Thursday, August 7, 2008

COMO EN UNA POSTAL…

RECONQUISTA DE ANTAÑO*

(Década del cuarenta)

Terrosas calles hundidas
Quietos ríos polvorientos
Tus veredas como muelles
Salteadas, altas, salientes.
Sombreaban adormecidos
En los bordes barrancosos,
Amarillentos paraísos,
De gajos ralos,  nudosos.

En cada esquina una loma,
Encima un foco colgante,
Que los vientos hamacaban,
Una luz de cobre, oscilante;
Que a un vacío de sombras,
Quería vencer cabeceante.
Barría el viento norte;
Polvo, arena y hojas secas,
Un caballo flaco y tunante
Tierna brizna  pellizcaba.

Casas de frentes severos
Altas, planas, con cornisas
Se copiaban las ventanas,
Balcones de rejas macizas.
Alineaban las fachadas
Viviendas con almacenes,
Paredes sin revocar,
Puertas de altos dinteles.

En la oquedad de un silencio
Con ecos que repicaban;
Como un ladrido lejano,
Vendedores que voceaban
Pan, pescado, o un artesano,
El batir seco de un parche,
Que la comparsa ensayaba,
Y el tañer de una campana,
Que a la oración convocaba.

En un baldío cualquiera
Tejido de alambre cercado
Juegan niños y mascotas
Bajo un arco deformado.
En el cielo un barrilete,
Coletea libre su suerte;
Y otro caído hace tiempo,
Enreda en el cable su muerte.

Algunos carros mezclaban
Sus crujidos quejumbrosos
Roncaban transportes viejos,
Y escasos autos ruidosos.
Convive en esa armonía,
Traqueteante sinfonía,
Con aromas de especias y campo;
Una vida de pueblo hacendosa,
 Que hoy Ciudad,  guarda orgullosa.

*de Celso H Agretti. celsoagr@trcnet.com.ar
-Avellaneda, Sta.Fe; 02/08/2008

COMO EN UNA POSTAL*

Venta de castillos*

La moda de comprar castillos en Europa y trasladarlos piedra a piedra a
Estados Unidos ha llegado a los países del Golfo. No es de extrañar que las
grandes fortunas en  petrodólares se apuntaran a esta fórmula y el tener un
castillo en una duna del desierto es ahora un símbolo de riqueza, poder y
cultura.

Los precios que se pagan ahora por estos castillos son mucho mayores que
cuando empezó la moda, por ello, los actuales compradores exigen que en el
traslado no se extravíe nada, controlando hasta el menor detalle el
inventario realizado en el mismo día de la compra.
A tal efecto, han creado unos controladores a los que llaman jocosamente
“Controleitors” para tener la seguridad en el traslado. Únicamente cuando
estos “Controleitors” han estampado su firma en el documento de inventarios,
certificando  que se ha trasladado todo lo comprado, se libera el restante
80 % del pago, congelado en un banco suizo como garantía.

Aún y así hay casos en los que se presta a discusión, como el traslado del
mes pasado del castillo de Plumkier en la Renania, que al inventariar en la
llegada los “Controleitors” congelaron el pago ante la falta de tres
fantasmas que sí constaban en el inventario inicial.

*De Joan Mateu joan@cimat.es

Como en una postal*

Sobre la calle, su vivienda
Sentado en un umbral
Arrinconado por el vino
Y el frío del invierno
El borracho del vecindario
Dormía soñaba deliraba,
Intentaba secarse la indiferencia.

Mi visión de vidrios rasgados
Por el impacto de la suerte
Intentaron entre el miedo
Y el pudor acercarme a
Ese ser, paradigma de la pobreza
Pero no pude o no quise.

*Todavía lo pienso. -Azul. azulaki@hotmail.com

Pensamientos*

El boliche, que era nuestro segundo hogar, se esta poniendo cada vez más
mustio. Desaparecieron la jarana y el espiritu de camaradería. La malaria
general nos sacudio duro y logro que cada uno de nosotros, aislado del
resto, pensativo frente a su copa, mastique y digiera sus problemas en
soledad.
-Queridos clientes - Nos dice el gallego -, los vengo observando y me parece
que llego la hora de que les cuente la historia de la fundación de mi pueblo
en Galicia. Los habitantes originales eran gente muy primitiva, hosca,
cerrada, no se hablaban entre ellos, cada cual se ocupaba de lo suyo, cada
uno en su casa y si algo le pasaba al vecino no se daba por enterado. Era
además, hay que decirlo, gente a la que le costaba mucho pensar, tardaban un
montón en construir un pensamiento. Eso sí, una vez que conseguian tenerlo
armado no se lo derrumbaba ni una bala de cañon. Allá por los comienzos, el
único pensamiento al que habían llegado todos, sólido como una roca, era:
“Primero yo, segundo yo, despues mi familia y nadie más”. Imaginese como
seria el trato con los de afuera. En general la naturaleza era generosa; las
lluvias llegaban puntualmente; la tierra respondía y le daba a cada uno
cosechas razonables. Pero según cuenta la historia en algun momento hubo una
serie de cataclismos que dejaron a mis antepasados temblando. Primero
sequías que quemaban todo, después lluvias que no paraban más y pudrian
hasta las piedras. Resulta que un hombre de la aldea se había caido en un
pozo en el medio del pueblo y ahí quedo sin poder salir durante días. Todos
pasaban al lado y seguian de largo. No es que fueran mala gente, pero darle
una mano a un tipo caido en un pozo era un pensamiento que todavía no habian
pensado. Hasta que cruzó la aldea un caminante, vio al tipo alla en el
fondo, le tiro una soga y lo saco. Los demás se acercaron curiosos y uno
preguntó: “Oiga, ¿Por qué hizo eso ?”. Y el hombre contestó: “Porque si
algún día yo me caigo en un pozo me gustaría que alguien me saque”. Y siguió
su camino. Mis antepasados se quedaron en silencio mirandose unos a otros y
después se fueron a sus casas a tratarde pensar. Tuvieron que trabajar mucho
con la cabeza. Hasta que un día una mujer le dijoa otra: “Vecina, me di
cuenta de que usted se quedo sin harina para hacer pan, a mí todavía me
quedan un par de tazas, asi que podemos compartirla”. Uno de los hombres
estaba arreglando su granero que se había quedado sin techo en la tormenta y
otro se acerco y le dijo: “¿ No quiere que le de una mano?, entre dos es más
fácil”. Ahí fue cuando todos miraron el puente sobre el arroyo que la
correntada había hecho de goma hacia como un año y marcharon a
reconstruirlo. Mientras trabajabam se pusieron a considerar las calamidades
que habian estado sufriendo y tuvieron una idea todos juntos: “¿Por qué no
nos ponemos a trabajar para prevenir las épocas de malaria?”. Y bueno, una
cosa trajo la otra; cavaron canales para traer agua, levantaron defensas
contra inundaciones, construyeron un depósito volectivo para almacenar los
cereales. ¿Se acuerdan de la señora de la taza de harina? Tambien ella tuvo
otro pensamiento nuevo, ya a esta altura le venían solos los pensamientos, y
le dijo a la vecina : “¿Y si en vez de hacer pan cada una por su cuenta nos
juntamos y hacemos pan para todos ?”. Ya les dije que tardaban, pero cuando
tenían una idea bien agarrada no se la volteaban ni cincuenta cañonazos.
Cómo se podrán imaginar, a partir de ese momento la vida en el pueblo cambio
totalmente. Mis ancestros instauraron el día del caído en el pozo,
festividad que todavía se celebra con gran pompa y que es una ceremonia
lindisima: delante de una estatua que esta en la plaza y representa al
caminante que les trajo aquella idea, se hace un pozo bien profundo, uno de
los vecinos se tira adentro de cabeza y después entre todos lo ayudan a
salir del agujero.

Encuentro*

En un viaje reciente al pueblo donde viví de chico me detuve en una esquina,
cerca de la estación de trenes, donde todavía resiste una vieja casa de
ladrillos sin revoque y una vez más me vino a la cabeza el nombre de Borges.
En aquella época de mi adolescencia la casa era un almacén que funcionaba
también como boliche y seguramente tenía unas piezas al fondo donde los
paisanos podían alquilar una cama. Ahí, una tarde, mientras pasaba en mi
bicicleta de reparto, vi salir a dos hombres y detenerse bajo el sol y sacar
sus cuchillos.
Yo acababa de llegar al pueblo desde otro continente. Había cruzado el
océano en un barco de emigrantes y en nuestros bultos, entre las escasas
pertenencias, había algunos libros de Emilio Salgari. Me pertenecían y
habían llenado mi infancia de aventuras. durante la travesía, yo sentía que
esas aventuras comenzaban a perfilarse como posibles y parado en la proa del
barco soñaba con una América mítica y confusa donde se mezclaban los indios
sioux, el México legendario, el Amazonas y los Andes. Es probable que,
cuando llegamos, aquél pueblo chato me desilusionara un poco. Lo que
descubrí fueron silenciosos hombres de a caballo y que llevaban cuchillos en
la cintura. El cuchillo era una herramienta de trabajo para los hombres de
campo, pero también servía para dirimir oscuras reyertas en cualquier calle
de las orillas del pueblo. Supe de muchas peleas y algunas habían alcanzado
estatura de leyenda.  Y aquella tarde vi mi propia pelea. Tal vez sentí que
la aventura había llegado por fin a buscarme. También es posible que aquel
enfrentamiento bajo el sol me haya parecido una ceremonia triste. En esos
días apenas masticaba algunas palabras del nuevo idioma y hacía mi
aprendizaje recorriendo las páginas de revistas viejas. Sé que una de las
primeras historias que pude leer entera -o tal vez fue una de las primeras
que me impresionó- trataba de dos hombres que se enfrentaban a cuchillo. El
autor se llamaba Borges. Aquello que había visto meses antes en una esquina
volvía a encontrarlo en las páginas de una revista o de un libro. Este
acercamiento doble, mi experiencia por un lado y las palabras escritas por
otro, ahora asociados, abrían una perspectiva nueva, le conferían al hecho
una importancia que yo todavía no hubiese podido definir, pero cuya magia
comenzaba a seducirme. Tal vez descubrí ahí, sin saberlo, la fascinante
alquimia del traspaso de la realidad a la ficción, la realidad rescatada y
perpetuada en la literatura. Después, mucho después, accedería a los libros
de Borges y volvería a enfrentarme con otros rituales donde la violencia y
un par de hojas afiladas eran los principales protagonistas. Y tal vez pude
especular, igual que otros, con la inútil reflexión de que esa pasión por
los cuchillos, que atraviesan tantas de sus páginas, no sea más que la
manifestación nostálgica de un hombre condenado al hábito de las ideas;
nostalgia por un mundo donde lo que importa es el riesgo y el coraje físico.
Descubriría también que las historias de Borges no estaban hechas sólo de
puñales y hombres que los esgrimían. Su literatura era mucho más que eso y
me deslumbré con sus juegos, su humor, sus laberintos y su inteligencia.
Pero para mí, aquel hallazgo inicial siguió teniendo peso propio. El
recuerdo de los dos hombres parados bajo el sol de una calle de mi
adolescencia irían acompañados siempre por la fuerte resonancia del nombre
de un escritor. Y me remitirían a él tanto o mucho más que las catedrales
elaboradas por su prodigiosa fantasía. Estas cosas sentí en mi última visita
al pueblo, parado frente a aquella vieja esquina. Volví a pensar que ahí
había comenzado efectivamente una aventura y que esa aventura todavía me
acompañaba. Pensé también que esa contraposición o esa alianza entre la
barbarie del cuchillo y la delicadeza del pensamiento se convirtieron
después en una imagen válida para definir la América que descubriría con el
pasar del tiempo.

*Escritos de Antonio Dal Masetto.

La literatura, vana y peligrosa*

*Por Gary Vila Ortiz

En un excelente libro sobre Proust, una antología crítica realizada por el
estudioso español Víctor Gómez Pin, recordaba en alguna de las primeras
páginas que Proust parecía tener la convicción de que la literatura, como
tal, era vana y peligrosa. El comentario del mencionado pensador español
era, me parece, de una lucidez convincente: esa convicción, sin embargo, no
era tal si no que se trataba de un juego de ardides. Para el lector profano
y común que somos, ese libro nos fue necesario para nuestras desprolijas
lecturas de Proust, que fueron como perdidas en la vastedad de dos o tres
bibliotecas que aparecen y desaparecen como en un sueño. Esa memoria
involuntaria que se encuentra en todo Proust, pero sobre todo en dos
episodios de su obra, que suele acosarnos, pero nunca para sacar las
conclusiones y la ejecución de un libro tan poco común y tan persistente
para sus lectores ajenos al estudio sistemático del arte literario. ¿Cuál es
la diferencia de la lectura de Proust por parte de un profano que lo lee y
relee siempre encontrando cosas nuevas que aquella que hace un especialista?
En vano buscamos encontrar una respuesta pero, posiblemente, si encontramos
alguna no debe ser la adecuada. Sabemos que es así y que nuestra lectura de
Proust, como la de otros escritores, no llegará más lejos que adonde ha
llegado. Como consuelo a esa limitación pensamos que, en ocasiones, ese
profano que somos encuentra aquello que el que tiene una preparación
universitaria no puede imaginar que en ese sitio en donde a uno le parece
ver tal movimiento en la escritura, al profesional le parecerá un absurdo.
Y en el caso de Proust (y es cierto que en el de muchos otros) esas lecturas
“periodísticas”, dicho esto en un tono peyorativo, nos deparan más de un
nuevo asombro aun en aquello ya descubierto o ya leído. Proust es (chocolate
por la noticia) siempre sorprendente (de una manera diferente a lo
sorprendente en Borges, en Becket, en Joyce, en Kafka o en Nabokov) pero no
únicamente en su búsqueda del tiempo perdido, ese tiempo que dicho sea de
paso, creo que somos muchos los que buscamos. No a la manera de Proust (su
obra no tiene repetición posible, no tiene discípulo alguno, se lo puede
querer imitar, pero no pasa de un desastre), pero con una intencionalidad
similar, ya que tanto los olores como los sabores, así como la música, ponen
la memoria involuntaria de cada uno, incluso de las memorias que pueden ser
más pobres en experiencias.
El libro de Proust es también una forma de llevarnos al pasado, el libro en
sí, la forma en que fue leído, las páginas y la edición donde lo
descubrimos, el subrayado repetido en distintas ediciones. Las páginas de
Proust producen esa memoria involuntaria. En lo que hace al libro de Gómez
Pin como en otro de Luis Antonio de Villena, titulado justamente “La memoria
involuntaria”, los autores ponen el acento en dos episodios. Gómez se
detiene en algo que ocurrirá en el patio del hotel de Guermantes, que le
evoca el momento aquel de la magdalena pero con un nuevo sentido. Villena
pone el acento en esos instantes en que Proust, al mojar la magdalena en su
té de tila (acaso habría que decir de tilo), regresa al pasado. No recuerdo
qué estudioso de la obra de Proust observaba que, necesariamente, la
magdalena debía estar empapada en el té, pues de otra forma no habría vuelta
al pasado de ninguna manera.
Villena cita a Proust: “Pero cuando nada subsiste ya de un pasado antiguo,
cuando han muerto los seres y se han derrumbado las cosas, solos, más
frágiles, más vivos, más inmateriales, más persistentes y más fieles que
nunca, el olor y el sabor perduran mucho más, y recuerdan y aguardan y
esperan sobre las ruinas de todo y soportan sin doblegarse en su impalpable
gotita el edificio enorme del recuerdo”. ¿Explica eso que la lectura de
párrafos de Proust y de sus comentadores nos lleven por caminos vivenciales
a otros autores?
Ya he dicho que para nosotros los libros juegan el papel de la magdalena
mojada en el té de tila. Acostumbrados desde muy temprano a subrayarlos,
hacerles anotaciones marginales, apuntar los días de sus relecturas, el
recuerdo surge como una vivencia plena de lo repetido y no mera rememoración
de ello. Es así como lo puntualiza Gómez Pin y así lo sentimos.
Tratemos de provocar en nosotros mismos algo así como un intermedio, un como
encerrarse en un paréntesis, y desde ese refugio, un palco cerrado mientras
miramos al “otro mundo” en el escenario, sea cual fuese el otro mundo,
resultado de lo que podríamos llamar la “angustia de las influencias” en el
sentido que le da Harold Bloom. La evocación se encuentra encadenada a datos
que, acaso, sean meramente circunstanciales pero que perduran en la memoria.
La memoria involuntaria, que se instala en nuestro pensar a partir de
Proust, suele caminar por lugares insólitos, que pueden o no estar cercanos
a Proust. Más aún, nos obliga a la búsqueda de libros, algunos que tenemos y
otros que no, a escuchar músicas que ignoramos, que relación tienen con
Proust (en realidad creo que ninguna), incluso a mirar films que nos parecen
regresarnos a un, para nosotros, antiquísimo comedor de campo, iluminado por
un farol de noche en el medio de la mesa para más de diez personas, volvemos
al olor de una sopa a la que los argentinos le pusieron el nombre de un
presidente brasilero que nos visitó, creo que para el tiempo del Centenario.
Mi tía Elena la preparaba de una manera fenomenal: era una sopa de arroz,
bien espesa, con gallina y otras yerbas que no recuerdo (y mi memoria me las
oculta) y era realmente deliciosa.
Pero es evidente que este recuerdo casi campero, o campero a secas, nada
tiene que ver con aquella magdalena cuyo sabor, siempre mojada en té de
tila, produjo una de las novelas más singulares del siglo veinte y una obra,
por cierto, que en muchos de sus aspectos nunca ha sido superada.

*Fuente: Rosario-12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-14659-2008-08-07.html

*

“Abre los ojos”

Son imposibles
son incapaces
son fugaces.

Tus malos entendidos son un estorbo,
quizás solo malgastando el tiempo,
para terminar por concluir: esta mujer está loca.

Limpieza general me pide a gritos
el escondido corazón.
Y yo tratando de pensar…
para elegir qué hacer.

Y tu imagen es un glaciar mas que un reflejo.

Son invatibles
son inalcanzables
Impenetrable, es la sensación.

Ya no te pido
ya no te espero
hace tiempo no te creo.

El agua se volvió desierto,
ya no te creo.

Y esto te lo iba a dar,
pero ya no te espero.

Y aunque quiera que lo escuches,
ya no te quiero.

Puede ser tan corto el espiral
y tan poco tierno.
Todo lo que quedó atrás,
se lo lleva el viento.
Y no es tiempo de echar culpas
ni de falsos lamentos.

Se dijo Basta hace mucho tiempo.

*de Julia Irigoitia. juliados@hotmail.com

Para ver desde el zeppelín*

-Texto del año 2003-

1.

Pienso en  promesas incumplidas. Ahí están las palabras incrustadas en el
alma, hundidas en el muro, llevadas para siempre adentro. Las promesas
imposibles de cumplir, deuda eterna con quien ya no esta. Y, las otras que
abren futuro como los cielos libres y un batido alto de alas. Remontamos un
barrilete en el polideportivo de la escuela de Franco, es una tarde fría y
oscura, gélida, nuestro barrilete hace papelones, sube breve y se desmorona,
ninguna teoría logra que permanezca en los aires. Hemos llevado varios
modelos, ninguno funciona, lo siento como una derrota, o quizá como un
anticipo de otras derrotas que la vida le inflige a la ilusión. A los chicos
no les importa, corren, se cuelgan del hilo del que si sobrevive al viento
huracanado, comparten, festejan las caídas de los barriletes. No funcionan
los tiros, la cola de tela es muy pesada, el último cae. Invierno terrible
aquel, con malas noticias sobre la salud del Nono.
Mi hijo observa, no le importa mi frustración de fabricante de cometas y
así, sin aviso, me pregunta:      - me vas a llevar a conocer el pueblo del
Nono?
El pueblo del Nono esta en Italia, y se llama Paterno Di Lucania, para ser
más precisos. Lo abrazo fuerte y él escucha bien mi respuesta:  -si hijo, te
voy a llevar…

2.

Silvano D’Orba. El tío abuelo Pascual, se siente muy viejo y sin
descendencia, decide dejar instrucciones para el después de su muerte.
Piensa en su hermana mayor ya fallecida, con dos hijos y dos nietos, En su
hermano menor, Juan, tres hijos profesionales, nietos y bisnietos. Pascual
ordena en su testamento que mientras esa casa exista este disponible una
habitación lista para recibir a los descendientes de sus hermanos que
lleguen desde la Argentina. El los espera, ahora o en un futuro indefinido,
confía, quiere que ninguna puerta se cierre después de su partida.

3.

Silvana escribe las cartas de su madre a su tío en la Argentina, cuando él
partió ella no había nacido, solo quedan las fotos, algunas anécdotas, el
relato de su madre y de la abuela sobre la partida: primero llegar con ese
enorme bolso hasta la estación de trenes de Marsiconuovo, La letorina va
repleta y muchos también van a Napoli para embarcarse a América. Muchos
chistes y risas cubren las sensaciones de dolor que no tienen cabida. No es
la primera generación que viaja a la Argentina, la tía abuela con su familia
ya están allí desde 1927, cuando el tío cumplió 4 años y crecía fuerte
tomando leche de cabras y comiendo sopressatta. Escribió una nueva carta, y
sale a ver el cielo, sueña el avión que nunca partirá.
Pero ella escribe sin parar, una carta por cada peca de su rostro pelirrojo,
no solo a la Argentina, el leer y escribir en varios idiomas la hace sentir
ciudadana de un mundo más cercano, con amigos que escriben en francés,
inglés, portugués, y hasta en chino, el último de los idiomas que aprendió a
traducir.
Sueña abrazos de primera vez, reencuentros esperados en cada carta de
promesas abiertas. Llegará ese día..?

4.

Mario ya compro los pasajes en avión, el se siente italiano como sus padres,
quiere vivir de la escritura, trabajar de corrector o de guionista en la
industria del cine. Su amigo Manuel ya partió hace un par de años a probar
suerte en Italia con una beca. Todavía están frescos los años en que se
escapaban de la escuela secundaria para ir al cine a deslumbrarse de
Hollywood. Manuel le dice en la penumbra del cine, que pegara palabra tras
palabra como en los hilos de araña hasta llegar a escritor respetado. En la
pantalla ella espera del otro lado de sus ojos. Rita Hayworth, es la araña
que espera del otro lado de su mirada trampa. Mario y Manuel, sienten lo
mismo, esta realidad como los halagos comunes de las parejas son cadenas que
atan para no dejar crecer. Y, como el cuerpo y otros designios debe ser
destruido, para ser re-escrito de otro modo.
Unos días antes de partir, llega la sobrina de Manuela para almorzar. Es un
jueves, el día de la semana que esta destinado a almorzar con visitas, ella
se sienta en el mismo lugar donde se sentó Manuel muchas veces antes, esta
embarazada y pasea su dicha por la casa de las tías. De golpe, se hizo un
silencio largo, de esos que piden respuesta. Mario, la miro, le dijo que
tendría un hijo varón. -Ya lo veré a la vuelta de Roma.

5.

A quienes llevo a viajar, por mis viajes en la vida. Quien de ellos quiere
despertar de su letargo, invitarme a volar de palabras, a que destino real
llevarlos a todos. Azar de azares. Podré ir al pueblo de mi padre con mi
hijo crecido algún día?.
Cuantos destinos hay, en las promesas implícitas del pasado, en los aires
que se viajan como una boca del infinito, ni mar ni cielo, a la altura justa
de los ideales que no pueden descender.

6.

1928, mi madre esta en la panza, casi a punto de nacer. La abuela no sabe
leer y escucha asombrada las noticias que le lee en voz alta su hermano
Joany sobre la partida del Graf Zeppelin. Se sostiene la panza sentada
debajo de la parra en Turdera. Hay detalles: tiene 235 metros de largo y una
capacidad de 105 millones de litros. Al futuro le resta escribir mucho
todavía: dará la vuelta al mundo con escalas en Tokio, Los Angeles y
Lakehurst, Nueva Jersey. Cruzará el océano Atlántico hacia América del Norte
o del sur 139 veces, volará  1.600.000 Km. en sus 9 años de funcionamiento.
Pero, cuando el Graf llego a Buenos Aires, en 1934, la pequeña ya quería
partir con su propio bolsito al hombro, quizá a buscar a su padre Fernando
que se “había ido con otra”, ya se había ganado varios apodos: Shirley, por
los rulos, y el que le quedaría durante muchos años: La Nena.

7.

El gorrión picotea rápido el pedazo de tostada del otro lado del vidrio,
mientras acá adentro observo al gato durmiendo sobre la colcha de mi cama y
pienso en esos artefactos más livianos que el aire, en los cuales vamos a
viajar sin alas, más alto que las aves migratorias. Salgo a recorrer las
cosas y los recuerdos, apenas un inventario de las cosas que desatan
recuerdos que merecen ser escritos: está el zeppelín de mi hijo, mi viejo lo
trajo de la fábrica Láctea donde se jubilo después de 25 años. Fue a ver a
sus antiguos compañeros, quedaban muy pocos, la mayoría ya jubilados. El
delegado, sigue allí, no lo pueden echar por los fueros gremiales. Le
regalaron el zeppelín, es para el nene me dice, también una canasta con
productos de la marca. Esta casi desinflado, el nene lo uso mucho en la
bañera, para el era una ballena que lo llevaba a navegar, lejos, muy
lejos….

8.

Es cierto¡¡¡¡, si lo observo con ojos de niño, por que no puede ser una
ballena?, solo dibujarle la boca y los ojos de profunda sabiduría. Hasta
tiene las aletas. En realidad es la versión pequeña de un zeppelín
publicitario que atravesó los aires, se notan los colores y la marca “La
Serenísima. La verdad Láctea” a lo largo del dirigible y abajo en la
góndola, donde viajan tripulación y pasajeros. Vuelvo a mirar y se me ocurre
que tengo el nombre justo para bautizar a nuestro primer zeppelín, se
llamará: Moby.
Será Moby por la ballena del capitán Ahab, por su obstinación, por su
secreta firmeza en seguir.

9.

Veo las nubes altas del atardecer con cierta ansiedad, veo formas de los
zeppelines en esas nubes lejanas. Pienso desde ya, en esa aventura de
descubrirnos en viaje, de aprender a vernos adentro, viendo alto, con cierta
distancia las cosas, la geografía social. . En aquella nube puedo ver a
Julie Andrews. Su belleza eterna de Mary Poppins, con su paraguas todavía
cerrado, bien clavado en el suelo nube, esperando con su mejor sonrisa,
mientras imagino soñados y míticos reencuentros en el aire.

*De Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@hotmail.com

*

Queridas amigas, apreciados amigos:

El domingo 10 de agosto del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg
(107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro
programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor
mexicano Armando Luna Ponce. Las poesías que leeremos pertenecen a Elena
Fassio (Argentina) y la música de fondo será de Jorge “Lobito” Martínez
(Paraguay). ¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar
online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede
bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia
horaria con Austria!!!!

REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se
repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en
la Radiofabrik de Salzburgo! Cordial saludo!
YAGE, Verein für lat. Kunst,

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schießstattstr. 44  A-5020 Salzburg  AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067

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Posted by URBANOPOWELL at 22:51:58
Comments

One Response to “COMO EN UNA POSTAL…”

  1. drivers tag says:

    This is really a nice blog,i always come here and read the articles

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