está bastante indiferente, ha creado una malla social intersticial de complicidad civil. De negación. Como con los desaparecidos del ’76, ’77, ’78.
No puede haber niños desnutridos en la Argentina. No podemos distraernos con el problema de Messi, el psicólogo pedófilo, la pareja presidencial o el carácter de Moreno.
Hablemos de contradicciones fundamentales y la prioridad que ya nos debería dar vergüenza es la falta de respuesta frente a los nuevos encapuchados, a los nuevos criminales que están apareciendo. ¿Quién puede haber atacado a la fundación Pelota de Trapo? ¿Qué grupo? ¿Qué paragrupo?
Como dice el padre Espósito: “Es evidente que a alguien le molesta y mucho que denunciemos que nuestros chicos se mueren de hambre”.
Pensemos y actuemos hoy. No mañana.

-Fuente:  CONTRATAPA Página/12.
-Enviado para compartir por Ruben Vedovaldi. RubenVedovaldi@netcoop.com.ar

DE LUNA A SOL*
 

En el peaje de la ruta que une Buenos Aires con Rosario, ella ya empieza a sentir el agobio de este trabajo a la hora de haber tomado su puesto. El peso del automatismo en un puesto laboral cualquiera se hace sentir casi de inmediato. Su mano izquierda entra y sale de la ventana. Ella puede verse una y otra vez abriendo la palma de la mano para recibir monedas o haciendo pinza con el pulgar y el índice para tomar un billete.  Luego viene imprimir el ticket, dar el cambio, y ese sentir un roce azaroso con manos anónimas en su piel cuando se recibe el dinero y se da vuelto.
 
Sopla entonces el último beso del día al chofer del Flecha Bus.
Algunos pasajeros llegan a ver en el aire como desde el contorno de sus labios ese beso se hace visible en un estallido de brillos y estrellas fugaces que se disipan en el parabrisas del ómnibus. Así, de forma tan efímera y tan eterna, ese beso se clava en el iris del chofer dejando estelas de vuelo mágico como el que dejan las hadas de Disney.
 
Cierra la cabina del peaje. Esa ruta al norte o al sur se abre en largas distancias, en enormes desconocimientos. Se va a buscar su auto después de saludar a la gente de oficina. Ella cumplió con su rito semanal, la hora que dedica a su voluntariado de seducción y fantasía en la ruta. Se da cuenta que olvido el cartel de la ventanilla pero no vuelve por él. Todavía se puede leer en la ventanilla lateral
-ahora a oscuras- de la cabina nº4: Autopistas de Luna a Sol.

UD. esta siendo atendido por Neumann Nicole.
 
 

*De Urbano Powell. urbanopowell@yahoo.com.ar

 
 

DESCUBRIR*

 
¿Dónde están los pájaros
que despiertan con la aurora?
¿A dónde se fueron
los sonidos todos?

¿Porqué ya nadie
pronuncia mi nombre?
¿A qué se debe tanto silencio?
¿Será que paulatinamente el mundo
se fue extinguiendo, sin darme yo cuenta?

No…los pájaros están ahí
las personas, las cosas, los movimientos…
el silencio.

De pronto lo veo claro,
lo siento claro, pero no lo oigo claro;
es eso: “el sonido”

De pronto descubrí que
no era el mundo el que agonizaba…,
era a mí a quien
se me iban extinguiendo paulatinamente
los sonidos del mundo

*Poema de la artista plástica salteña Stella Maris Farfán (1972).

-Comenzó a perder la audición gradualmente a los 8 años. En la adolescencia se fue haciendo más pronunciado hasta devenir en sordera profunda. El poema se encuentra en el libro “El clamor silencioso”. http://www.artistas.org.ar/

-Fuente: Luna no conquistada. hijasdelviento@hotmail.com
http://www.metroflog.com/lunanoconquistada/20080730/?pos=#Msg

ESPACIO PARA SOCIOS:

-Sociólogo con perfil cualitativo y experiencia en opinión pública busca espacio laboral en área metropolitana. Comunicarse dejando datos de contacto al correo: sociologoescritor@yahoo.com.ar

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Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.

Cuales son sus contenidos ?
Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.

Cuales son los ejes de la propuesta?
Proponer el intercambio sensible desde la literatura.
Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.

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Sunday, July 20, 2008

EL MINUTO POR UN INSTANTE

La elefanta*

Aún no sabía como se había presentado voluntario pero ahí estaba, en el centro de la pista del Circo Plumkier, escoltado por una señorita en mallas, un domador con libreta roja y seis enormes elefantes.

Sin apenas darse cuenta y con la ayuda de aquella belleza sonriente, se encontró tumbado sobre una manta con la cabeza apoyada en el suelo. “Usted tranquilo que lo hacemos todos los días” susurró mientras el domador acercaba al proboscidio más grande.

“Ahora, pedimos la colaboración del público para que guarde mucho silencio, ya que el número que vamos a realizar es sumamente peligroso y cualquier ruido podría atentar contra la vida del artista” retumbaban los altavoces dando emoción al espectáculo.

Mamuta, la elefanta de más de seis toneladas, se acercó conducida por el señor del látigo y siguiendo sus instrucciones, alzó la pata delantera derecha y la puso delicadamente sobre mi cabeza. Debo reconocer que no tuve miedo hasta que vi a mi mujer en nuestras localidades de la primera fila a punto de estornudar.
El crujido me impidió escuchar el estornudo, pero recuerdo que pensé en lo raro que era que estornudara sin estar resfriada.

*de Joan Mateu. joan@cimat.es

 

EL MINUTO POR UN INSTANTE…

ANOCHECER DE GIRASOLES NEGROS*

I  GÉNESIS
 
Lecho y cielo de piedra.
Mirra. Sándalo Incienso.
Aguay lluvia
Toc-toc-
¿Quién es? El sol
Girasoles!!!!!!!! Amarillos. Rojos Púrpura.
Goce, tallo y semilla  se inclinan reverentes.
Tres soles y la tierra los reciben.

II   CONQUISTA I

Viracocha esta triste ¿que tendrá Viracocha?
Los  tres soles girando ¿Adonde Irán los soles?
El cuarto sol…   oscuro alumbramiento
de  girasoles negros, en el sol en la luna, en el cielo en la tierra
 
 Toc-toc
¿Quién es? El pícaro portugués
Por la otra puerta que por esta no es
Agua. Tierra!!!!!!
“La princesa esta triste ¿que tendrá la princesa?
Ha perdido la risa ha perdido el color”
“Poncio Pilato las bolas te ato “
Si no me das joyas no te desato
Cuatro soles alumbran el despojo de América.
Lunas de pluma y plata .Un cielo de turquesas.
Alfombra de girasoles rojos
 

CONQUISTA II

Una rosa de sílice. Arena y agua.
Encerrada en la mezquita trasparente.
Cerrazón. Herrajes acoplados.
Las rejas no se ven pero se escuchan.
Entre las redes entramadas. Busco
El nudo de la telaraña azul  del miedo.
Es la primera noche,
Talvez la última.
Quiero escapar
El tenebroso amor del carcelero
Se refleja  como sombra siniestra en mi ventana.
Asoman azoradas las hilachas de  girasoles negros.
Los golpes en las rejas invisibles
 son tan duros tan duros, ay tan duros
 como la argamasa del amor y el odio.
Quiero escapar, en mi barco de papel
en el cometa con cola de ratón
o en la parsimoniosa baba del caracol errante
Otra vez la masacre.
Exterminio. Alfombras de girasoles negros.
Genocidio. En masa. Uno a uno caen los girasoles negros
Chorros de sangre. “nanas de la cebolla”
Percepciones negadas, burladas, cercenadas.
Ay como duelen los  invisible golpes.
Hay que mojar las toallas
Que no queden huellas, que solo muera el alma

ESPERA

Quiero escapar…
 Me aletargo en el patio central de la mezquita
Y ronroneo como un gato al sol de un crudo invierno.
Esta es la última noche,
talvez la primera
Comienzo de nuevo a desandar la telaraña azul del miedo
Elijo de nuevo la sombra siniestra
del tenebroso amor del carcelero.
Amor, amor no temas a las sombras de la noche
 
A lo lejos, muy lejos verde de girasoles y otra espera.

*De Amelia Arellano.  amelia.arellano@yahoo.com.ar

 
 

*

Ella dice:
«la luna acaricia el alma
de los demonios».

Si
el mundo
es un lento simulacro de sí mismo,
no le importa.

Levantará  un rascacielos
                       de sal
en el centro
del
silencio.

Vivirá libre.

*de Carlos Cuccaro carloscuccaro68@yahoo.com.ar

 

*

Despierta, con las pestañas anudadas al cansancio, esperó conocer la sentencia que dividiría las aguas.
Cuando comenzó a cantar y contar la lluvia, el cielo se puso grande, se apagó el silencio treinta y seis segundos que fueron treinta y siete y se dividieron las aguas.

*de Ana Lia Gattás. analia_gattasz@speedy.com.ar

El minuto por un instante‏*

Era un minuto tan intenso, tan bello,  que quería acapararlo para siempre.
En ese  instante  voraz  deseaba apropiarme de los  de perfiles  de la seguridad. Presagiaba que  iba a volar a terceros, como así  “debe ser”. Pero quería quedarme con esa sensación de frescura y plenitud. Qué egoísta me sentí.
Como en una burbuja de las historietas, tenía secuestrado a ese minuto tan dulce, tan tierno. No  deseaba que se disipara de mí.

*De Nora Azul del Rosario Akimenco azulaki@hotmail.com

 

LA AMISTAD EN EL PLANETA LEJANO*

“Ellos vivían en un lejano planeta, en comarcas muy distintas y distantes; bajo las luces de dos grandes soles refulgentes que hacían que hubiera una noche cada dos días, y las sombras se cruzaban entre ellas. En ese mundo a veces había dos atardeceres, o dos amaneceres en un mismo día, y a veces hasta un amanecer y un atardecer al mismo tiempo; y de tanto en tanto eclipses entre los mismos soles, o entre las lunas, o mezclados, en una espectacular orgía celestial. Había seis lunas, y la gente era o muy lunática o bien muy romántica.
      En ese entorno la locura de ellos eran una normalidad; ser amigos durante siglos y nunca llegar a conocerse.
                   No se conocieron porque temían decepcionarse entre sí.
Temían ser especies distintas, como reptiles y aves, o siendo incompatibles, o enemigos, y terminar comiéndose entre ellos, como los animales salvajes que poblaban las selvas extensas que aún quedaban, después de la última glaciación y el reciente recalentamiento global; que venían una y otra vez después del gran cataclismo que provocó la caída de la luna mayor, que hizo rotar al planeta al revés durante varios siglos.
                   La gente primero se volvió loca, y luego moría aparentemente sin motivo. Murieron casi todos. Quienes quedaron se temían unos a otros, y se fueron retirando a lo más profundo de esas selvas húmedas y oscuras. Los animales salvajes proliferaron y se fueron adueñando de lo que quedaba del mundo. La naturaleza cubrió rápidamente de leñosas enredaderas, plantas gigantescas y marañas espinosas, todos los signos de las grandes obras de la antigua civilización. Llovía a torrentes con
aterradoras tormentas casi todos los días y los arroyos se hicieron ríos y los ríos verdaderos mares.
Sobrevivir fue un verdadero milagro.
Pero ellos siguieron siendo amigos; aun que no se conocieron nunca.
Dentro de poco, en este mes, en aquel planeta tan soleado y lunático; perdura la antiquísima tradición de celebrar el día del amigo.
Espero que ellos sigan siéndolo”.

*De Celso H Agretti.  celsoagr@trcnet.com.ar
Avellaneda, S.Fe; 19/07/08

Carta Póstuma*

 
En memoria de Juan Rulfo,
Y al estilo de su “Pedro Páramo”

Querido amigo, te digo así porque te fuiste siéndolo, lo fuiste y así será por este tiempo. No se ha de extrañar la vida como a un amigo, aunque sigue siendo la misma: Siempre tan impredecible.

Sabes, acá las cosas en realidad no han cambiado: el Sol sale y se esconde aún por los mismos sitios, y yo lo observo de vez en cuando aquí acostado, tú lo debes saber bien que llevas tiempo aquí tirado…  Aún sigue el olor a tierra mojada y ese sabor que solo la buena lluvia sabe dar al campo, que cuando uno habla parece metérsele entre los dientes, pero de eso debes saber más tú, que llevas tiempo aquí enterrado.

Anoche pasé frente de ti, te saludé de lejos y me detuve para ver si respondías: No lo hiciste… Al principio creí que estuvieras enojado, después entendí que no debo malinterpretar tu silencio, que se trata solo de eso, que solo es que sigues sepultado. Por eso me dije que las cosas aquí no han cambiado: la lluvia sigue cayendo del mismo modo, a veces tanto que aunque uno no se mueva se moja por todos lados, pero eso tú lo debes saber mejor que yo, pues llevas tiempo así acomodado.

La sopa se sigue sirviendo en tu plato, las “mañanitas” aún se cantan en tu cumpleaños… Y cuando el frío llega en invierno, hasta te espero con tu cobija, a veces toda la noche, despierto y sintiendo cómo se me congelan los huesos, aunque de eso tú debes saber más que yo, que llevas tiempo siendo huesos.

Por eso estoy ahora aquí a tu lado, porque las cosas aún no han cambiado: te dejo recados con tus vecinos, me paso las horas hablando contigo… Hasta he dejado mi número telefónico anotado aquí en tu lápida, junto al “Descanse en Paz” y hasta el momento no has respondido… Por eso ahora escribo para asegurarme recibas mi saludo, que te fuiste sin despedir, y espero te comuniques conmigo. Es solo que no se ha de extrañar la vida como se ha de extrañar a un amigo… Aunque aún no sé si el correo llegue allá abajo, me despido.

                                                    

*de hugo ivan cruz-rosas.  quetzal.hi@gmail.com
     … Porque no solo de Pan Vive el Hombre… Sino de Sueños y Esperanzas…
 

LA CLAVE NIPONA

*de ROBERTO FONTANARROSA

 
 
Acallados los fragores de la Segunda Guerra, comenzaron a tomar conocimiento público diversas versiones demostrativas de que el feroz ataque a Pearl Harbour, se hubiese podido evitar.
Desde aquellos que afirman que dos meses antes del traidor golpe japonés la base norteamericana estaba a punto de cerrarse para ser convertida en un gigantesco parque de diversiones, hasta la versión que sostiene que una semana antes del fatídico domingo 7 de diciembre de 1941 estaba a la firma del presidente Roosevelt el proyecto de vender los predios de Pearl Harbour al consorcio de las hamburguesas Mc Donald, han desfilado innumerables suposiciones que atribuyeron a la fatalidad o a la desidia, el escarnio que sufrió la flota americana aquella trágica madrugada.
Pero recién en estos días sale a la luz el resultado de los prolijos estudios llevados a cabo durante cuatro décadas por el científico holandés Théodore Leendert, apasionado por el suceso bélico, quizás debido a que uno de sus hijos (para ser más precisos, el tercero) lleva el nombre de Pearl.
A continuación, pasamos a las conclusiones de Leendert, publicadas el 8 de junio del actual año, en el periódico “Chicago Voice” de Boston, dentro del suplemento familiar que, todos los domingos, este medio dedica al rubro “Catástrofes”.
 
 
El Ministerio de Marina, bajo la tutela del almirante Frank Knok, conocía, a los siete días del mes de marzo de 1941, la clave empleada por la marina imperial nipona. Se había dilucidado algo fundamental: cada letra que conformaba una palabra irradiada tenía su correspondencia en un número. La suma de los números que totalizaban una palabra daba la ubicación de una nueva palabra en un libro cualquiera,  elegido  al  azar por el alto mando japonés.
Para el espionaje yanqui, este logro revestía una importancia vital, ya que alcanzarlo le había sido sumamente engorroso. Desde los comienzos de la guerra ruso-japonesa (1904-1905), se había empecinado el almirantazgo americano en descifrar los mensajes nipones, sin éxito.
Ese afán lo llevó a escrutar minuciosamente la guerra austro-húngara, incluso sin que hasta el día de hoy pueda entenderse tal desvelo.
Durante casi una década sus estudiosos en hermenéutica estuvieron descifrando, tomando anotaciones y fatigando una clave que, al final, descubrieron, pertenecía a la flota pesquera coreana y no a los japoneses. Llegaron a tal conclusión al descubrir, por casualidad, que “Chin-tien” significaba “atún” y no “destróyer”.
Pero tal vez el recuerdo de ese mismo traspié dio al Centro de Inteligencia Naval, casi una década luego, la punta del ovillo para conseguir la clave de las naves del Sol Naciente, poco tiempo antes de que los Estados Unidos fuesen impelidos a entrar de lleno en la Segunda Gran Guerra.
No se debió el éxito a ninguno de los cerebros más relevantes de los Servicios de Inteligencia, sino a Grover B. Hayes, natural de Delaware y cocinero de la dotación del buque patrulla “Here we go II”. Hacía tiempo que el espionaje yanqui había llegado, al menos, a una conclusión importante dentro del desaliento y la confusión que lo atenaceaban: la clave japonesa naval estaba relacionada con un libro de la propia literatura nipona. Aquella precisión se obtuvo tras haber detectado varios mensajes emanados desde el buque-escuela “Hideiyoshi Makura”, en los cuales el telegrafista acotaba tras cada frase: “página 8″ o “página 27″ o bien “Prólogo”. La duda cundió entre los especialistas americanos cuando cayeron en la cuenta que el “Hideiyoshi Makura” no sólo era un buque-escuela, sino que era de escuela primaria e incluso hacía las veces de jardín de infantes, cosa que estaba en consonancia con el significado de su nombre: “Dragoncito Picarón” en japonés. Eso hizo pensar a los marinos de Husband E. Kimmel que los mensajes sólo podrían encerrar consignas elementales como “El samurai me ama”, “El perro come el arroz” o nimiedades semejantes.
La duda vino a ser despejada por el ya citado cocinero Grover B. Hayes, quien afirmó, ante el reunido alto mando naval aliado, que el libro sobre el cual se descifraba la clave interceptada no era otro que “Cocina nipona para principiantes”, del monje budista y maestro repostero Togukawa Okuma.
Hayes, contrito, confesó que él estaba al tanto de dicho detalle desde hacía cuatro años, ya que solía incluir en sus comidas algunas especies recetadas por Okuma, pero que no lo había expuesto ante sus superiores temeroso de ser acusado de simpatizar con el enemigo.
De cualquier manera, el aporte de Hayes (quien fue ascendido a Cocinero Alférez en la prisión militar de Promontory, Utah) tranquilizó al Superior Comando de Asuntos Marítimos, ya que, desde el momento en que habían olfateado que el dilema podía hallar su solución en la literatura nipona, habían estado analizando a fondo toda la obra de Pearl S. Buck, hasta caer en la cuenta de que dicha autora, a pesar de escribir asiduamente sobre las costumbres orientales (chinas, para ser más exactos) era norteamericana.
A partir de este hallazgo y durante casi dos años, la marina norteamericana logró mantener un prudencial control sobre los mensajes cruzados por los navios japoneses, ya éstos en operaciones bélicas. Pero el 3 de octubre de 1941, el almirante Nimitz fue notificado de que los nipones habían cambiado la clave. El Servicio de Prevención Costera había llegado a esa comprobación debido a dos hechos, uno de ellos fortuito: por un lado, la infidencia de un residente japonés radicado en San Francisco, quien propaló la noticia a grito vivo en un local de Burger King adonde se había puesto en total estado de ebriedad al mezclar una bebida cola con “Doctor Pepper”; y por otro, el simple hecho práctico de que en los mensajes interceptados no se entendía absolutamente nada.
Esto perturbó al Comando Estratégico de Operaciones Navales, el que se abocó, de inmediato, a conseguir la nueva clave de la flota de Yamamoto. Como si esto no fuese suficiente, algo más sumó nueva preocupación al ya inquieto Estado Mayor americano: había vestigios, indicios, rumores, de que algo grave estaba por abatirse sobre alguna de las más importantes bases navales yanquis. Desde Hawaii, por ejemplo, se había copiado un radiograma del teniente Calvin K. Polk, donde informaba, entre otros datos: “. . . las gallinas mantienen una conducta extraña. Se ocultan bajo los blindados anfibios, picotean las cargas de profundidad y se la pasan observando el cielo. Los perros se ven inquietos y desasosegados, aullando lúgubremente sin razón aparente. Los pájaros se han retirado desde hace días y las cabras insisten en comerse los carteles indicadores del asentamiento de submarinos”.
Mientras algunos observadores atribuían tales señales a la tal vez próxima amenaza del tifón María Elena de los Angeles, los investigadores del Centro de Inteligencia Naval se zambulleron de cabeza sobre las pocas pistas que permitirían alcanzar la flamante clave japonesa.
Y el 28 de octubre de 1941 (a sólo 25 días del cambio de clave) lo consiguieron. Nuevamente gracias a una infidencia y nuevamente debido al residente japonés que volvió a embriagarse, esta vez con cereales Quaker fermentados. El nuevo libro en donde se basaba la clave japonesa era un compendio de poemas de Taisho Satsuma, mandarín de Sapporo, titulado: “La grulla me mira y no sé qué quiere”.
No tuvo el Alto Mando casi tiempo de abocarse a estudiar el nuevo sistema cuando una noticia sacudió sus cuadros. La boya espía N-82 “Unsinkable Inkstand III”, flotante en aguas del Pacífico cercanas a las islas Marianas, había interceptado un mensaje cifrado. De inmediato la boya radió el descubrimiento al portaaviones “Enterprise”, desde donde también detectaron el mensaje que salía al aire, matemáticamente, cada cinco minutos y decía así: “El día domingo 8 de diciembre (1) de 1941, a las 07 de la mañana, atacaremos la base norteamericana de Pearl Harbour y la haremos benkei-go(2)”.
Febrilmente, la Inteligencia Naval se lanzó a la intrincada tarea de descifrar el extraño mensaje. Sin duda alguna, encerraba algún comunicado importante y perentorio dado lo obsesivo de su repetición.
Finalmente, a las 2 de la mañana del día 6 de diciembre, los catorce hombres seleccionados para arrancar del libro de Taisho Satsuma la verdadera lectura del misterioso mensaje, habían logrado transcribir un nuevo texto, siguiendo los mecanismos correspondientes. El texto decía así:
                                             El paso                                            
del tigre en la
sombra del lago
triza
el sonido suave de una caña
y
el rostro
de la mujer
de Roosevelt
parece el culo
de un mono
tailandés.
Los componentes del cuerpo investigador comprendieron que se hallaban ante una patraña urdida por la Flota nipona. Era la única posibilidad que explicaba tan directo agravio inmerso en el poema de caprichosa métrica.
Se descartaba estar frente a una edición pirata y falseada del libro de Satsuma. Esa certeza ganó el espíritu de los hombres del Alto Mando. Sólo un detalle permanecía flotando en el desconocimiento.” ¿Cómo era un mono tailandés? Decepcionados y ¿por qué no? ofendidos, los americanos desestimaron el mensaje que, pese a todo, continuó irradiándose desde la Flota japonesa durante aquella noche.
Promediando el día siguiente, la mayor parte de los orgullosos navios de superficie norteamericanos lanzaban llamas y humo hacia el cielo de Pearl Harbour.
El verdadero significado del repetido mensaje nunca fue obtenido.

(1) N.  del  E.:   8  de diciembre para Japón, según los husos horarios, 7 de diciembre para los EE.UU.
(2) N.   del   E.:    “Benkei-go”:   coreanismo   intraducibie.   Algo   relacionado con el excremento humano o animal.

*Incluido en NO SE SI HE SIDO CLARO Y OTROS CUENTOS
  EDICIONES DE LA FLOR. 1985

EL LLANERO SOLITARIO*

Al tío Piruco.

Quizá sea por ese pasaje imperceptible que dan las estaciones, en este día, un 21 de junio donde el calendario impone que ya no es otoño. O es, sólo una pequeña brecha de memoria en el olvido que quedo de las estaciones, umbrales difusos de paso lento e irreversible como ese desvestirse hoja a hoja de los
árboles, en su espera latente para crecer fuerte de primavera.
Veo en el cielo un mar frío, cerrado, y me pregunto a donde va a parar tanta gota evaporada en lágrimas, ausencias esperando un ciclo para llover y renacer sobre las cosas y la gente, recordándoles que están vivos. Nada más fuerte que una lluvia fría en el rostro de cara al cielo para abrir
fisuras de recuerdos.
El invierno, ese gran olvido superficial, máscara lábil de los cambios por venir. O lo antiguo retornando en la mascara de nuevos rostros y brotes verdes. Grandes preguntas en un pasaje imperceptible donde muchos ya no están. Hoy me acorde de aquel invierno donde el tío Aldo se despedía poco a poco, entre ahogos por sus pulmones cerrados al aire, diciendo las verdades que le había dejado toda una vida. A mi me dedicó algunas palabras que no supe entender en ese momento. Ese mismo invierno cuando mi hija que ahora galopa en el patio, nació con su cordón umbilical enroscado al cuello como horca del Far West, sana y salva de la asfixia por una providencial cesárea. Allí estoy en la clínica con mi hijo, sentado en la escalera enfrente de la sala de partos. Chaplin y el Pibe, una misma imagen de indefensión ante cada acontecimiento.
- ¿Me vas a comprar la máscara y el traje…?.
Cuando nazca tu hermanita. -le dije.

Estamos en la habitación de la clínica, con la bebe dormida, el nene hace malabares parado en la cama contigua a la de su madre con el disfraz puesto.
Me parece oír ahora y hoy esa pregunta cuando llegamos solos a casa y le dije que iba a cocinar.
¿Vas a hacer comida extraña, papá…?
- No, apenas mezclar pedacitos de recuerdos e incertezas bajo un mismo fuego. (Quisiera responder hoy después de algunos otoños e inviernos, en el fulgor de un atardecer sin velos).

Están todas esas imágenes mezcladas, mientras sigo viendo el galope de mi hija de 4 años en el patio, escucho atentamente y me parece oír el ruido de cascos por debajo del chirrido del secador sobre las baldosas.
Y es otro invierno, lejano, con lamparita de 25 w en el living para gastar poco, me invade olor de la cocina económica mezclado con el tuco. El Berkeley esta encendido en una esquina, sobre la mesa de tres patas con rueditas, y apenas si puedo recordar esas siluetas, surgidas sin duda de la nada, por detrás de una loma, real como pueblo de vaqueros.
Veo a los dos jinetes recortados en ese cielo ceniza permanente de las series en blanco y negro. El más fornido lleva una mascara y monta un caballo blanco. El otro, flaco y ágil, Lleva ropas de indio norteamericano con flecos y costuras a máquina.
Antes de ser El Llanero él era Clayton Moore, nacido bajo el nombre de Jack en un septiembre de 1914, un hábil equilibrista de circo desde los 8 años.
Toro nació en 1919, como el tío Aldo, con el nombre de Harold Smith, fue boxeador y doble de riesgo. Antes de tomar el nombre artístico de Jay Silverheels y ser el indio Tonto para los americanos.
El Llanero y Toro galoparon juntos entre 1949 a 1957. Mientras el tío andaba navegando y mirando horizontes de cielo yéndose al mar.
Luego de terminada la serie ambos siguieron viviendo de sus personajes el resto de sus días, Silverheels haciendo papeles de indio y Moore haciendo giras como El Llanero Solitario, hasta que una compañía dueña de los derechos del personaje para filmar una película le inicio un juicio obligándolo a dejar de usar la mascara y él nombre del Llanero, al que solo pudo recuperar en 1984.

*
Pienso muchas cosas sin poder explicarlas bien, mientras ando, como Llanero sin rumbo en el vértigo de recuerdos que me traspasan.
Serán esas sensaciones absurdas, desprotegidas de cualquier lógica, las que me hacen caminar las calles y solo ver máscaras en los rostros de la gente.
Entiendan bien, veo máscaras delgadas e invisibles casi calcadas sobre esos poros cerrados al aire. Son rostros sobre los rostros humanamente dados, máscaras para verse en el espejo difuso de los demás.
Allí van los rostros circulantes por las vidrieras, encandilados de objetos que brillan como balas de plata y enmascaran exclusiones sociales que matan.
Creo, abrumado, que la gente dejo de sentir el aire en la piel y sueña ser ese objeto inalterable, rostro de maniquí, breve sonrisa del acto de compra contra la incertidumbre…
Niños enmascarados jugando su ilusión de posesión contra cualquier cambio-pérdida. Puerta abierta que no cierra jamás. Allí van los rostros, afirmando malamente su identidad en un anónimo mercado de fantasías, pagando precios por la máscara de ciudadanía del mercado.
Quizá, por debajo de estas máscaras invisibles no hay representación posible para un mundo social que vive negando y ocultando sus verdades elementales, como ocultan los titulares de los diarios, y me repito en silencio -”los poderosos enmascaran horrores y organizan beneficios en cada acontecimiento
repetido”.
Fetichismo trascendente a las mercancías, pregunta profunda por quien es el otro.
Escenas arriba de otras escenas antiguas y repetidas, en una sociedad que solo ve y escucha detrás de cortinas de humo, como en Hamlet, donde la verdad solo puede escucharse, desprovista y oculta de un rostro moviendo los labios, abriendo el sonido de su propia voz.
Pienso en la verdad esencialmente intolerable por uno y otros. En la permanencia de palabras dichas que ya no nos pertenecen: atornilladas como quedan en el oído propio y el de los otros. En esas otras palabras, negadas y hundidas en el cuerpo, fantasmas que agitan aire en alas de mariposa o tornados que abren un después.
Quizá sólo sean imágenes sin relato posible, breves destellos para pensar en una sociedad de brumas donde la regla es no ver, no oír y no saber para siempre la verdad, ni propia ni ajena. Máscaras puestas sobre el deseo de no reconocerse en una historia.

Sigo viendo al Llanero en el galope de mi hija en el patio, ya es de noche, escucho atentamente y me parece oír ruido de cascos.
Allá, esta tío Piruco, dándome consejos con el rostro casi descarnado, y aunque yo no lo entienda, diciendo cosas que le surgen en ese resplandor de última vez:
-Pibe, nunca digas la verdad….
-Porqué tío?
- No van a escucharte y menos entenderte.

El Llanero, único actor que figura en el paseo de las estrellas de Hollywood unido a su personaje de ficción, murió días después del tío, el 28 de de diciembre de 1999, a los 85 años.

*De Eduardo F. Coiro.  inventivasocial@hotmail.com

 

Correo:

DOS CARTAS A OSVALDO BAYER*

Un gobierno popular nunca
      podría
equivocarse otra vez
     y confundir
     a un chacarero
de poncho al viento, con
     un hacendado
o estanciero, y empujarlo
     ciegamente,
o groseramente, a la
     banquina.
Nunca, nunca podría
     confundir
a propios con ajenos
     y proclamar
     y arreciar
con tanta ligereza.
     Nunca podría,
nunca, nunca podría,
     un gobierno popular
maltratar, herir y
     desconocer
a tanto pueblo, y a la
     vez
proseguir sin comenzar
     un mea culpa.

             
  *

La obediencia debida,
      de la que usted
mucho escribió y algo
      entiende,
nunca es conveniente,
      tampoco
en el Senado; además,
      por suerte
o por historia, el pueblo
      no la acepta
así como no cree en
      esa afiebrada
idea de que por aquí
      hubo algún
rumor “destituyente”
      o de golpe.
La gente, don Bayer,
      está cansada,
eso sí, de mentira y
      de soberbia,
de inequidad y necia
      propaganda.
La vida, a esta hora
      angustiosa,
también es derecho
      humano.
Las falacias caen,
      las impudicias,
y no basta con decir
      o declamar
en este contienente
      inclinado
y estafado; es
      necesario
siempre un nervio
      cierto
para sostener al
      viento
las banderas y los
      corazones,
que, lo sé, no
      cesarán
ni habrán de
      abandonarnos.

 
      *de Eduardo Dalter. eduardodalter@yahoo.com.ar
Gran Buenos Aires, julio, 2008

*

Queridas amigas, apreciados amigos:

El domingo 20 de julio del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música de los compositores Cesar Guerra Peixe, Marta García Renart, Carlos A Vázquez und Mariza Rezende. Las poesías que leeremos pertenecen a Jorge Mendoza Castaño
(Colombia) y la música de fondo será de Wankamaru (Andes).
¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!

REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo! Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com
Schießstattstr. 44    A-5020 Salzburg    AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067

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Thursday, July 17, 2008

TANTA HUELLA SUELTA AL VIENTO…

QUÉ HABLA ESE HOMBRE*

         A los Intelectuales K

Qué habla ese hombre,
       por Dios,
que en sólo una década
       en ejercicio
de gobierno se hizo
       millonario.
Qué cree, qué quiere
       hacernos
creer, en medio de
       esta polvareda
de enfrentamiento
       que él mismo
fogoneó entre negocios,
       humos y falacias.
Cómo es posible tanta
       zanja,
tanta huella suelta al
       viento,
bajo este horizonte
       sin salida,
ciego, y cuesta abajo.

         
*de Eduardo Dalter. eduardodalter@yahoo.com.ar

 

TANTA HUELLA SUELTA AL VIENTO…

Resistencia*

 

Uno de estos dias, me levanto temprano.
Miro por la ventana y me resisto.
Digo, hoy, resisto, o sea,
a ver amigo si me explico:
resisto a los que vienen por mi pellejo,
aguanto los rebencazos que me propinan,
resisto las ganas de mandar todo al carajo,
me visto y resisto, y me voy para el trabajo.
Subo al bondi y resisto, el empujón agrio.
Bajo y camino, y resisto, el frío que me acobarda.
Llego a la fábrica y resisto, a la sirena que me apremia.
Resisto frente a la máquina, me meo y resisto,
a parar la producción me resisto, aguanto ¿Vió?
Las ganas de mandar todo a la mierda, resisto.
El dolor en la espalda, lo resisto. Al dolor,
al grito del capanga, lo resisto. ¿Me explico?
A comer mal y poco y de parado, lo resisto.
A correr por un baño sucio, lo resisto.
Una hora y otra más, las resisto. No sea cosa.
Que la quincena venga flaca, lo resisto.
Espero en la esquina, es de noche y resisto.
Resisto dormirme de parado, sin putear resisto.
Me alquilo y resisto. No me vendo y resisto.
Y asi termino mi dia, lo resisto. Me duermo,
pero antes, como en un sueño, me digo:
Hoy me resisto.

*de Udi, udi.cuatro.catorce@gmail.com

 

El cine*

Salí corriendo alocadamente del cine. Estaba aterrorizado y lo único que quería era poder escapar. Había poca gente ya que era la última sesión, pero no me entretuve en mirar si los demás me seguían. En mi pasión por salir a la calle no me di cuenta de que en una de las dos puertas de la salida ya habían puesto la reja. Choqué violentamente contra ella y caí al suelo de espaldas. Me hice tanto daño, tantísimo daño, que mientras me retorcía de dolor pensé que hubiera sido preferible morir entre las garras de los leones que habían salido de la pantalla.

*Joan Mateu. joan@cimat.es

El misterio de la alfombra: *

En un diario matutino, apareció una noticia sorprendente.
Se busca alfombra perdida. Su nombre: mágica. Al que pueda encontrarla será gratificado con una valiosa recompensa.  Remitir información a esta dirección, ciudad de las diagonales calle del silencio entre los tilos y las jacarandas. Mantener máxima discreción.
Intrigada por el aviso me puse a investigar de inmediato. Llame por teléfono a la persona que había realizado la solicitud y me dio detalles de su objeto perdido y/o robado.
Con voz  deformada para que no la reconociera me dijo que esa moqueta había sido su testigo durante tantos años de pasión jugando a las escondidas. Entre llamadas en clave y mensajitos de texto, ella la alfombra había sostenido  sus ardientes encuentros con su don Juan. Era suave, no muy limpia pero si mullida, por lo cual las escenas de amor se desarrollaban con gran habilidad y maestría.
Luego agregó casi llorando, que de no encontrar su tan codiciado fetiche, tendría que ir a visitar a un traumatólogo, porque le dolían todas las coyunturas, que los años no venían solos, que no quería quedar en silla de ruedas y qué explicación le iba a dar a sus familiares y amigos.
Me quedé en silencio, intentando darle una pista, un consuelo, no conocía el paradero de su objeto perdido.
Solo tenía una explicación sobre la desaparición del valorado tapiz: habría volado
Al país del nunca jamás.
Moraleja: “si han de disfrutar a escondidas, que les duelan los huesos”.  Párrafo extraído del Manual del matrimonio perfecto, capitulo 3  Saber inconsciente de alguna parte engañada.

*de Azul. azulaki@hotmail.com
Idea central. Azul. Asesor legal y correctorrr! Eduardo Coiro.

*

El hombre añora. Extraña. Intuye que ya nada será lo mismo.
No es por un objeto en sí mismo, sino por esa oculta señal que a veces en la vida es previa a que se desencadenen hechos imprevisibles.
Por un momento, piensa si esto puede solucionarse con dinero.
-Compro otra y listo.
Quiere convencerse de que es posible, que nada va a cambiar.
Que todo seguirá siendo como fue hasta la última vez.
Ella llegando a última hora, cuando la recepcionista ya se había retirado.

Puede ver ahora mismo la imagen: esa desesperación que hace que se toquen y se quiten solo lo esencial de la ropa y se revuelquen en la alfombra hasta penetrarse y acabar furiosamente, dichosamente al mismo tiempo.
Ese orgasmo es un lujo. –se dice.
Ni con su mujer, ni con otras amantes puede lograr eso.
Celia y él sobre la alfombra. Literalmente vuelan por el aire.
Esta alfombra es mágica –dice ella cada vez que tiene ocasión.
Pensar que era regalo de casamiento de mi suegra que la compro en una feria de El Cairo, si supiera –que en paz descanse- los placeres que nos brinda. –dice el hombre buscando la sonrisa cómplice de Celia.
Pero de todo esto ya pasaron tres interminables meses.
Fue en el último vuelo y mientras se daba el orgasmo de ambos como de costumbre, cuando sintió que la alfombra los había llevado más allá de los límites estrechos del consultorio.
 
Quizá haya sido una venganza de su suegra –El sabía que las coloradas como ella eran todas unas brujas-
Entonces sintió la caída.
Y la mano y después el grito de Celia alejándose.
Y ese aterrizaje con suerte sobre la palmera. Las roturas y los yesos.

El hombre espera a su mujer en el horario de las visitas.
Y de la pobre Celia, ni noticias.

*de Eduardo F. Coiro. inventivasocial@hotmail.com
-En base a la idea de Azul-
 
 

Punto de partida*

 
Qué será ahora de tus ramas, Sauce
a quién le llorarás tu pena
yo, la que te escuchaba
conteniendo tu frenética huida
también me fui
crucé montañas
batallé con la nieve
adopté bosques
entrevisté arrayanes y radales
que mintieron ser abedules
y una tarde
recordé tu despedida sin palabras ni adiós
vos, mi confidente
mi amigo con fidelidad de perro
vos, que esperabas elevándome sin reproches
transformando mi vida en una leyenda celta
adonde los árboles fueron energía
protección
y el bosque un templo
para hablar en murmullos
que no despertasen malhumorados duendes
trocando nuestra vida en tempestad.
Estoy de regreso
¿por qué no me advertiste, Sauce?
¿te creías inexperto?
aún hoy escucho las palabras de un árbol.

En este desencuentro vos y yo hemos perdido
dos mil cuatrocientos atardeceres de soles
rojos naranjas y azules
dejando entre paréntesis mis ampollas
recorrer tanto camino
para elegir el comienzo.

*De Diana Poblet.  soydian@yahoo.com.ar

Mudanzas*

Mi padre siempre estaba yéndose a otra parte, a algún lugar imposible donde no pudiera alcanzarlo su sombra. Desplegaba sobre la mesa el mapa de la República y apoyaba el dedo en algún rincón que no hubiera sido fundado todavía.
Así era él: tenía hormigas en los pies y una mirada cortante que me helaba la respiración cada vez que se enojaba. “Acá”, decía de pronto, y apretaba el mapa hasta hacerle un agujero allí donde íbamos a pasar las mil y una hasta que se le ocurriera dar otro salto.
Fueron tantas las veces que nos mudamos que ya confundo trenes y épocas. Ahora, al cambiar de barrio, me parece que voy de un continente a otro aunque las voces sean iguales y las mismas lluvias mojen los mismos árboles. Veo una casa desierta que es ésta y es otra, una de mi infancia. Por las ventanas entra una luz de invierno que colorea el polvillo suspendido en el aire. Ya no hay olores y los fantasmas flotan por ahí, me asustan como antes, me avisan que el tiempo pasa y en alguna parte, adentro mío, van mi padre con la vieja corbata azul y mi madre con aquel pañuelo al cuello.
Atrás voy yo con el pantalón corto y el echarpe con los colores de San Lorenzo.
En cada mudanza una pérdida. En la última, entre la Boca y Palermo Viejo se me extravió el Omega a cuerda que me había dejado mi padre. Quizá me lo robaron y vaya a saber en la muñeca de qué brazo andará. Me lo había entregado una enfermera en una clínica de Flores la tarde en que él murió. También me entregó el anillo de matrimonio y unos anteojos. Yo usaba a veces el Omega, aunque adelantaba cinco minutos y se me resbalaba bajo el puño de la camisa. Después lo dejaba en un cajón de la cómoda y me ponía otro cualquiera de los tantos que la vida nos deja. El de los quince años, el de la novia aquella, el primero que compramos a crédito en tiempos en que eran caros y estaban cargados de sentido.
Tendría nueve o diez años aquel invierno en que nunca llegó a Río Cuarto la pelota de tiento que me había mandado Perón. No sé cuál tristeza es más folletinesca, si aquella de la pelota o esta del reloj. Mi padre debe haber metido la pelota en un cajón mal cerrado o tal vez la tiró a la basura porque en ella veía la monstruosa cara del general gesticulando ante las masas. No quiero ser mal pensado: tanto detestaba al Conductor que una huella suya en nuestra casa era como otra mano en la cintura de mi madre.
Pero por encima de todo lo que yo más lloraba eran los gatos perdidos. Hubo uno que no apareció a la hora de la partida y todavía lo estoy esperando. Ni bien huelen mudanza los gatos se ponen mustios y dejan de comer. Me acuerdo de otro, negro y blanco, encerrado en un cajón para recorrer mil kilómetros en un Ford de los años cuarenta. Nosotros llegábamos siempre antes que los muebles y esperábamos con ansiedad las cacerolas y los juguetes. “Por ahí mañana aparece el camión”, susurraba mi madre en la oscuridad del hotel. “Para qué querés muebles”, le contestaba mi padre y enseguida la brasa de su cigarrillo marcaba de rojo el recuerdo que tengo de aquellos otros fantasmas. A la llegada, nadie nos daba la bienvenida y tampoco iban a despedirnos. De entre los papeles de la última mudanza se desliza al suelo una carta que mi madre me escribió cuando yo vivía en una pensión de la calle Uriburu. “En Cipolletti no nos acompañaron ni nos hicieron despedida, así es la gente de agradecida. Dormimos en la oficina de Obras Sanitarias que tenía una pieza con dos camas para los inspectores que venían de Buenos Aires, que la hizo hacer tu padre pero hasta allí nos llevo Desiderio en una camioneta que tenía.”
No fue nadie a decirle adiós a mi padre, nadie le dio las gracias por las noches en blanco y los domingos perdidos. No sé si esperaba otra cosa. Nunca fue un tipo muy popular y lo que más recogía eran puteadas y sarcasmos. Conocía a la gente y pensaba que Perón se aprovechaba de su ingenuidad. Siempre fue así de gorila. Pero no creo que haya sido por eso que nadie fue a despedirnos. Más bien habrá sido porque el tren pasaba muy de madrugada y era un sacrificio salir a esa hora de la cama. Vagamente recuerdo aquella última noche en el cuarto de Obras Sanitarias que menciona mi madre. Era la sexta o séptima vez que cambiábamos de pueblo pero esta vez era distinto porque yo era grande y me obligaba a separarme de mi primera novia. Me vienen a la memoria el frío y la bronca que tenía con mi padre. Nos pasa que alguna vez queremos matarlo y para no hacerlo huimos hacia lo desconocido. Lo veo todavía recostado en la cama, con un pulóver descosido, hojeando un libro en inglés. En la muñeca llevaba el Omega que a mí me iban a robar treinta años después. ¿En qué pensaba? Me parece que empezaba a sentirse viejo porque había pedido el traslado a Tandil donde vivía la familia de mi madre. Allí había empezado su aventura y volvía tan pobre como al principio. No le importaban los pocos muebles que se iban en el camión y si tuvo alguna amante no le dolió dejarla. Era, definitivamente, un hombre solo, sentado en una silla incómoda. Indiferente a otra cosa que no fueran el agua con cloro, los cacharros que inventaba y su imaginario combate con Perón.
El día que dejamos Mar del Plata para ir a San Luís perdió el sombrero que más quería y desde entonces no volvió a ponerse otro. A veces, bajo el sol más hiriente, se calzaba un rancho de paja de Italia que había encontrado en un andén vacío. No era un intelectual pero a veces decía cosas que atribuía a Plutarco o a Dante: “Qué duro es el camino, Osvaldito”, y se quedaba mirándome a los ojos a ver qué decía yo. ¿Qué iba a contestarle? Un día me lo encontré a la salida del hospital en que lo habían dejado cuando volcó con el coche y me dijo algo así como Eccovi l’uom ch’e stato all’inferno. ahora intuyo a qué infierno se refería. Igual, nunca me pareció un hombre angustiado. Era débil, sin duda. Inseguro. Tan inestable que cada vez que terminaba de construir una casa la abandonaba corriendo. Una vez apareció en Chilecito y otra en El Bolsón. Hasta ahí no lo seguimos, pero fuimos a visitarlo a una pensión de viajantes. Mi madre se condolía: sólo tenía una cama chica, unos libros en el suelo, la regla de cálculos, una Parker y el compás sobre la mesa. Apenas le llegaba luz de un ventanuco y la dueña lo sermoneaba porque había cambiado la bombita de veinticinco por una de sesenta. El Omega aún estaba en su brazo y ahora que no lo tengo más siento que mi padre empieza a alejarse de mí. Al verlo más distante, me parece que acerca el dedo al mapa y me señala un lugar en el que tarde o temprano vamos a encontrarnos para charlar largo de sus mudanzas y las mías.
 

*De Osvaldo Soriano.
-De “Piratas, fantasmas y dinosaurios”. Editorial Norma, edición de 1996.

Jesús estuvo en Buenos Aires*

*Reynaldo Sietecase
17.07.2008
 

Es andaluz, nació en Granada no en Belén. Es bajito, no tiene barba. No parece un rockstar. Todo lo contrario: su cabello está perdiendo la batalla contra el tiempo. Usa anteojos con vidrios gruesos. Igual se parece mucho al Nazareno. Incluso, cuando siente que sus pedidos no son atendidos, se crucifica. Como si todo su cuerpo fuese una señal desesperada con destino al cielo y a la tierra, se crucifica.

El padre Jesús Olmedo es el párroco de la iglesia Nuestra Señora del Socorro de La Quiaca. Llegó al país en 1971, tenía 25 años y su imagen de la Argentina se resumía a una postal con vacas, pampa, abundancia, cultura y desarrollo. El flamante sacerdote no tardó mucho en comprobar que había llegado a uno de los lugares más pobres de Latinoamérica, donde lo único que sobra es la intemperie.

Años después tuvo que volver a España y, a comienzos de los 90, regresó a La Quiaca para quedarse definitivamente. Como el otro Jesús, el tipo es un peleador y los niños del norte argentino le habían ganado el corazón. “Había venido a evangelizar y ellos me habían evangelizado a mí”, repite. Comprendió además que los integrantes de los pueblos originarios están en el último escalón de la pobreza. ¿En qué otro lugar debería estar Jesús?

En dos décadas de trabajo intenso, el padre Olmedo ayudó a establecer una decena de comedores. Es que el hambre es la necesidad más urgente. Según su propio diagnóstico, la mitad de los niños de esa zona de Jujuy están desnutridos. Por esa razón, la imagen de la leche derramada en la ruta, en mitad del conflicto entre el Gobierno y el campo, lo indignó de manera especial y salió a decirlo: “Mientras se pelean por las retenciones los pobres siguen pasando hambre”. Unos días antes, a comienzos de junio, una movilización de pobres y desocupados fue reprimida de manera brutal por la policía provincial. Hubo varios heridos de bala, entre ellos, el propio Olmedo.

Jesús sabe que el peor enemigo de los pobres es el silencio. Escribió un libro sobre ese tema: La cultura del silencio. “Cuando un pueblo calla durante tanto tiempo es porque ha sido silenciado”, y sugiere: “Desde la cultura del silencio hay que pasar al grito de los excluidos”. Con esa idea, en la semana de los dos actos, bajó a Buenos Aires. En medio de la peor disputa de poder de los últimos años, Jesús bajó a la Capital. Aquí, como dicen en el interior, atiende Dios. Aunque él cree que si lo dejan, “si no lo encadenan, Dios está en todos lados”.

El padre logró algunas cosas en medio de la disputa por la soja: la ministra de Desarrollo Social, Alicia Kirchner, le prometió hacer un relevamiento de la zona y ayuda oficial inmediata. El líder chacarero Alfredo De Angeli, que lo cruzó en un canal de televisión, le garantizó el envío de alimentos. También recibió apoyo de distintas parroquias y organizaciones sociales de todo el país.

Jesús agradece pero sabe que nada será suficiente si no se remueven las causas profundas de la iniquidad. Por eso sigue exigiendo a las autoridades políticas la generación de puestos de trabajo, más escuelas, cloacas, agua potable, obra pública, subsidios para los desempleados. También pide que se controle el contrabando de artículos de primera necesidad desde La Quiaca hacia Villazón, en Bolivia, que mezcla corrupción y carencias. Y que la Legislatura jujeña declare a La Quiaca zona de emergencia.

Uno de los mayores desafíos asumidos por Olmedo es que la sociedad tome conciencia. Quiere que se asuma que en “La Quiaca comienza la Argentina” y para eso debe enfrentar los muros de silencio que imponen los prejuicios y la indiferencia hacia los coyas, hacia los antiguos dueños de la tierra, hacia los habitantes del norte profundo que están entre los argentinos más olvidados. Esos compatriotas que deben mendigar por lo que les pertenece por derecho propio.

Es por eso que a Jesús le cuesta entender algunas cosas de este país, al que considera suyo: “En 2001 veíamos por televisión cómo se hablaba de la crisis argentina por la plata que se había quedado dentro de los bancos y no se hablaba de la crisis argentina por el hambre y la miseria”. Un periodista porteño le pidió una definición: “¿Usted está con el campo o con el Gobierno?” y el padre respondió: “Con ninguno de los dos. Yo estoy con los pobres”.

Jesús estuvo en Buenos Aires. No organizó ningún acto.

*Fuente: Crítica de la Argentina
http://www.criticadigital.com/impresa/index.php?secc=nota&nid=8224

 

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Wednesday, July 2, 2008

DE HISTORIAS EN LA HISTORIA…

PRESIDENTES MILLONARIOS*

…No son recomendables,
      menos aún
si hicieron el gran
      amasado
en ejercicio del gobierno.
      Ven mal,
ven poco, o por encima,
      como capangas
de un ruedo, y ordenan,
      chillan y acusan,
y la gente pasa a ser
      algo extraño;
así queda graficado,
      todo herido,
entre voces, disfraces
      vastos
y al borde. La historia
      ya desnudó
y engulló a muchos de
      ellos.
      

*de Eduardo Dalter.  eduardodalter@yahoo.com.ar

DE HISTORIAS EN LA HISTORIA…

La revuelta*

El pasillo noventa y siete de la Biblioteca Central amaneció con montones de páginas tiradas por el suelo. Este hecho había ocurrido por primera vez en la sección de “Novela corta” hacía un par de meses. En aquella ocasión se achacó a la acción de un perturbado con ansias destructivas, pero al repetirse  en los pasillos de “Infantiles”, en la sección de “Inventos” y en el área de “Descubrimientos” se inició una investigación.

Poéticamente, el caso se abrió como “el otoño de la literatura”, nombre poco afortunado, pero como el comisario era amante de los poemas y escogía el nombre, se mantuvo así.

Se iniciaron las pesquisas mientras cada mañana amanecían más pasillos llenos de hojas. Se interrogó a multitud de ejemplares sobre todo lo que pudiera estar relacionado con el momento en que desaparecieron los libros de los estantes FU y GA, cosa que parecía una premonición.  Después de medio año de investigación se procedió a detener a un comando de 120 libros entre los que se encontraban  Miguel Strogoff, Viriato, Carlomagno, Atila y  El Che, imputándoles cargos como cabecillas del movimiento.

En los interrogatorios manifestaron que los libros estaban cansados de ir de mano en mano, de ser maltratados , de que sus paginas fueran dobladas…” Te vas un día a casa de un tío, no te devuelve y te marchitas en cualquier rincón”, “Te ponen bajo la pata de una mesa para que no se tambalee”, los dibujos de los niños, los mordiscos de los perros…

Adujeron que todo ello había traído consigo graves daños colaterales. “Guerra y paz ” fue devuelto sin nieve, “Mujercitas” con dos hermanas casadas, el “Talmut” con fotos eróticas, “La perfecta casada” con un amante, “Marco” con un mono de más y “Heidi” en estado. Y habían muchos más casos terribles e imperdonables; motivos más que suficientes como para iniciar una huelga de hojas caídas.

*Joan Mateu. joan@cimat.es

 

LA OCTAVA MARAVILLA*

*De Vlady Kociancich.

43

La chaqueta roja de la azafata de Austrian Airlines flotó un segundo delante de mis ojos. Luego vi la mano apoyada en mi hombro. Y por fin la redonda cara pecosa y el gesto preocupado.
-¿Se siente bien, señor?
-¿Eh? Ah, sí, creo que me dormí.
-Ajústese el cinturón, por favor, vamos a aterrizar.
La conciencia de donde me encontraba llegó en pequeñas cuotas. El DC-9 de Austrian Airlines, el aeropuerto de Viena abajo, un campo blanco de nieve. Había olor a buen café en el avión.
-Estoy en Viena.
Estaba en la ciudad que era como mi casa. De pronto me sentí protegido y cuidado. Pero unos minutos después, cuando bajaba la escalerilla y a pesar del frío hiriente que debía despertarme del todo, tuve ganas de sentarme en un escalón y dormir. Alguien detrás de mí preguntó en inglés si estaba enfermo. Sacudí la cabeza, me reí. No estaba enfermo, tenía sueño.
Y qué sueño. Dos veces estuve a punto de caer sobre la cinta transportadora mientras esperaba el equipaje. a tientas pasé por inmigración, tironeando el carrito y tambaleándome llegué a la parada de taxis, subí a uno, le di el nombre del hotel al chofer y me dormí inmediatamente.
Desperté cuando el coche llegaba a la fuente de Mozart niño. Mozart, grácil y feliz, hacía música en la nieve bajo su capa invernal de polietileno. Unos metros más adelante estaba el Hotel Rainer.
No pude evitar que el conserje llamara al dueño del hotel para avisarle de mi arribo. me moría de sueño, pero al cabo de tantos viajes y tantas estadías en el Rainer, la amistad con Peter exigía el abrazo de bienvenida.
-¡Grüss Gott, Alberto!
Un oso de mediano tamaño se arrojó sobre mí, acribillándome a preguntas. Bostezando, le dije que no me quedaría mucho, dos días a lo sumo. Trabajo, como siempre. Y la ITB.
-¿De dónde vienes?
El piso se movió.
-¿Cómo?
Dios, no me acordaba. ¿de Bucarest? ¿De Milán?
-Alberto, ¿estás bien?
El piso dejó de balancearse. Sonreí. Oh sí, perfectamente bien. Sólo muy cansado y con un resfrío que me tenía a mal traer.
Exclamó, gesticuló, se disculpó, llamó a un botones, le ordenó que subiera mi equipaje, me me metió a mí en el ascensor, entró él, hablando sin parar.
Debía acostarme ahora, luego almorzaríamos juntos. ¿Dos días en Viena? Qué vergüenza, yo siempre de paso, ¿para cuándo las vacaciones? Muy cerca de Viena, había un hotelito tranquilo, el dueño muy amigo de Peter, buena pista de esquí, qué escándalo no esquiar, aplaca los nervios, mirá qué tranquilos nosotros los austríacos, eso sí, el segundo puesto en la estadística mundial de suicidios, no por el esquí, tampoco por la economía, menos por el trabajo, vaya a saber por qué, ¿ y el pobre Wilkins? ¿Me había enterado de lo del pobre Wilkins? Ah, tanto que contar. Y ese loco de Janez se había casado por quinta vez, y bien, un yugoslavo, un insensato de nacimiento, pero la chica era una belleza y veinte años más joven que Janez, no, tal vez no tan loco…
Se interrumpió para abrir la puerta de mi cuarto y lo examinó con aire severo. Todo en orden. ¿Quería tomar café? No, café no. Con esa cara, mejor chocolate caliente. O cognac.
Se alejaba trotando por el pasillo cuando recordé.
-Peter.
-¿Sí?
-Vengo de Berlín.
Mi cuarto en el Rainer. Blanco. Tibio. Mullida la cama. No había botella de Kirsch esta vez. No le había dado tiempo a Peter y me lo reprocharía durante el almuerzo. La avenida con tranvías silenciosos y veloces. Wiedner Haupstrasse. esa dirección la recuerdo. Era la de mi casa en Europa. Nevaba. Es bueno mirar la nieve que cae. Porque adormece. Acuna.
Me desvestí, dejé la ropa sobre una silla. Y me acosté. El perfume de las sábanas limpias, el peso del edredón, la honda almohada, me absorvieron. Estaba tan cansado. Sin embargo, no lograba dormirme. La tibieza primera se convirtió en calor. “La calefacción es exagerada. Tengo que abrir la ventana”. No me moví ni para quitarme de encima el edredón.
Cada vez que creía que iba a dormirme, algo me despertaba. pero no era la campanilla de los tranvías en Wiedner Haupstrasse. Era un ruido similar al que hacen las barajas cuando las mezcla el jugador. Y no eran barajas sino fotografías. Fotos grandes, reveladas en un papel muy duro, de grano grueso, apostadas una a una, con golpe seco y breve, sobre una mesa imposible.
Vi la corriente nerviosa de luces de la Kudam, el muñon de la catedral bombardeada, las puertas del Hotel Kempinski. La calle de tierra, la lluvia y en el centro la bondadosa cara de mi padre, la cara que tenía cuando yo era chico, los ojos grises en la cara de un chofer de taxi. había una foto de la pensión de Frieda Preutz y otra del balcón y de la escalera. Dos seguidas de una misma mujer. La primera era el retrato de Victoria que tanto le gustaba y del que nunca pude desprenderme. La segunda era Victoria sentada, con un libro sobre la falda, pensativa y muy quieta. Luego venía una mesa de restaurante con un mantel a cuadros, un florerito, una vela. En la misma fotografía, un poco en sombras, había una muchacha rubia. La constructora de lápidas, la estudiante de Düsseldorf. En el largo cuello brillaban unos puntos de luz. Ese hombre sonriente, con las manos en los bolsillos de su campera de cuero, era Juan Pablo Miller, que esperaba debajo de un reloj de hierro en un patio desierto. Y ésa, amenazándome con una aguja de tejer, autoritaria y burlona, Frieda Preutz.
Las fotografías me marearon. Tenía mucho calor ahora, me faltaba el aire. Cerré los ojos. Si pudiera dormirme… Una foto grande en colores. Francisco Uriaga. An, el guión para la película. Vi la mesa de “Giulio” y a Juan Pablo Miller, Ramón Segura, Carlitos pavoni y yo, muertos de risa, festejando las páginas entregadas. Oí la voz del director de cine: “Cuando vuelvas de Viena, podrás ver la primera copia. Y cobrarás tu parte”. Y más baja, más triste, la de Carlitos: “Ya le compaginé las panorámicas, tres palmeras de fondo, altas y finas, las cabezas desgreñadas en un solo racimo”.
Ahora confundía todo. Me veía en Ezeiza, esperando el avión, y en seguida descubría que era el aeropuerto de francfort y partía a Berlín. Le pagaba la cuenta a Frieda Preutz, pero salía de la pensión a Jonte y los paraísos florecían. Estrechaba la mano de Juan Pablo Miller y su sonrisa era la de paco Stein, que me decía que este mundo es muy raro. Lo único que no confundía era la gran imagen en colores de Francisco Uriaga y las páginas donde conté su historia.
Sentí náuseas. Supe, infinitamente asombrado, que iba a desmayarme. Con enorme esfuerzo logré sacar una mano de abajo de la sábana y tomé el teléfono. El tubo resbaló de mi mano floja, cayó al piso.

*Fragmento de La Octava Maravilla. Seix Barral. Biblioteca Breve-

Dos historias*

 
*Por Hugo Soriani

En 1978 Juan, que tenía 22 años y llevaba casi cuatro detenido, fue trasladado junto con otros quince presos políticos desde la cárcel de Sierra Chica hasta el campo de concentración de La Perla, en Córdoba, en calidad de rehén, para ser fusilado si la guerrilla cometía algún atentado durante el
desarrollo del Mundial de fútbol.
Ese grupo de 16 personas fue mantenido durante el tiempo que duró el campeonato con las manos esposadas a la espalda y los ojos vendados, sentados en el suelo, contra la pared, pero con un raro privilegio: si jugaba Argentina sus custodios los esposaban con las manos hacia adelante para que pudieran festejar, agitándolas, cuando nuestra Selección convertía los goles que el relato de José María Muñoz llevaba hasta sus oídos.
Luego de la consagración argentina, y felices de seguir aún con vida, tuvieron otro premio: sus verdugos les permitieron bañarse y les ofrecieron, como broma macabra, cambiar sus ropas por otras que habían pertenecido a los desaparecidos asesinados en ese centro clandestino.
En junio de 1978 Ernesto, que tenía 23 años y llevaba tres como preso político en la cárcel de Magdalena, fue arrancado de su celda durante la noche, molido a palos, bañado en agua helada y sometido a varios simulacros de fusilamiento, para luego ser arrojado en una celda de castigo en la que
permaneció diez días en cuclillas porque sus dimensiones le impedían pararse.
Desde esa celda, Ernesto escuchaba los gritos de sus verdugos que hacían estallar la cárcel cada vez que Mario Kempes perforaba las redes adversarias.
Ernesto, futbolero al fin, también festejaba, pero intuyendo que cada gol argentino era una ficha a favor de la dictadura que podía prolongar su cautiverio.
Sólo años después, y ya liberado, vería la vieja y conocida foto de la junta militar festejando el título en el palco del Monumental y recordó entonces esos goles que festejó, y padeció, en la oscuridad de su calabozo.
Hoy Juan y Ernesto pasan los cincuenta años, son sobrevivientes y pudieron reconstruir sus vidas y sus afectos. Ambos, junto a sus familias, estuvieron en “La otra final”, esa que el domingo organizó el Instituto Espacio para la Memoria en la cancha de River, con la intención de empezar a cerrar una
herida entre los futbolistas que ganaron la copa y las víctimas de los genocidas que los usaron para tratar de limpiar la imagen del régimen militar.
De aquellos jugadores estuvieron Luque, Villa y Houseman, quienes, como gran parte de la sociedad argentina, en aquellos años no fueron conscientes de la magnitud de la masacre, pero hoy tienen el coraje y la dignidad de decir presente y recordar, prendidos de la bandera con la foto de los desaparecidos, a quienes murieron mientras multitudes festejaban el campeonato del mundo.
Otros jugadores de aquella Selección adhirieron al acto y algunos prefirieron no hacerlo, incluso hasta hicieron declaraciones públicas en contra, como si ejercer la memoria y la autocrítica fuera en desmedro de sus éxitos deportivos.
El inefable Menotti, que suele desgranar conceptos “progres” en cada uno de sus apariciones, sigue sin aparecer cuando se trata de comprometerse con la justicia y la memoria. Una vez más desperdició la oportunidad de ponerse al frente de una convocatoria que pudo tenerlo como protagonista. Como ocurrió en aquel mundial donde sí permitió que la dictadura usara su carisma, su prestigio y su figura para que los asesinos escondieran ante el mundo la magnitud de sus crímenes.
Nora Cortiñas, Taty Almeida, Adolfo Pérez Esquivel, Ana María Careaga, Mabel Gutiérrez, entre otros dirigentes de organismos defensores de derechos humanos, entregaron medallas a los participantes. Las medallas dicen: “En reconocimiento a su participación en ‘la otra final’. El partido por la vida y los derechos humanos”. Y también la recibieron los jugadores de la Selección Sub-20 que jugaron un minipartido con sobrevivientes, como simbólico homenaje a todas las víctimas de aquellos años.
A Houseman se le caían las lágrimas en su abrazo con Nora Cortiñas. A Luque se lo notaba emocionado cuando se puso los cortos para jugar unos minutos, y a Villa, pionero en reconocer aquel horror, se lo disputaban todos los micrófonos.
Caía la tarde sobre el monumental cuando el flaco Spinetta dejaba los primeros versos de “Laura va”.
Joaquín, Manuel y Sebastián, los pequeños hijos de Ernesto y Juan, ya tenían sus camisetas argentinas con las firmas de los jugadores presentes. Ojalá no tengan que esperar otros treinta años para completar las que faltan.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-107057-2008-07-02.html

5 de julio*

El hombre avanza con andar cansino y tembloroso sobre el suelo de grava. Un inusual sol de invierno le pega con sus tímidos rayos sobre la nuca, amortiguando apenas aquel escalofrío existencial que lo embarga desde hace ya mucho tiempo. Esa sensación de vacío que experimenta en cada aniversario, cuando el calendario indica que promedia la primera semana de julio, y sus recuerdos se fugan sin aviso hacia aquellas viejas épocas de gloria, cuando aún pertenecía a la gloriosa institución ferroviaria. Cuando aún tenía cuarenta años, y era el eficiente guarda de trenes Carlos Ruíz.

         El entorno ha ido cambiando a lo largo de los años. Y sólo la memoria –junto al recorrido de los colectivos que rodean la zona- consigue ubicarlo en el mismo espacio geográfico que abandonara hace casi treinta años, ya que si fuera por las reminiscencias del paisaje, bien podría haberse perdido hacía ya varias horas. Ya casi no quedan vestigios de la antigua estación. Y la sensación de angustia y soledad es tan grande que ni siquiera es capaz de derramar una lágrima, al menos para atenuar tanto dolor.

         En un gesto casi mecánico, mientras abarca con su mirada aquel paisaje tan extraño como familiar, de características casi siniestras, hunde una de sus manos en el bolsillo del saco y aferra ese fragmento de papel tan antiguo como manoseado; contacto que de alguna manera lo mantiene cuerdo, trayéndolo nuevamente a la realidad, un espacio que mixtura diferentes planos, del ayer y del hoy, conformando algo tan rico como incomprensible, y hasta casi aterrador.

         Intenta avanzar, pero la emoción lo inmoviliza en el lugar. El tiempo parece haberse detenido. Aún le parece oír los distantes silbatos de las locomotoras, el paso fragoroso de las formaciones, el traqueteo de los vagones sobre las juntas de las vías. Y siente calzada sobre la cabeza su vetusta gorra gris, y la chaqueta color crema sobre los hombros, y el silbato siempre presto junto a su boca, anunciando la salida en horario del tren…

         Las imágenes del pasado se confunden con este disímil paisaje actual, en el que apenas consigue divisar una silueta que se acerca.

         -¿Qué tal? -, saluda el recién llegado, con las manos en los bolsillos, haciendo una inclinación de cabeza, y ganando confianza para comentar:. –Está lindo al sol, ¿no?

         -Y, sí… -, responde Don Carlos, casi ausente. –Sobre todo, cerca de este lugar, tan lleno de recuerdos…

         El otro pasea la mirada sobre el paisaje, para luego volver a mirarlo, detenidamente. De pronto, Don Carlos repara en esa mirada que lo escruta, y se la devuelve, un tanto extrañado. El recién llegado esboza una media sonrisa, quizá gratificado por el encuentro, y le pregunta:

         -Usted no se acuerda de mí, ¿no?

         Don Carlos duda.

         -No… La verdad que no. A mis años, mire… Hay cosas que no se tienen tan presentes.

         -Éramos más jóvenes, es cierto. Pero a pesar de la rutina y de la inmovilidad del final, compartimos varias cosas en este lugar. Sobre todo los mates, que Usted me hacía ensillar a cada rato…

         Don Carlos da un par de pasos y se acerca, para mirarlo más detenidamente. Es cierto, han pasado los años, pero detrás de ese rostro curtido, de esa apariencia de hombre cincuentón, se ilumina la misma mirada sensible, desbordante de utópicas ilusiones, que contemplara treinta años antes. Alza su dedo índice, apuntándole al rostro, y le dice:

         -El sociólogo señalero…

         -Jesús Corrado, el mismo -, responde el otro, ensanchando la sonrisa, y tendiéndole la mano, que Don Carlos estrecha sin mirar, halagado y sorprendido al mismo tiempo, como si acabase de haber visto un fantasma.

         -¡¿Pero cómo está?!

         -Y, aquí andamos… De regreso en el “lugar de trabajo”, como cada tatos años…

         -No me diga que viene seguido…

         -No tanto como quisiera, pero de vez en cuando, para esta fecha, me doy una vuelta, y veo cómo quedó todo. Aunque, claro, no es lo mismo.

         -No somos los mismos. Tenemos los achaques propios de la edad. Y en todo este tiempo, nos pasaron muchas cosas.

         -Dígamelo a mí, que por haber estado en la “Jotapé” tuve que esconderme, y laburar de lo que fuera durante los años de plomo. Ni por asomo me tomaron de vuelta en el ferrocarril; nadie quería líos con las botas. ¿Y Usted?

         -Y, ¿qué le puedo contar? Me puse a trabajar en una panadería, la de mi cuñado, durante muchos años. Después compartí un puesto de diarios. Pero nunca me sentí tan a gusto como acá en la estación. Esta era mi vida, Jesús. El día que lo cerraron fue para mí como si me amputasen un brazo.

         -¡Ya lo creo! Sé lo que sintió. Para mí, aunque estuve poco tiempo, fue un remanso entre tanta confusión. Me sirvió de refugio intelectual, para empezar a cerrar conceptos sobre mi vida que no tenía claros al abandonar la facultad. No sabe cómo extrañé nuestras mateadas. Con decirle que aún conservo en mi casa la calabacita que solíamos usar en la oficina…

         -¿De veras? -, y Don Carlos se estremece de la emoción. –Mire, voy a confesarle algo. Me da cierto pudor hacerlo, pero es la única persona a quien puedo contarle esto. A los demás, bueno…, creo que a mis 75 años pensarían que ya estoy senil, que no puedo aferrarme a estas cosas, que tengo que hacer algo para disfrutar tranquilo mis últimos años… En fin…

         -¿De qué se trata?

         -Desde aquel último día en que estuvimos en la estación, cuando llegó a la sala de espera aquel cadete en bicicleta, trayendo el telegrama de cierre, ¿se acuerda?…

         -Claro, hombre. ¡Cómo olvidarlo!

         -…bueno, desde ese día… -, hace una pausa, aclarándose la garganta, presa de una emoción tan antigua como devastadora, -…desde aquel maldito día conservo esto que para mí es un tesoro, una reliquia nefasta, pero que cada vez que lo tomo entre mis manos me recuerda que no todo se ha perdido, que al menos algo he podido conservar, aunque más no fuera un fragmento del final…

         Y con mano temblorosa, aún dudando de enseñar ese placer que se le antoja secreto, imposible de compartir con miradas ajenas, extrae del bolsillo del saco ese papel antiguo y manoseado, oscuro de tanto trajín, pegado con innumerables cintas adhesivas, y se lo extiende casi con culpa, como si no se atreviera a desprenderse de él, como si se le fuese una parte de la vida al separarse de aquella reliquia.

         -¿Puedo? -, pide permiso Corrado antes de tomarlo, adivinando las emociones del viejo, quien asiente repetidas veces con la cabeza, sin la fuerza suficiente para responderle con palabras.

         El antiguo señalero del Ferrocarril General Belgrano despliega el papel con suma delicadeza, temeroso de estropearlo con algún movimiento apresurado, y lee aquellas líneas ya desdibujadas, apenas legibles, pero demoledoras como mazazo en el corazón:

“CIERRE RAMAL PUNTO

JUNTAR HERRAMIENTAS PUNTO

CERRAR ESTACIÓN CORONEL DOCTOR MARCOS PAZ PUNTO

PONER CANDADOS OFICINAS PUNTO

PRESENTARSE ESTACIÓN LA PLATA

COBRO DE HABERES PUNTO

CINCO DE JULIO 1977”

         -Es el mismo… -, balbucea Corrado. –El telegrama que trajo aquel cadete que…

         -Sí, hombre. Es el del final -, asevera el ex guarda de trenes, con el llanto atravesado en la garganta. -El que tiene fecha de hoy, cinco de julio, pero de hace casi treinta años atrás…

         -Don Carlos… -, continúa balbuceando el antiguo señalero, volviendo a pedir permiso, -…¿no se ofende? 

         Y ambos hombres se funden en un único abrazo, cálido y fraternal, cómplice y sin edad.

*de ALDIMA. licaldima@yahoo.com.ar

El hermano*

*Josefina Licitra
02.07.2008
 

–Soy una vedette en cuerpo ajeno –dice Jaime García Márquez luego del sexto cuba libre, su mano en mi mano, el cuerpo reclinado sobre la mesa de un bar casi vacío–. Todos esperan ver a Gabito pero me encuentran a mí, y yo hago lo que puedo.
Son las cuatro de la mañana de un jueves y Cartagena de Indias es apenas sus luces. Los zapatos de Jaime son blancos. También su guayabera, su pantalón y sus dientes.
–Hace unos días le decía a Gabito: “Tú lo tienes todo: dinero, fama, prestigio, una obra. Pero si tienes tanto, seguro que eres mal polvo”. Él me miró con esa cara que tiene cuando se despierta de algo. “¿Ah…?”, dijo y luego la llamó a su mujer: “Oye, ¿yo soy mal polvo?”. Mercedes no contestó, así que yo lo tomo como un sí.
Es la segunda vez que me encuentro con Jaime. La primera sucedió hace cuatro años, durante un evento de la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano, presidida por Gabriel García Márquez. En ese entonces –como siempre– la estrella del lugar había sido Gabo. Pero los verdaderos anfitriones detrás de ese despliegue habían sido, también como siempre, Jaime Abello Banfi (director de la FNPI) y Jaime García Márquez: ingeniero, comunista explícito, hacedor de caminos, subdirector ejecutivo de la Fundación y hombre dueño de una religiosidad extraña. “¿Conociste a Gabito?” “Siéntate cerca de Gabito.” “¿Te has sacado foto con Gabito?” “Ven que te presento a Gabito, el tesoro de la familia.”

Jaime hablaba de Gabito como si estuviera entrando a un templo. Y lo raro es que esa admiración, contra cualquier prejuicio, encerraba un amor dolorosamente honesto. No debe ser fácil ser hermano de Gabriel García Márquez. Sus padres, Gabriel Eligio y Rosa Santiaga, parieron quince hijos y hay veces que la sede de la Fundación –en Cartagena de Indias– está llena de Garcías que saltan de los zócalos con la promiscuidad de un virus. Por algún motivo, sin embargo, de toda esa madeja de parientes es sólo Jaime quien carga la cocarda y las responsabilidades de ser el hermano de un Nobel.

Si en términos existenciales el éxito y el fracaso son el resultado de un humor cósmico (que da las mieles sólo a algunos), tener un hermano genial debería vivirse con el sinsabor exasperante del que compra el billete 100 y luego escucha que el Gordo de Navidad fue el 101. Tener la posibilidad del éxito, en términos formales, a un palmo de distancia puede destruirte mucho más que tenerlo en la otra punta de tu planeta privado. Pasa en las familias, pero también en los mundos mayores. En San Pedro de Macorís, por ejemplo, un puerto dominicano ubicado a quinientos kilómetros de Estados Unidos, la posibilidad del sueño americano hace que cientos de chicos se lancen al mar y terminen tragados por los tiburones. El problema, esa vez, no es el modelo sino la falsa cercanía de la victoria; la sensación de que basta un solo paso para estar adentro.

¿Hay forma de salvarse? ¿Hay forma de no llenarte de fracasos cuando sos el hermano, el marido, la periferia del éxito? Ahora, en Cartagena de Indias, Jaime García Márquez da señales de que sí. Y dice a su modo –que es: sin siquiera necesitar decirlo– que la única manera de seguir entero es haciéndose amigo de las propias fisuras. Jaime disfruta hablando de sus grietas y ofreciendo con nobleza lo que él supone que todos queremos tener: historias de Gabito, secretos de Gabito, foto con Gabito, tour de Gabito. “En esta plaza se filmó una escena de El amor y otros demonios, ¿lo has leído? Para el papel de la muchacha trajeron a una cubana que Dios mío: casi me da un infarto, no sabía qué se me podía parar primero”, me dijo Jaime hace un rato, tomándome del brazo, cuando paseábamos por Cartagena de Indias y la ciudad era, en esas horas, un sueño interminable: las casas antiguas, la noche, la plaza triangular, y los ojos felices y espejados de don Jaime hablando de Gabo, Gabito, su hermano del alma, su tesoro.

–Todavía no se ha hecho un trabajo sobre el pensamiento político de García Márquez –advierte ahora sobre la mesa del bar.

–¿Por qué no lo hacés vos?

–Nooo –frunce la frente–. Ya van a pensar que quiero hacerme el escritor.

La sonrisa de Jaime es blanca. Una hilera de edificios fuertes, en la boca de un hombre que se cree pequeño.

*Fuente: Crítica digital
http://www.criticadigital.com/impresa/index.php?secc=nota&nid=7229

Correo:

Crónicas del Hombre Alto (el blog)*

       Este blog reúne las crónicas, artículos de opinión y otras divagaciones en prosa que he venido escribiendo desde el 2004 a la fecha, más algunos otros textos previos que he rescatado de la prehistoria.
       Casi todos estos escritos han sido publicados en las revistas virtuales “Inventiva Social” y  “La Máquina de Escribir”, y unos cuantos lo fueron en “Gaceta Literaria”. También, por carácter transitivo, aparecieron en varios blogs y/o páginas de Internet que acostumbran reproducir lo que se publica en los medios ya mencionados. En dimensión papel, varios de estos textos han encontrado alojamiento en las páginas de “El Arca del Sur”. Y por supuesto, también han circulado por mail gracias a la generosidad de mis colegas y la amabilidad de mis amigos. A todos los que han colaborado en esta tarea de difusión -siempre bienvenida, por cierto- muchas gracias.
       Pueden Uds. recorrer el blog a gusto ingresando a la dirección  http://cronicasdelhombrealto.blogspot.com 
o bien pueden consultar la lista de aquí abajo y hacer click sobre las crónicas que les interese leer. 
    Espero que disfruten la lectura.

*Alfredo. alfdibernardo@ciudad.com.ar

LISTADO DE CRÓNICAS PUBLICADAS EN EL BLOG

Crónica nº 40: Veinticuatro minutos de silencio (mayo 2008)
Crónica nº 39: Juan y Mayra miran fotos viejas (abril 2008)
Crónica nº 38: Nada nos deja más en soledad (marzo 2008)
Crónica nº 37: Internet y el cajón falso de la cocina (febrero 2008)
Crónica nº 36: La memoria en los dedos (febrero 2008)
Crónica nº 35: ¿Y vos quién sos? (noviembre 2007)
Crónica nº 34: Muebles viejos (noviembre 2007)
Crónica nº 33: El almanaque me hace bromas (agosto 2007)
Crónica nº 32: Recordando a Michel Serrault (agosto 2007)
Crónica nº 31: Acerca de una carta a Fontanarrosa que jamás será escrita (julio 2007)
Crónica nº 30: ¿Para quién canto yo, entonces? (mayo 2007)
Crónica nº 29: La perspectiva escandinava (abril 2007)
Crónica nº 28: Los docentes y el zeppelin plateado (abril 2007)
Crónica nº 27: Pequeña crónica naranja (marzo 2007)
Crónica nº 26: Incidentes en la partida de Alfredo Di Bernardo (enero 2007)
Crónica nº 25: De cuando (aparentemente) Dios decidió involucrarse un poco en el fútbol argentino (diciembre 2006)
Crónica nº 24: Noviembre del ‘81 (noviembre 2006)
Crónica nº 23: El señor de las aguafuertes radiales (septiembre 2006)
Crónica nº 22: Los fugitivos del siglo XXIII (septiembre 2006)
Crónica nº 21: La canción que no dice nada (agosto 2006)
Crónica nº 20: Días (julio 2006)
Crónica nº 19: La pasión según Atlas (mayo 2006)
Crónica nº 18: Ella no era para mí (abril 2006)
Crónica nº 17: Sobre cierta amnesia colectiva (abril 2006)
Crónica nº 16: Ha llegado Florencio (marzo 2006)
Crónica nº 15: Carta abierta a Joaquín Sabina (marzo 2006)
Crónica nº 14: Apuntes de un viaje a las Cataratas (febrero 2006)
Crónica nº 13: La carta de Antonella (diciembre 2005)
Crónica nº 12: De las dificultades para escribir boleros cuando se es una persona relativa (noviembre 2005)
Crónica nº 11: La perspectiva histórica y sus trampas (noviembre 2005)
Crónica nº 10: De ilusiones rematadas (agosto 2005)
Crónica nº 9: Alegría en rojo y negro (mayo 2005)
Crónica nº 8: Del lenguaje como medio de incomunicación (marzo 2005)
Crónica nº 7: Navidades (diciembre 2004)
Crónica nº 6: Era en abril (noviembre 2004)
Crónica nº 5: Pero qué bueno, che (octubre 2004)
Crónica nº 4: El precio de la normalidad (julio 2003)
Crónica nº 3: Magia (noviembre 2002)
Crónica nº 2: El humor en los tiempos de la cólera (julio 2001)
Crónica nº 1: La dictadura de la alegría (marzo 2001)

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Que es Inventiva Social ?
Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.

Cuales son sus contenidos ?
Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.

Cuales son los ejes de la propuesta?
Proponer el intercambio sensible desde la literatura.
Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.

Posted by URBANOPOWELL at 14:04:58 | Permalink | No Comments »

Wednesday, June 4, 2008

EDICIÓN JUNIO

INVENTIVASocial
Edición JUNIO 2008

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Crónica de lo que se carga en la mano*

Domingo Cualquiera
            Por una extraña razón
            Tu imagen se ha hecho presente,
            Como un tropiezo
            En lo alto de algún techo
O como una caricia
Lanzada desde una resortera.

Lunes (menos común que los demás)
            Admiro en secreto tu mirada
            Y el cálido reflejo de mis palabras,
Que resbalan trágicamente
Mientras guardamos silencio
Y hago como que no te veo.

Jueves (que más bien parece viernes)
            Día por demás desastroso:
            Tu mirada se hace risa
Cuando juego
A que nos encontramos,
Esperando sin prisa
Que pase el camión.

Día Cualquiera (que bien podría ser otro domingo)
Parece ser definitivo:
Aún no conozco
Palabra alguna para nombrarte
Pero sé de tu sonrisa
Y conozco la espera
Que comparto esporádicamente
A tu lado.

Otro Día, de Otra Semana
Esto no tiene remedio,
Y si lo tiene no he querido verlo:
Comienzo a soñar palabras
Con las que quisiera llenar tu nombre.
Describo sin suerte alguna
El subir y bajar de tu cabello,
Con el reflejo de tus mejillas
Que roban al pie de la letra
Mis deseos de acercarme.

Tus manos se sacuden,
Se juntan y se alejan,
Tal como solemos hacerlo:
Cada que somos separados
Por la llegada (algo trágica)
Del autobús de pasajeros.

*de hugo ivan cruz-rosas. quetzal.hi@gmail.com

Calibrando demonios*

 
Adónde será aquel País
aquella patria grande
soñada en trasnoches de café
aquel engranaje de esperanza
diseñado con tantas manos
voluminoso desperdicio de ideas
derramadas sobre los bares
cuando atragantó el galope del pecho
y con ojos abrillantados
lo imaginamos enorme
un País que nos contuviese a todos
debía ser desmesurado.

Y no estuvo tan lejos
escurrió de la mano como arena
repercute en la cabeza y en el estómago.

Duele la genuflexión al norte
ignorando lista de muertos
desnutrición estadística
(sin daños colaterales)
obviados los muertos vivos
que sobreviven con ojos yermos.

Alguien robó las ideas
destripó lo soñado
y en su lugar nos dejó
la pesadilla
de no despertar.

*de diana poblet. soydian@yahoo.com.ar

 

SOLEDAD*

 

Musgo sobre mi piedra.
Piel de lagarto sobre mi piel de víbora
Con dos cabezas
Una  para esconder (¿Detener con la mano
el río de Heráclito …? )
Otra para  enterrar  los ojos en el charco cenagoso.
El mismo charco, pero otro charco.
Un teorema inconcluso intenta resolver
Ecuaciones de ayeres  insondables.
Retratos de puertas tapiadas
El tiempo  es   un lazo de luz
o un  puñal  falaz, clavado
en el engaño que llamamos infancia.
Allí está.
Nunca me abandona.
Su mirada ausente tiene el olor  de una  manzana.
hecha de plomo y  sangre.
 
Por las pendientes cenagosas de la nada,
resbala  el  cansancio.
No hay piedad.
La tregua  se aleja lentamente.
La marca candente aún humea.
El desamparo galopa, montado en Rocinante.                                          
 Lorenza no ha encontrado a Dulcinea.
Nuevamente  ha  vencido el “Caballero de la Blanca Luna.”
He abandonado todos los caminos
Todos los caminos me han abandonado.
Todos, menos uno:
El laberinto triangular que une  vida
y muerte.
Raza de ausentes.
Estertor de vinagre sobre  llaga abierta.
Ceniza .Polvo sobre mi polvo.
Huéspedes fugaces.
Intentan regresar  aquellos secretos,
enterrados,
en la boca  sellada de la tierra .
Palabras nunca dichas.
Vino y sangre  inútilmente derramados.
La sombra de una bandada de pájaros ciegos
oscurece y apaga la palabra sepultada en ruinas .
Ruina entre ruinas. En el aire un olor a nostalgia
lastima
hasta morir.
(Hasta Lázaro, ha llorado consternado, en la tumba del olvido)
 
Ah  Que deseo absurdo
Que inútil esperanza de cielos imposibles.
Tatuada hasta los  huesos
de  visitantes  que creí inmortales.
Unas manos, una mirada, un ojo acuoso,
mendigo.
Ah. paradojal recuerdo.
El  país  donde estuvimos nunca estuvo
Incompletud.
No queda nadie  para hospedar
este despojo
de rosas y de ortigas
Un túnel solitario entre Escila  y Caribdis
Ah ¡Qué tormentoso absurdo!
(La niña, en su bolsillo  esconde,
un  puñado de almendras,
un espejo y al OTRO )
 
Tres silencios
han  convergido   en la gruta
de un enero sonoro
Tres silencios y un grito.
Aun me lastima el implacable médano.
Los  fantasmas   que he amado son los  mismos
fantasmas
que he odiado, tanto, pero tanto,
que aun me duele  el costado derecho.
Cicatriz de piedra cosmogónica
 
Unidad  de  soles  fragmentados.
Una mitad de gritos, otra de silencios.
Es la  primera pena.
El último olvido.
Mucho antes que el espejo reflejara
la agonía del tiempo,
ya estaba allí,
acechando,
semen de una semilla  de algún ángel caído .
Más sola que los muertos, en  su primer lecho
de amapola
y noche .
Una noche de conjuros y rituales.
Circe ha perdido el zapatito a media noche
Laberinto de voces
de oro en una torre  de Babel
El espejo bifronte refleja
la mas terrible soledad .La soledad de a dos.
Soledad.
Duramadre  nacida  de  torcaza… o  basilisco.
Hija de la  propia noche que  engendro
y  me  ha engendrado.

*de Amelia Arellano  arellano.amelia@yahoo.com.ar

 

Lucisombra*

 

Siempre mira atrás

            la sombra
            plegada
derrapa  por los huesos
cuelga
        en las cicatrices

de espaldas

La luz
          está del otro lado

como un foco distante
                  un sol a quemarropa

Da voces de claridad

                      Escarba

con tenacidad de jardinera

La luz ama la sombra
La desea

                Se goza
en el encuentro demorado

              La sombra en el exilio
le ofrece sus aullidos

y deja huellas
como oraciones frescas

para que la alcance

*de Martha Valiente. puertopegaso@gmail.com

Aproximaciones*

*Alejandra Pizarnik
 
Bs. As. 1956-1958 (Inédito)
 
 

Abrazando tu  sombra en un sueño
 Mis huesos se arqueaban como flores
 

*
 
Los bordes  de silencio de las cosas
Lo callado que recorre la presencia de las cosas
 

*
 
Estos ojos
Sólo se abren
Para evaluarla ausencia
 

*
 
Quien me perdió
En el silencio fantasma de las palabras
 

*
 
Pasos en la niebla
Del jardín de lilas
El corazón regresa
A su luz negra
 

*

Quisieras vivir siempre
Como algo olvidado en la mano de un muerto
 

*
 
¿Por qué escribo?
Por qué me sollozo en madrugada
Por qué de pronto este sabor a canto de cisne
Esta espuma verde acumulada en la garganta
 
Mi corazón es absurdo como una máscara en la lluvia
El espanto lo asemeja al mar
Mi cuerpo es una invasión de tambores en el silencio de la noche
 
Por qué estas noches como un oasis para brujas
Por qué esta conjuración de ausencias
Este secuestro de la hija del viento
 
Me rodea en las noches una logia exterminadora
Te llamo y no vienes
Te amo y no vienes
 
Por qué viniste como el relámpago
Y me dejaste sola en lo devastado
 
Si escucharas mi rumor a celda minúscula
Poblada de agonizantes
Mi jadeo de asfixiada
 
Si de prono me vieras en la orilla del despertar,
Cantante enmudecida en la cima de su asombro
Si me vieras atada a tu rostro
 

*
 
Canciones ambiguas
De algún país arrasado por las lluvias
Canciones de campañeros
Memorias de algún hombre que la noche amó
 

*
 
Un pueblo de luz arderá en la sombra
 

*
 
Si un mar por una lira
Ángeles furiosos ahogó en el viento
 

*
 
Noche amada nunca como ahora
En que la pierdo
En lo incierto del día
Que rompe lo que me une a mi vida
 

*
 
Todos comprenden lo que nadie
Nadie comprende lo que todos
 

*
 
No lejos del alba nace el día
Visión de las últimas flores
La luz gira en mi rostro que esperaba
Las nupcias de los cuatro elementos
 

*
 
Siempre habrá el miedo de otras voces
El miedo de otras voces
 

*
 
Es tarde para reconocer el sol
El sol está y mis ojos cantan
El sol está su primavera es negra
El sol está y es tarde
 

*
 
Éste es mi invierno elegido
Éste es mi deber ante la niebla y lo confuso
 

*
 
El amor dibuja en mis ojos el cuerpo anhelado
Como un lanzador de cuchillos
Tatuando en la pared con temor y destreza
La desnudez inmóvil de la que ama
 
Así, en lo oscuro, fragmentos de los que amé,
Lúbricos rostros adolescentes,
Entre ellos soy otro fantasma
 
A veces, en la noche,
Me dijeron que mi corazón no existe
Pero yo escucho canciones ambiguas
De un país arrasado por las lluvias
 

*
 
Lo que no te dieron.
Lo que no te dan.
Noviciado atroz
 

*
 
Así iba yo devorando tinieblas
Una flor en mi mano de sonámbula
Una sonrisa ajena pegada a mis labios
Mi cuerpo desnudo como una palabra
Mis deseos abrazados a su imagen
 

*
 
Si solamente hicieran una hoguera en mis labios
Para quemar las sílabas que no se unen
 

*
 
El gran pájaro de cuerpo de paja teclea el invisible piano de viento
 

*
 
La luz amontonándose inservible a espaldas del sol. Niebla en el pozo. Hacer dibujos en un viejo muro rosado.
 

*
 
Pájaros polvorientos
Con sangre vieja en las alas
Flores de metal olvidadas
Telarañas enamoradas del espacio
En donde vive el tiempo que pasa
 

*
 
Se han ocultado
Entre los sonidos de la noche
 

*
 
El jardín triangular
Que oprimo en mi mano
Chorrea flores de agua
Abejas de perfume azul
Fosforecen como ojos enemigos
Incrustados en mi huesos
 

*
 
Soledad cerrada y dichosa
Promesas de súbito cumplidas
Como campanas en un amanecer helado
 

*
 
Detrás de las formas sin consuelo
El día se abre como un canto doloroso
Un alarido mágico formulador en el viento
 

*
 

Apenas remitida del cielo cerrada en donde yo era sin color y sin forma
Sólo una contemplada.
Apenas devuelta de crepúsculos
De playa sola, de corazón silenciosa.
 

*
 
Yo creo en los espejos
 

*
 
La noche canta amordazada
Corazones incendiados
En la memoria de mi boca
Me penetran vasos vacíos
 

*
 
En la cavidad iluminada
En que este instante es perla pródiga
Escucho el ronco abrirse de mi memoria
Como una puerta al viento
 

*
 
Si morir es memoria cerrada
 

*
 
Yo trabajo el silencio
Lo hago llama
 

*
 
I
 
Yo no canto, no celebro
No bailo desnuda y ebria
Sobre mi ataúd.
Pero yo le ruego al poema,
Yo le pido la luna al poema
 

II
 
He desatado el corazón de la lluvia
 
Antiguas baladas
Alimentaron mi silencio.
 

III
 
El amor es este viaje inútil, pero muy suave,
Al otro lado del espejo.
 
Tantas criaturas en mi sed y en mi vaso vacío.
 

IV
 
La niña que fui
Ahora en mi memoria
Entre mis muertos
 
De lágrimas se nutrirá mil años
De destierro el sonido de su voz
 

*
 

Yo vi ese rostro partir la mañana
En dos noches iguales.
Mi cuerpo se pobló de muertos
Y mi lengua de palabras crispadas,
Ruinas de un canto olvidado
 

*
 

COMO YO LA QUERÌA
Morir como muere un animal pequeño
En los cuentos para niños.
 
Eso tan terrible
Lleno de hermosura
 

*
 
Las cosas amarilleaban frente a mis ojos
Recién venidos de un sueño de otoño
 

*
 
Si la noche no es azul,
Si el verano es una lenta plaga

 
*
 
Habla al gran espacio vacío
En donde corre una niña
Que ya no reconoces
 
Sólo deseo no tener nada con nada
 

*
 
Has dicho tantas palabras
Que ya no te atreves a oírme llamar
 

*
 
En mis huesos la noche tatuada
La noche y la nada
 

*
 
Escribes  poemas
Porque necesitas
Un lugar
En donde sea lo que no es
 

*
 
El aire se eternizaba
En aras plateadas o coléricas
 
Se puede morir de presencias
 

*
 
Hay un rostro salvajemente asomado al día
Que se abre en dos noches iguales
 
¿ Quién cantará al amor?
No yo.
Yo amo.
 

*
 
Y finalmente
 
Un himno sin desdicha
Un sueño como una estrella
 

*
 
Ebria del silencio
De los jardines abandonados
Mi memoria se abre y se cierra
Como una puerta al viento
 

*
 
Perdida en el silencio
De las palabras fantasmas
Si vivir es memoria cerrada
Quien me pierde
En el silencio fantasma
De las palabras
 

*
 
Zona de la visión perpetua
Yo la atravesé en un misterioso gemido.
 

*
 
Yo he dado el reino de mi edad a la noche de los cuerpos
Para saber si hay una luz detrás de la puerta cerrada.
 

*
 
En un lugar de temblores
Manos oscilan enamoradas
En la dulzura de mi rostro
Sobre tu oscuridad ardiente.

*Alejandra Pizarnik.

-Gentileza de de Florencia soler abbate florencia_soler_77@hotmail.com

Siete de oro*

-Fragmento-

Pero, sobre todo, lo que venía a descubrir mientras avanzaba y fumaba contra el viento de aquel pueblo del Sur era que también yo había tenido mi niñez.
Que podía relacionar estos momentos con otros, que podía asociar y elaborar, si lo deseaba, mis propios mitos y mi propia historia. Y que si las cosas y las voces que me rodeaban adquirían esta noche un matiz particular era porque encontraban su justificación a través de aquellas otras. Descubría, en resumen, que esa forma de andar entre la gente, ese mirar sin intervenir, tenían un antecedente. Que yo o alguien que se parecía a mí había dado los mismos pasos y había saboreado las mismas miserias. Aquella figura, olvidada durante tanto tiempo, ahora me salía al paso, venía en mi ayuda, me ofrecía un punto de apoyo. La fidelidad y el amor piadoso que descubrí en mí por aquel otro me tuvieron despierto toda la noche. Era como si hubiese vuelto a nacer.
Me esforcé por recuperar caras, costumbres, paisajes. Recordé la casa de mi abuelo, blanca, gastada, la primera al costado del camino en aquella aldea de montaña. Mi abuelo. Por lo tanto era cierto. Tantos años corriendo con la mirada fija hacia adelante habían terminado por borrarlo todo. Recordé aquella vez que había ido a verlo, después del ataque. Estaba sentado, no se movía, lo habían colocado cerca de la ventana enrejada, en un costado de la gran cocina. Se había hablado mucho del asunto. Alguien había sacado el revólver del armario y había ido a esconderlo a la casa de algún pariente.
No era hombre de vivir atado a una silla. Nadie por aquellas regiones había andado tanto ni conocía mejor los caminos. Partía de madrugada con su paso parejo y se perdía por esos senderos. Además estaban sus cuatro viajes a América, a las cosechas. Parecía increíble que también él hubiese pisado estas tierras.
En el verano, cuando iba a visitarlo, me llevaba con él. Pero esa vez ni siquiera pude hablarle. Me había sentado enfrente y no había sabido qué hacer. Mi abuelo no se fijaba en mí. Crispaba los dedos sobre la madera de la silla, apretaba los labios y miraba por la ventana, al polvo del camino.
Hubiese querido recordarle todo lo que habíamos andado juntos. En aquellos días nos levantábamos antes del alba y partíamos. Cuando amanecía ya estábamos lejos. Avanzábamos con vigor y alegría, sin gastar aliento en palabras o movimientos inútiles. Yo llevaba un sombrero de paja igual al suyo y me apoyaba en un bastón igual al suyo. Marchábamos hacia aquellas montañas azules. “En la otra guerra”, decía él, “por esas laderas morían como moscas”. El aire de la mañana me hacía cosquillas en la cara y me llenaba de energía. Bebíamos agua en los manantiales y, cuando topábamos con un grupo de casas, íbamos a visitar a algún conocido. Entonces él tomaba un vaso de vino acodado a la mesa y yo comía una rebanada de pan con queso. Las mujeres siempre querían hablar conmigo, me llevaban a ver los cerdos, el caballo, un ternero recién nacido en la penumbra del establo. Yo rechazaba las caricias de aquellas manos huesudas. Mi abuelo se reía de esa hosquedad mía, le satisfacía mi mal carácter, me daba una palmada cómplice en el hombro, decía que nos parecíamos. De él, sin duda, heredé el silencio, esa forma de seguir y de aferrarme. Aunque tenía un apodo que no cuadraría conmigo. En aquellos pueblos dispersos lo conocían como Toni Furbo, Toni Astuto. Pensándolo bien, nunca me enseño nada. Me paraba delante de las cosas y me las mostraba. Eso era todo. pero talvez hubiese una forma de aprendizaje en caminar a su lado, en ver su risa, la mueca con que paladeaba un vaso de vino, el gesto amplio con que clavaba la azada en la tierra.
Al anochecer regresábamos arrastrando una oveja o un cabrito que luego él carneaba en el establo. Trabajaba arremangado y manejaba rápido el cuchillo.
Despues inflaba la vejiga y la colgaba de una viga del techo. Sacaba los trozos de carne por la noche porque aquello estaba prohibido.
Un día fuimos más lejos que nunca. En la entrada del pueblo, al pasar bajo un pórtico, vimos manchas de sangre sobre las piedras. “Aquí colgaron a uno, ayer”, me dijo. Y me alejó de allí tomado de la mano. Era la época en que hombres demacrados entraban sigilosamente en nuestra casa cuando caía la noche. Vestían sucios uniformes de soldados. El los llevaba al sótano, allí se cambiaban de ropa y volvían a partir a través de los montes. Al despedirlos les recomendaba que se mantuviesen alejados de los caminos. Una mañana encontramos a uno tirado entre las vides. Fue en ese mismo sendero donde él y yo matamos una víbora a bastonazos. Después mi abuelo lo contaba riéndose, en la cocina, y decía que había sido yo solo el que la había matado.
Esa última vez que nos vimos hubiese querido hablarle de todo eso. Y de aquella hazaña suya con la yegua recién comprada, cuando había desafiado al maquinista del tren. pero mi abuelo ni se fijaba en mí. Seguía arañando la madera de su silla y miraba afuera, desesperado.
Recordé también aquel último viaje para ir a su entierro. Las lágrimas de mi abuela y de mi tía al abrazarme, tantas que al final me habían dado ganas de llorar a mí también. El sentimiento de culpa que en algún momento me asaltó al descubrir que no sentía pena alguna. Las caras arrugadas de las viejas,
las caras oscuras de los hombres, aquella gente que acudía a acompañar a mi abuelo en su último paseo con la misma puntualidad y gravedad con que sembraba y cosechaba. Aquella caminata entre montañas, bajo el sol, hasta el cementerio ubicado en otro pueblo. Mi falta de interés por lo que estaba sucediendo y, en cambio, la avidez con que había vuelto a buscar los lugares donde estuve con él, la forma en que había evocado aquellas caminatas, las manchas sobre el empedrado, sus manos humeantes en la media luz del establo, los caminos. Y también de qué modo había creído intuir, muy confusamente, que algo conciliaba todo eso, que cada cosa participaba a su modo de aquel rito, en esos montes, bajo ese cielo, allí donde vida y muerte debieron de parecerme esa tarde una ceremonia paralela.
Recordé, recuperé cosas perdidas, me reconocí aquí y allá, caminé con aquel otro al que acababa de reencontrar, le mostré lo que ya había visto, lo que ya conocía, casas, piedras, lago, los sometí a su criterio, a su gusto. Me detuve en el muelle, como el primer día, y estuvimos escuchando el fragor
del agua. Fumamos. Pensé que estábamos lejos de aquellos sueños primeros, lejos de aquella inocencia, lejos de Salgari y sus héroes, pero que sin embargo aún conservábamos algo en común, aún podíamos identificarnos y conversar. Había cosas que nos unían, cosas escondidas. Ese temblor ante la
sangre, por ejemplo. Y ese escalofrío, tan difícil de definir, que aparentemente no significaba nada, pero que era como una marca de nacimiento, que tenía el poder de teñir y transformar cuanto se le sometía, que tenía que ver conmigo, con lo que yo era, con lo que había sido, más que ninguna otra cosa, ese escalofrío podía más que los años, más que las costumbres, más que las traiciones y los abandonos. Y así anduvimos por el pueblo, pasamos frente a los bares cerrados, subimos juntos por aquella picada, vimos pinos negros, las luces, la sombra de las montañas, el sendero, los arbustos, la casa bajo la luna, la ventana, nuestra cama.

*de Antonio Dal Masetto “Siete de oro”, fragmento del capitulo 10.
Editorial Planeta, edición de 1991.

HOMENAJE*

 

El hombre abre un libro y descubre la siguiente frase: “…es inútil, en el mundo no hay nada tan sólido como un buen culo”, la lee un par de veces, cierra el libro y se pregunta si será cierto, medita largamente sobre el asunto, intenta rescatar imágenes de cosas sólidas, cosas que alguna vez ha
visto o sobre las cuales ha leído, las recorre mentalmente una a una, descarta, llega a la más sólida de todas, Egipto, la Gran Pirámide, compara una y otra vez, no está conforme, no está seguro, por lo tanto decide comprobar con sus propios ojos y sale a la calle, seis y media de la tarde, hora fatal, y ve de todo, los ve de toda forma y color, hay algunos que tienen la luminosidad de un faro abriendo las tinieblas de una costa marítima y que acá, en esta calurosa hora de la ciudad, ofuscan la luz del
día e igual que el faro atraen a los navegantes solitarios y a los gimientes pájaros extraviados, y son sólidos, muy sólidos, hay otros que, en cambio, parecen revestirse de neblina, se ofrecen y se ocultan, aparecen y desaparecen y tratan de convencer a todo el mundo de su inexistencia, pero dejan en la imaginación heridas profundas e incurables, y también los hay tristes, que son una gran lágrima y tienen aspecto de penitentes y es como si se acusaran permanentemente y se golpearan el pecho y se sintieran
culpables por existir y estos son realmente los más peligrosos para los caminantes incautos y de corazón tierno, sólidos, perfectamente sólidos, y los hay juveniles, desenfadados, inocentes como una mañana primaveral, pero basta mirarlos un par de segundos para sentirse manejando a cien por hora en
un camino de cornisa y con los ojos vendados, hay otros que son como brasas y a su paso despiden estelas similares a los fuegos artificiales en la noche del 31 de diciembre, dejan el mismo fugaz chisporroteo y después se extinguen y lo que queda en el aire es un sabor de desencanto y de cosas inasibles, hay otros que son declaradamente bélicos, están pertrechados con múltiples armamentos, usan exóticos camuflajes, avanzan igual que a través de una selva asiática y nadie que entre en contacto con ellos está libre de
conflictos, hay otros que son evidentemente felices, están satisfechos de sí mismos, transmiten bienestar y todo el tiempo tienen buenas nuevas para comunicar y aletean de acá para allá como bien alimentadas palomas de la paz, y están los cínicos, una raza especial, que llevan una sonrisa grabada y esa sonrisa es puro veneno, practican la magia negra, la hipnosis, y cuando eligen a su víctima la dejan marcada para siempre, sólidos, muy sólidos, los hay anarquistas, que se deslizan entre la gente con una aparente indiferencia, pero que en realidad no hacen más que conspirar, los hay maternales, óptimos para los tímidos y los desamparados y que son como la imagen de un establo de Navidad, los hay malignos, que surcan la ciudad como aletas de tiburón a flor de agua, suscitando peligros y malos pensamientos, los hay difusos, difíciles de apresar, que se desplazan a distancias irreales, lentos y esquivos como peces de aguas profundas, todos sólidos, sumamente sólidos, en fin, el hombre los ve de todas clases,
armoniosos, agresivos, creyentes, ateos, exaltados, levemente espirituales, apáticos, trágicos, antiguos, farsantes, apasionados, tímidos, arrojados, prepotentes, y siempre sólidos, perfectamente sólidos, y después, hacia el final de la tarde, en una calle cualquiera, inesperadamente, broche de oro
de una larga y productiva cacería, el hombre se topa con uno tan uno que después de ese uno ya no tiene sentido seguir buscando otro, y ese uno es alto, solemne, una catedral gótica, dobla una esquina, cruza una avenida, es como un barco cargado de preciosas mercancías desafiando el mar con todas
sus velas desplegadas, va enfundado en una tela vaporosa, azul, transparente, y cuando un pie avanza en su sandalia y se apoya y después el otro avanza en su sandalia y se apoya, dentro de la tela azul cada vibración de ese uno es una nueva afirmación del universo, el hombre lo sigue durante un trecho, después se detiene y lo mira alejarse en el resplandor del último sol, se sienta en el primer bar, pide una cerveza, se rasca la cabeza y definitivamente resignado razona: “Es inútil, en el mundo no hay nada tan
sólido como un buen culo.”

*de Antonio Dal Masetto.

 

 

3. CONCURSO DE COMPOSICIÓN
XICóATL „ESTRELLA ERRANTE“

BASES DEL CONCURSO:
 
ÁREAS:
a.   Composición para piano solo
b.   Composición para piano y electrónica
c.   Composición para piano y trío de cuerdas
 
v     Para todas las áreas deberán ser enviadas seis (6) copias de la partitura (eventualmente 6 cds de la parte electrónica). Los ganadores del concurso se comprometen a enviar los materiales necesarios para la ejecución (particellas, material electrónico) hasta el 31 de diciembre 2008, para poder realizar el concierto en la primavera europea del 2009.
v     En relación con los medios electrónicos en caso de una ejecución de la obra, los organizadores ponen a disposición los amplificadores en la sala; la compositora / el compositor deberá poner a disposición los demás materiales necesarios para la audición.
INEDICIÓN: No se permiten obras ya publicadas, premiadas en otros concursos, aceptadas para un estreno o ya ejecutadas públicamente.
TEMA: Las composiciones deberán tener base o nexos con la música latinoamericana clásica o experimental.
DURACIÓN DE LA OBRA: Cada obra enviada podrá tener una duración máxima de 20 minutos.
ANEXOS: Adjuntar una breve nota explicando el origen, fuentes, técnicas utilizadas, nexo con la(s) cultura(s) latinoamericana(s) u otras descripciones de la obra de máximo una página. Este texto será usado como nota de programa.
 
ENVÍO: Enviar SEIS EJEMPLARES de la obra y de la nota explicativa utilizando pseudónimo o palabra clave. En sobre cerrado anexo remitir los datos personales (dirección, fax, teléfono, e-mail, foto de ser posible) y un breve curriculum vitae.
 
Alternativamente se puede enviar la partitura y demás anexos solicitados (en archivos separados) en formato PDF por correo electrónico a la dirección: euroyage@yahoo.de . La parte electrónica de la obra, en formato WMA o MP3 y máximo 99 MB, debe ser subida (upload) en la página www.rapidshare.com. En el e-mail de participación se debe indicar el link correspondiente donde puede ser descargado (download) tal archivo.
 
Fecha límite para el envío de los trabajos: 30 de Agosto del 2008.
Las obras premiadas serán estrenadas en la primavera europea del 2009 en Salzburgo. No se retornarán las copias enviadas por los participantes.

PREMIOS:
1. PREMIO: 1.500 Euros
2. PREMIO: 1.000 Euros
3. PREMIO:    500 Euros
 
* Menciones de Honor para los trabajos sobresalientes.
 
* Los resultados del concurso serán anunciados en el No. 87 del Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL (Abril/Junio 2009).
 
Remitir las copias y anexos solicitados a:
CONCURSO XICóATL
Schießstattstr. 44/9
A-5020 SALZBURG
- AUSTRIA –
o a:  euroyage@yahoo.de
 
más informaciones encontrará en: www.euroyage.com
 
EL JURADO ESTÁ INTEGRADO POR:
KLAUS AGER (AUSTRIA)
JORGE ANTUNES (BRASIL)
ALICIA TERZIAN (ARGENTINA)
ROLANDO CORI (CHILE)
ORLANDO JACINTO GARCÍA (CUBA)
 
El 3. Concurso de Composición XICóATL „Estrella Errante“ es posible gracias al auxilio de:
v      El Gobierno del Estado de Salzburgo
v      La Alcaldía de la Ciudad de Salzburgo
v      La Asociación Música en el Museo (MiM)
v      La Asociación pro Arte, Ciencia y Cultura Latinoamericanos YAGE

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