Tuesday | September 18, 2007

POR EL FILO DE UNA NAVAJA...


La madeja*



Si te pienso
pobrecito
continente trágico
pasto de villanos
pisoteado en los huesos
esquilmado
mucho moco
sudor y sangre
no encuentro salida
para los ojitos
que te miran
por primera vez
los que escucharon
 la danza de tu Pachamama
ya desde el vientre

Si tierra sufriente
pero siempre
                 esperanzada
pongo una golosina en las bocas
de los corazones deseosos
de aprehenderte

Si digo
en ronda de amigos
que te sueño
desde mi infancia
cuna de esa edad dorada
porvenir sagrado
extensión  de riquezas
de los cuatro reinos...
Libera su llanto mi madre
de tremenda emoción
desde su telar de oraciones
y los elementos de la naturaleza
convocados por su vehemencia
juegan en rondas
alrededor de tantos temores e
 injusticia.

Si
Te realizo
qué  ánima no descubriré en ti.


*de Victor M. Falco  vittoriofa9@hotmail.com






Por el filo de una navaja...




Mierdas*


 
Hay una foto suya, la que ocupa la primera plana de la última muestra anual de fotoperiodismo argentino, en que se lo ve entrando a la comisaría 5ta. de la ciudad de la Plata, centro donde estuvo detenido durante la dictadura. Tiene puesta la boina, algo torcida hacia un costado. Por debajo de la boina, a los costados, se le escapa algo de su pelo gris, en forma de patilla, sobre las orejas. Tiene la mirada lúcida, los ojos abiertos, muy despiertos. Y levanta un brazo, señala algo que no vemos, que no se ve, por encima de un uniformado de la bonaerense que lo mira de frente y al que le vemos sólo la nuca. A Lopez se lo ve entonado, seguro, algo así como "yo estuve acá, muchachos, los que me metieron picana, a mi y a los otros, de día y de noche, con saña, se llaman así y asá, se paseaban por este pasillo; esa era mi celda, ahí me meaba y me cagaba, acá estaba detenido tal o cual, etc.".
Se lo ve entero, con la verdad puesta de su lado. Con todos nosotros paraditos y paraditas detrás de él.
Hay una imagen viva de Lopez, cuando se sienta frente al letrado de los tres jueces que están para juzgar al ex jefe de investigaciones de la Policía bonaerense, Miguel Etchecolatz. Lopez tiene puesta la boina y un pulóver rojo, grueso. Le hacen la pregunta de rigor, aquello de si jura decir la verdad, y
nada más que la verdad, con la mano en la constitución. Lopez dice que si, que está esperando ese momento desde hace treinta años, de que tenía diecinueve y se lo llevaron una noche, en las sombras, porque los cagones te llevaban cuando todo el mundo dormía, cuando nadie veía nada, que está esperando ese momento desde que le cambiaron la vida tanta tortura, tanta mierda, tanta locura, que está esperando ese momento por él, por todos los que se llevaron, por su familia. Y toma asiento. Detrás de él, sentadas, en silencio, algunas tomadas de los brazos, enteras como un dique de piedra que aguanta sobre sus espaldas un océano entero, hay algunas madres, sus pañuelos blancos, sus arrugas. Lopez
habla un poco trabado, tiene los músculos de la cara tensos, los ojos bien chiquitos, el micrófono a sólo unos centímetros de su cara. Y hace memoria, cuenta, denuncia, da nombres, lugares, fechas; brinda el testimonio más relevante del histórico juicio que se le hace a una de las figuras más nefastas de la dictadura, una mierda que, cuando le tocó hablar, porque él si tuvo derecho a decir lo suyo, a defenderse, dirigiéndose al tribunal, con la cara avejentada, la boca chiquita, cerrada, el pelo blanco como el de su victima, les dijo que no eran ellos, los jueces, quienes lo iban a juzgar, sino el que está
arriba, y señaló con un dedo hacia el techo, el todopoderoso, aclaró, el Dios cristiano, el que nos bendijo mientras masacrábamos a una generación entera de chicos y chicas.

Cada vez que lo veo a Lopez, me cruzo con su imagen, si está en moviendo más aún, se me hace un nudo en la garganta, se me endurecen las pantorrillas, los muslos, la panza, el orto. Me parte al medio pensarlo a Lopez, un obrero, un trabajador, un peón, un militante de base, poco formado, padre de familia, un
jubilado, un hombre que hace poco le pasó a un amigo una serie de papeles escritos a mano, de su propia mano, con toda su pesadilla, de punta a punta, palabras, dibujos, garabatos, denuncias, enunciados, deseos, un hombre que creyó en la justicia, en sus resortes, en sus fundamentos, en su legalidad, y que
se animó a testimoniar, a romper el silencio, a batallar contra sus propios fantasmas, a compartir una sala con la bestia, la mierda, la monstruosidad.
Lopez es un ejemplo. Lopez hizo historia. Y por eso se lo llevaron. Para hacernos mierda de nuevo, para meternos en el ojete la historia que se venía -viene- dando vuelta, para hacernos retroceder en el tiempo treinta años,  para que el miedo, el terror y la desesperación nos enfermen la cabeza de nuevo.
Y lo lograron. Los hijos de mil puta lo lograron. Porque estamos todos con un odio padre que nos asfixia, que nos humedece los ojos. Porque nos la dieron de nuevo. Y peor, aún, que la primera vez. Duele más ahora. Julio Lopez nos mata.
Pero seguimos, como siempre, como se hizo desde el vamos, desde el momento que las madres fueron las madres. Y hoy somos miles, los que estamos atravesados por la historia y los que no también. Y no nos van a poder parar. Ya está. La  pelea por la verdad la ganamos nosotros. Hasta el Estado tomó un nuevo rol, el de no dejar prescriptos los delitos de lesa humanidad que se cometieron en nuestro país; hasta perdón, nos pidieron a los argentinos y argentinas, por aquellas atrocidades.
Pobre Lopez. Un tipo así debería haberse cuidado como si fuese una perla, un diamante en cuyas paredes de cristal se pudiese leer, captar, trazar, como país, como nación, el camino a seguir, aquello de la memoria, la verdad y la  justicia.
Un ejemplo de dignidad, de valor, de pelotas bien puestas.

Que hijos de mil putas.

¿Hasta cuando van a andar entre nosotros?



*de Mariano Abrevaya Dios MAbrevayaDios@plussistemas.com.ar
 18/09/2007







LA ÚLTIMA INOCENCIA*



Partir
en cuerpo y alma
partir.

Partir
deshacerse de las miradas
piedras opresoras
que duermen en la garganta.

He de partir
no más inercia bajo el sol
no más sangre anonadada
no más fila para morir.

He de partir

Pero arremete ¡viajera!




*de Alejandra Pizarnik.
-Fuente: http://amediavoz.com/pizarnik.htm








Historia de una locura*

 
*por Julio Pino Miyar.  isla_59_1999@yahoo.com


"(.) alucinaba a Santa Eulalia la de los pies lascivos; no se bañaba hacía meses, e iba adquiriendo
una peste apropiada de esquizofrénico tipo místico y se imaginaba a sí mismo en una peregrinación hacia
Santiago de Compostela".
Memorias del Sanatorio.  Héctor R. Vallés



  Vallés, autor puertorriqueño de la novela "Memorias del Sanatorio", me comentó, a partir de algunas
indagaciones mías en las razones de su obra, que Sartre, el filósofo existencialista francés, había
escrito que el músico austriaco, de la segunda mitad del siglo XVIII, Amadeus Mozart,  era el último gran talento que fue feliz.
 Con la psiquiatría contemporánea el problema de la infelicidad humana se ha reducido a un concepto
médico, que supone la búsqueda de una etiología del mal  y de una profilaxis del bien que debe aliviar al
enfermo, aligerar la pesada carga de sus días. Para paliar las circunstancias humanas de la alienación han
aparecido alienígenas, provistos de un determinado saber e instrumentando una tecnología, los cuales
tratan un problema capital que las filosofías y las religiones vienen tratando e identificando desde
milenios.
 Es el llamado mal de la melancolía. "El mal del siglo". Así se le llamó en el siglo XIX donde estuvo
de moda ser triste, como sentirse un completo escéptico ante las propuestas que nos hace a diario la
vida. El problema era entonces abordado especulativamente por los literatos, los filósofos,
por el pensamiento humanista; devenía, el concepto de infelicidad, en un rasgo sustancial del carácter de
ciertos hombres y mujeres sensibles; predestinados a no ser comprendidos por su tiempo; marginados, en su altruismo, por esa "magia burguesa", funcionalista y eficiente (creadora de una nueva escala de valores) que comenzó, poco a  poco,  a  imperar en todas partes.
 El espacio literalmente concebido para la marginación social, donde se han visto alojados, por el vértigo de la nueva época, el hombre y la mujer melancólicos, el pensamiento y el comportamiento inusual, fue sufriendo las modificaciones que el desarrollo de la ciencia le propició. El pensamiento burgués de nuestro tiempo, debido a su connotación utilitarista y pragmática, comenzó rápidamente a subvertir el otrora fundamento existencial de la infelicidad humana y la justificación ética del fracaso romántico ante la vida, para parcelarlo, como máxima contribución científica, en las celdillas de los nuevos hallazgos de la farmacopea y las más recientes definiciones médicas. El concepto mismo de enfermedad ha perdido con esto su dimensión simbólica, alegórica, metafórica que fuera la manera en que el profesor de Viena, creador del psicoanálisis, Sigmund Freud concibiera los males de la mente, como complejos culturales expresados filogenéticamente en las relaciones internas (sociales y psicológicas) de la familia
humana.
Los nuevos paradigmas científicos y psiquiátricos ya no son los complejos psicológicos, fundamentados
culturalmente por el teatro trágico griego de los clásicos Esquilo y Sófocles (el complejo de Edipo, el
complejo de Electra etcétera) sino los nuevos descubrimientos del comportamiento bioquímico del
cerebro y la química terapéutica. O sea, para decirlo filosóficamente, las enfermedades, incluyendo las
psiquiátricas, tienen, en la nueva concepción, un basamento esencialmente empírico.  Se llega con esto a
la creación de un paradigma biológico, en consenso, para la comprensión y el tratamiento de todas las
enfermedades humanas, incluyendo la infelicidad; el comportamiento anómalo y lo que se conoce
contemporáneamente como locura, la esquizofrenia.
La novela "Memorias del Sanatorio" narra la historia de personajes "sedados" por los  neurolépticos. Es
como un largo discurso exteriorizado que nos lleva de la mano por escenarios cosmopolitas, los cuales se
ubican, indistintamente, en Miami Beach, Nueva York, Madrid y Puerto Rico. La entiendo como un texto
pautado por frecuentes ironías, humor blanco y negro, curiosos rejuegos intelectuales y dolorosos sarcasmos, que han logrado hacer del lenguaje, con el que fue escrita, el personaje principal de la pieza literaria.
Creo que me encuentro ante una obra concebida desde el placer y para el placer; un texto construido por la fiebre hedonista de quien  manejó, desde el principio hasta el final, la enorme pulsión de su escritura. Un singular autor que buscó siempre conjurar  los demonios que asaltaban su precaria paz, según parece, a alto precio conseguida.
"Memorias." es una literatura compuesta de la manera en que el Marques de Sade quería que se escribieran todos los textos: desde la compulsión del Deseo. La novela es así la secreción que comienza en la primera línea, al modo de una agotadora, y prolongada en el tiempo, masturbación genesíaca. Concebida, luego del clímax definitivo, para el nacimiento originario de una literatura; una acaba expresión que deja, sobre el papel en blanco, la huella seminal de noches infernales, pero, también, de la esperanza intuida a la luz de una escritura al fin verificada.
A partir de lo antes dicho podríamos llegar a plantear un fundamento biológico, vitalista de la literatura y el arte. Mas, lo que sucede, es que tanto el arte como el pensamiento son también entidades socio históricas, sometidas, por tanto, a los procesos temporales del cambio, las mutaciones y las necesidades materiales. Y del mismo modo que las enfermedades del cuerpo y de la mente no deben ser aisladas para su interpretación del contexto histórico y social (psicológico y familiar) en que se producen, el testimonio de nuestras anomalías espirituales, de nuestras más obscuras pulsiones y símbolos, poseen un contexto objetivo sobre el cual se verifican y sobre el cual se expresan literariamente.
 El libro del filósofo francés Michel Foucault "Historia de la locura en la época   clásica" narra la
 historicidad de la relación médico - paciente  y las implicaciones socio culturales que esta relación tiene dentro de la teoría del conocimiento. Una relación, pudiéramos añadir, que se vuelve histórica porque es esencialmente hija de un complejo proceso material y humano. Que, por tanto, evita el conocimiento médico como formulación absoluta, al modo de una mediación, de raíz teológica, en la que la ciencia descendería al individuo por medio del chaman moderno, el médico, y su brujería, el domino técnico.
 Pienso que Puerto Rico, refiriéndome al caso literario de Vallés, es un contexto cultural sumamente ubicuo por su doble carácter de semi nación isleña y nación desarraigada en los predios del Norte.
Por eso es que opino que toda experiencia médica debería valorar el factor socio cultural (existencial)
del paciente y entender al conocimiento científico como un devenir, jamás como una teoría desligada de un proceso real en constante formación. El conocimiento es una producción donde se implica todo, hubiera dicho Carlos Marx. Por ello el paciente no es sólo el objeto de un conocimiento (el psiquiátrico) es también coautor, sujeto actuante, dialécticamente hablando, de ese conocimiento.
 Tal vez sea mejor sentirse de un modo en el que no se entienda nada humano que no sea producto de la
historia. Lo más importante de la historia es su relativismo, su valor práctico y vivencial. La
historia está viva y el conocimiento científico incurre a veces en el error de convertirse en el suelo
de una demarcación muerta, obscura, reticente, ajena al individuo, quien, en cierto sentido, lo es todo.
 Recientemente Vallés me decía textualmente: "La novela "Memorias." es, como vista y bien vista por ti,
y el discurso, del cual yo y mi historia somos la fuente, como un personaje de los montes de Lares o
Naranjito (Puerto Rico) que trata de escribir, quizás como Pierre Menard, el Quijote".
 Todos los que han leído con atención el Quijote pudieron percibir que la obra sucede en un espacio
geográfico muy bien definido, connotado por una diáfana ubicación localista: el pueblo del Toboso, la
región de La Mancha etcétera. Lares y Naranjito son, a su vez, localidades puertorriqueñas bien localizadas, las cuales, en su persistente latencia cultural, pueden auspiciar una expresión artística y literaria de distinto rango. Lo mismo puede decirse del Nueva York boricua o del Miami esencialmente latino, comprendidos como proyectos sociales donde opera el fenómeno histórico de la transculturación; las lentas simbiosis de culturas y hábitos.
"Pierre Menard", citado más arriba por Vallés, debo aclarar, fue un personaje literario del siglo XX
creado por el escritor argentino Jorge Luís Borges que, según él, copió, página por página, palabra por
palabra, el Quijote de Cervantes en el idioma francés y lo firmó con su nombre.
Don Quijote es el clásico moderno que sacude hasta el tuétano nuestra sensibilidad de escritor. "Pierre
Menard" es el gran loco que se propone la gran obra: estudiar, con tal profundidad la época cervantina, que el hallazgo en sus archivos de una copia tautológica, sometida a ligeras variaciones (su reescritura en francés del siglo XX) se convierte en la prueba más audaz de su originalidad de espíritu.
El personaje del escritor psicópata, interpretado por Jack Nicholson en el filme de 1980 "The Shining" del director Stanley Kubrick, narra un caso parecido de rememoración tautológica: construye un libro de cientos de páginas que se compone de una sola oración, miles de veces repetida.
El arte conceptual ha sido pródigo en alardes como éste: el pintor Marcel Duchamp lo llevó a cabo con la reposición pictórica de la "Gioconda" de Leonardo da Vinci. Pero, esta vez sometida a pequeñas variaciones, un mostacho, una perilla y esta notable inscripción: "Ella tiene el culito caliente." Creo con énfasis que desde el Marques de Sade y Joyce en literatura, Duchamp, en la historia de la pintura, todas nuestras adorables majas deben tener el "culito" en semejantes condiciones. Incluyendo en esto a los personajes femeninos de Héctor Vallés: Santa Eulalia, la de "los seductores pies lascivos"; que más que un personaje literario cobra en Vallés la fuerza irruptora de una invocación, colmada de simpáticos apuntes y excelentes paralelismos religiosos.
La persistencia humana en modelos de conducta absurdamente repetitivos, pueden poner en evidencia un
pensamiento anómalo. Pero cuando es la época que se vuelve tautológica, cuando sobre el tapete de las
teorías literarias se  realiza la propuesta de reinscribir una antigua obra clásica (el Quijote, La
Divina Comedia, La Ilíada) en las sociedades  de los siglos XX, XXI lo que estamos haciendo es reabriendo una problemática histórica, la cual, en su momento, pudo quedar inconclusa. Es también como si viviéramos una situación de agotamiento psicológico generalizado, donde los antiguos textos, nuevamente reescritos, sometidos a modernas variaciones de significado, vendrían a reavivar nuestra lánguida memoria cultural.
No quiero quitarle al lector el placer de leer un breve párrafo de "Memorias del Sanatorio":
"Crucé ríos y llegué a islas. Alertagado, en aquella duermevela, sufrí el terror de mis días. Vi a los
monos amolando los cuchillos aquella noche. Yo enjaulado, esperando la decapitación que ahora se me
avecina, treinta años después entre los abrojos. Los jueyes reptando detrás del sanatorio encayado. Mary se lo tomaba de lo más bien. Alegaba que como Juana de Arco se encontraría con Cristo de un momento a otro. Más allá de la luna sangrienta".
Luego el propio Vallés me vuelve a comentar: "He leído partes del libro que mencionas de Foucault.
Al inglés creo que fue traducido como "Madness and Civilization". Sin embargo, lo que trato de hacer a mi manera portorra es "La Montaña Mágica", es decir, la de la esquizofrenia. Una curiosa tuberculosis. ¿No te parece?"
Una de las cosas que se ha vuelto privilegio de la locura, en una época esencialmente prosaica, es la
autenticidad del espíritu romántico. "La Montaña Mágica" de Thomas Mann, es la gran novela romántica
del siglo XX. Sus personajes se mueven dentro del gran conflicto existencial desatado en Europa por la
Primera  Guerra Mundial. Dos de sus protagonistas reflejan los polos de una fuerte contradicción
cultural: Nafta, el miembro de la organización religiosa de los Jesuitas, prosélito de una
cosmovisión cultural partidaria del totalitarismo de Estado y la dogmática espiritual; Septembrini, el
ideólogo de los derechos del hombre y de una sociedad económica liberal. Si nos fijamos con detenimiento, veremos que esta contradicción permaneció, con sus epicentros ideológicos,  a todo lo largo del siglo XX: liberalismo, fascismo, comunismo, social democracia y neoliberalismo.
En "La Montaña Mágica" veremos a hombres, colocados bajo un foco de luz, disertando sobre su tiempo;
especulando sobre el sentido de la época en tinieblas y a la enfermedad de la tuberculosis devenida en
símbolo cultural en la cima de una montaña. En "Memorias del Sanatorio" veremos agonizar todos los
discursos y una descentralización extemporánea de la personalidad humana, colocada bajo la supervisión de una totalidad médica y financiera, legitimada por los más avanzados descubrimientos neuroquímicos.  Mann, en su espanto, podía tener aun la pretensión de explicar a su tiempo; "Memoria.", en su desconcierto, se vuelve incapaz de aportar una explicación válida. La tuberculosis amenaza al cuerpo y templa al espíritu. La locura, por su lado, amenaza a  la mente y disocia al espíritu. Ambos, y es lo que tienen en común, son, a su manera, males epidémicos que nos corroen desde abajo, poniendo a prueba la naturaleza de nuestro ser.
Sin embargo, Foucault escribió que el Quijote, como el loco, era el hombre de las semejanzas perdidas que se propone un nuevo orden cultural; un nuevo sistema de relaciones interhumanas fundada en la pasión por las analogías. Un nuevo mundo inscrito sobre la tierra como una reactivación moral del trabajo y su sentido social, y, una religión, de raíz ecológica, pueden indicar al paraíso perdido, hasta ahora sólo entregado en simbólico usufructo al genio romántico, que, como el loco, lo conserva como su más preciado tesoro.
Por ese camino es que se podría explicar especulativamente las razones de "Memorias." La razón
de la sinrazón, que con razón le afecta; la sensibilidad asediada, puesta en la picota por la
razón estereotipada de la ciencia. Cuando Freud habló del "malestar de la cultura" implicó directamente
cosas como estas. Hay algo en nuestra civilización que estamos haciendo muy mal. Hay algo en la locura que nos apunta hacia una claridad de sentido. Pero, por el momento, a los locos sólo los salva la poesía. La
novela de Vallés pudo ser también una forma de poetizar sobre el significado de la vida. No lo es
exactamente. Hay demasiada desolación en esas páginas.
Una poética, no obstante, construida a la manera en que la pintura de los románticos del siglo XVIII,
William Turner y John Constable, reflejaba los paisajes de la vieja Inglaterra. Hay mucho de óleo con
colores y manchas difumadas, de siluetas humanas emborronadas por el corrimiento del pincel, en los
tranquilos atardeceres de todos los sanatorios del mundo. Muy bien lo sabe el autor de estas memorias. En las avenidas de los álamos donde suele batir la brisa, que el alienado percibe, y en la que refresca su
agobiada existencia, puesta siempre en duda por otros; acorralada por tantos. Los verdaderos locos son los que se salvan de sí mismos gracias a la belleza del mundo y por el bien interior que suele habitar en la belleza. La inopia de los días sólo los hace pensar en madrugar.
Una de las mejores cosas de la novela es la centralización de la voz narrativa como coautora del
libro y del mundo que examina, como si en ello quisiera implicarlo todo.  Es decir, como un meta
discurso que busca operar sobre lo humano y lo divino.
La agonía del loco se vuelve entonces la agonía por el tiempo que se le escapa para  emprender con éxito la gran tarea. ¿Qué hacer con el tiempo? Cómo poder escapar a la ansiedad depositada en la garganta, si
no es con un uso verdaderamente humano del tiempo.
Intentar una respuesta existencial, en la que esté en juego cuanto se cree, cuanto se espera, es la metáfora del hombre que, lleno de penas, se mueve sobre el hilo delgado de la vida y a quien un poeta árabe infaliblemente le recuerda: "Caminar el camino de tu salvación personal te será tan difícil como caminar por el filo de una navaja".
Creo que es exactamente así. Las páginas del libro de Héctor R. Vallés me lo confirman.







MENDIGA VOZ*


Y aún me atrevo a amar
el sonido de la luz en una hora muerta,
el color del tiempo en un muro abandonado.

En mi mirada lo he perdido todo.
Es tan lejos pedir. Tan cerca saber que no hay.




*de Alejandra Pizarnik.
-Fuente: http://amediavoz.com/pizarnik.htm




 

 
*



Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a rastrear noticias y reescribirlas en clave poética y literaria. Cuando menciono noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el corazón. Que nos parten el alma en pedacitos. A las que expresan mejor y más claramente la injusticia social.  El mecanismo de participación es relativamente simple. Primero seleccionar la noticia con texto completo y fuente. (indispensable) y luego reescribirla literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve (alrededor de 2000 caracteres).

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Sunday | September 16, 2007

A LO LARGO DEL TIEMPO INABARCABLE

Ruptura*
 



Rompo la puerta
que me enmudece
y me olvida.
 
Rompo la cuerda
el lazo
y el poste que lo sostiene.
 
Rompo el rayo
que alumbra
cuando apetece.
 
Rompo la fe
y las imágenes.
 
Rompo el reloj.

 

*de Miguel Crispín Sotomayor. arcomar@cubarte.cult.cu
(Cuba) -del poemario en preparación “En la Redondez del Tiempo”






A lo largo del tiempo inabarcable...






  LA FIESTA DEL CACHO*

 

    Gente habrá habituada a las reuniones donde la gente es mucha y variada, y la comida se esparce sobre las mesas y todos hablan a los gritos para hacerse escuchar por el vecino. Habrá gentes que tengan por costumbre compartir el vino y la alegría, gente que no halle extraordinario que un hombre festeje sus sesenta años con su esposa y su hijo y sus nietos y muchos amigos.
    Pero como yo encuentro estos eventos como algo maravilloso, como una interrupción a la ferocidad de los días; como yo hallo que tener muchos amigos amorosos no es algo habitual o indigno de mención, como no tengo por costumbre escuchar a un hijo cantar una zamba con la letra de su padre, como no me es cotidiano ni ordinario, entonces tengo que poner en letras la emoción de una reunión donde el homenajeado es el homenajeado, donde es posible cantar o berrear al unísono los viejos temas y donde la bendición se derrama mientras afuera el cielo rosado se cae de a poquito en garúa, mientras los árboles recortan sombras delicadas sobre la luz difusa.
    Y tanta soledad en ese afuera y tanta calidez en ese adentro que podría decirse sin miedo a la cursilería que es la concavidad que hace posible la continuidad de la vida. Porque en ese momento cada uno es cada uno y está vivo y se define allí como ser humano y como pertenencia. Aunque sea por un rato.
    Los hijos y nietos, la niñez ajena y a la vez atenta a la reunión de padres e hijos, ajena y observadora de las sonrisas y del entusiasmo por las viejas canciones y las viejas amistades, y los nuevos encuentros. Vaya regalo, vaya enseñanza a la niñez que ve con ojos grandes y oídos sin tapón, y aprende la lección que nadie da y todos imparten.
    Nilda Godoy cantará con voz exquisita, afinada hasta que duele, y todos harán silencio de pronto, congelados por la canción sin autor, antigua y simple, una de esas canciones de amor con la sencillez de lo que no tiene artificio.
    Como hombre Oscar Agú abraza a sus compañeros de ruta, los de siempre, los de hace poco, los que se van uniendo en su camino que sigue una dirección y va abriendo senderos en la maleza de los días. Como padre y abuelo, como esposo y como ser desvalido frente a una hija demasiado lejos pero tan cercana al centro del ser. Como amigo.
    Como amigo el Cacho, feliz y vital, sonriendo generosamente mientras afuera rosado y luminoso el cielo se deslee en una puntilla evanescente.
    Si los lugares tienen un alma, seguramente cada tanto, a lo largo del tiempo inabarcable, se escucharán en ese salón las risas guardadas por las paredes celosas de lo extraordinario que, de vez en vez, doy fe de ello, ocurre.


                                                      
*de Mónica Russomanno.  russomannomonica@hotmail.com 









Haciendo malabares para no caer*




*por Beatriz Sarlo bsarlo@viva.clarin.com.ar



Sobre el andén, un chico practica en soledad algunos trucos simples de malabarismo con tres pelotas de cuerina, una roja, una azul, una verde.
Recuerda un arlequín de Picasso, con su cara triste, el cuello largo y los hombros estrechos; lleva, sin embargo, ropa deportiva oscura, no esos colores apastelados, esos celestes y grises y rosas de los arlequines picassianos. Los malabares que practica son sencillos, pero eso no los vuelve más fáciles para el chico, que deja caer las pelotas, no acierta el orden en que debe tirarlas al aire, tampoco calcula bien la distancia ni la velocidad. Todo es un desastre y lo será más todavía cuando trate de hacer lo mismo arriba de un tren en marcha, algo que supera su habilidad todavía elemental. La torpeza tiene mucho de patético, porque el chico sabe que está obligado a alcanzar un nivel por lo menos aceptable, donde todas las pelotas no terminen al mismo tiempo en el suelo.
Las pelotas no son pesadas; tienen el rebote de esferas rellenas con arroz o con arena gruesa y caben en la palma de la mano del chico. Son un juguete adecuado para su edad, sólo que no juega sino que intenta dominarlas para salir a trabajar con ellas. En el patio de una escuela, durante una clase de recreación, circo, magia y malabares (esas cosas que hoy forman parte de las ofertas educativas), el chico estaría haciendo lo mismo que en este andén.
Sin embargo, las diferencias son tan obvias que vale la pena extenderse.
Bajo la luz mortecina y amarilla, sobre el suelo asquerosamente pegoteado, el chico practica su número sin demasiada convicción. Sólo de vez en cuando, distrayéndose de un aprendizaje que no progresa, el chico hace jueguito con alguna de las pelotas; la hace saltar corto sobre su empeine, luego la hace saltar un poco más alto y la recoge de nuevo con el empeine. El jueguito le sale mejor que los malabares, porque esa destreza está más hundida en un mundo de movimientos aprendidos sin practicarlos, como si los llevara inscriptos en el cuerpo desde que empezó a ver fútbol por televisión o a seguir a los chicos mayores hasta algún potrero. Pero ¿quién le dará una moneda por hacer lo que casi todos creen que pueden copiar mejor?
Ahora llega otro chico con otras pelotas más o menos iguales. Ambos quedan enfrentados e intentan coordinar el truco, no arrojándose las pelotas sino haciendo cada uno de ellos lo mismo. Si el truco individual estaba lleno de dificultades, esta repetición en espejo resulta imposible; cuando no se cae
la pelota de uno se cae la del otro; todo el tiempo uno u otro están agachándose para recogerlas; el desorden visual destruye el efecto de un truco que debería ser una geometría en movimiento. Los chicos no se ríen; cada uno ve en el otro su propia imagen desorganizada por las pelotas que no responden a la consigna de elevarse y caer mientras otras se mantienen en el aire. Parados con las piernas y los brazos abiertos, inclinando un poco el torso para alcanzar la pelota que no ha subido en línea recta como debía,
los chicos se ofrecen mutuamente un reflejo imperfecto.
Cuando llega el tren, el último chico sube y el primero se queda abajo, como si estuviera convencido de que todavía tiene que practicar un ratito. Los pocos pasajeros que descienden pasan al lado del chico, pero éste no les dedica ninguno de sus movimientos. Sabe, por supuesto que a la gente hay que agarrarla detenida, adentro del vagón. Para que lo observe gente en marcha debería ocupar un hall o un pasillo amplio, pero es evidente que su truco no da para esa buena locación escénica. Si se tratara de música, los pasajeros podrían acercarse escuchando y tirar una moneda. En cambio, lo que él ofrece es visual y necesita que la gente esté detenida.
¿A quién se le ocurre la idea de enseñar un truco de malabares a pequeños mendigos? La pregunta se justifica porque las ocupaciones de estos chicos van cambiando. Hace unos meses algunos cantaban de modo horrible canciones difíciles de reconocer. Le pregunté a dos de ellos y me dijeron lo mismo,
sin otros detalles: "Me la enseñó un vendedor". ¿Y quién les indicó a los chicos que le tiendan la mano a cada uno de los pasajeros? Los primeros fueron de origen centroeuropeo, primos de quienes se sentaban con un perrito y un pequeño acordeón, como modelos de un dibujo sentimental: "El pequeño zíngaro". Todavía quedan en la calle Florida. Naturalmente, el tipo de representación (niño con acordeón, niño con perro, niño haciendo malabares, niño cantando, niño con clavas) se difunde y al primer chico le siguen
algunas decenas, mientras otros abandonan, por cansancio, por fracaso. Son aprendizajes de la calle para chicos que salieron de las escuelas. Dentro de dos o tres años, el de los malabares en lugar de ser patético o melancólico con su truco torpemente logrado, será ridículo y pasará a otra cosa, seguramente más arriesgada. Pero él no tiene por delante esa larga medida de tiempo; acierta porque, salvo las pelotas de colores, nada está en sus manos. Ahora, ensimismado, sigue practicando su truco en el andén nocturno; no busca perfección sino que llegue el próximo tren. Ha dejado pasar uno y (dice) tomará el que sigue.



*Fuente: Clarín
http://www.clarin.com/diario/2007/09/16/sociedad/s-01498206.htm
 






De aquí a la eternidad*


El Coliseo era el anfiteatro de la vida cotidiana. Fue escenario de espectáculos sangrientos y sitio sagrado. Allí se representaron tragedias griegas y tocó Paul McCartney. Bienvenidos al ícono más visitado de Italia.

Hoy los visitantes tienen acceso sólo a dos niveles. En el 2000 se reconstruyó una parte de la arena, que era la plataforma de madera donde se desarrollaban los espectáculos.


*texto Marina Artusa  martusa@clarin.com
 fotos Eduardo Carrera / Enviados especiales a Roma


Chi è? (¿Quién es?)", suena la pregunta, poco acogedora, del otro lado del portero. ¿Será una recreación del tono de voz de Nerón, aquel muchacho que de tan ambicioso llegó a emperador en el año 54 y que se había propuesto montar justo aquí, donde estamos parados, el lago artificial de la
residencia imperial más grande que jamás se haya visto en Roma? ¿O tratará de un imitador de Tito Flavio Vespasiano, el que mejor le supo dar pan y circo a los romanos cuando inauguró este anfiteatro, en el año 80, con cien días de festichola, gladiadores, animales exóticos y la mar en coche?
Con visor y muy parecido a los que hoy instalan en las nuevas torres de Puerto Madero, el portero eléctrico del Coliseo es un atajo para burlar el cordón de los cinco millones de visitantes que, por año, pasan sus bolsos y mochilas por el detector de metales para dar una vuelta por el monumento más
visitado de Italia.
Esquivar la cola que va formando un anillo humano en torno al Coliseo -impacientes abstenerse- supone convencer a Umberto Valera, la voz el portero, para que abra la reja. Valera maneja la seguridad del Coliseo desde hace 24 años y asegura que nada cambió desde que estos 3.357 metros cuadrados fueron declarados nueva Maravilla del mundo.
"Esto es siempre así", dice señalando a las multitudes que se asoman a las galerías roídas del subsuelo sólo desde los balcones de la planta baja y el primer piso. Porque -acá viene la paradoja- el 70 por ciento del Coliseo está vedado a sus visitantes.
"En realidad, no podría visitarse nunca completo. Habría que transformarlo en otra cosa o arriesgar la vida de los turistas -trata de consolar el superintendente de Bienes Arqueológicos de Roma, Angelo Bottini-. La estructura no es adecuada. Y las prioridades que tenemos son de carácter conservativo, es decir, qué es lo que está en riesgo y no qué es lo más turístico. El Coliseo está en segundo plano, detrás de otro patrimonio importante para la ciudad que necesita restauración como el Palatino." El Palatino, entre el Foro romano y el Circo Máximo, es una de las siete colinas de Roma. Hay un museo que se puede visitar con la misma entrada al Coliseo y, según la mitología romana, allí estaba la cueva donde se supone
que Rómulo y Remo fueron amamantados por la loba.

COLOSO, COLISEO, COLOSAL
Lucila D'Alessandro trabaja en el Punto de Encuentro, una oficina discreta montada en el último nivel de acceso al público. "El desafío hoy es atraer a los locales, lograr que los italianos vengan al Coliseo. Porque hay muchos extranjeros pero si uno pregunta a los romanos, todavía hay algunos que nunca vinieron", dice.
Ella, que tiene la teoría bien aprendida, cuenta que lo de Coliseo -hay guías que lo llaman Anfiteatro Flavio, por la dinastía que lo mandó a construir y devolvió a la plebe en puro gesto demagógico ese espacio que Nerón se había apropiado- aparece por primera vez en la Edad Media, en el siglo VII. Que
se supone que el nombre deriva no tanto del monumental tamaño del edificio como de la estatua colosal que Nerón había encargado por amor propio.
Inspirada en el célebre Coloso de Rodas, la figura medía 35 metros.
De ahí en más, la palabra Coliseo se adoptó en el mundo anglosajón para referirse a un lugar de referencia que reúne a gente para el entretenimiento -no siempre gratis, como era en Roma- o, en algunos casos, al corazón de una ciudad. Está el Los Angeles Coliseum, por ejemplo, donde tocaron los Rolling Stones y se celebraron los Juegos Olímpicos de 1984 y varios lugares del mundo tienen su propio coliseo, como Kuala Lumpur y Hong Kong.


DIME QUIEN ERES Y TE DIRE DONDE TE SIENTAS
Por las 66 puertas que tenía el anfiteatro -reducidas hoy a dos- el público se acomodaba según su rango. Era tarea favorita de Augusto separar con reglamento a las distintas clases sociales en los espectáculos públicos que, a pleno, llegaban a reunir a una 73 mil personas.
En los tres primeros pisos, esos formados por ochenta arcadas cada uno, se sentaban, en orden: los senadores y sus familias -con almohadones, en butacas de piedra-; los caballeros -en gradas de mármol- junto a embajadores y diplomáticos extranjeros; y en el tercero -de madera-, la plebe.
Había lugares especiales para los jóvenes aún sin deberes cívicos y para los maestros de escuela. Las mujeres y los pobres veían el espectáculo desde la cuarta planta, allí donde funcionaba el mecanismo del velarium , el telón que manejaba un entrenado grupo de marineros como si fueran velas de una
embarcación y que protegía al público del sol y de la lluvia.
El show, que era un plan de día completo, transcurría sobre lo que se conoce como "arena", una planicie de madera. Los gladiadores entraban por la porta Triunphalis, al oeste, y salían -vencedores o con los pies para adelante- por la porta Libitinaria, al este. Algunas fuentes recuerdan las batallas navales organizadas aquí por los Flavios pero eso tuvo que haber sido antes de la construcción del subsuelo (hipogeo) que completó Domiciano -hermano de Tito, hijo de Vespasiano- y que era fundamental para el desarrollo de los juegos y de las cacerías por el sofisticado sistema de poleas que hacía
irrumpir sobre el escenario a las fieras.
"A la mañana se celebraban la caza de animales, las luchas de hombres y animales y las de animales entre sí -explica Lucilla, mientras arrea visitantes-. Y a la hora del almuerzo se hacían las ejecuciones de los que habían cometido algún robo o un asesinato. Constantino, que fue el primer emperador cristiano, incluyó el adulterio entre las penas capitales, pero no hay prueba cierta de la persecución de cristianos en el Coliseo."
Las venatio -como se llamaba a la caza de fieras feroces- ya se conocían en Roma: la primera se había hecho en el año 186 a.C. con animales exóticos traídos de Oriente. Las munera -lucha de gladiadores que seguía al almuerzo- habían comenzado como exhibiciones privadas de poder y prestigio familiar en
el 264 a.C. en ocasión de un funeral.
Agustín Aldazábal no recuerda haber estudiado esto en el colegio. Con la camiseta de Boca, el compatriota adolescente recorre el Coliseo con su abuela Adela y su prima Katalina. Este viaje, el primero por Europa, es el mejor regalo de 15 que Adela pudo hacerle a sus nietos. "Me gustó Gladiador
y cuando recorrí el Coliseo iba relacionando lo que vi en el cine. Cómo el emperador decidía la muerte de una persona. Cómo se sentaban acá los políticos y el pueblo", cuenta. La intención es no desilusionarlo: nunca le diremos que, en realidad, la historia que protagonizó Russell Crowe no se filmó aquí sino en un falso Coliseo montado en Malta. Agustín es demasiado purrete para saberlo pero el verdadero Coliseo de película es el que comparte cuadro con Silvana Mangano en La vista de la tierra desde la luna
(1966), de Pasolini, o con Nando Moriconi en Un americano de Roma (1965). Es, para más datos, casa de Romeo, el felino tano de Los aristogatos (1970).


MENOS SANGRE, SUDOR Y LAGRIMAS
Con el tiempo, las luchas como medio de esparcimiento en el Coliseo se volvieron menos sangrientas y los espectáculos más modestos hasta que, en el año 438, un decreto imperial prohibió los juegos de gladiadores y, casi un siglo después, la caza de animales.
El Coliseo, casi en perpetua restauración desde el año 138, sufrió incendios, terremotos y saqueos. El fuego que más lo dañó -entre sus instalaciones originales abundaba la madera- fue el que lo sorprendió en el 217, y lo mantuvo clausurado por cinco años. Eso explica que la estructura hoy conservada no sea la de la época flavia de Vespasiano, Tito y Domiciano sino la del siglo III.
"Los agujeros de la fachada no son más que los que dejaron los saqueos de las piezas de metal que unían los bloques de travertino -comenta Umberto, quien tiene a su cargo a las 45 personas que controlan la seguridad del monumento-. Hoy, la gente se sigue llevando pedacitos de mármol o de ladrillo que creen son originales aunque en realidad no lo son. Son reconstrucciones que, aunque no tienen el mismo valor, son consideradas importantes. Por eso, cuando pescamos a alguien llevándose algo, lo denunciamos. No va preso pero paga como multa la restauración."
El Coliseo estaba hecho de travertino, ladrillos, piedra volcánica y mármol para decorar los capiteles que, durante la Edad Media y el Renacimiento, se transformaron en una cantera de materiales para levantar otros palazzi . Hasta los papas metieron mano para la construcción de la basílica de San Pedro.
Con el tiempo, el Coliseo se fue templando como ambiente sacro: en el siglo XVI la Iglesia lo convirtió en sede de una capilla. En 1720, un decreto papal estableció el Vía Crucis en la arena del antiguo anfiteatro y, treinta años después, el Coliseo fue consagrado a la memoria de los mártires.
Recién en el 1800 se hicieron las excavaciones y reparaciones más decisivas para acceder al monumento tal como lo hacemos hoy. Se descubrió el hipogeo y se reforzó con una construcción la estructura perimetral oriental que amenazaba con desmoronarse. En 1870, cuando Roma fue declarada capital de
Italia, la arena del Coliseo fue barrida y, junto con la tierra que acolchaba el legendario escenario de gladiadores, la cruz que estaba allí plantada. Significó un escándalo entre el Vaticano y el estado italiano que años después Mussolini intentó atenuar trasladando la cruz, hecha con olivo del Getsemaní -donde, según el Nuevo Testamento, Jesús rezó la última noche antes de ser crucificado-, al lado norte del anfiteatro, donde aún permanece.
Dentro de las zonas vedadas al común de las almas hay una capillita, de 1796, donde los domingos de mañana se celebra misa. Umberto Valera, el hombre de Seguridad, no tiene la llave de la Capilla de Santa María della Pietà, pero conduce gustoso hasta su puerta. Una placa señala que Pío VI estuvo aquí.


EL COLISEO NO SE VENDE
A principios de los años '70, el desprendimiento de bloques de 20 kilos de mármol alarmó sobre su conservación. "El milenario Coliseo romano se desploma", vaticinaba, tremendista, la prensa. Y al tiempo que anunciaban el segundo embarazo de Sofía Loren, los diarios chusmeaban que un millonario
californiano ofrecía un millón de dólares para convertirse en propietario del Coliseo.
En el 2000 se reconstruyó parte del hipogeo para que, después de quince siglos, se pudiera representar allí Edipo rey , la tragedia de Sófocles que vieron unas 700 personas, a 50 dólares la entrada.
Dos años más tarde, el gobierno de centroderecha de Silvio Berlusconi promulgó una ley que apuntaba a reducir el déficit público con la venta del patrimonio artístico y cultural de Italia. Desempolvaba, así, una ley de 1939 que habilitaba al estado a desprenderse de sus joyas arquitectónica se históricas como museos, galería, estatuas y monumentos.
"Se puede llegar a vender lo que no tenga interéscultural pero los restos arqueológicos no son
enajenables", tranquiliza el superintendente de Bienes Arqueológicos, Angelo Bottini.
Esto sin contar que, desde que el Coliseo abandonó en 1997 su condición de atracción turística libre
y gratuita es, de los emblemas de Italia, el que más factura: 27 millones de euros por año. Lo siguen las ruinas de Pompeya -cerca de 20 millones y la galería de los Uffizi, en Florencia -con 8,5 millones -.
"Sin embargo, con el poco dinero que contamos, el Coliseo y sus problemas no son una prioridad para nosotros pero si hay una certeza es que el Coliseo no se vende", agrega el funcionario. Parece que de los 20,6 millones de euros del presupuesto destinados a la restauración de monumentos, sólo fueron
entregados 14,4 hasta ahora.
"De todos modos, hay proyectos de reestructuración para el Coliseo. Estamos trabajando para bajar un metro el nivel del piso. La idea es alejar el tránsito, limpiar de vendedores ambulantes y habilitar un área de servicios bajo tierra", dice Bottini. La estación Coliseo de la línea B de subtes -en Roma hay sólo dos- deja a los visitantes en la esquina del anfiteatro. Cada tanto, urbanistas y conservacionistas argumentan que el Coliseo tiembla.
Una versión libre podría asegurar que, mejor dicho, late: en mayo de 2003 el anfiteatro le abrió las puertas a un beatle. Paul McCartney dio un concierto para 400 personas que pagaron 1.485 dólares por un lugarcito en la arena.
Fue a beneficio, para reconstruir el Museo Arqueológico de Bagdad. Y su valor simbólico sigue siendo tal que hasta el diseñador Valentino celebró sus 45 años con la moda con una cena de gala, hace semanas, en una reconstrucción hecha con resina de cristal de las columnas del templo de Venus, a metros del Coliseo.
A fines de julio, Roberto L. y Michele M., efebos enamorados, fueron sorprendidos frente a las arcadas del monumento. La guardia nocturna que merodea el lugar los detuvo por falta de pudor. Según los carabinieri , la pareja gay se propinaba amor carnal en público. Los jóvenes aseguran que sólo se estaban besando. Al día siguiente, las organizaciones gay convocaron a un beso colectivo -un kiss in - frente al Coliseo "en representación de nuestro no a todo comportamiento discriminatorio y homofóbico". El prestigioso filósofo italiano Gianni Vattimo, quien hizo pública su homosexualidad a mediados de los '70, se excusó de participar porque no se encontraba en Roma por esos días pero no se perdió la oportunidad de agregar: "Dicen que sería escandaloso que una pareja tenga sexo en el
Coliseo, el lugar del Vía Crucis y de los mártires cristianos, pero estoy seguro de que junto a esos muros se debía practicar sexo salvaje también en aquella época". Quien pueda asegurar lo contrario, que arroje la primera piedra.



*Fuente: Clarín
http://www.clarin.com/diario/2007/09/16/sociedad/s-01498351.htm







Contemplando*



La mente es sujeta
a patrias de cielos dispares
y es
su fuente de pétalos y néctar
fraterno
desde los átomos silenciosos

sus manos casi alas
aletean entre nubes heridas por rayos
                                       solares
llueve el oxígeno
desde los hematíes cual naves
que despegan desde
su corazón arrodillado

la mente
bajo su propia sombra árbol
del conocimiento y la contradicción
desde su propia madera
la mente en el acto de meditar

redescubre la paz
con  certeza de siglos
con rostro pequeño y
la noche y la luz
caben en un parpadeo

una corona estelar
una campana de cristal
engalana a la mente
que no descubre
nada sagrado ni profano

todo es el cuerpo
aparentemente onírico
de su majestad
todo es obediencia a su orden
sabiamente desorganizado.




*de Victor M. Falco vittoriofa9@hotmail.com




*


Queridas amigas, queridos amigos:

El domingo 16 de septiembre del 2007 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor venezolano Víctor Varela. Las poesías que leeremos pertenecen a Gerardo Contreras (Costa Rica) y la música de fondo será de Pedro Nel Martínez (Colombia). ¡Les deseamos una feliz audición!


ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!


REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!


YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schießstattstr. 44   A-5020 Salzburg   AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067



 
*



Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a rastrear noticias y reescribirlas en clave poética y literaria. Cuando menciono noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el corazón. Que nos parten el alma en pedacitos. A las que expresan mejor y más claramente la injusticia social.  El mecanismo de participación es relativamente simple. Primero seleccionar la noticia con texto completo y fuente. (indispensable) y luego reescribirla literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve (alrededor de 2000 caracteres).

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Posted by URBANOPOWELL at 18:20:31 | Permanent Link | Comments (0) |

Wednesday | September 05, 2007

EDICIÓN SEPTIEMBRE.

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Era el tiempo*



Era el tiempo
en que la luna caía
degollada en los brocales
cuando guardé mi llanto
en aquel cuarto
que olía a azahares, a naftalina
y a cáscaras de naranjas secas.
Era el tiempo
en que los niños
existían como ángeles
o fantasmas quietos
o dormidos
y los grandes se secaban el vino
de los labios con la manga del saco
y cantaban esas canciones
donde siempre una novia italiana esperaba
y sin embargo sonreían sin llanto
aunque la voz se les quebrara
como una rama seca.



Invierno, 2004.

*de Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar
-A los amigos y otros poemas-








 EL TRUCO DE OLEJ*


 
  Apreciamos la maravillosa magia poética de la sorpresa, de lo insospechado, de la dulzura del retorno a la emoción sin explicaciones. Apreciamos lo que se presenta a si mismo sin contexto, criatura y color y sonido en un universo propio y coherente.
    Un muñeco de trazos sutiles, un personaje sin sombra surgió de la oscuridad para hacer bailar las esferas etéreas que se desplazaban como luces, jugando morosamente sobre sus brazos, acudiendo a sus manos o realizando figuras geométricas en el aire. Con el alma en vilo seguíamos las evoluciones de las esferitas verdes danzando imposiblemente en la oscuridad. La dulzura de ese momento se medía en el silencio de los espectadores, todos nosotros conteniendo la respiración frente a lo netamente bello.
    Cada uno de los muñecos estaba creado como desprendimiento de un sueño. Y ese sueño se adivinaba dulce y sereno, coloreado con los distintos y vibrantes colores de la infancia. Rojo, azul, verde. No hacían falta más que tres notas para componer esa sinfonía.
    Y en esa hora que duró el espectáculo, no hubo titiriteros vestidos de negro que propiciaran la ceremonia. Las marionetas caminaron e hicieron acrobacias movidas por la fuerza de nuestra imaginación que no quería despertar de su arrobamiento.
    No hay mayor logro de un artista que el hacer olvidar las varillas y las tramoyas, los hilos o el enorme esfuerzo del ejecutante oculto por detrás de la representación, que se vuelve realidad única.
    Música, relato simple, movimiento. Sólo ocurría en la sala lo que nos atrapaba por completo la atención y el sentimiento.
    No había en el público ningún adulto. Todos aceptábamos infantilmente la magia, porque la magia era clara, amable y poética. Y los niños, por fin, los niños podían allí darse a la niñez más entrañable.
    Sin gritos ni golpes, sin violencias. Magia.
    El teatro negro del grupo Bosquimanos Koryak nos demostró lo que ya sabemos. Nos demostraron que aún en estos tiempos la niñez es poética, los adultos conservamos la ingenuidad, y los seres humanos por definición somos capaces de apreciar la belleza cuando nos la ofrecen.
    Olej es el pequeño personaje que una y otra vez intentaba realizar su truco. El enorme presentador una y otra vez se lo impedía para presentar otros ejecutantes. Nosotros, claro, una y otra vez estábamos con Olej, porque, como debe ser, otorgábamos nuestro favor al más pequeño, al más débil.
    Olej, finalmente, nos regala para nuestra perfecta alegría la maravilla única de hacer surgir de una caja vacía una paloma. El mejor truco de magia. Porque la magia es magia no porque ocurra por primera vez, sino porque sucede.


                                             
 *de Mónica Russomanno.  russomannomonica@hotmail.com







Personajes*


 
De Rebecca, Una Mujer Inolvidable, el castillo después del incendio. Acción en todo el predio. Nuestros personajes memorizaron —algunos— sus parlamentos. Hay de los que jamás farfullarán. Incluso un gran puñado no habrá de darse a conocer. Apenas se humedecen cuando diluvia, y las espectrales ruinas no son escondite. Advertimos sobre la conveniencia de aspirar a la aprehensión sintetizadora. Hallaréis acaso humor y descrédito; perspicacia y barullo; fundamentalmente, espejismo. Acaso.
De cara a las olas, La Novia, treinta y nueve años, fogosa. Su vestido anti-inflamable, por detalles en el modelito, nos remite a la década del cuarenta. La fijeza de su mirada se disipa al declarar:
—Mis amigos: en esta escena nos diferimos: para más luego, para otra etapa.
Es de gran estatura, pero no soberbia; es pura, pero no ignorante; sus pestañas son largas, pero no tupidas. Belígera, en ocasiones. Ríe y se desgrana. Ofertaría sus incontables suspiros a sucesivos postores; y a postores para toda la vida. No es todavía de noche.
—Debo enfatizarlo: tengo un entripado. De no ser así no estaría acá. Con ustedes. Resquebrajándome.
Se pasa la lengua por el labio superior.
—Se me murió el poeta. A él fui prometida. Obsequio y musa. No logró captarme como sí otros hombres. Y como las damas. Muy bajo en el ranking mi poeta. Versos menudos, hálito íntimo. Flaco, clásico.
Sus manos unidas en el ramo de novia.
—El no vino: se me murió. Y me mandaron sola. Me arrasaron sin forcejeos. Ataviada. Hubo emoción. Contenida. ¿Por qué nosotros, por qué ahora, por qué aquí?... Los designados. El ser visuales pronuncia el desafío. Señan con una caricia.
Su vestido: es de cola.
—Encuentran abiertas las ventanas o se arraciman. Soy el móvil. O bien, es preciso que lo sea.
Piensa. Solloza. Debajo de su tocado.
—Mi belleza es una confabulación. Paradigmática. Los menos, agonizan. Los escabulleron. Sustraídos y depositados. Pasan letra o la olvidan. Aquí caímos de pie los sobremurientes. Los imperecederos. Se adivina.
Piensa. Solloza.
—Tuve mis encantos laxos cuando jovencita. Hubo contramarchas. Hoy es de un modo, pero mañana... Un gigante triste mi mamá. Un gigante triste en su cumpleaños.
El Hada Madrina no está lejos. Indescriptible a simple vista. Procura aprender un libreto. Nadie distinguiría las frases que desacomoda, que trueca, que zangolotea.
—“El drama de lo monocorde. ¿Y qué del drama de lo monocorde?... Mi hermana me dio el ultimátum, mi maestro se distrae, mi amante me dejó.”
Repite. Dos veces.
—“No soy lo que se espera de mí. ¿Quién es lo que se espera, quién lo logra?”
Memoriza sin voz. Hojea nerviosamente. Se sienta sobre una roca.
—“Sé que me dilapidan invocándome. Sabemos hasta un punto. Hasta un punto final.”
Repite varias veces (como al “padre nuestro” o al preámbulo de la Constitución).
—“Si no nos atuviéramos sería aún espantoso. El desgarramiento. El desgarramiento. El desgarramiento.”
Repite leyendo. Así como:
—“En efecto, soy quien supone. Admitiré errores y poderíos. Me esfumaré sin lágrimas. Elusiva, muy elusiva. Permitiré que me restañe. No cejaré en mi propósito, si lo tengo. Alucinaré, abdicaré. Me constituyo en cada sílaba. Argucia mínima, apretada. El rey asomará y asombrará. Bello como una bandada. Límite para los circunflejos. Tremolantes los enormes senos de La Monja. Los míos en paz. Los enormes, incandescentes. Ahora, beben. Pero los míos, nunca.”
Subido a un árbol, contempla Otelo las estrellas. Se organiza, siempre se organiza. Su vozarrón estremece. Cuelga de sus vestiduras una larga y lacia peluca blonda.
— ¡Ay, qué solos se quedan los vivos! ¡Qué vacilantes, con tanta mocha reciedumbre! ¡Con tanta descomedida lucidez!
Canturrea:
—“Un Antonio me miró
y un José y un Rafael...”
Sigue:
— ¡Qué impávidos, qué solos se quedan! Apelmazados, estoicos. Transliterados. Colinas, inútil terciopelo.
Un mástil, al que se halla atado por una pata, El Pato Salvaje de Ibsen. Con un cable telefónico.
La Novia posa para cámaras fotográficas imaginarias. Estornuda. Arregla su atuendo. Maldice inaudible.
Shakespeare, descalzo. Se despereza. Corretea seiscientos metros hasta donde ha dejado su calzado, en la entrada de la finca. Simula sorpresa al encontrar una bicicleta de carrera (turquesa) al lado de su calzado. Soba a la bicicleta. Retorna cansino a la espesura. Simula dormir. Duerme. Se despabila. Se despereza. Corretea hasta donde ha dejado su calzado. Simula sorpresa al encontrar la bicicleta. La soba. Retorna cansino. Simula dormir.
Personaje de Schiller: más de un cartelito indica: “Personaje de Schiller”. Denota desorientación. Se saca y pone los cartelitos. También sus prendas.
—Soy los hombros de Wallenstein. Los dedos de Amalia de Edelreich, pero, de ningún modo su paladar. El brío y la intemperancia de... Presunto desdichado, romántico y autocompasivo.
Teme a los rayos.
—Temo a los rayos, a la ira.
El Hada Madrina fuma y tose. Los pómulos con esparadrapo.
El Pato Salvaje de Ibsen tironea del cable, lo muerde.
La Novia ha ido descangayándose. Orina creída que lo hace para admiradores.
Shakespeare infla las cubiertas de la bicicleta. Silba. La monta y da vueltas complacido, cabellos al viento. Tiene hambre.
Landrú y La Monja, despatarrados. Una mano de Landrú, debajo de las faldas de La Monja. Palpa.
Otelo palpa su muserola en el ñandubay. Sufre. Se aplica la peluca con esmero exquisito. Se posesiona. Sacúdese, fusiónase. Pronto tendrá sueño.
La Novia ofrenda su ramo a quienes la injurian. Se calman los injuriantes. La besan. La besan y se van.
A El Pato Salvaje de Ibsen le sangran las encías. Traga.
Un corifeo escruta el anuncio del periódico: paredes de una gruta. Pintura abstracta lo matiza. El corifeo no es un lince. Y el periódico —dijimos— no es manuable: “Intelectual rudimentario, aliancista, nada socrático, anhela mantener lazo con joven que se emperifolle dentro de una gama estólida, no afrentosa, alerta a estímulos discontinuos, sin embargo.” “Una Empresa hay que se dedica (la nuestra) a subvertir (al destino sería presuntuoso) un cierto ordenamiento de lo fortuito, dentro del campo del conocimiento entre aquellos cuyos proyectos de vínculo sea la unión sexual.”

El Hada Madrina gesticula, se rasca. Áfona se encamina hacia La Novia, hacia los animalejos que se dispersan junto con lugareños, gnomos e infinitesimales. La Novia, exangüe, yace. El Hada Madrina le alcanza su libreto. Áfonas gesticulan: macabro. El Hada Madrina, febricitante, se zambulle entre las piernas de La Novia. La Novia se inclina. Lee:
—“El drama de lo monocorde. ¿Y qué del drama de lo monocorde?”
Lee gritando:
—“¡Mi hermana me dio el ultimátum! ¡Mi maestro se distrae! ¡Mi amante me dejó!”
Magallanes es un recién venido. Su simpatía, su exultación... ¿pueden criar adeptos? ¿Cree que es una isla este paraje? ¿Es una isla? Formúlase interrogantes de variada incidencia en la cotidianeidad. Lo trajo el mar. Perora. Lo hizo también al descender de su barca, al aposentarse y reconocer la playa. La playa de juguete. Solázase con la gratitud del vecindario. Trénzase con el rufián, con la doncella. Siempre desde su plinto. Incrépase con tonsurados y correveidiles. Desgañítase con las incorregibles, con los bufones. Adora la intemperie. Refriega su prosapia a los empedernidos. Agente viajero.
— ¿Qué es viajar? Viajar es despejar. Desde el lugar común. O la frase: “Nos convendría despejarnos”. Cuando a la aventura de la existencia le birlamos la aventura, no sólo la aventura le birlamos. Hay otro desposeimiento, otro poseer. No se posee la propia existencia si no se la arriesga. Si no se la recorre, si no se la mora. Si no se la viaja, si no se la etcétera.
Landrú y La Monja duermen despatarrados.
Otelo sueña que Shakespeare lo come. Le pasa por arriba, y previamente deshuesado, con parsimonia, lo manduca. Con todos los dientes y en su propia salsa. Ya no sufre, objeto de esa pasión.
Por delante del telón, El Personaje de Schiller, ridículo oriflama.
—Únome a lo prístino de su escepticismo. Y a lo prístino de aquélla... —señala a La Monja—, que no cesa de dormir.
La Monja despierta, sobresaltada. Piel blanquísima. Landrú despierta. La llama, la invita. La Monja sonríe. Sin acudir. El Personaje de Schiller se masajea las sienes. Landrú invita. La Monja acude. Sin sonreír. Se entrelazan encarnizadamente. El Personaje de Schiller se masajea las sienes, ahora, en cuclillas. “Y cae, cae el cielo a terrones.”



*De Rolando Revagliatti. revadans@yahoo.com.ar






XXXVII*




No hay duendes
en la lluvia.
No hay una huella
que caiga
insana
entre los pastos.
Un robledal
arde
en la lluvia
y entre tus piernas
soy el vencido feliz.



*de Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar
-Áspero cielo. Poemas. 2002-








Contextos encontrados*



El hombre entra a la exposición de la escuela de arte escuchando su monólogo interno, ese acompañamiento en silencio al que ya esta acostumbrado como en un matrimonio de viejos.
Ese llevarse a uno mismo con palabras que no tienen voz ni luz, que circulan en algun lugar impreciso de su cabeza. Palabras que no salen pero que se plasman en emociones, en piel de gallina, en palpitaciones inexplicables, en sensaciones que aparecen siempre fuera de contexto. Fuera de lo que le resulta posible verbalizar y explicar a otros. Incluso a sí mismo.
El mundo es tan proyectivo. -se dice.
Tan de poner afuera y ver sólo lo que el mundo interno nos permite ver. -insiste mientras se mueve algo ajeno al desarrollo del evento. Lo invitan a ver trabajos. Quiza a elegir uno para dedicarle algunas
palabras. Se detiene ante una foto, la elige inmediatamente. La chica de la imagen esta tendida sobre un suelo de baldosas oscuras. Su blanca piel de brazos y rostro contrasta con la oscuridad del pudor con la que gran parte de su cuerpo piel se oculta debajo de una manta fucsia que se pierde en sombras de la cintura hacia abajo, hacia un final que no llega a la extensión de ese cuerpo curvado al que hay que imaginarle piernas y rodillas y pies tan blancos como el color de sus brazos.

Ella y su mirada puesta en la naranja que sostiene con su mano izquierda. 
Enseguida le surgen ideas imprecisas y una canción cantada en la voz de Horacio Molina.


Era más blanda que el agua
que el agua blanda
Era más fresca que el río,
naranjo en flor


Es por su piel tan blanca en flor, que piensa en ella cómo la continuación de una raíz bien hundida en la tierra. (si uno observa con detenimiento se ven las costuras de flor y flor en los surcos de piel, flor con flor unidas en piel que la costumbre de ver piel y no otra cosa no dan a entrever a la mirada inocente).
 Y ese ser de unos 18 años que observa la piel naranja del fruto es también Hegel, y su dialéctica. Árbol humano que sostiene su fruto con dedos finos y delicados.

Hilachas,  hilachas de su vida ve. En el negro pelo de la chica, tan negro como el infinito, ve el color del portalaminas donde guarda enrollado su título de sociólogo.
Encuentra en el rostro perfil de la muchacha un rastro de sus labios y ve el color de los labios de un tenue rosa viejo que lo enamoraron de su compañera.
En esas cosas piensa aleatoriamente el hombre, en esos contextos encontrados a partir de la imagen de aquella chica con su piel de Naranjo en Flor.


Y en esa calle de estío,
calle perdida,
dejó un pedazo de vida
y se marchó.


*De Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial(arroba)hotmail.com









NARANJO EN FLOR*


Letra: Homero Expósito
Música: Virgilio Expósito




Era más blanda que el agua
que el agua blanda
Era más fresca que el río,
naranjo en flor
Y en esa calle de estío,
calle perdida,
dejó un pedazo de vida
y se marchó.


Primero hay que saber sufrir,
después amar, después partir
y al fin andar sin pensamiento.
Perfume de naranjo en flor,
promesas vanas de un amor
que se escaparon en el viento.


Después, qué importa del después
Toda mi vida es el ayer
que me detiene en el pasado
Eterna y vieja juventud
que me ha dejado acobardado
como un pájaro sin luz.


Que le habrán hecho mis manos?
Que le habrán hecho,
para dejarme en el pecho
tanto dolor?
Dolor de vieja arboleda,
canción de esquina,
con un pedazo de vida,
naranjo en flor.


*Fuente: http://www.robertogoyeneche.tango-tour.com.ar/naranjoenflor.htm









LA ESCRIBIENTE*



    La Leo es la viejita siempre niña, una ancianita que las convulsiones infantiles fijaron eternamente en unos siete años inmóviles de picardía en los ojitos pequeños, siete años de cabecita rizada y risa y llanto fácil.
    Llora cuando recuerda a la mamá, que la acompañó en el geriátrico hasta los cien años pero se fue un día, el año pasado, y la dejó solita. Se ríe cuando alguna cosa le hace gracia, y entonces gorjea y cloquea y se dice a sí misma “esta Leo, esta Leo”, la frase que otros le prodigaron a lo largo de sus más de siete décadas de vida.
    Y la Leo escribe. Escribe, trabajosa y concentradamente. Escribe en su mesa, ajena a las visitas de los otros, o a los compañeros de vejez, tan próximos y a la vez tan lejanos, que se marchitan a su alrededor y ya renunciaron a la esperanza. Ella escribe porque la niñez no renuncia a la esperanza. La Leo escribe con las manitas de dedos cortos, y cada tanto se levanta con pasos bamboleantes a mostrar cómo escribió allá debajo del punto cruz con lapicera “Leonor Taborda”. A veces copia palabras de libros o revistas. Y esconde las letras debajo de enmarañadas líneas en negro, azul, verde. Otras veces, escribe cartas. Cartas donde cuenta que se murió la mamá, que se murió el hermano, que en su cumpleaños esperó que fuesen a visitarla para tomar té o mate con bombilla, y no fueron. Son cartas de palabras inconexas en las que alguna vez se adivinan frases pero en las que siempre se comprende el llamado, la esperanza de que sirvan de señal luminosa para que algún lejano barco se acerque a su naufragio.
    Las cartas ocupan carillas de papeles doblados torpemente. Cuántas cartas, me pregunto, cuántas cartas a esos destinatarios que hace sesenta años fueron niños que su mamá recibía como alumnos particulares en la casa. Y que ahora son también ancianos o que han muerto en lejanas camas y ciudades distantes.
    Ella recuerda bíblicas genealogías, recita los nombres de los ausentes, el nombre de los padres y de sus hijos. En su universo infantil siempre se han de nombrar padres e hijos, y los recuerda a todos. La dirección que indica es “Calchaquí”, “Santo Tomé”, alguna vez el nombre de una calle o el lugar preciso: enfrente de la farmacia, justo en la esquina.
    Padres e hijos en una topografía de peatón o de vecino. La vida sencilla, los mapas de la infancia, las décadas superpuestas y las cartas que nunca llegarán a los difuntos o los que hace mil años tomaron otros rumbos o se diluyeron en una Historia que sepulta las historias.
    La Leo escribe, y entre las palabras indescifrables anota bien clarito “Salta 3534”, para intentar forzar al destino de soledad con su correcto remitente en “Las diamelas”. “Mamá murió”, y otra vez recuadrado en un trazo temblequeante mamá murió. Hay que contar la noticia. Vengan, escriban. Estoy sola. Los niños del segundo grado de hace sesenta años, los fantasmas, los médicos que la atendieron cuando era pequeña y aprendió a cocinar carbonada. Vengan.
    Y escribe las cartas para la legión de ausentes que pueblan su memoria exacta con precisiones ingenuas “fue a las cuatro de la tarde, un jueves”. “Llovía”.
    Escribe y agota lapiceras, gasta lápices de colores, alegra los renglones con fibras. La Leo escribe al universo, tiende puentes de papel y tiempo elástico. Tiene fe en esos emisarios que dejamos las cartas en cajones, sobre las repisas, cree en la eficiencia de esos extraños devenidos en correos que finalmente desechan las misivas con los residuos cotidianos y los objetos inútiles.
    Y yo escribo sobre la Leo para tender puentes de palabras en un universo indiferente, para darle pelea al tiempo, para enviar una señal luminosa que atraiga barcos a su naufragio, a mi naufragio. Pero yo, ingenua Leonor, yo no tengo fe en emisarios ni en misivas. Yo, afortunada Leonor, yo desde mi adulta tristeza percibo la ferocidad de las distancias y la temible ausencia de los destinatarios. Yo, mientras escribo, te veo en tu silla afanándote en tus cartas y, como siempre, envidio la pueril, maravillosa felicidad de los creyentes.

                                                                                     
*de Mónica Russomanno. russomannomonica@hotmail.com





Voyager*

 

La noche soñaba
que no te contenía
y te arrojó cual pétalos
sobre las vías muertas del universo
se aceleraban los núcleos de tus células
se expandía tu corazón
hasta que se convertia en luz
y sus  átomos veloces se impulsaban
hacia los brazos en espiral de la galaxia.

En realidad el universo
era tu barrio y los rostros conocidos
                                 multiplicados
los mismos gestos de interrogación
de los que no podías huir tu
ni la noche

la noche soñaba
que te detenías con la expansión
eras un instante de materia oscura
un momento de letargo
superando enseguida apenas a la lava
como un arn
otra vez a miles de años
de trabajar la piedra
y no saber como describir
un horizonte una caricia el dolor
no sabías
la noche no sabía

 Hasta
que en un destello un puñado de siglos
veías la ilusión a la luz( veía ella)
con tanta forma
tanto hecho inexplicable otra vez..

-“Cuando 
lo onírico mío
te vomite
y aprendas a ser
entonces  ángel....(“- Ángel, bella palabra. Pensó la noche)!

-“¡Qué se yo
como registrarán tus pupilas
ni si serán como dicen: puras,
tanta contaminación ambiental,
tanto error humano,
tanto desorden climático,
tantos kilómetros de hijos del hambre?
Yo soy solo la noche.
Tú solo eres producto
de mi ocio  desordenado.
El rompecabezas de mi tiempo libre
se lo cedí al hombre.”



*de Victor M. Falco vittoriofa9@hotmail.com











las ángeles no tienen sexo*

   a Lord Cheselin y Big Leroy
 



ayer me morí/
estaba leyendo “Mein Kampf” de un tal Adolf Videla Camps
y de golpe me morí.
  
subí al cielo volando o algo así
me veía ahí abajo
el velador encendido/ los cigarrillos
los ojos húmedos/ cada vez más pequeño
una hormiguita con una lanza en la mano
hasta que llegué al cielo.
 
me recibió un viejo barbado con cara de loco
- usted se ha ganado el cielo por ser poeta – me dijo.
- que bueno!/ ésta es finalmente la recompensa
  a tantas palabras inútiles intentando decir algo  –.
- sí/ ésta es la recompensa
pero hay cada poeta!/ que la verdad
deberían irse directo al infierno – dijo malhumorado.
- usted/ se salvó raspando/ dígame que le apetece? -.
- un ron lento y dos chicas rápidas – le dije sin pensar.
- Ja!/ vaya por ese pasillo -.
   
el ron estaba bueno
las dos ángeles de alas rosadas mejor
las desplumé de a poco
mientras sonreían tímidamente/
y cuando llegué a lo que buscaba
una etiqueta decía
 “Made in Taiwán”.
  
después/ como en una inmensa pollería
desplumé sin descanso cientos de ángeles rosadas
hasta el calambre total de los brazos.
   
esta mañana con el cuerpo dolorido
desperté en mi pieza
apagué el reloj/ miré hacia arriba
y entonces me di cuenta
que siempre hay un lugar
donde se puede estar peor.-
   



*de aldo luis novelli. aldonovelli@yahoo.com
 (desde los bordes del cielo)
http://la-sed-infinita.blogspot.com
http://fluidos-virtuales.blogspot.com






EN LA ASOCIACIÓN YAGE Y EL MAGAZIN CULTURAL XICóATL CELEBRAMOS 15 AÑOS DE ACTIVIDADES.*
 

Queridos(as) socios(as) y amigos(as) de YAGE,
Apreciados(as) lectores(as) de XICóATL en el mundo,
 

Constituye una alegría inmensa el poder celebrar ahora los primeros 15 años de trabajo ininterrumpido de YAGE, Asociación pro Arte Ciencia y Cultura Latinoamericanos y del Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL “Estrella Errante”.
 

El 29 de enero de 1992 fue presentada a la BPD Salzburg la proposición de fundación de la Asociación por parte de Christine Reisenberger, Thekla Waltl y yo. El 5 de marzo realizamos la primera asamblea general en la sala de actos de la Katholische Hochschulgemeinde Salzburg, en la Wiener Philharmoniker Gasse 2, en la cual participaron más de 60 personas entre latinoamericanos y austriacos. Aquella primera asamblea será siempre uno los recuerdos más hermosos de mi vida: la espectativa generada pues era el primera asociación latinoamericana que iba a ser fundada en Salzburgo, el recital de Joaquín Clerch Díaz con obras de Barrios Mangoré, entre otros, la presentación y discusión de los primeros proyectos, la elección de la primera junta directiva y para culminar la música interpetada por Thekla Waltl, Peter Schwarzenbauer y Jorge Eduardo García, además de la dinámica atmósfera que vivimos y los deliciosos pasabocas vegetarianos servidos para la ocasión. El 11 de marzo fueron aprobados los estatutos por parte de la BPD Salzburg.
 
El 1. de mayo de 1992 apareció el primer número del trilingüe Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL “Estrella Errante”, el cual llega hoy a la edición número 80, un verdadero récord en Europa en cuanto a publicaciones de este tipo se refiere. También el número de autores publicados en nuestras páginas resulta grandioso: exactamente 450 autores latinoamericanos y 17 austriacos hasta la presente edición, presentados en el idioma materno, con traducción al alemán o al español. De los trabajos presentados un 90 % de ellos son literarios, especialmente ensayos, cuentos y poemas, y un 10 % corresponden a otros géneros, especialmente a la protección ambiental.
Durante los 10 primeros años XICóATL se publicó bimestralmente, pero a partir del 2002 aparece trimestralmente debido al desarrollo de otros proyectos, especialmente vinculados con nuestra página en internet. Es de destacar entre ellos los Puentes Culturales que hemos impulsado entre Austria y Argentina, Colombia, Costa Rica, Cuba y México, además de uno latinoamericano general para los países restantes. Mediante ellos hemos logrado presentar internacionalmente una gran cantidad de escritores, artistas plásticos, compositores, músicos y otros creadores latinoamericanos y austriacos. Además de su presentación virtual, hemos mediado también en algunos desplazamientos intercontinentales de ellos a fin de participar en eventos de carácter nacional o internacional.
 
A nivel de Austria, y especialmente de la provincia de Salzburgo, resultaría demasiado largo y tedioso enumerar el gran número de eventos realizados: conciertos de música latinoamericana erudita y popular, exposiciones de pintura, lecturas de autores latinoamericanos, conferencias sobre temas científicos, artísticos o culturales vinculados con Latinoamérica, exposiciones y conferencias sobre temas ecológicos en universidades y colegios, fiestas y diversos tipos de actividades sociales. A nivel internacional hemos realizado 4 Concursos Literarios, 2 Concursos de Composición Musical y 2 Concursos de Fotografía Ecológica en los cuales han participado más de 1000 personas de más de 35 países. En esta multitud de proyectos, las características principales han sido la eficiencia, el cumplimiento exacto de los planes trazados y el éxito, lo cual nos ha hecho merecedores de la confianza y el apoyo de las autoridades de Salzburgo y de una enorme red internacional de trabajadores de la cultura.
 
Otro proyecto que deseo recordar en esta fecha especial es nuestra emisión radial “Poesía y Música Latinoamericana” que presentamos todos los domingos entre las 19:06 y las 20:00 horas, con repetición los días jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas, en la Radiofabrik de Salzburgo ( www.radiofabrik.at ). “Poesía y Música Latinoamericana” es la emisión más antigua que tiene la Radiofabrik. La iniciamos en los albores de la radio, a finales del siglo pasado, cuando ésta apenas contaba con una licencia de emisión los días miércoles entre las 18:00 y la 24:00 horas. En aquel tiempo “Poesía y Música Latinoamericana” se presentaba de manera intermitente, en audiciones de 15 minutos. Al ser ampliada la licencia de emisión aumentamos a media hora semanalmente, y a partir del 6 de enero del 2002, nuestro programa tiene la duración habitual antes descrita: 54 minutos. A propósito de celebraciones, el próximo 7 de octubre realizaremos el programa número 300, contados desde el 2002, a cuya audición quedan invitados desde ahora muy cordialmente.
 
Todos los proyectos de estos primeros 15 años de trabajo no se hubiesen podido adelantar sin la cooperación de una infinidad de personas: además de los miembros de los jurados, los participantes en los concursos y el número de autores publicados mencionado anteriormente, en XICóATL han colaborado un total de 78 traductores(as) y 50 moderadores(as) lo han hecho en el programa radial: para todos ellos nuestro más profundo agradecimiento por el impulso brindado, en el momento oportuno. Además, un sinnúmero de personas en Austria, Latinoamérica y Europa han colaborado de manera directa o indirecta en otras pequeñas o grandes realizaciones de la Asociación YAGE, para ellos también nuestras gracias sinceras y felices.
 
Nuestros agradecimientos se extienden también a quienes conmigo comparten actualmente la dirección de YAGE, esto es, el compositor argentino Juan María Solare, Mag. Thekla Schirz, Wolfgang Hirsch y Dominique von Loebel. Un agradecimiento muy especial merecen quienes desde la fundación de YAGE, o después de la misma, siempre han estado presentes y colaborado en los diversos proyectos: Lic. Angelika Moser, Lic. Ulrike Zomorrodian-Santner, Dr. Jorge Antunes en Brasil, Lic. Judith Moser-Kroiss, Ing. Jorge Martínez Villaseñor en México, Lic. Christoph Lukits, Dr. Nicolás Cosío Sierra en Cuba, Dr. Friedrich Frosch, Horacio Rossi y Eduardo Coiro en Argentina, Mag. Josef Lanner, Chano Delgado de Schlachter, Anna Maria Kalcher, Veronika Gruber, Lic. Silvia Amberger, Waltraud Hostalek-Rehbogen y Renato Vecellio, estos dos últimos, para nuestro infortunio, fallecidos en 2005. Sólo me resta agradecer a mis hijos Krysthal y Leo, fundadores espirituales y quienes ya colaboran activamente en los proyectos; también agradecer vuestra afabilidad y apoyo, queridos socios, lectores y amigos, y desear una larga vida a este emprendimiento que en 15 años ha podido hermanar tantos pueblos, culturas y esperanzas, para la construcción de un mundo mejor mediante el trabajo creativo de sus hijos.
 

*de Luis Alfredo DUARTE-HERRERA. euroyage@utanet.at
YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur
www.euroyage.com





Correo:


Por medio del presente el Com.It.Es. (Comitato degli Italiani all'Estero) Circunscripción Consular de Rosario, a través de su Comisión Pari Opportunità, junto con la Universidad Nacional del Litoral invitan a Ud. a la presentación del libro Homenaje a la mujer italiana - Mujeres destacadas de la colectividad y de la nueva publicación Homenaje a la mujer italiana -
Voces escritas 1, que contiene relatos, poesías y refranes de  mujeres  de Santa Fe, Recreo, Paranà y Concordia.

La misma tendrá lugar en la XIII Feria del Libro de Santa Fe -Centro de Convenciones y Predio Ferial "Agustín Zapata Gollán", Las Heras 2889 (detrás de Estación Terminal de Omnibus) Santa Fe, el sábado 15 de Septiembre de 2007, a las 16 hs, Sala Luis De Filippo.

Se ruega dar difusión.
A la espera de contar con su grata presencia, saludamos cordialmente.

 homenajemujeritaliana@yahoo.com.ar

clareandoazul@yahoo.com.ar


Cav. Erugelio Carloni
Presidente Com.It.Es.

Susana E. Colombo
Coordinadora Comisión Pari Opportunità

Ing. Mario Barletta
Rector Universidad Nacional del Litoral





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Posted by URBANOPOWELL at 10:07:45 | Permanent Link | Comments (0) |