Friday | February 29, 2008

SE HABÍAN EXTRAVIADO PARA SIEMPRE...


Menos que el circo ajado de tus sueños*



*Roberto Juarroz


"Menos que el circo ajado de tus sueños
y que el signo ya roto entre tus manos.
Menos que el lomo absorto de tus libros
y que el libro escondido
de páginas en blanco.
Menos que los amores que tuviste
y que el tizne que alarga los amores.
Menos que el dios que alguna vez fue ausencia
y hoy ni siquiera es ausencia.
Menos que el cielo que no tiene estrellas,
menos que el canto que perdió su música,
menos que el hombre que vendió su hambre,
menos que el ojo seco de los muertos,
menos que el humo que olvidó su aire.

Y ya en la zona del más puro menos
colocar todavía un signo menos
y empezar hacia atrás a unir de nuevo
la primera palabra,
a unir su forma de contacto oscuro,
su forma anterior a sus letras,
la vértebra inicial del verbo oblicuo
donde se funda el tiempo transparente
del firme aprendizaje de la nada.
y tener buen cuidado
de no errar otra vez el camino
y aprender nuevamente
la farsa de ser algo."



*Roberto Juarroz (Argentina, 1925-1995)
*Fuente: El Poder de la Palabra www.epdlp.com






SE HABÍAN EXTRAVIADO PARA SIEMPRE...




INTERNET Y EL CAJÓN FALSO DE LA COCINA*
Crónicas del Hombre Alto (nº 37)



     La cocina del departamento donde transcurrió mi infancia tenía una mesada de mármol, debajo de la cual había una estructura de madera compuesta por tres puertas y dos cajones. Tal falta de equivalencia numérica tenía su explicación: la tercera puerta quedaba justo debajo de la bacha, por lo que la hipotética presencia de un cajón entre ambas hubiese resultado inviable. Sin embargo, sea por estética o por neurótica compulsión hacia las simetrías, el encargado de diseñar la cocina había colocado en el lugar un cajón falso. Es decir, una apariencia de cajón allí donde en realidad no lo había. Uno observaba, sí, un rectángulo que tenía las mismas dimensiones de los otros dos que estaban a su izquierda, pintado con el mismo color verde loro y hasta con idéntica protuberancia esférica y rugosa en el centro, pero era sólo una fachada ilusoria.
     Vaya a saber por qué peregrina razón, en algún momento de mi niñez pergeñé la fantasiosa teoría de que a aquel cajón sellado iban a parar todos los objetos que se nos perdían (sí, yo era un niño raro; solía tener pensamientos de esta naturaleza). Básicamente, especulaba con la idea de que allí estuviese guardada una pelota de plástico a rayas que el viento había alejado de mí años atrás llevándola irremediablemente hacia las aguas de la Laguna Setúbal. 
     Obviamente -¿hace falta aclararlo?- es imposible abrir un cajón que no existe, de modo que mis propósitos reivindicatorios jamás pudieron ser cumplidos.

* * *

     Cuando yo tenía 10 u 11 años, se puso de moda una canción en inglés que se llamaba "Lady in blue" ("La dama de azul"). A mí me gustaba. No era mi favorita, pero me resultaba placentero escucharla. Me recuerdo claramente frente a la vidriera de una disquería de la peatonal, contemplando el afiche desde el cual un hombre rubio y sonriente promocionaba el disco. Recuerdo también que, vaya uno a saber por qué peregrina razón, en ese momento me pregunté si cuando yo creciera me seguiría gustando esa canción, si ese hombre rubio seguiría siendo famoso, y hasta me imaginé consultándole a mi hijo qué le parecía la música que yo escuchaba a su edad (sí, yo era un niño raro; solia tener pensamientos de esta naturaleza).
     El incansable andar del tiempo hizo que me olvidara de la melodía y, cosa extraña en mí, hasta del nombre de aquel cantante que -¿hace falta aclararlo?- no quedó instalado en la memoria colectiva de los argentinos.

* * *

     Nunca en los siete años que llevo como navegante del ciberespacio me llamó la atención el difundido hábito de bajar música de Internet. No sé, supongo que quedó martillando en mi cabeza el comentario de alguien que me advirtió sobre la extrema lentitud que puede implicar el proceso para quien -como en mi caso- carece de banda ancha (dato suficiente este de la lentitud para ahuyentar a un sujeto ansioso como yo). O tal vez, me ganó el prejuicio de suponer que la música a la que se podía tener acceso era la misma que uno puede escuchar en las radios, es decir, la que se pone de moda, la que responde a las leyes del mercado.
     Hace unos meses, sin embargo, mi hijo me hizo una elocuente demostración práctica de todas las maravillas de jazz, blues y bossa que había conseguido almacenar en su computadora gracias a Internet, y mi visión del asunto cambió por completo. Es más, la revelación me impactó de tal modo que, al día siguiente, ya había descargado en mi propia PC el programa necesario, dispuesto a ponerme manos a la obra cuanto antes.

* * *

     Soy un tipo que mira mucho hacia el pasado. Quizás por ser un individuo extremadamente memorioso, siento que cargo con él como si fuera una parte viva más de mi presente. Hasta diría incluso que soy posesivo con mi pasado. No colecciono objetos en forma indiscriminada (de hecho, destilo bastante indiferencia hacia la mayoría de ellos) pero tengo, sí, una marcada inclinación a conservar determinados testimonios que considero representativos de diferentes etapas de mi vida. Supongo que su tenencia me brinda una especie de seguridad simbólica, la impresión de que soy capaz de impedir que los días que voy viviendo se me escurran así nomás. Impresión, claro está -¿hace falta aclararlo?- que se hace añicos apenas uno se pone los anteojos cínicos de la racionalidad para ver las cosas de este mundo.

* * *

      No soy ingenuo; me conozco demasiado. Sabía que no iba a ser fácil encausar mis afanes de melómano virtual en un esquema preestablecido. Hubo, sí, un plan inicial de rastrillaje cibernético que cumplí con admirable prolijidad, y que me permitió completar sucesivamente un compilado de temas de la Bersuit, otro de Divididos y un tercero de Los Piojos. Sin embargo, tanto rigor no tardó en resquebrajarse y, previsiblemente, mis búsquedas terminaron adquiriendo muy pronto un errático matiz de arqueología musical.
     Al principio tímida, casi pudorosamente; luego con insaciable voracidad, me lancé a rastrear canciones ligadas a los años '70, intentando bosquejar con ellas un impreciso mapa emocional de mi infancia. Mi exploración tuvo resultados altamente satisfactorios: reencontré la música de series entrañables -"Baretta", "Dos tipos audaces", "El hombre nuclear"-, volví a escuchar a Donna Summer cantando el tema de la película "Abismo", me conmoví otra vez con el italiano de "Albatros" que clama desesperado "¡Sandraaaaaaa, ti amooooo!" en el final de "Vuelo AZ 504", y compartí el lamento de Los Brincos porque "Eva María se fue / buscando el sol en la playa".
     Una noche, vaya a saber por qué peregrina razón, me acordé de "Lady in blue". Me vino a la memoria el remoto episodio de la vidriera y sentí que estaba ante un desafío mayúsculo. ¿Sería posible hallarla? ¿Habría alguien en algún ignorado punto del planeta que tuviera justamente esa canción guardada en su computadora? Sin querer ilusionarme demasiado, escribí las palabras mágicas en el buscador y, para mi gran asombro, en cuestión de segundos no sólo apareció en la pantalla el título de la canción requerida, sino también el nombre olvidado de su intérprete: Joe Dolan. Me pareció estar rozando los límites de lo verosímil. Por supuesto, inicié la descarga de inmediato y, al cabo de unos minutos de exasperante espera, volví a escuchar, después de más de treinta años, aquella melodía pegadiza y la voz algo chillona que la entonaba.
     Quedé fascinado. No con la canción en sí (que, como suele suceder en estos casos, ahora no me parece tan bonita), sino por el prodigio de haber podido rescatarla de la nada. Y aunque sé que todo retorno al pasado es fatalmente imperfecto e incompleto, aunque sé que los paraísos perdidos no se recuperan jamás, aunque bien sé que mi pelota de plastico a rayas se extravió para siempre en las aguas de la laguna, en ese momento sentí que, en cierta forma, yo acababa de abrir al fin aquel cajón falso de la cocina.
     Y sí, soy un adulto raro; suelo tener pensamientos de esta naturaleza.




*de Alfredo Di Bernardo. alfdibernardo@ciudad.com.ar







La tierra incomparable*


 (fragmento)

*de Antonio Dal Masetto



VEINTINUEVE.



Silvana reclinó la cabeza sobre el hombro derecho -un gesto infantil que Agata le había visto varias veces y que ahora asociaba con una manifestación de complicidad y afecto- y dijo:
-¿Hoy adónde quiere que vayamos? Agata abrió los brazos, dudó.
-¿Conoce Torcona? -preguntó Silvana.
-No.
-Hay un castillo. Salimos ahora y volvemos a la noche. Es un lindo viaje.
-Está bien. Yo me dejo llevar. Para mí todo es nuevo.
-¿Qué conoce de Italia?
-Casi nada. El puerto de Génova, cuando me fui. Roma, ahora. Nunca había salido de acá. Sólo para ir al pue­blo donde vivían mis suegros, en el Veneto. Cuando me ca­sé fuimos a visitarlos y después pensábamos ir a Venecia. Ese iba a ser nuestro viaje de bodas. Pero mi suegro no pa­raba de organizar comidas en nuestro honor y para los gastos nos pedía plata a nosotros, porque siempre andaba sin un centavo. Así que pasaron los días, se nos acabó el tiempo y también la plata, y tuvimos que volver sin ir a Ve­necia. Después nunca más pudimos hacer aquel viaje.
-¿Cuánto más se quedará en Italia?
-No mucho más. Se me van acabando los días.
-¿Piensa quedarse todo el tiempo en Trani?
-¿Adónde podría ir?
-A Venecia.
Agata sonrió.
-¿Le gustaría? -preguntó Silvana.
      Agata volvió a sonreír:                     
-Claro que me gustaría.
-Entonces vamos. Yo la invito. Así hará su viaje de bodas.
-Un poco tarde.
-Venecia no cambia, pueden pasar cien años, siempre está igual.
Agata se quedó pensando, disfrutando de la idea y la posibilidad.
-Después la llevo hasta Roma -insistió Silvana.
Agata pensó un poco más.
-Tendría que organizarme -dijo por fin.
 -¿Organizar qué? Sólo tenemos que decidir el día.
Torcona no era cerca. Comenzaron a ver la ciudad bastante antes de llegar, sobre la cima de un cerro, aparecien­do y desapareciendo con las curvas del camino: un grupo de construcciones grises, apretadas como un puño contra el cielo, rodeadas por una muralla almenada. Tuvieron que subir durante un buen rato. Dejaron el coche en un espa­cio plano. Cruzaron la muralla por una puerta antigua, madera e hierros Y cadenas, de una altura y un espesor que a Agata la impresionaron. Después siguieron trepando por calles angostas Y empinadas, todo piedra, peldaños Y corredores que se abrían a derecha e izquierda: la ciudad entera parecía una fortaleza. Las callejuelas giraban y giraban y siempre desembocaban frente al cielo.
De vez en cuando se cruzaban con alguna pareja, con algún grupito. Se notaba que eran turistas, llevaban cáma­ras fotográficas. Casi no se veían lugareños: una mujer sa­cudiendo ropa en un balcón, un viejo que había sacado una silla a la puerta de calle, otro que trepaba, muy lento, ayudándose con un bastón, por la rampa que llevaba a una iglesia.
Visitaron esa iglesia, después otra, y otra más donde, al­to frente al altar, en un sarcófago de tapa transparente, es­taba el cuerpo incorrupto de un santo. Finalmente fueron al castillo, imponente y sombrío, con ventanas que daban al precipicio. Producía vértigo asomarse. Apareció una mujer que las fue guiando y haciendo un poco de historia. Estuvieron un tiempo largo recorriendo salas y pasillos, deteniéndose en las vitrinas, frente a las pinturas, los mue­bles, las estatuas, las armas y las armaduras. Era intere­sante oír a la mujer hablar de los personajes retratados, de costumbres, ropas, comidas, utensilios domésticos, jugue­tes, con la misma familiaridad con que hubiese contado de su propia casa y de parientes suyos.
Cuando salieron Silvana dijo: -Tengo hambre.
Se sentaron en un barcito que no tenía más de seis me­sas, con una terraza sobre un huerto en declive. Hacia aba­jo seguían las laderas con viñedos y después, en el valle, los rectángulos de campos, atravesados por la línea oscura de una ruta y los coches corriendo como hormigas. Del otro lado del valle una ondulación de colinas se esfumaba en la neblina plateada.
-¿Le gusta? -preguntó Silvana.
Se oyeron las campanas de una iglesia y sólo entonces Agata se dio cuenta del gran silencio que las rodeaba. Esta­ban muy alto y el aire era dulce.
Eran las únicas clientas. Comieron pizza. Después tomaron café. Salieron, bajaron hasta la muralla, la recorrie­ron durante un tramo y volvieron a subir. Había mujeres sentadas en los umbrales. De vez en cuando, nuevamente las campanas. Se detuvieron a leer una placa de mármol en un muro. Decía: "Quien transite esta calle solitaria debe saber que por aquí caminaba el místico cristiano Piero Ansaldi. Jamás el pensamiento humano estuvo tan cerca de Dios".
La calle daba a un puentecito de piedra, sobre un cauce seco que bajaba entre las casas. Pasado el puente desembo­caron en una plazoleta que se llamaba Giordano Bruno. Había una construcción sólida y gris, planta baja y primer piso, con un cartel que anunciaba una exposición de ins­trumentos de tortura. Agata se detuvo:
-¿Entramos?
-¿Seguro que quiere ver esto?
-Sí.
Adentro, el edificio no difería de lo que había sugerido
su aspecto exterior. Grandes salas en penumbras, paredes de piedra, ventanales enrejados. Y los instrumentos. Ape­nas cruzaron la puerta, en Agata hubo una señal de alerta. Lo que habían visitado hasta ese momento, el castillo, las iglesias, inclusive las casas y las calles, las había mirado, también ella, con la curiosidad y el desapego de una turis­ta. Pero ahí adentro le resultaba imposible mantener la misma distancia. Había leído alguna vez sobre esos instru­mentos, había visto grabados, pinturas, fotos. Enfrentados era otra cosa. Estaban ahí, a centímetros de distancia, no como cosas del pasado, sino instalados en el presente, con una permanencia grosera y maligna, con su poder intacto, listos para ser usados. Eran rústicos instrumentos pensa­dos para el sufrimiento. Hierro y madera y soga. Los mis­mos materiales con que se habían fabricado carros, moli­nos, arados y tantas cosas. Las mismas manos. Tal vez fuese esa evidencia lo que primero impactaba al acercarse: comprobar los rastros de la mano del hombre en la elabo­ración de aquellos objetos macabros. Huellas dejadas por el cuerpo que había trabajado y sudado para el dolor de otros cuerpos. Se podía ver el golpe impreciso del hacha en la madera o la marca del martillazo que había cerrado un anillo de hierro. Palos emparejados, hierros trabajados, afilados. Marcas que habían sido hechas por manos como las de uno. Agata podía tocar esas marcas.
Andar por aquellas salas, subir aquellas escaleras, era como un mal sueño. Junto a cada instrumento, un texto adherido a una tabla explicaba los diferentes usos. Para mejor comprensión, algunos grabados ilustraban los tex­tos. Agata leía y volvía a mirar los instrumentos. Había una larga serie de toscas tenazas y pinzas que, según el forma­to, se aplicaban para arrancar uñas, pezones, órganos ge­nitales masculinos o trozos de carne de otras partes del cuerpo. Una, que constaba de cuatro puntas, estaba espe­cialmente pensada para los pechos de mujer. Se llamaba el destrozasenos. Generalmente, explicaba el texto, eran ca­lentadas al rojo vivo. 
Había bancos de estiramiento. La víctima era acostaba con los tobillos fijados por dos anillos y las muñecas ata­das a un eje. El eje, al girar, iba produciendo un lento des­garramiento de las articulaciones y los músculos, logrando un estiramiento que podía llegar a los treinta centímetros. Bajo el cuerpo del condenado unos rodillos giratorios con puntas metálicas complementaban la tortura.
Estaba el caballete, reservado para las sospechosas de brujería. La condenada era colocada boca arriba, sobre una tabla filosa cruzada bajo su espalda a la altura de la cintura, de manera que esa parte de su cuerpo quedaba bastante más elevada que la cabeza y los pies. Se le intro­ducía un embudo en la boca y se la obligaba a ingerir gran cantidad de agua. Después los verdugos comenza­ban a saltar sobre su vientre para producir la expulsión del líquido. Repetían el procedimiento hasta que las rup­turas de vasos internos y las hemorragias acababan con la vida y el suplicio.
Estaba la parrilla, con forma de cama, sobre la cual eran atados los herejes. Se colocaba un brasero debajo y, cuando las carnes comenzaban a abrirse y aparecían los huesos, el cuerpo era desmembrado con largas pinzas.
Había unos sofisticados instrumentos que recibían el nombre de pera oral, rectal y vaginal. Luego de su introduc­ción, un mecanismo a rosca los iba abriendo en tres péta­los de puntas cortantes que servían para reventar el fondo de la garganta, del recto o del interior de la vagina. La pera vaginal era reservada a las mujeres acusadas de haber teni­do relaciones sexuales con Satanás o con alguno de sus adeptos.
Estaba la horquilla del herético, cuyas puntas eran clava­das profundamente en la carne, las superiores bajo el men­tón, las inferiores en el esternón, impidiendo todo movi­miento de la cabeza. La víctima, mientras esperaba la hora o el día de ser llevada a la hoguera, era obligada a repetir continuamente la palabra abjuro.
Estaba la mordaza metálica: con este instrumento se evi­taba que los gritos de los condenados al fuego, mientras ardían, molestasen a los espectadores y la ejecución de la música sacra que acompañaba esas ceremonias.
Estaba la rueda, colocada sobre la punta de un palo, a la que se ataba el condenado después de haberle quebrado los huesos con una maza, aunque evitando las heridas mortales, para que el suplicio se prolongase lo más posible.
Estaban el garrote vil, la jaula, el caballete español, la sie­rra. Había mucho para ver en aquel caserón gris.
Recorrieron la planta baja, la planta alta, después salie­ron a la calle y respiraron otra vez el aire dulce del otoño. Cruzaron el puentecito sobre el cauce seco y volvieron a pasar bajo aquella placa en la pared, con la reflexión sobre el pensamiento humano y su posibilidad de acercamiento a Dios. Subieron durante un trecho y fueron a sentarse en la escalinata de una iglesia. La luz decaía rápido. Se quedaron ahí, descansando.
Silvana habló:
-Conocí a una muchacha argentina, hace unos cuan­tos años, cuando estaba estudiando en Milán. Se llamaba Marta, trabajaba de camarera en un restaurante. Se había escapado de la Argentina. Me contó cosas de allá.
Calló y volvió a hablar:
-También me contó una historia de cuando era chica. ¿Quiere escuchada?
-Sí -dijo Agata.
Marta tenía una hermana melliza, Susana. Cuando eran chicas, los padres las llevaban a veranear al mar. Marta re­cordaba esos años como una época feliz. Las mellizas siempre se perdían en aquella playa llena de gente. No había día en que no se perdieran. Los turistas ya las cono­cían, se avisaban unos a otros: "Otra vez se perdieron las mellizas". Encontraban a una: "¿Vos cuál sos?". Se pasa­ban la voz de grupo en grupo: "Encontramos a Susana, hay que buscar a Marta". Así cada día. La gente se acos­tumbraba y aquello se convertía en un juego. Para las dos nenas era un placer perderse. Si a veces se asustaban, si había pánico, eran recompensadas en el momento del re­greso a la seguridad de los padres. Las amenazas de casti­gos no importaban. A tal punto que al principio se perdían realmente y después se escapaban lejos a propósito. Hasta llegaron a mentirle a la gente con respecto a sus propios nombres, se hacían pasar una por otra. Esto le añadía una sabor nuevo a la sensación de extravío y de aventura. Po­dían arriesgarse Y ponerse a prueba porque sabían que al final siempre las encontraban. La vida era eso: el miedo, la excitación, la protección.
En el bar de Milán, mientras le contaba esa historia a Silvana, Marta reflexionaba que entonces nadie hubiese podido sospechar que aquellos sobresaltos iniciales se re­petirían un día, que aquel juego era un preámbulo, un en­sayo, el anticipo de extravíos futuros, de pérdidas reales, que después vendría el final de todo juego y toda protec­ción. Pasó el tiempo, las nenas se convirtieron en mujeres y, como muchos otros, tuvieron que huir del país y se fue­ron lejos. Se perdieron por el mundo y ya no hubo quien las reencontrara ni las llamara por sus nombres y las lleva­ra de vuelta a un lugar de seguridad. Se habían extraviado para siempre. Lo curioso, lo atroz, había dicho Marta esa noche de Milán, era que aquel mar mítico, aquella playa mítica de la niñez, era el sitio donde veraneaban los que mandaban en su tierra, los señores del poder, los dueños de la vida y de la muerte. Marta sentía que no sólo la ha­bían despojado de su país sino también de su infancia.
-Me acuerdo del nombre de la playa: Chapadmalal -di­jo Silvana-. Es un nombre difícil. Será por eso que nunca me lo olvido.
Agata no dijo nada. Pensaba en la historia que acababa de escuchar y en muchas otras. Pensaba en su propia historia. Recordó una vez más el barco sobre el que había leí­do en Roma. El mundo estaba lleno de gente que había perdido su lugar.
Se habían encendido los faroles. No había gente alrede­dor y las callejuelas que partían desde la plaza eran como agujeros en los muros. Algo emergió de la sombra. Un jo­robado. Un jorobado enano. Los brazos le colgaban largos a los costados. Tanto que las manos parecían rozar o arras­trarse por el suelo. Avanzó unos pasos hacia el centro de la plazoleta en declive. Se detuvo y se quedó ahí, como exponiéndose.
Entonces Agata tuvo la sensación de haber dejado su mundo para ingresar en otro, donde aquella casa gris y sus instrumentos de tortura volvían a tener vigencia. Fue como si los fantasmas que momentos antes habían asaltado su imaginación vinieran a manifestarse a través de aquella imagen deforme, para comunicarle que no habían pasado, que ahí estaban, siempre presentes, siempre activos. Y a través de ella dijeran: "Nada ha cambiado, nada cambia­rá". Llegada a través del tiempo, quieta en la plaza de piedra, aquella imagen del jorobado era como la visita de una amenaza.
Silvana estaba sentada de espaldas al centro de la plaza.
Percibió la tensión de Agata y preguntó: -¿Qué está viendo?
Giró la cabeza y también ella se quedó mirando. El jo­robado siguió ahí unos minutos más, una figura oscura e inmóvil en aquel paisaje medieval. Después se escurrió ba­jo una de las arcadas y se sumergió en la noche. Entonces la plaza estuvo más vacía que antes, nuevamente tocaron las campanas y Silvana levantó el brazo para mirar la hora a la luz del farol.



 *de La tierra incomparable, © Editorial Planeta (1994), © Antonio Dal Masetto.







En tercera persona*



Mira sin presentir mi impotencia
tal vez ni siquiera mira
en un punto lejano, detrás de todos
clava sus ojos en escuadra
mueve su boca robótica
su voz neutra comienza a deshumanizarse
diciendo que por causas que se tratan de esclarecer
la niña del diario de ayer apareció tirada ahí
en una calle sin nombre ni numeración
con sus ojos campesinos abiertamente quietos
y que por las heridas que presentaba el cuerpo
podría haber sido abusada antes de entrar en coma
quedando mechones ensangrentados cerca del lugar
siendo las pericias y la autopsia final
las que determinen las causas del óbito

Pedazo enormidad dicha sin puntos ni comas
sin repetir y sin soplar
ahonda lo siniestro de su uniforme
su mirada anodina se evade sin piedad
todo impecable y televisivo
relatado en perfecta tercera persona
o en cuarta.

Eso jamás le sucedería a él
sólo le ocurre a los otros.



*© diana poblet. yosoydian@yahoo.com.ar
http://remontandosoles.blogspot.com
http://diana-poblet.blogspot.com/








Viernes, 29 de Febrero de 2008
No, pero sí*

 

*Por Juan Gelman


Washington y Moscú no se cansan de proclamar que la Guerra Fría no ha vuelto. Tal vez. Lo cierto es que en el plano militar actúan como si la hubiera. La Casa Blanca insiste en ubicar parte de su escudo antimisiles mundial en Polonia y la República Checa. El Kremlin ha advertido que, si eso ocurre, suspenderá su participación en el tratado de limitación de las fuerzas armadas convencionales y, más grave aún, que apuntará sus misiles contra esas dos naciones. ¿Y la población civil? Bien, gracias. La lógica de las grandes potencias no sólo es peculiar, es nuclear. Se recuerda la teoría de Huxley: el progreso tecnológico sólo nos ha provisto de medios más eficientes para avanzar hacia atrás.
Es notorio que EE.UU. procura imponer al planeta su dominio mediante el uso o la amenaza de la fuerza, incorporando a su empeño a las ex repúblicas soviéticas. Esta concepción unipolar choca con una realidad: Rusia, aunque debilitada, recompuso su economía después de Yeltsin y sigue poseyendo un
considerable arsenal nuclear y un vasto territorio, para no hablar de un manejo político de sus reservas de petróleo y gas natural que obstaculiza el avance estadounidense en los países que alguna vez dependieron de la URSS.
La instalación del escudo antimisiles en Europa central persigue obviamente el objetivo de intimidar a Moscú so pretexto de que serviría para detectar y destruir los presuntos misiles de cabeza nuclear que Irán no tiene.
La cuestión no se presenta fácil para el gobierno de Bush. La instalación del radar en la República Checa debe ser aprobada por un Parlamento dividido en partes iguales entre el oficialismo y la oposición. Lubimir Zaoralek, futuro ministro de Relaciones Exteriores si el partido socialdemócrata
llegara a ganar las próximas elecciones, señaló que Washington tiene una "percepción falsa" del peligro que Irán significa para Praga y el 70 por ciento de los checos se manifiesta contra ese plan (The Financial Times, 22-1-08). "Este proyecto no es polaco, es estadounidense. No nos sentimos amenazados por Irán", declaró a su vez Radek Sikorski, ministro de Relaciones Exteriores de Polonia, país donde el rechazo de la sociedad civil alcanza el 55 por ciento (The Guardian, 11-1-08). Y luego planea sobre estos gobiernos una incertidumbre: quieren seguridades de que el proyecto seguirá adelante si los demócratas ganan las elecciones de noviembre en EE.UU.
La "Iniciativa Bases No" (IBN) gana consenso entre los checos. "La realización del plan de EE.UU. no ampliará la seguridad, por el contrario: traerá nuevos peligros e inseguridades. Aunque se lo califica de 'defensivo', en realidad permitirá que EE.UU. ataque a otros países sin temor a represalias", se lee en la Declaración de Praga 2007 que emitió la IBN (www.abolition2000@europe.org). En noviembre pasado organizó densas manifestaciones contra el escudo antimisiles en Praga y Brno, y se preparan otras frente a las embajadas checas en varias ciudades europeas. Este movimiento por la paz es más débil en Polonia, pero Varsovia no ha logrado aún que Washington concrete el ofrecimiento de fortalecerle la defensa antiaérea. Al término de la reunión del 1º de febrero de este año entre Condoleezza Rice y Sikorski, el portavoz del ministro polaco señaló que "definitivamente no hay acuerdo" en el tema (The Washington Post, 2-2-08). "En última instancia habrá que venderle (el proyecto) a la gente", remachó.
Como solía decir H. L. Mencken, siempre hay una solución para todo problema humano: elegante, plausible y equivocada.
La OTAN, por su parte, no se queda atrás del Pentágono: patrocinó la redacción de un informe titulado "Hacia una estrategia central para un mundo incierto: renovar la asociación transatlántica" (www.csis.org). Los ex jefes de Estado Mayor general John Shalikashvili (EE.UU.), general Klaus Naumann (Alemania), mariscal de campo Lord Inge (Reino Unido), almirante Jacques
Lanxade (Francia) y Henk van den Breemen (Países Bajos), elaboraron dicho informe en el que se propone el empleo preventivo de armas nucleares como "instrumento final de una respuesta asimétrica" al terrorismo (www.noaber.com, diciembre de 2007). Si se toma en cuenta que el Pentágono ha preparado planes similares sin descartar su aplicación a Rusia y China, no es muy alentador para la humanidad lo que en el horizonte asoma.
Los autores del informe para la OTAN justifican de manera muy curiosa el lanzamiento anticipado de bombas nucleares: consideran que "la guerra nuclear podría muy pronto ser un hecho posible en un mundo cada vez más brutal". Cabe preguntarse si piensan arrojarlas sobre la Casa Blanca.


*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-99858-2008-02-29.html

 



Las Manos*


*de Vicente Aleixandre


Mira tu mano, que despacio se mueve,
transparente, tangible, atravesada por la luz,
hermosa, viva, casi humana en la noche.
Con reflejo de luna, con dolor de mejilla, con vaguedad de sueño
mírala así crecer, mientras alzas el brazo,
búsqueda inútil de una noche perdida,
ala de luz que cruzando en silencio
toca carnal esa bóveda oscura.

No fosforece tu pesar, no ha atrapado
ese caliente palpitar de otro vuelo.
Mano volante perseguida: pareja.
Dulces, oscuras, apagadas, cruzáis.

Sois las amantes vocaciones, los signos
que en la tiniebla sin sonido se apelan.
Cielo extinguido de luceros que, tibios,
campo a los vuelos silenciosos te brindas.

Manos de amantes que murieron, recientes,
manos con vida que volantes se buscan
y cuando chocan y se estrechan encienden
sobre los hombres una luna instantánea.


 
*Fuente: LUNA NO CONQUISTADA. http://www.metroflog.com/Lunanoconquistada



*

Queridas amigas, apreciados amigos:


El domingo 2 de marzo del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor argentino Ezequiel Viñao. Las poesías que leeremos pertenecen a Raúl Tápanes López (Cuba) y la música de fondo será de Machu Picchu (Andes). ¡Les
deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!

REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!



YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schießstattstr. 44   A-5020 Salzburg   AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067





InventivaSocial
"Un invento argentino que se utiliza para escribir"
Plaza virtual de escritura
Para compartir escritos dirigirse a : inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar
-por favor enviar en texto sin formato dentro del cuerpo del mail-
Editor responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.
Blog: http://inventivasocial.blogspot.com/

Edición Mensual de Inventiva.
Para recibir mes a mes esta edición gratuita como boletín despachado por Yahoo, enviar un correo en blanco a:    inventivaedicionmensual-subscribe@gruposyahoo.com.ar

INVENTREN
Un viaje por vías y estaciones abandonadas de Argentina.
Para viajar gratuitamente enviar un mail en blanco a: inventren-subscribe@gruposyahoo.com.ar

Inventiva Social publica colaboraciones bajo un principio de intercambio: la libertad de escribir y leer a cambio de la libertad de publicar o no cada escrito. los escritos recibidos no tienen fecha cierta de publicación, y se editan bajo ejes temáticos creados por el editor.
Las opiniones firmadas son responsabilidad de los autores y su publicación en Inventiva Social no implica refrendar dichos, datos ni juicios de valor emitidos.
La protección de los derechos de autor, o resguardo del copyrigt de cada obra queda a cargo de cada autor. Inventiva solo recopila y edita para su difusión las colaboraciones literarias que cada autor desea compartir.
Inventiva Social no puede asegurar la originalidad ni autoria de obras recibidas.

Respuesta a preguntas frecuentes

Que es Inventiva Social ?
Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.

Cuales son sus contenidos ?
Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.

Cuales son los ejes de la propuesta?
Proponer el intercambio sensible desde la literatura.
Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.
Posted by URBANOPOWELL at 09:50:59 | Permanent Link | Comments (0) |

Wednesday | February 27, 2008

ISLAS DEL TESORO...


*


En esta madrugada
Quiero ahuyentar
Las pesadillas y la angustia
Reírme de mi  y
No ser crítica
Dejar de lado la
Responsabilidad y la culpa
Ser como el arco iris
Atravesar las olas
Con desparpajo y sintiendo el viento
Del río sobre mi piel
Escuchar en el silencio
A los grillos de la buena suerte
E iluminarme solamente
Con los bichitos de luz.



*de Nora Azul del Rosario Akimenco azulaki@hotmail.com




ISLAS DEL TESORO...



La tierra incomparable*


 (fragmento)

*de Antonio Dal Masetto



VEINTISIETE.


Agata bajó a media mañana. En el hall del albergue se encontró con Rosina, y charlaron un rato. Rosina se quejó de que ese día andaba con el ánimo muy bajo. Cuando es­taba así nadie la respetaba, todos la trataban mal.
-Hasta los animales me faltan el respeto.
Si estaba cruzando la plaza y veía venir volando una pa­loma a la altura de su cabeza, se tenía que agachar. Si no lo hacía, seguro que la paloma se la llevaba por delante. Mientras hablaba no dejaba de sonreír, pero se la adivina­ba afligida.
Apareció Silvana, saludó, se disculpó por interrumpir, tomó a Agata de la mano y la llevó hacia la salida.
-Venga -dijo-, tengo una novedad.
Agata pensó que había venido a buscarla para cruzar a Coseno. Al llegar a la puerta se dio vuelta y vio que Rosina seguía en el mismo sitio, en la misma posición, mirando hacia adelante, como si le costara reaccionar y aceptar la desaparición de su interlocutora. Regresó, le tocó el brazo y le dijo:
-Nos vemos más tarde.
Salieron. Silvana no habló de Coseno.
-Una amiga mía es profesora del hijo de la señora que vive en su casa -dijo-, Anoche me lo presentó y le conté la historia del tesoro.
Agata la miró sin entender.
-Le pedí permiso para que fuéramos a desenterrarlo
-siguió Silvana.
-¿Qué dijo?
-Nos está esperando.
Silvana estaba excitada, como si acabase de descubrir el escondite de un tesoro de verdad. Era la primera vez que Agata la veía moverse con tanto entusiasmo. Llegaron al coche.
-¿Qué le parece? -dijo Silvana mientras arrancaba.
-No sé qué decir -Contestó Agata.
Subieron por la calle de atrás, pasaron por el bar don­de habían estado el primer día y bordearon la cancha de fútbol.
-Allá está, ése es Aldo -dijo Silvana.
Estaba parado en el borde del camino, apoyado en una pala. Miraba al frente, meditativo, en una postura poco na­tural, como si posara. Cuando frenaron se sobresaltó y ca­minó rápido hacia ellas. Agata tuvo la impresión de que las había visto llegar desde lejos, que aquel gesto de sorpresa había sido preparado de antemano y que el muchacho es­taba actuando.
Las recibió con una sonrisa. Le tendió la mano a Agata: -Aldo, a sus órdenes.
Era muy joven, tenía pelusa sobre los labios, Se notaba que todavía no se afeitaba.
Allá al fondo, en el patio de la casa, apareció la mujer de la ventana, la madre del muchacho. Avanzó por el sendero de lajas caminando despacio y se detuvo a unos diez metros, los brazos cruzados sobre el pecho y el entrecejo fruncido. Agata y Silvana la saludaron. Ella no contestó. O, si lo hizo, no se oyó.
-A trabajar -dijo Aldo esgrimiendo la pala-, ¿Dónde es?
-En el rincón -dijo Agata.
-¿Acá?
-Justo ahí.
El sitio que Agata marcaba estaba en el ángulo formado por el alambre tejido y el muro que separaban al terreno de la calle y de la propiedad aledaña. Se preguntó por qué su hijo habría elegido ese rincón, el más alejado de la casa, para enterrar su tesoro.
Ella y Silvana estaban paradas en la entrada, en la línea del portón, casi afuera del terreno. No necesitaban avanzar más para estar cerca de Aldo. De todos modos, aquella mu­jer, detenida en el sendero, mirándolas, era como una va­lla. Había viento.
El muchacho despejó el lugar de yuyos secos y empe­zó a trabajar. Era tierra dura. Colocaba la pala vertical, elevándola por encima de la cabeza, y la clavaba soltán­dola con fuerza. A cada golpe, antes de tirar la tierra re­movida a un costado, miraba hacia las dos mujeres co­mo si esperara aprobación. Después a Agata le pareció que, en realidad, la destinataria de las miradas era sola­mente Silvana.
El filo de la pala chocó contra algo duro y Agata sintió en los dientes el sonido del metal. Aldo rodeó el obstáculo con golpes breves y expertos, lo removió, se agachó y sacó una piedra ovalada, lisa y del tamaño de un zapato.
-Una piedra -dijo mostrándola. La tiró a un costado.
-Tal vez sea una marca, ¿se acuerda si su hijo colocó una marca? -dijo Silvana.
-No me acuerdo.
Aldo se sacó la camisa y la colgó de la alambrada. Tenía lindo cuerpo, musculoso, y Agata tuvo la impresión de que se había desnudado para lucirse ante Silvana. Respiró hon­do, inhalando despacio, los pectorales se le hincharon y se le marcaron los tendones del cuello. Soltó el aire de golpe, con un gran soplido, y volvió a tomar la pala. La madre permanecía en el mismo sitio, rígida y callada, con cara de desaprobación.
Aldo se arrodilló, escarbó, tironeó y se enderezó. -Otra piedra.
La arrojó a un costado.
Después apareció una raíz. Era gruesa y rojiza y al ata­carla la pala dejaba heridas muy blancas. Aldo cortó en un extremo, cortó en el otro, levantó el pedazo de raíz y lo mostró como un trofeo, igual que con las piedras. La ma­dre miró alrededor, con actitud crítica, tal vez tratando de detectar el árbol al que estaban dañando con esa amputa­ción.
-¿Cuántos años? -preguntó Aldo.
-Cuarenta.
Aldo se pasó una mano por la frente y como con rabia murmuró:
-Cuarenta, cuarenta.
Y se puso a trabajar con más vigor que antes. De tanto en tanto, sin interrumpirse, miraba a Silvana con ojos de fuego. Silvana, seria, se quitaba el pelo que el viento le echaba sobre la cara y mantenía la mirada fija en el pozo. La madre de Aldo se desplazó un par de metros y se apoyó contra el muro, siempre con los brazos cruzados. Durante un rato largo nadie habló. Pasaron dos o tres coches. Un grupo de colegialas llenó la calle y se perdió en dirección al pueblo. Las tres mujeres permanecían inmóviles, pendientes del trabajo. Bajo aquellas miradas, Aldo seguía con su demostración de fuerza.
Agata pensó en su hijo con la caja de lata, el día previo a la partida hacia América. Lo recordó con los pantalones cortos, bajo el nogal, esforzándose por cavar un hoyo profundo. Ahora veía a Aldo trabajar para rescatar lo que aquel chico había enterrado. Y sintió que frente a ella no había solamente un muchacho voluntarioso luciendo sus músculos y manejando la pala como un héroe la espada. Las dos figuras, una lejana, otra presente, se tocaban y se fundían. Y de esa unión se desprendía un mensaje que agata todavía no lograba descifrar. Por su cabeza desfilaban ideas informes, que no se concretaban y que, así como aparecían, se eclipsaban. Le parecía que una voz había comenzado a hablarle desde esa confusión. Y esa voz le decía que ambos esfuerzos, el de antes y el de ahora, formaban parte de la misma tarea. Agata no lograba entender más, no podía ir más allá. Pero se abandonó a esa sugerencia, la acepto y al hacerlo se sintió en calma y, de algún modo, por un momento, recompensada. Si ese muchacho, su trabajo, eran una prolongación del trabajo de su hijo, si de alguna misteriosa manera se complementaban, entonces era como si la casa, o algo de la casa, no se hubiese perdido del todo.
Se le cruzó la idea de que las cosas se guardaban en la tierra para que perduraran. Pensó en Carla y en su jarrón roto enterrado en el jardín. Pensó en términos de semillas. El proceso de la semilla colocada en la tierra y que después de un tiempo busca la luz e instala un elemento nuevo en el mundo. Era como si su hijo hubiese plantado una semilla. Y ahora, después del letargo, después del largo túnel de silencio y oscuridad, viniera a manifestarse en esta reunión azarosa, en las expectativas dispares de estos cuatro testi­gos, empujados, convocados durante algunos minutos, al­teradas las direcciones de sus vidas durante algunos minu­tos, por aquel gesto perdido en el fondo de los años y llegado hasta ellos en esta mañana de viento.
Aldo se detuvo. Volvió a pasarse la mano por la frente y a respirar hondo. Había dejado la pala en el pozo y eso marcaba la profundidad.
-¿Puede estar más abajo? -preguntó.
-No sé, no creo -dijo Agata.
-¿Nos habremos equivocado de lugar?
-Era justo ahí, en el rincón.
Aldo meditó. Miró a Silvana.
-Vaya ampliar el agujero -dijo con determinación. La madre habló por primera vez:
-¿Más grande? ¿Más pozo?
Se desprendió del muro, dio unos pasos hacia adelante y se detuvo. Aldo se sopló las palmas de las manos y reanu­dó la tarea. Ahora, en la tierra removida aparecieron algu­nas láminas de metal oxidado que se deshacían al tocarlas. Pero nada más.
-¿Qué había en la caja? -preguntó Aldo.
-Soldaditos, autitos, juguetes -dijo Agata.
Aldo atacó de nuevo, resoplando y murmurando: -Soldaditos, autitos, juguetes.
A cada palabra correspondía una furibunda palada de tierra. Fue aumentando el ritmo. Se detuvo de golpe, ja­deante, rojo, mojado de sudor, y soltó la pala que cayó al piso.
-Nada -dijo.
Se lo veía tan contrariado y afligido que Agata y Silvana tardaron en hablarle.
-Pasó demasiado tiempo -dijo Agata.
-Por lo menos pudimos intentarlo -dijo Silvana. 
Estuvieron así, indecisas, como si, antes de marcharse, necesitaran encontrar con qué compensar la desolación de Aldo. Se fueron retirando hacia el coche y Aldo las acom­pañó. Al despedirse, Silvana le acarició el brazo con la punta de los dedos y luego se lo apretó.
-Qué músculos -dijo. Subieron al coche.
-Cualquier cosa que necesiten, acá estoy -dijo Aldo. Arrancaron. Agata se dio vuelta, vio que Aldo se había quedado parado en la mitad del camino, sacó la mano por la ventanilla y la agitó hasta que doblaron y se desviaron hacia la calle ancha.
-¿Desilusionada? -preguntó Silvana.
 Agata contestó con un movimiento de cabeza que no afirmaba ni negaba. Pero no estaba desilusionada. Lo que se llevaba de aquel intento la hacía sentir bien. Veía a cua­tro figuras en el viento, en la luz, con las montañas alrede­dor, como personajes de un cuadro fijados en el momento culminante de una ceremonia. Seguía pensando en su hijo. Tenía la sensación de haber asistido a un pequeño milagro.
 


 *de La tierra incomparable, © Editorial Planeta (1994), © Antonio Dal Masetto.







Miércoles, 27 de Febrero de 2008
Fidelidad*



*Por Sandra Russo


A lo mejor porque él representa, en lo más íntimo, el máximo exponente de la fidelidad a una idea, es que me cuesta tanto escribir sobre Fidel. Tengo una foto que busqué para anclarlo en mi zona de escritura posible, ya que él pertenece también a un territorio personal de escritura imposible.
En esa foto, tomada en Santiago de Cuba un mediodía de sol rabioso, estoy de 26 años y tengo un pañuelo blanco en el cuello, como las decenas de miles de personas que había allí. Estoy dándome vuelta y mirándolo a él, que hablaba y hablaba como hablaba siempre, tan jugoso. Esa es mi foto con Fidel. Hay
bastantes hileras de sillas con invitados especiales entre él y yo, pero es lo más cerca que lo tuve. Esa foto puede ser enmarcada por alguien que nunca enmarca fotos.
Hace años que Fidel había bajado rengueando desde el Olimpo, porque uno, ya se ha dicho, ya se ha escrito, si pudiera elegir, no elegiría Cuba como lugar de residencia permanente. Pero hay amores que tampoco son para residencia permanente. Hay pasiones que incluso de lo que se alimentan es de
entreabrirse y volver a cerrarse.
Hoy no pensamos en Fidel como pensábamos cuando creíamos en el camino de la revolución. Hoy él ha dejado de ser el que forjó sobre la mata espesísima de la Sierra Maestra un modelo político inimitable, irrepetible, maravilloso, justo. Pero eso fue lo que fuimos comprendiendo con los años, mientras él
envejecía y los que lo odiaban iban demostrando que no creían en ninguno de los valores que invocaban.
Cuba es la poesía en un mundo que ha perdido el habla. La isla ha sido declarada por la Unesco "país libre de analfabetismo". Y uno se pregunta: ¿y si fuera ése el objetivo de un pueblo? ¿Y si todo el poder político fuera utilizado en una sociedad para que sus niños y sus niñas tengan padre y madre con trabajo, casa, salud, escuela? ¿Suena descabellado, exagerado, zurdo, y en todo caso, por qué suena descabellado, exagerado o zurdo celebrar con emoción y palabras mayores a una revolución que les dio voz y conciencia a todos sus habitantes?
Y ésa fue su obsesión, su criatura. Fidel fue fiel como nadie fue fiel en el último siglo a una intuición ideológica, sostenida racionalmente pero sustentada desde lo más libidinal de un pueblo. Fidel soportó. Luchó.  Durante décadas tuvo que seguir haciéndolo en todos los terrenos, porque estuvo solo en América latina. Fidelidad, infidelidad. Van a lo íntimo. Pero lo íntimo no es sólo esa membrana de nosotros sobre la que van a parar los amores y los amoríos con otros hombres y mujeres. Lo íntimo incluye, en uno de sus pilares más escondidos, qué te mueve a la acción, qué te indigna, qué te es insoportable, y también qué gusta, qué te tienta, qué entusiasma. Lo más íntimo de todo debe ser lo que te deja en paz con tu conciencia.
Fidel fue fiel a sí mismo, y a Fidel le fuimos fieles los que en lo más íntimo de nuestros pellejos entendemos que en Cuba hay algo de lo mejor de todos.


*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-99704-2008-02-27.html





Miércoles, 27 de Febrero de 2008
la inauguracion de "ausencias" en el c. c. recoleta

Postales de la tarde en que la ausencia se hizo presencia*

Estela de Carlotto, Horacio Verbitsky, Antoni Traveria -director de Casa Amèrica Catalunya-, la presidenta Fernández de Kirchner, Gustavo Germano, David Blaustein: voces coincidentes sobre el valor de una muestra imperdible.

Orlando Méndez, Laura Méndez Oliva y Leticia Oliva.


*Por Oscar Ranzani

"Hace seis días Eduardo cumplió cincuenta años. Hace treinta y dos que no pudo vivir su vida. Esto lo quería decir porque creo que es importante. El tiempo como se ve en estas fotografías es lo que marca la permanente presencia de la ausencia, que es lo que creo que todos los familiares y argentinos conocemos. Yo quiero agradecerles a todos los que hicieron posible este trabajo y a los que se conmuevan con él." Así, tan breve pero intenso, se expresó ayer el fotógrafo argentino Gustavo Germano, nacido en Entre Ríos y radicado en España, que vino a la Argentina a presentar su muestra Ausencias que, al igual que con la misma contundencia de su escueto discurso, muestra a través de la fotografía catorce casos de historias de desaparecidos donde quedan expuestos el dolor de la ausencia y el sentimiento de la permanente presencia de quienes ya no están. Uno de ellos es Eduardo Raúl Germano, hermano de Gustavo, quien fue secuestrado el 17 de diciembre de 1976 a los dieciocho años por miembros del Ejército y de la policía de la provincia de Santa Fe, en Rosario. La muestra se inauguró ayer en el Centro Cultural Recoleta y contó con la presencia de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, miembros de organismos de derechos humanos, Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, el periodista, escritor y titular del CELS, Horacio Verbitsky, Antoni Traveria, director general de Casa Amèrica
Catalunya -institución que produjo la muestra- y directivos de Página/12, auspiciante junto a la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación.
Antes de que comenzaran los discursos, Cristina Fernández de Kirchner recorrió las 28 fotografías que componen Ausencias. Cada historia se compone de dos fotos. Una extraída de álbumes familiares donde aparece en un determinado lugar una víctima del terrorismo de Estado junto a familiares y/o amigos; es decir, una foto producto de la espontaneidad y de la cotidianidad de un momento agradable. En la otra, tomada por Germano treinta años más tarde, aparecen en los mismos lugares que en las fotos de origen
los familiares y/o amigos, dando cuenta del ser ausente pero, a la vez, presente. El autor de la muestra le fue explicando a la Presidenta las características de cada foto, de cada situación, de cómo había sido la desaparición y el corazón de la muestra; es decir, cómo se habían hecho las fotos con los familiares sobrevivientes. Posteriormente, Fernández de Kirchner se reunió con algunos de los familiares que aparecen en las fotos y que viajaron especialmente a Buenos Aires, y mantuvo una conversación con
ellos. Cada uno le contó las historias de sus vidas, de sus cosas hasta que la Presidenta escribió una frase en el libro del C. C. Recoleta, donde pueden expresar las emociones y reflexiones de los visitantes: "No es casualidad que estas ausencias cuenten con nuestra presencia", dejó estampado de puño y letra. Vale destacar que es la primera vez que una máxima autoridad del país visita el C. C. Recoleta, ya que si bien se inauguró durante la dictadura, ningún presidente de la democracia había estado en esta institución cultural. Al finalizar el recorrido y ante la pregunta de un cronista acerca de qué comentario le merecía la muestra, la Presidenta dijo conmovida: "No necesita comentarios". Un rato más tarde, luego de abrazar a Estela de Carlotto, señaló: "Cuando uno mira estas fotos, los comentarios huelgan. Creo que la fuerza de las imágenes junto a la fuerza de la historia es definitiva".
El significado de la barbarie
Para aquel momento, el Patio de los Naranjos del Recoleta estaba superpoblado. Arrancó Verbitsky explicando que la muestra fue organizada inicialmente en Barcelona por la Casa Amèrica Catalunya y que estará recorriendo distintos lugares del país, de la región y del mundo porque "ha tenido un enorme impacto. Transmite con muchísima intensidad lo que significa la ausencia de una persona insertada en la cotidianidad de una familia". El autor de El vuelo destacó: "Para quienes tenemos relación con el tema es muy conmovdeor, pero además creo que ayuda a que quienes no tienen relación con esta cuestión se representen mejor qué significa esa barbarie de arrancar una persona de su propia vida, de su cotidianidad, de su familia, como ocurrió en nuestro país. Yo quiero agradecerle a Gustavo Germano la enorme sensibilidad poética, artística, con la que él ha hecho esto. Los que hemos trabajado desde el periodismo, desde los libros, sobre los derechos humanos en este tema creo que somos los que sabemos que nadie mejor que un artista para transmitir en profundidad lo que esto significa. Y el trabajo que ha hecho Germano, desde mi punto de vista personal, es la cosa más conmovedora que yo he visto nunca sobre este tema".
Una obligación moral y ética
Luego de Germano habló Traveria: "Ausencias es una muestra que rescata la memoria de quienes están para los que no están, pero que nunca se fueron, los recuerdos más íntimos, aquella salida al campo de los amigos, las sonrisas, las vivencias, aquella fotografía de más de treinta años en cualquier lugar de encuentro personal", expresó el director de Casa Amèrica Catalunya quien, además, comentó que Germano presentó su proyecto a esa institución nada menos que un 24 de marzo de 2006, y que traer la muestra a la Argentina fue una "obligación moral y ética". "Es una satisfacción, un lujo trabajar con Gustavo y compartir con él sus emociones, sus sentimientos a través de sus fotografías y de lo que cada una de ellas muestra y representa", reflexionó Traveria.
Ausencias fue inaugurada el 17 de octubre del año pasado en Barcelona y, desde aquel mismo momento, el impacto que causó hizo crecer su repercusión, motivo por el que seguirá circulando por Europa pero también por América latina y por las provincias de la Argentina. En Buenos Aires estará hasta el 30 de marzo, luego irá a Paraná en mayo y la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación la hará itinerante por las provincias. Estará en Santiago de Chile, se podrá ver también en Uruguay y Paraguay, mientras se está conversando con Colombia y México para llevarla a esos países.
El director de Botín de guerra y Cazadores de utopías, David Blaustein, presente en la inauguración, señaló a este diario: "La verdad es que estoy un poco perplejo. Hacía mucho tiempo que un recurso artístico no me dejaba tan conmovido y tan enmudecido. Me impresiona la capacidad del artista para
conmover, y para que el arte siga siendo en nuestro país tan original para producir memoria".

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/2-9345-2008-02-27.html


ESTELA DE CARLOTTO
"Vi a mi hija"


En diálogo con este diario, la titular de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, señaló que "la muestra es impactante". "Vi la imagen de mi hija, de mis hijos: el look, el peinado, la pose, la mirada de esa juventud que sabía lo que quería, se arriesgó, sabía que iba a dar la vida, pero lo hizo a conciencia porque, como me dijo Laura: 'Nuestra muerte, mamá, no va a ser en vano'. Están presentes, de alguna manera, aunque en fotos en blanco y negro, pero se los ve sonrientes, militando. Es aberrante ver que hay niñitos que también cayeron bajo las bombas de los genocidas. Y todo eso produce una sensación de mucho dolor pero de mucha memoria, y casi diría de triunfo sobre el olvido, porque muchos pretendieron el olvido", expresó Carlotto. "Muchos nos dijeron: 'No hay que mirar para atrás, hay que mirar para adelante, ¿por qué no pensamos el futuro y no miramos el pasado?'. De ninguna manera se puede vivir sin memoria. Sería como querer matarnos a medias. De manera que para mí ver esta muestra fue cumplir con lo que deseaba: acompañar a la familia y recordar a los compañeros de mi hija", sintetizó Carlotto.

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/subnotas/9345-2943-2008-02-27.html


GUSTAVO GERMANO
"Volver a casa"


Luego de la inauguración, Germano habló con Página/12 y recordó que todo empezó "con la idea de que uno daría todo por haberlos visto envejecer, por haberlos visto vivir su vida. Esta fue la idea de la que partimos para formar este concepto de lo ausente y lo presente y el paso del tiempo. Si logramos poner en dos fotos la permanente presencia de una ausencia, yo me doy por satisfecho", subrayó el fotógrafo, que trabajó para su investigación con el Registro Unico de la Verdad de la Provincia de Entre Ríos, con la agrupación HIJOS Regional Paraná y la colaboración imprescindible de la Asociación de Familiares y Amigos de Detenidos-Desaparecidos de Entre Ríos (Afader). Por eso, presentarla en Argentina lo vive como "volver a casa. El lugar en el que tiene que terminar para volver a empezar es Paraná", explicó
Germano.

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/subnotas/9345-2944-2008-02-27.html



El misterio del tiempo*


Por Horacio Verbitsky *

La desaparición forzada de personas, que debían esfumarse en la nada, fue el método elegido por la dictadura argentina de 1976-1983. Según varios de sus jefes, así buscaron evitar la condena de la Santa Sede, con la aprobación sigilosa de la jerarquía argentina. Pero a cambio consiguieron que aquel
pasado atroz llegara a ser un insomne presente perpetuo, como la maldición que Neruda pensó para Franco. Más que los juicios penales, las investigaciones periodísticas o los ensayos filosóficos, el arte da cuenta del vacío lacerante que la ausencia inexplicable provoca. Como las esculturas de Juan Carlos Distéfano o los poemas de Juan Gelman, los cuadros de Carlos Alonso o los del español Ramos Gucemas, las fotografías de Gustavo Germano y los puntos que en cada leyenda reemplazan al nombre ausente evocan ese trauma fundador de la identidad argentina contemporánea y nos introducen al misterio del tiempo con la muda violencia de un gesto congelado.

* Texto incluido en el libro Ausencias.
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/2-9346-2008-02-27.html




Martes, 26 de Febrero de 2008
El cáncer de la fortuna*



*Por Nora Veiras

Sonó el teléfono y una voz desconocida pero inconfundible empezó a hablar:
-Disculpe, ¿tendrá unos minutos para escuchar la promoción del Banco Francés? -la chica con tono impersonal pidió permiso y arremetió: "El Banco quiere ofrecerle un paquete de seguros: uno para su propiedad y el otro es un Plan de Salud Femenino".
En pocas palabras agotó la primera oferta, similar a todas aquellas que tratan de seducir y exacerban esa compulsión por estar precavido ante eventuales tragedias.
Sin solución de continuidad, la chica entrenada en esas lides completó el kit:
-Además, tenemos el Plan de Salud Femenino. Si a usted le diagnostican cáncer de útero, ovario o mama, el banco le da 35 mil pesos para que los gaste en lo que quiera, no tiene que decirle al banco en qué decide invertir. Si quiere puede aumentar la cuota de la prepaga porque los tratamientos son muy costosos...
Del otro lado de la línea, quedé demudada, la chica seguía ofreciendo opciones "creativas" y aclaraba, si mal no recuerdo, que la cuota mensual para acceder al beneficio era de unos 23 pesos.
-¿Y si tengo cáncer de hígado? --atiné a preguntarle con una mezcla de morbo y cinismo.
-Ah... El Plan de Salud Femenino es para casos de cáncer de ovario, útero y mama -reiteró programada la operadora.
-Vos no tenés nada que ver pero el que ideó la promoción es siniestro.
Muchas gracias -dije, y colgué.
Era la tercera vez en menos de un año que recibía el llamado. Perdón, debo decir que ampliaron el kit: incluyeron las mamas. En la primera oferta las lolas habían quedado afuera.
En estos meses, los encargados de marketing deben haberse topado con la estadística de la Organización Mundial de la Salud que pronostica que en el mundo se les diagnosticará cáncer de mama a más de 1.200.000 personas este año y, además, que la tasa de mortalidad está cayendo en la Argentina, las
muertes por cáncer de mama se ubican en 20,4 por 100.000 según el atlas elaborado por Elena Matos y Doria Loria, del Departamento de Carcinogénesis del Instituto Roffo. Siguen en orden descendente el cáncer de útero (10,7), colon-recto (9,0), cáncer de pulmón (6,9), páncreas (5,5) y ovario (4,0).
"Estas tasas de mortalidad se mantienen casi en los mismos niveles desde hace 30 años, aunque en los últimos diez las curvas parecerían estar bajando en las mujeres de 40 a 49 años. Esto, a nivel de hipótesis, se podría relacionar con la detección temprana", señala la doctora Matos, epidemióloga
y coautora del estudio.
¡Podrán seguir pagando la cuota! -deben haber razonado.
El mercado no da derecho a avasallar la intimidad, a irrumpir en el cuerpo, en la sensibilidad del otro/a. ¿Alguien pensó qué puede sentir una mujer a quien le acaban de diagnosticar cáncer y escucha la dulce voz de la promotora? Quizá se entusiasmaron con darle un momento de felicidad porque justo el cáncer la atacó en los órganos o tejidos adecuados para hacerse acreedora de un préstamo.
¡Qué suerte que haya financistas con sensibilidad de género! ¿Habrá una oferta para cáncer de próstata? ¿O la tupacamarización es sólo femenina?

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-99613-2008-02-26.html




InventivaSocial
"Un invento argentino que se utiliza para escribir"
Plaza virtual de escritura
Para compartir escritos dirigirse a : inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar
-por favor enviar en texto sin formato dentro del cuerpo del mail-
Editor responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.
Blog: http://inventivasocial.blogspot.com/

Edición Mensual de Inventiva.
Para recibir mes a mes esta edición gratuita como boletín despachado por Yahoo, enviar un correo en blanco a:    inventivaedicionmensual-subscribe@gruposyahoo.com.ar

INVENTREN
Un viaje por vías y estaciones abandonadas de Argentina.
Para viajar gratuitamente enviar un mail en blanco a: inventren-subscribe@gruposyahoo.com.ar

Inventiva Social publica colaboraciones bajo un principio de intercambio: la libertad de escribir y leer a cambio de la libertad de publicar o no cada escrito. los escritos recibidos no tienen fecha cierta de publicación, y se editan bajo ejes temáticos creados por el editor.
Las opiniones firmadas son responsabilidad de los autores y su publicación en Inventiva Social no implica refrendar dichos, datos ni juicios de valor emitidos.
La protección de los derechos de autor, o resguardo del copyrigt de cada obra queda a cargo de cada autor. Inventiva solo recopila y edita para su difusión las colaboraciones literarias que cada autor desea compartir.
Inventiva Social no puede asegurar la originalidad ni autoria de obras recibidas.

Respuesta a preguntas frecuentes

Que es Inventiva Social ?
Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.

Cuales son sus contenidos ?
Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.

Cuales son los ejes de la propuesta?
Proponer el intercambio sensible desde la literatura.
Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.

Es gratuito publicar ?
En inventiva social no se cobra ni se paga por escribir. La publicación de cada escrito es un intercambio de libertades entre el escritor y el editor, cada escritor envia los trabajos que desea compartir sin limitaciones de estilo ni formato.
Posted by URBANOPOWELL at 09:50:06 | Permanent Link | Comments (0) |

Friday | February 22, 2008

REBELDES, SOÑADORES Y FUGITIVOS...

REBELDES, SOÑADORES Y FUGITIVOS...







POEMAS DE Petra NAGENKÖGEL
 

QUÉ SOMOS NOSOTROS PARA LOS LUGARES*

 

1
Por la ventana una vista
hacia dos lados y en
línea directa un
arbusto de lilas una
floración en la zona
 
Aquí y allá nosotros
armados en distancia
y retrasado pesar
como cruzamos la frontera
en paso alternado y
acompasamos el espacio entre
dos roces
en el corte entre el
sí y el no
 
El ojo se me apura anticipadamente
a través de la ciudad en el
ángulo oblicuo de tu mano
cuando ella roza un monumento en la
floración de la zona y
aquí y allá una pared
 

2
Qué somos nosotros para los lugares
en los cuales no hemos amado
 
qué nos queda aquí
y que queda allá de nosotros
excepto la coloración de dos
idiomas encorvados
en avances sin tono
de la palabra sí
y de la palabra no
 
Quizás también nos queda aún
en línea directa
encorvarnos en nosotros mismos
 
en la sombra de
nuestro propio cuerpo retorcernos
hasta la piel

 



CAMINO DE HORMIGAS
 


Aquí. Los cosechados campos, agotados
antes del verano. Como se
tiran en la muerte con su
florecimiento. Aquí. El descenso del tiempo
en los muros de las casas, detrás
afiebrados colores de la lejanía. Y
jirones de idioma sin uso.
Aquí estamos echados. Decentados,
tensados entre las esquinas
del cielo. Descontamos de las horas
la muerte y contamos el tiempo
adentro en nosotros. Sin la palabra para los
últimos asuntos. Aquí tu cuerpo, un
aroma rojo. Lanzado además mi
otro ser, para este momento, donde
él no es mí contrario.
 
Tocamos los bordes desde
los caminos, buscamos una medida.
En otra parte el suelo cede,
llevándonos consigo. Llevados partimos,
las exhuberantes manos en
el sexo, intemporales como animales.
 
 


*Petra NAGENKÖGEL
Salzburgo- AUSTRIA
Traducción: Walkala
 

Petra Nagenkögel nació en 1968 en Linz. Estudió germanística, historia y filosofia en Salzburgo. 1993-1999 trabajó en política de desarrollo. Desde 1996 dirige una asociación literaria en la Casa de la Literatura de Salzburgo junto a diversas actividades de mediación literaria. Ha obtenido diversos premios y becas, ha publicado en revistas y antologías y realizado lecturas para la radio. Libros publicados: „Dahinter der Osten. Novela.“, Editorial Residenz, Salzburgo 2002. „Pablo Picasso: Frauen / Petra Nagenkögel: Anagramme; Gedichte“, (editado por Museum der Moderne Salzburg) Bibliothek der Provinz, Weitra 2005.
E-mail: pnagenkoegel@gmx.at







 La tierra incomparable*


 (fragmento)

*de Antonio Dal Masetto



VEINTIDOS.



Silvana regresó a Trani y combinaron una salida hacia las montañas.
Pasó a buscarla con el coche, cruzaron el puente sobre el río San Giovanni y subieron despacio por un camino asfaltado, dando vueltas entre casas rodeadas de jardines cuyos portones se abrían con comandos a dis­tancia. De tanto en tanto, del camino principal nacían des­víos que llevaban a algunos de aquellos pueblitos que se veían desde abajo. Adheridos a los
carteles indicadores, con el mismo tipo de letra, de manera que se integraban al conjunto, Agata vio por primera vez las inscripciones de las que había hablado Toni: República del Norte. Descubrió también un letrero que decía Antoliva y pensó fugazmente en la temporada pasada ahí, en una casa llamada el Nido de los Niños, cuando su padre había sido movilizado en la Primera Guerra Mundial. A medida que subían, la calma era mayor, no se veía gente, aunque cada tanto aparecían algunos coches. Entonces era el mismo rabioso roncar de motores, la misma fiebre y la misma velocidad que Agata había percibido todo el tiempo y en todas partes. Caras graves detrás de los parabrisas, como si huyeran o estuvieran siempre llegando tarde. Vio pasar una mujer aferrada al volante, el acelerador a fondo, los ojos fijos y la boca abierta en un interminable bostezo.
-¿Dónde van siempre tan apurados? -preguntó.
-A esta hora seguramente a almorzar -contestó Sil­vana-. ¿Sabía que los italianos sufren de mal de auto?
-¿Qué es eso?
-Se descomponen, se marean, vomitan, igual que en los aviones y en los barcos. Toman los mismos medicamentos.
Durante un trecho tuvieron el sol de frente y luego en la espalda y nuevamente de frente. Al doblar una vez más, de­trás de las ramas apareció el lago. Se detuvieron y bajaron del coche para mirarlo. Al fondo, entre las montañas que se esfumaban, sólo se distinguía una gran claridad que po­día haber sido cielo o agua. Más cerca, frente a ellas, la su­perficie hormigueaba de luz. En el centro, transparente, una vela inmóvil. A la derecha estaba Trani. Vieron, en la ladera, un cementerio lleno de flores
que parecía un jardín. Algunas columnas de humo blanco se elevaban serenas en el mediodía sin viento. Descubrieron una casa, construida en el declive violento, oculta entre árboles y arbustos, ahí nomás, bajo sus pies. Un hilo de agua caía entre las rocas y se reflejaba en los vidrios de las ventanas.
Una motocicleta entró en la curva a gran velocidad, se puso casi horizontal, volvió a enderezarse y se perdió.
-Ahí va otro suicida -dijo Silvana. Siguieron subiendo y ya no había casas. De vez en cuando, nuevamente el lago. Vieron una lápida al costado del camino.
-Paremos un momento -pidió Ágata.
Bajaron y leyeron: "Al partisano garibaldino Ravoni Pie­ro, de quince años, caído el 8 de mayo de 1945, como tierna flor arrancada en el despuntar de un nuevo amanecer". Ha­bía, un recipiente con margaritas recién cortadas.
Más adelante Agata volvió a pedir que pararan. Esta vez la lápida estaba fijada a la roca, con una foto ovalada color sepia, bajo vidrio, enmarcada en bronce. También ahí ha­bía flores frescas. Agata las señaló y comentó:
-Algunos siguen teniendo memoria. Me acuerdo cuan­do mataron a Romeo. Era famoso. Era un jefe.
-¿Lo conoció?
-No. Pero conocí a otros. Un día fusilaron a cuarenta y dos hombres, por el lado de Fondotoce. Sé que construye­ron un monumento. Quisiera ir a verlo.
-La llevo cuando quiera.
Todavía tropezaron con un grupito de diez o doce casas, apiñadas, antiguas, piedras y vigas de madera ennegreci­das. Un letrero descolorido decía: Bar Stella Alpina. Esta­cionaron, entraron en un local vacío y se sentaron junto al ventanal. Del otro lado del camino había unas parras con uva madura, unas hileras de maíz, una franja de terreno arado, otra de pasto verde y en el medio un ciruelo solita­rio, ya con pocas hojas en las ramas. Las hojas, bajo la bri­sa suave, resistiendo todavía, ondeaban como banderitas y, al vibrar, sus colores cambiaban. Agata miraba todo, cada detalle era un reencuentro. Le hubiese gustado encontrar las palabras para compartirlo con Silvana. Cuando salie­ron le pidió que dejaran el auto y siguieran a pie. Quería caminar en aquella quietud.
Después de la primera curva se encontraron con un ta­bernáculo azul y se acercaron para mirar a través de la re­ja. Había una virgen pintada sobre la pared del fondo y dos santas en las laterales. Se notaba que habían sido restaura­das no hacía mucho.
-¿Le conté que Vito pinta? -preguntó Silvana.
Agata dijo que no.
-También escribe. Publica en el diario de la zona y en algunas revistas.
-¿Qué escribe?
-Historias sobre la gente.
Dejaron atrás el tabernáculo y pasaron por una casa ais­lada, con un cartel de madera sobre la puerta, escrito a mano: Bettini Aristide Floricultor. Volvieron a detenerse cuando vieron a un hombre hundiendo un pico en la tier­ra, en un claro en la pendiente. Llevaba pantalones oscuros y un buzo rojo. Estaba de espaldas y golpeaba con furia. "¿Qué puede hacer ahí?", se preguntó Agata, "¿Qué puede buscar? ¿Qué puede cavar?". Aquel hombre la turbó. Le transmitía una sensación de absurdo, la idea de una tarea imposible. Era demasiado pequeño y lo que lo rodeaba de­masiado grande. Era como una hormiga emprendiéndola contra la montaña. Aquella figura, agitándose sola allá arriba, perdida en la vastedad, la hacía sentirse identifica­da. Sentía que se parecían. También ella, desde que había llegado, a su manera, lo que había hecho era golpear y gol­pear sobre una cosa grande y sin fisuras. Y había insistido, como seguía insistiendo ahora, como con seguridad lo ha­ría en los días siguientes.
Durante un tramo el camino se deslizaba horizontal, después comenzaron a subir de nuevo. A partir de ahí, al­rededor sólo había bosque y todo era color oro. Debían es­tar muy arriba, pero habían perdido referencia de la altu­ra, porque la espesura de la vegetación les impedía ver. A la izquierda bajaba una ladera cubierta de helechos secos que parecían arder cuando les daba la luz del sol filtrada entre las ramas. A la derecha, una pared de roca en cuyas hendi­duras crecían árboles y arbustos y colgaban grandes raíces. Había rizos de castañas en el suelo. Una ardilla trepó por un tronco y se perdió. Agata se detuvo y giró en redondo. Elevaba los ojos y por encima de ella no había más que ra­mas doradas y detrás el cielo. Comenzó a sentir que esa fiesta de color albergaba una promesa. A su lado, Silvana la observaba en silencio.
-¿Seguimos? -dijo Agata.
 -¿No está cansada?
-Veamos qué hay detrás de aquella curva.
Después de cada curva aparecía otra. El camino se ce­rraba siempre, pero también, todo el tiempo, abría una nueva posibilidad. A Agata esta expectativa la estimulaba igual que una aventura. Se impacientaba como un chico. Encontró un palo, lo usó de bastón y sintió que estaba res­catando un viejo ritual. Se desviaba hacia los sitios donde se habían amontonado las hojas secas, las pisaba y arras­traba los pies para oírlas crujir. También eso le causaba placer. Le parecía que nunca más iba a sentir cansancio.
Quizá el camino no tuviera fin y, si una se dejaba llevar, si no se le acababa la curiosidad, podría seguir y seguir quién sabe hasta dónde. Aquello no era solamente caminar. Aga­ta sentía que en el esfuerzo, en la persistencia, había una forma de respuesta. Que cada metro ganado era un acerca­miento a lo que deseaba encontrar. Que poco a poco co­menzaba a restablecerse una armonía entre ella y el mun­do que la rodeaba. Y que debía insistir, seguir, hasta que en algún recodo del camino algo viniese finalmente a su en­cuentro.
Cuando advertía que Silvana estaba por proponerle de­tenerse y volver, se anticipaba y repetía:
-Veamos qué hay detrás de aquella otra curva.
Y a medida que avanzaban aumentaba en ella la sensa­ción de euforia y poderío, como si marchase sobre un te­rreno conquistado. Empujaba un pie delante del otro con determinación, le satisfacía percibir la fuerza que había en sus viejos huesos y en su sangre. Llegó un momento en que fue como si nunca hubiese partido y se olvidó de que exis­tía un lugar esperándola, lejos, una casa y una familia en otra parte. Estaba perdida en esos bosques y no había na­da ahí que le hablara de urgencias, que le exigiera nuevas preguntas. No había preguntas. El aire que respiraba era el de antes. Desde el silencio, desde la luz, una voz le hablaba el idioma de entonces. Tal vez hubiese cosas que podían ser recuperadas. Aquellas que no habían sido tocadas por los hombres.
Silvana avanzaba a su lado, sin hablar. Sólo una vez preguntó:
-¿Qué busca?
Pero lo dijo como quien no espera respuesta, como si se hablara a sí misma o al aire.
Hacia la derecha, no muy lejos, inesperado, apareció un vallecito. Se abría entre las montañas como una mano sos­teniendo un puñado de casas que parecían de juguete. Un camino de tierra bajaba hacia las casas.
-Vamos por ahí -dijo Agata.
-¿De dónde saca tanta energía? -preguntó Silvana.
El sol estaba sobre el cerro que dominaba el pueblo. Sil­vana levantó el brazo y lo señaló. A medida que bajaban, la distancia entre el sol y la cumbre se iba achicando. Se de­tuvieron y el sol también se detuvo.
Siguieron avanzando y el sol tocó la punta del cerro. En unos metros más se fue ocultando y terminó por desaparecer. Entonces frente a ellas, alrededor, no hubo más que sombra. Silvana, abrien­do los brazos, como en un juego, dijo:
-Nosotras hicimos el atardecer.
Hubo un reflejo de sonrisa en su cara, pero los labios no se movieron.
Agata pensó que nunca la había visto sonreír.
No llegaron hasta el pueblo. Se sentaron sobre un tron­co y miraron las casas desde lejos. También ahí estaban ro­deadas de hojas caídas. Agata tomó una y la hizo girar en­tre los dedos. Era una hoja grande, roja y amarilla, con cinco puntas y nervaduras fuertes. La levantó a la altura de los ojos y la mantuvo ahí. Advirtió que Silvana la observa­ba y pensó que ella no podía saber que ese gesto estaba reeditando otro, antiguo, de su niñez, una tarde de domin­go que su madrina Elsa le había contado la desgraciada historia de su familia. La imagen de Elsa mirando a través de una hoja seca acababa de acudir muy clara a su memo­ria y repetir aquel gesto era una forma de acercarla todavía más. Le habló a Silvana de los días en que, sentadas bajo el nogal, al fondo del terreno, Elsa la había iniciado en la lec­tura de los primeros libros.
-Me gustaba tanto -dijo Agata sonriendo.
-¿Qué leían? -preguntó Silvana.
Agata hizo memoria y recuperó algunos títulos: Los mi­serables, Los tres mosqueteros, Crimen y castigo, El conde de Montecristo, La guerra y la paz, Nuestra Señora de París.
-Seguro que los conoces.
Silvana dijo que sí, pero que no había tenido la suerte de que se los leyeran bajo un nogal.
Se estaba bien ahí, en aquel vallecito, con el grupo de casas frente a ellas. Daban ganas de hablar y recordar. Ahora, con la hoja entre los dedos, todo volvía y le parecía que esas cosas hubiesen ocurrido ayer. Agata dijo que aquellos fueron buenos años. Antes de eso la vida había si­do complicada, después fue complicada, pero hubo un tiempo, cuando su padre y su madrina Elsa se casaron, en que ella había sido feliz. Esa era justamente la época en que aprovechaban los domingos de sol para ir a sentarse sobre el pasto. Elsa leía y ella cerraba los ojos y viajaba.
-Como yo ahora -dijo Silvana. Agata la miró sin entender.
-Usted cuenta y yo viajo.
-Me gustaba aprender de aquellos libros, no de los que nos daban en la escuela.
-Caminando en su compañía yo también estoy apren­diendo.
-¿Aprendiendo qué?
-A conocer estos lugares.
Silvana dijo que nunca había tenido oportunidad de mi­rarlos así, a través de los ojos de otra persona. Eran sitios por los que había pasado siempre, cosas que conocía desde que había nacido, y ahora era como si los viera por prime­ra vez.
-¿Se entiende?-preguntó.
-Sí -dijo Agata.
Entendía. También se sentía halagada. Y satisfecha. Es­taban ahí, sentadas sobre un tronco, en medio de aquel oro, después de haber caminado, subiendo y bajando, superando una curva tras otra. Y caminar las había llevado a alguna parte. Nada especial: aquella quietud, la hoja seca en la mano, las palabras de Silvana. Pero Agata sentía que su día se había llenado de sentido.
En la iglesia del pueblo comenzaron a tocar las cam­panas. El vallecito con sus casas, quieto, sin gente a la vista, era como un yunque bajo los tañidos. Después, cuando las campanas callaron, el silencio fue mayor que antes. Silvana sugirió que deberían marcharse para que no las sorprendiera la noche caminando. Agata se levan­tó, tomó su bastón y emprendieron la subida hacia el ca­mino principal.



 *de La tierra incomparable, © Editorial Planeta (1994), © Antonio Dal Masetto.





Viernes, 22 de Febrero de 2008
Emilio Rodrigué*



Por Eduardo Pavlovsky *


Querido Emilio, te fuiste imperceptiblemente. Así eras vos, devenir minoritario imperceptible. Sin hacer ruido a tus 84 años. En tu Bahía de los sueños y de tus libros -con Hernán y con Fernando ya estábamos por jubilarnos del oficio de prologuistas de tus libros-. Eras infiel por naturaleza con las mujeres, pero fiel a los hombres y amigos. Cuando vivimos juntos en La Casona (1971-72) escribí El Sr. Galíndez y vos Heroína. La filmación de esa película fue para mí una experiencia inolvidable.
Increíble. Año imborrable de nuestro proyecto estético-ideológicos. Siempre me impresionó que el hippismo que invadía nuestro departamento de Cabildo nunca fuera una molestia para vos. Todos te tenían un gran respeto y admiración. Mirta tenía una especial predilección por vos.
Fuiste un poco el Maradona del psicoanálisis. Tus mayores críticos fueron en el fondo tus grandes admiradores. Admiradores de tu talento increíble y de tu libertad existencial. Personalmente siempre fuiste un estímulo intelectual importantísimo. Me dijiste que de Armando, Hernán, Fernando y yo, vos eras el menos burgués de los cinco. Provenías de la rancia oligarquía terrateniente y después te casaste con una negra brasileña.
Mirta me decía el placer que era salir con vos a comer y volver fumados tambaleando por Amenábar a La Casona. Cuando escribo esto siento el raro aroma de esa época, mezcla de libertad y de política. ¿Acaso nos equivocamos? Jamás lo diría. Tus transgresiones fueron como el gol con la mano de Maradona. Inatacables.
Escribís admirablemente bien tus novelas y tus libros de psicoanálisis.
Siempre decías que eras psicoanalista escribiendo novelas, haciendo el amor o escribiendo esos dos magníficos tomos sobre la vida de Freud con que asombraste al mundo psi.
Y si faltara algo para sentirte cerca, juntos nos fuimos de la APA con Plataforma y tanta gente querida.
Hinchas fanáticos de Independiente los dos. ¡Cómo hablabas de Bocha!
Después de La Casona fuimos a vivir juntos a Oro y Libertador, más aburguesados. Un día en calzoncillos me encontré con una paciente mía que era tu nueva novia. ¿Qué hace doctor por aquí?, me preguntó. El domingo a la noche cocinabas para que juntos con amigos y amigas viéramos el partido de
la noche por TV. Pero todos teníamos prohibido haber visto el partido que se jugaba por la tarde, y si sabíamos el resultado teníamos que callarlo. Así eras vos.
Vivimos juntos con David Cooper en La Casona, vos intentabas analizarlo pero siempre terminábamos internándolo.
Tu amor epistemofílico hizo que realizaras como cien laboratorios como integrante por todo el mundo. Siempre querías saber algo más de todo.
Preguntabas mucho, siempre preguntabas mucho. Inventaste con todos tus conocimientos el método del shampoo que era una experiencia terapéutica donde vos concurrías a la casa del paciente para realizarla durante 4 o 5 horas.
Lo último que me dijiste fue que estabas escribiendo sobre La Casona y Plataforma. Sos imposible de encasillar, porque siempre traspasabas los límites del sujeto. Siempre eras puro devenir. Puro devenir incapturable.
Con tu vejez devenías cada vez más joven, más intrépido. Yo te quiero mucho Emilio. Te debo mucho, porque estar a tu lado siempre era vivir la experiencia de lo insólito, de lo intempestivo, de lo inesperado. De la experiencia vital. Gracias hermano mayor por todo lo recibido. Los Emilio
Rodrigué nacen cada 200 años como Maradona. Igual.


* Psicoanalista, autor y director teatral. (Emilio Rodrigué, uno de los fundadores del pensamiento psicoanalítico en la Argentina, murió ayer en San Salvador de Bahía, Brasil.)

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-99360-2008-02-22.html





Fiel a sí misma*

Militante socialista desde los 15 pero sólo consecuente con sus ideas -lo que le valió más de una disidencia-, Beba Carmen Balvé colaboró con la resistencia peronista, analizó la marginalidad antes de que se impusiera como categoría y tuvo tiempo de aprender a pilotear aviones, lanzarse en paracaídas y manejar armas. Su voz sigue levantando polvaredas a su alrededor mientras ella sonríe plácida: "Estoy acostumbrada, por donde paso se arma escándalo".


*Por Roxana Sandá

Dicen de ella quienes la conocen que es fuego. Sólida como una roca.
Imposible discutirle sin salir herida. Mujer de lengua filosa y pensamiento capaz de estallar en ideas que conmueven o pulverizan. Mejor cultivar su alianza. No teme ni a la sombra de quienes la persiguieron durante años. Ya es mayor, sí, pero no se detiene; su carrera fue demasiado vertiginosa como para que de golpe paralice su ímpetu.
La mujer, llamada Beba Carmen Balvé en la Rosario de 1935, por un padre nativo de Normandía que apelaba al respeto absoluto de su hija tanto como al frío de una 38 calzada en la cintura, fue cuadro del socialismo y colaboradora de la Resistencia peronista. Pasó por todas las cárceles de Buenos Aires; ocultó casi con pasión religiosa a Joe Baxter y al sable corvo de San Martín. Es aviadora, paracaidista, socióloga, militante del desprejuicio y fundadora del Centro de Investigaciones en Ciencias Sociales
(Cicso), de donde surgió el imprescindible Lucha de calles. Lucha de clases, editado por La Rosa Blindada en 1973.
Sus principios no le permitirían mentirse sosiego. "Llegué a este mundo para armar quilombo y darme cuenta también de que estamos llenos de contradicciones, aunque a los errores prefiero llamarlos problemas tácticos", explica con una sonrisa amplia sobre su cutis envidiable, apenas opacado por el humo blanco de los incontables Parisiennes que fuma cada día.
Ella sabe hacerle honores a la reputación. Su última conferencia, Inteligencia y contrainteligencia, volcada durante una cena de la Agrupación Oesterheld, provocó la ira de Eduardo Anguita y una maraña de trompis partidarios que siguen dando cuenta de la ríspida amplitud del peronismo.
"Nunca me quedo callada. Hablé de las elecciones nacionales como un caos organizado, y algunos se pusieron nerviosos. Igual, estoy acostumbrada. Por donde paso, siempre se desata el escándalo."
De niña, Beba (no es apodo, sino nombre propio tras un juicio iniciado por su padre al Estado, que ganó con el apoyo del Partido Demócrata Progresista y hasta la intervención de Lisandro de la Torre) se debatió, como sor Juana, entre el amor divino y el amor humano. "Aunque a los cinco años quedó claro
que mi inclinación no sería tan divina. Era un contrasentido creer en lo que no se entiende. Mi madre había muerto y mi padre me inscribió pupila en el colegio del Sagrado Corazón, de Rosario, donde no dejaban ir a orinar de noche porque decían que en la terraza había un tipo agazapado que nos iba a
castigar. Y en invierno, a las que inevitablemente se hacían encima, las monjas las obligaban a lavar sus sábanas a las seis de la mañana, con temperaturas bajo cero. No toleré esa situación, así que decidí investigar."
La osadía terminó develando que la sombra de la terraza era una estructura de ventilación y que las vejigas de las niñas no tenían por qué sufrir más punzadas de dolor. La pequeña Beba fue la primera alumna expulsada de la institución. "Mi padre no dijo palabra, salvo que mi nuevo destino sería el
colegio Madre Cabrini, que dependía del Vaticano y que en uno de sus salones colgaba el cuadro gigantesco de un Benito Mussolini de rostro dulce. Imaginá mi confusión, entre un padre que colaboraba desde la Argentina con los aliados franceses y vomitaba furia contra el fascismo, y mi saludo diario de
cada día al presidente de Italia. Una locura en la que me vi envuelta hasta que el cura me eligió para ser cuadro laico, porque era muy estudiosa. Leí la fe, empecé a hacer muchas preguntas y él decidió que yo no servía para eso, lo cual era una obviedad."
Así de conflictiva fue su afiliación al Partido Socialista de Rosario a los 15 años. Su tarea era la organización de picnics de la juventud, "porque era la única actividad que nos delegaba el partido a los más chicos", mientras portuarios y ferroviarios comunistas, socialistas y anarquistas mixturaban a voz en cuello las melodías de los himnos Quinto Regimiento y Bandiera Rossa.
En aquellas jornadas, "el partido nos decía a los jóvenes que debíamos estar junto a los obreros, pero con el tiempo observamos que los obreros estaban en otro lado, y ese lugar era el peronismo. Había algo, entonces, que estaba fallando".
"Cierto día, mi padre desapareció", cuenta Beba sobre siete meses de ausencia de los que nunca pudo hablarse "porque él lo prohibió terminante". El episodio derivó en un contacto con Luis Armando Roche, amigo de la familia y delegado clandestino de la Dirección de Propaganda del Estado durante 1945, que realizó en el sur de Santa Fe un minucioso trabajo de base para generar adhesiones a Perón, entonces en la Secretaría de Trabajo y Previsión. "Luego de aquella desaparición misteriosa, creo que mi padre temió por mí y me presentó a Roche. Yo escuchaba sus charlas y por él conocí a gente del peronismo y de la Resistencia. Así que terminé siendo socialista pero amiga de los peronistas. Jamás gorila."
Que haya elegido 1954 para hacer un curso de piloto de aviación y paracaidismo es casi una ironía.
-¡Pero no sé por qué se me ocurrió! Bah, sí: siempre me gustaron los aviones y las motos. Era fierrera por naturaleza, de estos fierros y de los otros (risas). En esa época no había aviación civil y prácticamente tuve que hacer el servicio militar. Mi instructor era de la aviación naval; me sacó buena.
Claro, al año siguiente intentó convocarme para volar los aviones Catalina (los que sobrevolaron la Plaza de Mayo en el golpe del '55) y evitar el ascenso de la gente en Rosario. Por supuesto, yo no iba a hacer el trabajo de botonear a las masas. Encima, muchos de los que tomaron el curso de piloto eran delegados del Sindicato Unidos Petroleros del Estado (SUPE), de la refinería petrolera de San Lorenzo (hoy en manos de Petrobras). Todos peronistas y amigos.
¿Qué ocurrió en Rosario el 16 de septiembre de 1955?
-Apenas iniciado el golpe contra el gobierno constitucional, los resistentes de Rosario soportaron el embate durante siete días. El general León Bengoa, comandante del III Cuerpo de Ejército con sede en Paraná, sitió la ciudad con armamento y tanques Sherman provocando una guerra civil. Sin alimentos
ni armas, las fuerzas leales a Perón, el Regimiento Militar II de Infantería de Rosario, los trabajadores del cordón industrial y el pueblo pelearon contra los sectores civiles enemigos y las Fuerzas Armadas. El enfrentamiento se cobró 500 muertos entre niños, mujeres y hombres, además de cientos de heridos. Vi fusilar a diez pibes; vi cuando desde los tanques ametrallaban a jóvenes que se tiraban al lago del Parque Independencia.
Había toque de queda y por las noches sonaban las balas de los francotiradores. Los militares entraban a las radios mientras se emitían los programas: todo el pueblo escuchaba apersonarse al capitán de fragata tal o cual y luego el rugido de la ametralladora. Mataban a todos en el marco de esa insurrección. Ahí me curé de espanto.
¿Y cómo resolvió su militancia en este contexto?
-Permanecía en el partido pero discutiendo con los socialistas. Cuando llegó la orden de intervenir los sindicatos no la acatamos, por tanto nuestra relación con los peronistas era muy particular, no por su condición ideológica sino por obreros. Hice contacto con el ala sindical cuando la Resistencia estaba en Empalme Graznero y Arroyito, que era la zona más fuerte, y Villa Manuelita, y colaboré en una serie de acciones. ¡Casi terminé siendo una doble agente!
La relación con el PS se erosionó hasta hacerse trizas, en 1961, con la ruptura de la Dirección Nacional de la Juventud con Alfredo Palacios y Alicia Moreau. "Para nosotros eran fósiles. Además, Palacios se oponía a la acción cubana ¡y habíamos trabajado con la Revolución Cubana! Si el propio directorio revolucionario era recibido por el partido en Buenos Aires cuando tenía que esconderse de Fulgencio Batista. Estábamos con ellos desde antes de la revolución. Entonces hicimos la revista Che y sacamos un documento sobre el proyecto de liberación nacional y social y la lucha armada, con eje en el peronismo. Fuimos los primeros que planteamos esta cuestión."
En el universo de los sesenta, Beba Balvé cultivó relaciones políticas con Salvador Allende, Raúl Sendic, las FAP, John Cooke, Alicia Eguren, el abogado Ricardo Rojo -autor de Mi amigo el Che- y Facundo Larguía, "rosista, amigo de Perón y aristócrata de la más rancia estirpe patricia y ganadera".
Comenzaba a trabajar como investigadora en el Instituto Di Tella, donde integró el equipo dirigido por Alan Touraine y Eric Hobsbawm, para relevar el desarrollo industrial en América latina, y junto a Fernando Enrique Cardozo, del Cepal, en el Proyecto Marginalidad, un polémico estudio de campo financiado por la Fundación Ford. "Se nos acusó de marxistas y también de colaboradores de la CIA, porque sosteníamos que la marginalidad no existía como categoría, y que debía hablarse de ejército industrial de reserva. Pero me encargué de decirles a muchos que yo había estado en todas las luchas y que a sus huevos no los había visto en ningún lado. No nos jodieron más."
Beba, como cualquier chica de su generación, había tolerado que le enseñaran modales apropiados para cuando tuviera edad de casarse. Algo que ella se juró que jamás cumpliría. Ni esposa ni madre, no era para ella. Cumplió su juramento durante años, ensayando parejas con compañeros de izquierda, "pero
era inútil. Discutíamos de política y al tipo lo perdía, porque ganaba yo.
Además, siempre viví sola, nunca se me ocurrió decir buen día. A la mañana me levantaba, hacía mi café y leía el diario. Punto". Hasta la tarde de 1967, en el lobby de un hotel de Córdoba, plena Guerra de los Seis Días.
"Revisaba papeles de la investigación de Touraine sentada en un sillón, con un vaso de whisky en la mano. Levanté la vista y frente a mí alguien sostenía un diario con los titulares sobre la guerra; los resultados habían sido desastrosos para el pueblo palestino. Me indigné, empecé a gritar y le arranqué el diario. El hombre observaba espantado la pelea que mantenía conmigo misma. Resultó ser empresario, representante de una firma norteamericana que fabricaba cosas para la Nasa, campeón de velero y de
golf. No teníamos nada que ver. Preguntó qué pasaba y me indigné más. '¿Cómo qué pasó? ¡Perdieron la guerra los palestinos!'. El colmo fue cuando me dijo '¿Qué guerra?' Así conocí a Miguel, y sé que fui la aventura de su vida. Desde entonces nos encontramos varias veces, hasta que un día le suelto 'Nosotros no podemos seguir, porque somos enemigos'(risas). '¿Qué cosa?', me preguntó horrorizado. 'No puedo decirle mucho más, pero sus relaciones no tienen nada que ver con las mías.' Terminamos viviendo juntos, pero era una locura. Yo estaba todo el día afuera, a veces volvía a las cuatro de la mañana, otras no aparecía. Estaba harto, y aun así llegó a proponerme matrimonio. Mi respuesta siempre fue un ataque de nervios, agarrar el auto y dormir afuera, pero al otro día terminaba volviendo para darle de comer a
mis dos perros."
El calendario de 1970 la encontró en Puerto Península, siguiendo un programa de colonización de la Facultad de Agronomía de la Universidad de La Plata, junto a un equipo multidisciplinario que se instaló en esa región de bosque virgen hasta 1974. Durante cuatro años, Beba trató con yararás, corales,
avispas, aguas contaminadas, falta de hielo para su whisky, un jefe del destacamento policial que era de la Side y otro a cargo de esa delegación de la subprefectura castigado, "porque había estado en el Cordobazo y no reprimió. Todo era desopilante".
En medio de esas travesías se desarrolló el Cicso, que desde 1966 y hasta la fecha "se dedica al estudio de las relaciones de clase y grupos socioeconómicos". Son imprescindibles las publicaciones Acerca de los movimientos sociales y la lucha de clases, Movimiento social y enfrentamiento social: el Santiagueñazo, Lucha de calles. Lucha de clases.
Insurrección popular e insurrección proletaria, y El '69. Huelga política de masas (Rosariazo, Cordobazo, Rosariazo). Nunca se dejó de articular investigaciones y cursos, aun con la dictadura sobre los talones y los exilios accidentados de su directora, "a México, Estados Unidos, Francia, Canadá. Pero volvía, no soportaba estar fuera de mi país. Por eso me banqué a los milicos que cada dos por tres se metían en el Centro, a servicios como Alfredo Astiz, que un día se inscribió con nombre falso en un curso pagado con cheque sin fondos, y a mujeres canas tan groseras que en vez de pedirme los programas de estudios me solicitaban los prontuarios". Fue una época de dolor.
-No sé si ese período o el preludio de lo que fue la ruptura con la generación del setenta. Porque en los sesenta habíamos articulado un frente social en la alianza de clases, a través de una política de unidad con el movimiento obrero en la lucha, en un proceso de liberación nacional y popular. Pero en los setenta se montó la oleada impresionante de una pequeña burguesía ilustrada, y ya no podías contrariar eso. No quiere decir que no haya sido solidaria y hasta compartido ciertas cosas con grupos que se estaban armando, como los Montoneros; en definitiva formaban parte de la izquierda. Pero creo que se trató de una generación que rompió raíces con lo anterior y con la historia del país. El problema de Montoneros es que se olvidaron de que Perón era un general de la Nación, y ése era un dato fundamental. Pero, ¿sabés qué?, toda esta historia de desastres y puntos suspensivos también me enseñó algo: nunca nadie podrá arrancar al peronismo de este país, porque su esencia se transmite por familias. No solamente
porque de él comieron, estudiaron y trabajaron, sino porque por él lucharon.

 

El sable bajo el sofá

"Tenía contacto con la Resistencia de Buenos Aires. La línea éramos Ricardo Rojo, el Bebe Cooke, Facundo Larguía y yo. Larguía era la oveja negra de la familia, amigo de Perón y del Che. En su estancia de Arroyo del Medio, al sur de Santa Fe, se izaba la bandera azul del rosismo y cada dos por tres
escondía a alguien. Un día me llama para decirme que había un problema en Buenos Aires y que debía viajar a la estancia. Cuando llego me explica que (el 12 de agosto de 1963) la Resistencia había secuestrado el sable corvo de San Martín, que ya no daba para mantenerlo allá porque estaban muy cercados y me pregunta si puedo hacerme cargo, a lo que respondo 'por supuesto'. Dos días después llega a la estancia un coche transportando eso que no debía nombrarse y lo escondemos en mi auto. Decido esperar hasta las dos de la mañana para salir del campo, porque a esa hora la caminera toma mate, y emprendo viaje para mi casa de Rosario. Al sable lo tuve un tiempo bajo el sofá del living, donde hacíamos las reuniones del socialismo. El único que advirtió la presencia de ese objeto extraño era mi perro, Tupac Amaru. Hasta que un día me llamaron para transmitirme la clave con que lo vendrían a
buscar. Se presentó un oficial de la aeronáutica de Córdoba, pasó la clave, le entregué el sable. Y yo me reí al otro día cuando todas las radios, los diarios, anunciaban se devolvió el sable corvo del general San Martín."

Buenas relaciones

"Un día me llaman los de esta mesa chica que conformábamos con Rojo, Cooke y Larguía, para comunicarme que en Buenos Aires había un problema insostenible: 'Los Tacuara asaltaron el Policlínico Bancario (el 29 de agosto de 1963) y se llevaron una valija con 100.000 dólares. Que uno de ellos, José Luis Nell, había caído, y que no aguantaban más a Joe Baxter porque estaban muy cercados por los servicios. Me preguntaron si podía sacarlo, les planteé el problema a los responsables políticos de mi partido y se resolvió esconderlo en la casa de fin de semana de un compañero, en la isla frente a Rosario. Durante la temporada que permaneció allí, Baxter cambió identidad y fisonomía. Se dedicaba a pescar y a tomar mate con un guardia de la subprefectura que jamás descubrió con quién hablaba.
Finalmente llegó el momento de trasladarlo, y como yo era muy amiga de los contrabandistas de Santa Fe que vendían armas a la Resistencia y a los gorilas, arreglé que lo cruzaran a Uruguay. Así que después de un viaje en colectivo con protección interna y externa desde Rosario hasta un sitio prefijado de la provincia, Baxter hizo contacto con los contrabandistas y lo sacaron en barco hasta la otra orilla bajo el nombre de Salvador Ballesteros. Creo que vivió algunos años en Montevideo, luego viajó a París
y de ahí a Vietnam, con los revolucionarios."


*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-3916-2008-02-22.html



*

Queridas amigas, queridos amigos:


El domingo 24 de febrero del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor chileno Javier Farías Caballero. Las poesías que leeremos pertenecen a Omar Darío Gallo Quintero (Colombia) y la música de fondo será de Bandolas de
Venezuela. ¡Les deseamos una feliz audición!


ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!


REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!


YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com
Schießstattstr. 44  A-5020 Salzburg  AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067



InventivaSocial
"Un invento argentino que se utiliza para escribir"
Plaza virtual de escritura
Para compartir escritos dirigirse a : inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar
-por favor enviar en texto sin formato dentro del cuerpo del mail-
Editor responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.
Blog: http://inventivasocial.blogspot.com/

Edición Mensual de Inventiva.
Para recibir mes a mes esta edición gratuita como boletín despachado por Yahoo, enviar un correo en blanco a:    inventivaedicionmensual-subscribe@gruposyahoo.com.ar

INVENTREN
Un viaje por vías y estaciones abandonadas de Argentina.
Para viajar gratuitamente enviar un mail en blanco a: inventren-subscribe@gruposyahoo.com.ar

Inventiva Social publica colaboraciones bajo un principio de intercambio: la libertad de escribir y leer a cambio de la libertad de publicar o no cada escrito. los escritos recibidos no tienen fecha cierta de publicación, y se editan bajo ejes temáticos creados por el editor.
Las opiniones firmadas son responsabilidad de los autores y su publicación en Inventiva Social no implica refrendar dichos, datos ni juicios de valor emitidos.
La protección de los derechos de autor, o resguardo del copyrigt de cada obra queda a cargo de cada autor. Inventiva solo recopila y edita para su difusión las colaboraciones literarias que cada autor desea compartir.
Inventiva Social no puede asegurar la originalidad ni autoria de obras recibidas.

Respuesta a preguntas frecuentes

Que es Inventiva Social ?
Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.

Cuales son sus contenidos ?
Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.

Cuales son los ejes de la propuesta?
Proponer el intercambio sensible desde la literatura.
Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.
Posted by URBANOPOWELL at 10:17:01 | Permanent Link | Comments (0) |

Tuesday | February 19, 2008

ERA LO ÚNICO QUE TODAVÍA LE QUEDABA...

Ruinas mayas*


Frente a fantasmas de sueños
Mis ojos se unen a esas sombras
Ruinas de pueblo, ruinas de dios
Amores rotos, creencias enterradas

Cánticos de sal en el aire
Risas  resuenan en la tallada piedra
Figuras de dioses eternos, yacen allí
Mueren en tristeza, sus hijos no están

El misterio vive bajo estos techos
No hay nada, pero todo tiene vida
Construcciones del cielo
Recuerdos hechos roca

Susurran las vasijas quebradas
Llora el césped que las atrapa
Ya las aves  se marcharon
Todo es morada de melancolía.


*De silvana gangi chibi_chivi@hotmail.com









ERA LO ÚNICO QUE TODAVÍA LE QUEDABA...






"El sentimiento trágico de la vida en la filosofía  y en la poesía"*

(Miguel de Unamuno y Antonio Machado)

 

  *por Julio Pino Miyar. isla_59_1999@yahoo.com
  10/2/008


UNO

Leyendo un texto español correlativo al pensamiento ideológico del franquismo  me encontré con la
peregrina tesis de las dos Modernidades. Hasta ese momento yo comprendía la Modernidad como un fenómeno socio - cultural de carácter histórico, aparecido progresivamente en Europa a partir del Descubrimiento de América, la disolución del antiguo orden feudal, el advenimiento al poder de la clase burguesa, el establecimiento de la sociedad mercantil, la aparición de la Ideología política francesa de La Ilustración, la Filosofía Clásica alemana, la revolución industrial y científico - técnica y la concentración internacional del capital financiero como prolegómeno de un nuevo orden mundial impuesto por Occidente, especialmente por Norteamérica.
El filósofo e historiador español José Ortega y Gasset en su libro "Estudio de la historia" elaboró una
visión crítica del concepto de Modernidad, a la hora de abordar la historia del Imperio Romano,
proponiéndonos la tesis de una Modernidad romana. O sea, Ortega interpretó el criterio de Modernidad más como un concepto teórico, adaptable por ello a diversas formas de experiencia histórica, que como un hecho consumado, resultado fijo del desarrollo histórico acaecido en Occidente desde los siglos XVI y XVII. Para Ortega la Modernidad puede aparecer bajo las determinadas circunstancias en que la tradición cultural de un pueblo, los postulados morales de su religión, las leyes naturales que hasta ese momento han regido el tráfico social llegan a tan alto grado de secularización que dejan de ser tenidas en cuenta por un período que busca deslindar su contemporaneidad política y económica de los
fundamentos históricos establecidos por la tradición.
Por eso es que Ortega define a la Modernidad como una progresiva pérdida de legitimación; es decir,
desposeída de la legitimidad que le otorga la tradición. Una legitimidad que no só