Sunday | July 22, 2007

DE LA SOMBRÍA DESESPERANZA

De la sombría desesperanza...

 

 


El desencuentro*

 
Al Negrito Salas y al Moncho Porres, los júbilos, los riesgos y las reprimendas los habían hermanado. Y el pueblo, tan al alcance de los sueños como el barrio en que vivían.
La inocencia es muchas veces un estado necesario. Pero además, en esa edad de los primeros resplandores, nueve o diez años, ellos no tenían la menor idea del mañana. En todo caso era el ahora, prendidos del piolín de las cometas, como si el mundo comenzara justo en sus manos y se combara hasta los flecos más altos de las tardes.
Y no dejaban juego por hacer: las guerras entre bandos, con gomeras y frutitas de paraíso, las carreras de la vuelta a la manzana, remolcando los autitos que llamaban “cucarachas”, los aros manejados con alambres, a pura habilidad circense, la “chanta” a las bolitas, las excitantes escondidas en las sombras, las  figuritas en los recreos largos, en una celebración de tapaditas , bizcochos y sufridos guardapolvos .En fin: la infancia a pleno niño y sin fatigas.
Pero todas esas cosas parecían resumirse en las tardes en las que el ir a tomar la leche con tortas o facturas a la casa del amigo, era no sólo un codiciado honor, sino el gusto supremo.
Sin embargo, ninguno de estos goces ocurría antes de cumplir con los deberes de la escuela. “Primero la obligación, después la diversión”, pontificaba la madre del Negrito . Y esta premisa sacramental no permitía demoras ni claudicaciones.
Las travesuras y escapadas clandestinas tenían siempre algún componente imprevisto y especial, que sazonaba la aventura. Como aquella vez en que, a trío con el Tono Albornoz, se fueron hasta el puerto viejo y pescaron tanto como nunca después lo hicieran en sus vidas, y el Negrito no pudo llevar sus pescados a la casa, para no delatar la andanza por un lugar prohibido.
Cuando empezó a cursar su sexto y último grado del primario, al Negrito se le perdió de vista el Moncho. Pero esta sensación de pérdida no fue ni tan grave ni tan duradera, y sólo permaneció algún tiempo, sostenida en la curiosidad por saber qué habría sido de los pasos de su cómplice y amigo, después de tantos pasos juntos. Porque seguían habiendo las casas de otros amigos para ir a tomar la leche, y los paraísos, frutalmente pródigos en municiones, y los “picados” en el campito, hasta la ruina final de los zapatos.
Aquel sexto grado transcurrió como una fiesta para el Negrito. Pero, ¿qué hacer con el inminente secundario? Por primera vez, la silueta acuciante del mañana estaba allí.
Algunas estrecheces económicas determinaban los rumbos sencillos de la casa. Así es que los padres no tuvieron mejor idea que disponer su ingreso a un liceo militar cercano, con beca, si fuera posible.
No le alcanzaban los días del verano para estudiar y prepararse. Pero no era ésta la dificultad mayor. Sí lo era el peso mínimo de 45 kilos que había que tener para el ingreso.
De modo que aquella tarde de fines de febrero lo encontró al Negrito atragantándose con una docena de bananas, y naufragando en jarras de agua para alcanzar, a gatas, el peso requerido.
Después, en una secuencia que le pareció terrible, el anuncio de la media beca,  la despedida de sus padres en la puerta del liceo, y la inmersión en ese áspero mundo verdeoliva, con la tristeza subiéndole por todos los costados de sus trémulos trece años.
Al cabo del oleaje impetuoso de aquellos  cinco días, llegó a la orilla bendita de su primer franco semanal como si fuera la sombra de un alma en pena. Y no podía concebir su regreso al liceo en la noche del domingo. Como tampoco aceptar aquella disciplina absurda
                                                                                                                                     



2
 
 
-en realidad, casi ninguna disciplina-que tan eficazmente manejaba los códigos de castigos grupales, para expiar las culpas de uno solo.
En la segunda semana de liceo ya sólo le quedaban, si acaso, sus esmirriados  45 kilos. Porque el alma, los sueños y la vida le habitaban en otro lado, en un desdoblamiento insoportable.
Entonces, una noche, un golpe contra un armario de la cuadra, las bruscas luces en la cara, el descanso hecho pedazos, y los cadetes de segundo y tercer año descerrajando sus gritos : ¡arriba todo primer año!, ¡primer año, afuera!, ¡salto rana!, ¡cuerpo a tierra!, ¡alrededor mío, carrera march!, ¡veinte flexiones de brazos, ya!, y de nuevo ¡carrera, march!, ¡cuerpo a tierra!, y el Negrito cayendo desparramado a los pies de un par de borceguíes que allá, desde una altura inmensa, lo escrutaban con un gesto castrense, y sin embargo conocido, y por eso la inútil súplica, en un hilo ya de voz: ¡pará, Moncho!, ¿no me conocés?, ¡pará Monchito, que no damos más!, y la respuesta autoritaria, esta vez desde la cumbre del infierno: ¡qué Moncho ni Monchito!, ¡AQUÍ SOY EL CADETE PORRES, tagarna, y se me calla la boca!, y otra vez ¡carrera march!, ¡cuerpo a tierra!, entre pastos, abrojos y mosquitos, ya en los lindes exhaustos del asombro y de la madrugada.


...................
 
Una semana después, con el cofre de sus enseres liceístas impecable, casi sin uso, y la primera inocencia devastada, el Negrito comenzaba su colegio secundario, civil hasta la médula, en aquel pueblo tan al alcance de los sueños, que parecía haber estado esperándolo desde siempre, con sus días, sus barrancas y sus cielos de par en par abiertos, como las alas de un abrazo.




*de Abel Edgardo Schaller abelnegroschaller@yahoo.com.ar







Uno nunca sabe*




*de Roberto Fontanarrosa


    Lo primero que le preguntó Mario apenas el Mochila se sentó, fue "¿La conoces a esa mina?".
    -- ¿Cuál?
    -- La que saludastes recién.
    Mochila giró apenas la cabeza hacia atrás.
    -- ¿La flaca?
    -- Sí.
    -- Sí, la conozco. Es amiga de mi jermu.
    -- Me emputece esa mina --dijo Mario en voz baja.
    -- ¿Mi jermu?
    -- No, boludo. La Flaca, la que saludastes.
    -- Ah... ¡Mirá qué boludo que sos vos! A todo el mundo lo enloquece la Flaca. ¡Qué te parece!
    -- ¿Qué? --se alarmó Mario--. ¿Vos también estás jugado en ese palo? ¿Te anotás ahí también?
    -- No. Yo no. ¿No te digo que es amiga de mi jermu? Estudiaban juntas en la Cultural. Tendría que ser muy loco para tirarme en esa. Pero... te digo...
    -- Que ganas no te faltan.
    -- Ganas no me faltan....
    Se quedaron en silencio. Mochila controlando las otras mesas, viendo quién había. Mario tocándose cuidadosamente los dientes de adelante con la uña del dedo pulgar de la mano derecha.
    -- Me tiene loco esa mina --repitió, como para sí mismo. Como si el tema fuese demasiado íntimo como para compartirlo y debatirlo en una mesa de cafe. Y asustado, quizá, por haber ido tan lejos.
    -- Está buena la Flaca --dijo Mochila, que la tenía sentada a sus espaldas--. Y es una mina piola te cuento... Piola, inteligente. Anda suelta, además...
    -- Medio histérica debe ser...
    -- Sí. Eso sí... Lógico... --Mochila seguía sin meterse demasiado en la conversación, en tanto pasaba lista a los presentes-- ¡Bah! --se animó de pronto, ya terminado el control--. Como todas.
    -- Esa jeta que tiene... --medio por sobre el hombro de Mochila, Mario la espiaba--. Los ojos...
    -- Y encarala, boludo... ¿qué esperas? --lo animó Mochila, cruzándose de piernas, acomodándose en la silla para quedar de espaldas a la calle Santa Fe, mirando al mostrador. Mario hizo un gesto vago con la cabeza, negativo.
    -- Está sola, boludo --apretó Mochila--. Andá... Si te quedas esperando, por ahí aparece algun vago, o alguna amiga, y se sienta con ella y cagaste.
    Mario se encogió de hombros, mirando ahora hacia afuera, como desentendiéndose del problema.
    -- ¿No lo viste al Sobo? -preguntó, cambiando de tema. Mochila negó con la cabeza--. Este boludo... --musitó Mario--. Le tengo que pedir un certificado y justo hoy no aparece.
    -- Oíme --Mochila se incorporó, clavándole la vista--. Andá y sentate con ella, no seas otario... No te va a patear...
    -- No la conozco --frunció la nariz, Mario.
    -- ¿Y eso qué tiene que ver? ¿Cómo que no la conocés? Te conoce de acá, pelotudo. Si acá nos junamos todos. No le sabrás el nombre pero la...
    -- ¿Cómo se llama?
    Mochila frunció el ceño.
    -- Ehhh... --pensó--. Marina, Marta, María... No sé, no sé... Siempre la conocí por la Flaca.
    -- Marta, Marta se llama --dijo Mario, que ya se había informado.
    -- Escuchame Mario... --Mochila se inclinó sobre la mesa para darle privacidad a la propuesta--. Te la presento... Voy, me siento en la mesa de ella y te la presento...
    Mario se tiró hacia atrás y agitó las manos y la cabeza, casi escandalizado.
    -- ¡No! No, dejá. Ya está. Ya pasó. Ya fué.
    -- No me cuesta nada, boludo.
    -- Dejá, Mochila, dejá. Está bien.
     Mochila se encogió de hombros.
    -- Jodete --dijo. Y buscó a Moreyra con la vista--. ¡Negro! --gritó--. ¿Estás vos acá?
    -- Además... --Mario, pese a todo, no quería desprenderse totalmente del tema y sabía que el lapso de privacidad con el Mochila podía ser corto--. No da bola, Mochi. No da bola.
    Mochila casi se enojó.
    -- ¿Y cómo sabes que no da bola si nunca la encaraste?
    -- Porque uno se da cuenta, Mochila. ¿Sabés cuanto hace que la vengo mirando a esa mina? ¿Sabés cuanto hace? Dos años. Debe hacer como dos años...
    -- ¿Y?
    -- ¡Nada! Nada de nada. Una mina si te quiere dar bola se manda alguna señal, eso es sabido. Te mira una vez, aunque sea. Te mantiene un poco la mirada. O te sonríe. Te tira un cable.
    -- No te engañes, no te engañes... Mirá que...
    -- Sí... "La vida te da sorpresas".
    -- La vida te da sorpresas...
    -- Sí, pero acá es muy claro --se desalentó Mario--. ¿Viste que hay... cómo decirte... hay un lapso de duración en una mirada, en un cruce de miradas? Y después hay un plus, que es un milésimo... un milésimo de segundo... un ápice... un cícero... una infinitésima milésima de segundo en que se prolonga esa mirada más de lo normal... Es cuando una mina te mira y vos tenes un sensómetro, un sismógrafo, que registra que esa mirada ha durado esa milésima de segundo mas allá de lo necesario, y es lo que te está diciendo a las claras que esa no es una mirada común, que esa mirada está pidiendo otro cruce de comprobación, que te está diciendo algo... --Mochila afirmaba con la cabeza, algo fastidiado--. Bueno... --no se amilanó Mario--. Esa fracción supletoria de mirada debería tener un nombre. Porque es una medida patron... Es un exceso de intensidad... Debería haber algo como el "miradómetro"... Una unidad de vision, de calentura...
    -- Bueno, bueno... Cortala... Dejá de hablar pelotudeces... --rogó Mochila--. ¿Y qué pasa? ¿Con esta mina no se dió nunca?
    -- En la puta vida de Dios.
    -- Ni te miró...
    -- Ni me miró ni... --Mario había sacado un encendedor y golpeteaba con él sobre el nerolite buscando la descripción mas gráfica--. O me mira y no me ve. Esa es la cosa. Por ahí me mira, pero lo que hace es solamente dirigir su vista hacia mí. Pero la sensación que yo tengo es como que yo fuera transparente. Que mira a traves mío. Que mira lo que está detrás mío. Digamos, que la profundidad de campo de la cámara de ella está situada seis metros detrás mío... Esa es la sensación que tengo...
    Mochila se rascó la cabeza.
    -- ¡Mirá que sos antiguo! --dijo.
    -- ¿Por qué? --se ofuscó Mario.
    -- Andar fijándote en eso de las miradas y esas cosas... Eso es del tiempo en que los pedos se tiraban con gomera.
    -- ¿Y qué querés que haga? ¿Que vaya y le toque el culo?
    -- No, boludo. No te digo eso...
    -- ¿Cómo carajo hacés vos?
    -- ¿Cómo hago? ¿Cómo hago yo? ¡Voy y me siento con ella! Eso hago. Mirá que difícil. Y le empiezo a hablar de cualquier cosa... No podés entrar en la histeria de las minas, querido... Que te miro, que no te miro, que la profundidad de campo y todas esas pelotudeces...
    -- Es que... --Mario apoyó el mentón sobre sus manos cruzadas y vaciló. Por momentos lo asaltaba la idea de que no era un tema para hacer publico--. ¿Sabes qué pasa?... ¿Vos te acordás de "El Eternauta"?
    -- Sí, me acuerdo... Lo que no me acuerdo es quién trabajaba...
    -- ¿Cómo?
    -- ¿Quién trabajaba?
    -- No, boludo. No era una película. Era una historieta.
    -- Ah, sí... "El Eternauta". Algo me acuerdo...
    -- Esa que caía una nevada en Buenos Aires, una nevada radioactiva y morían todos...
    -- Algo. Algo me acuerdo --mintió el Mochila.
    -- Bueno, en "El Eternauta", aparecían unos tipos de otro planeta, que se llamaban los "Manos", que tenían...
    -- Mejicanos. "Manito", se decían...
    -- No, gil. No seas hijo de puta.
    -- Ah, no. Esa era "Cisco Kid".
    -- No te acordás de un sorete. Los Manos, que tenían una mano derecha llena de dedos...
    -- Como cualquiera --Mochila mostró su mano.
    -- No, muchos mas. Como hasta acá --Mario tiró una línea imaginaria desde la punta de sus propios dedos hasta el codo--. Bueno, esos tipos dirigián a varias especies de bichos extraterrestres que invadían la Tierra. Pero ellos, a su vez, estaban controlados por otra especie superior. Entonces. estos "Manos", que eran igual que nosotros salvo por esos dedos, tenían insertada en el cuerpo una glándula, una glándula que le llamaban "Glándula del Terror" y que les habían insertado esos cosos que los dirigían a ellos. Y... ¿para qué les habían insertado esa glándula? Porque los Manos, igual que los humanos, al sentir temor segregaban una especie de adrenalina y ésta, a su vez, activaba la glándula. Y entonces la glándula dejaba escapar un veneno y el veneno los mataba en minutos, nomás. ¿Me entendés? Si ellos se intentaban rebelar contra la especie superior, sentían miedo y, ahí nomás, cagaban la fruta. Linda idea, ¿no? Porque, además, había otra cosa, fijate. Algunos de ellos habían intentado operarse para sacarse de allí esa glándula pero, al operarse, sentían miedo, y de nuevo la misma cosa, activaban la glándula, ésta largaba el veneno, etc., etc., etc... Era ingenioso, ¿no? Piola como idea. De... ¿cómo se llamaba?... Oesterheld.
    Mochila se lo quedó mirando un instante, con expresión confundida.
    -- Y.... ¿Qué queres decir con todo esto? --preguntó--. ¿Ahora me vas a salir con que vos tenés una de esas glándulas? ¿Me vas a pedir guita para operarte?
    -- No. No. No --Mario pegó con la punta de su dedo índice sobre la mesa--. Yo tengo una glándula pero de la pelotudez. Ese es el asunto. Una glándula de la pelotudez. Cuando a mí una mina me gusta mucho, como ésta, Marta... me pongo pelotudo. El mismo hecho de que la mina me guste mucho, me paraliza. Me pone tan nervioso que me pongo hecho un pelotudo, no sé lo que digo, hago boludeces... La glándula segrega algo que me idiotiza. Después pienso en las cosas que he dicho, o en las que debería haberle dicho y me quiero morir. Las minas deben pensar que uno es un retardado total. Y es precisamente porque me gustan demasiado. Es increíble. Con las minas que no me gustan no me pasa nada. Ahí soy un duque, soy Dean Martin. Jodo, soy ocurrente, hasta puedo ser brillante. Al pedo. Porque a quien yo quiero gustar no es a los escrachos.
    -- Mario... Mario... --Mochila trató de ser comprensivo--. Yo sé que esto pasa... Pero te puede pasar al principio, la primera hora, la primera...
    -- Década.
    -- No seas pelotudo. Si vos...
    -- Si yo me quedo solo con esta mina te juro que no me sale una palabra. La glándula me...
    -- Anda a la concha de tu madre vos y la glándula...
    Se quedaron en silencio. Mochila miraba sin ver hacia la caja registradora, pegaba repetidas veces con la suela del pie derecho sobre el piso, fastidiado.
    -- ¿Sabes qué le dijeron a Pelé cuando debutó en Suecia? --preguntó de pronto. Mario negó con la cabeza, algo desacomodado.
    -- "Andate al medio campo y tocala corta." Eso le dijeron --agregó el Mochila. Mario entrecerró un poco los ojos, como buscando la metáfora--. O sea. Hasta que se te pasen los nervios, no tratés de deslumbrar, no tratés de ser brillante, no tratés de meter el pase de gol...
    -- Pero él era negro, Mochila...
    -- Es negro.
    -- ¡Es que ni siquiera pretendo ser brillante! Me bastaría con no ser tan imbécil...
    -- Tocá corto.
    -- Una teta le voy a tocar... --musitó Mario--. Además... además, Mochila, comprendeme --se irguió de pronto como para seguir hablando pero calló, prudente. El Pochi había entrado por la puerta de Santa Fe y Sarmiento, pero se quedó enganchado en la mesa de los fotógrafos. Mario retomó el tema--. Yo creo que las cosas se tienen que dar naturalmente. Vos vistes como es este boliche. Vos, por ejemplo, no conocés a alguien. Pero, de pronto, por ahí, mañana, estás sentado en la misma mesa con él. ¿Por qué? Porque te llama un amigo común. Porque viene a tu mesa a charlar con un amigo tuyo. Porque está en un grupo donde vos te acercás a preguntar algo. Es así... Entonces eso es mas natural, menos forzado. Yo me sentiría mucho más cómodo si se diera algo así con esta mina...
    -- Oíme Mario... Oíme... --Moreyra había pasado como una ráfaga, dejando un cortado sobrante, al tanteo, enfrente de Mochila--. Cuanto...
    -- Porque... ¿viste como es este boliche? --arremetió Mario--. Yo creo que el secreto de este boliche está en la proximidad de las mesas. Están muy juntas. Ahí radica el éxito de este boliche. Vos estás sentado en esta mesa y casi casi estás escuchando la charla de los de la mesa de atrás. Y se tocan las sillas, incluso --Mario se tiró hacia atrás sobre el respaldo y sonrió, ejemplificando--. Vos estás en una mesa y por ahí girás un poquito y ya te integras a la de al lado...
    -- Un conventillo.
    -- Un conventillo. Un día... --Mario se lanzó de golpe con el torso hacia adelante, confidente--. Un día yo estaba sentado en una mesa, y atrás, acá mismo, atrás, estaba la Flaca con unas amigas --bajó la voz--. Si yo me inclinaba para atrás la tocaba, con los hombros, o con la cabeza. La tocaba...
    -- Mario... --insistió Mochila con los ojos entrecerrados--. ¿Cuanto hace que decís que la venís marcando a esta mina?
    -- ¿A la flaca? Y... desde que la descubrí... Cuando era novia del barba... No sé. Un año... Un año y medio...
    -- Cuando era novia del barba... Vos te referís al Tito, al Tito Aramayo.... Bueno, te cuento, eso fue hace más de tres años, porque hace más de tres años que el Tito está en Porto Alegre. Casi cuatro años hace, por lo menos.
    -- Y... sí...
    -- Y en esos cuatro años.. --Mochila enarcó las cejas y cerró su mano derecha como si empuñara un cuchillo, señalando a Mario--. Escuchame bien, en esos cuatro años, esa situación que vos decís, que vos estás esperando, no se ha dado nunca. Nunca hubo un amigo sentado en la mesa con ella, ni ningún amigo te la trajo a la mesa con vos, ni se dió vuelta para pedirte fuego, ni estaba en un grupo donde vos podías haberte integrado... Nada...
    -- Nada... es verdad... Nada.
    -- ¿Y hasta cuando vas a esperar, Marito? --hirió de nuevo, Mochila--. Vas a ser un viejo choto y vas a venir acá con un bastón, con boina, con una cánula de suero puesta, para ver si alguna vez se da la puta casualidad de que te podés sentar con esa mina...
    -- Y... --se encogió de hombros, Mario.
    -- Oíme --Mochila giró la cabeza y pegó una rápida mirada hacia la mesa de la Flaca que, sola, estaba anotando cosas en una agenda--. Mirá, está sola. Al pedo. Voy, me siento con ella, hablo con ella y después te llamo...
    Mario se secó la transpiración de la nariz, meneó la cabeza, pareció atacarlo la desesperación y estar a punto de ponerse a llorar.
    -- No, Mochila... No...
    -- Yo puedo hacerlo, pelotudo --se enojó el Mochila--. Te digo que soy amigo de ella. Lo he hecho un montón de veces. No va a quedar como algo forzado o...
    -- No, Mochila... Está llena de machos esa mina...
    -- ¿Cuando? ¡Ahora está sola, pelotudo!
    -- Ahora no. Pero... ¿Vos te creés que no la veo? La miro constantemente, te digo. Todos los días con un macho nuevo. Pendejos...
    -- Mejor para vos, mejor para vos. Si anda todos los días con un macho nuevo es que no anda con ninguno. Aparte, no te engañés, Mario. No te engañés. Yo conocía una mina que estaba buenísima. No podía ni caminar de buena que estaba. Lindísima, además. Y esta mina, me decía --hará un par de meses nomás, está casada ahora, tiene como cuatro hijos-- me decía que cuando ella era joven, había fines de semana que se quedaba en casa como una boluda porque nadie la llamaba para salir. Los tipos la veían tan linda, tan rebuena estaba esa hija de puta, que todos pensaban lo mismo, eso que vos pensás también, que estaba llena de machos. Que la llamaban de todas partes del país para invitarla a salir, que Rainiero de Mónaco le ponía un télex para salir de joda. Entonces, no la llamaban. Y la pobre santa se quedaba como una boluda los sábados a la noche viendo televisión con una tía rechota que tenía...
    -- Este no es el caso... Este no es el caso... --negó Mario. Mochila volvió a darse vuelta, mirando sin discreción alguna hacia la mesa de la Flaca.
    -- Está sola, boludo. Está haciendo tiempo. Aprovechá ahora --volvió a su postura anterior restregándose la cara con una mano, casi con desesperación--. Decí que yo no puedo...Pero...
    -- Además... Además... --buscó las palabras Mario--. No se puede. Yo no puedo ir y encararla así a esta mina, en frío... Hay convenciones. Hay convenciones que se juegan entre un hombre y una mujer y que hay que respetar.
    Mochila lo miraba con una expresión cada vez mas atormentada.
    -- Sí, claro --dijo Mario--. Vos sabés, y ella sabe, y vos sabés que ella sabe que vos sabés, que si vas y la invitás a una mina a tomar un café, en realidad lo que le estás proponiendo es ir a cojer.
    -- No es tan así.
    -- Esa es la verdad. Esa es la realidad de las cosas. La verdad de la milanesa. Pero vos no podés ir, acercarte a la mesa y decirle "¿Vamos a cojer?". Porque aunque encierre el mismo significado, no es lo mismo. Para una mina no es lo mismo y tiene todo el derecho del mundo de mandarte a la reputísima madre que te parió, Mochila, es la verdad. Puede decirte "¿Usted por quién me ha tomado?" y hacerse la ofendida y tiene toda la razón. Hay que guardar ciertas normas de urbanidad. Vos dirás que es un hipocresía y todo eso, pero...
    -- Yo no digo que sea una hipocresía --expiró Mochila, agotado.
    -- ... vos tenés que dejarle una puerta abierta a la mina. No podes encerrarla, no podes dejarla sin opciones. Fijate vos, cuando yo anduve con la Zulema... --se entusiasmó Mario--. Hay minas con las que vos tenés ya todo conversado, todo claro, y no hay más que hablar. Cuando le decís de salir, te tomás un tacho y te vas al mueble derecho viejo, porque sabés que la mina no se va a descolgar con "¿Pero... adonde vamos? ¿Adonde me llevas?".
    -- "¿Qué son esas luces rojas?"
    -- "¿Qué son esas luces rojas?" ¡Nada de eso! Pero, por ejemplo, con Zulema, yo me las rebusqué para que me prestaran un departamento. Entonces fuimos a cenar, hablamos un rato y despues yo le pude decir "¿Querés venir a mi departamento a tomar algo?", con lo que le estás dando a la mina la opción de ir al departamento y después, si no le gusta la mano, negarse. No sé... decir... "Se me hizo tarde" o... "Vos me interpretastes mal"...
    -- Oíme... Vos sos una antigualla... Si la mina acepta ir a tu departamento es porque le gusta la mano y ya sabe como viene la cosa... No son tan boludas, Mario... ¿O te crees que somos nosotros los que atracamos?
    -- De acuerdo, de acuerdo --se apuró Mario--. Pero vos le estás dando la opción con el departamento. Si vos le tenés que decir "¿Vamos a un mueble?" ¿Qué opción tiene la mina? Vos le estás diciendo "vamos a cojer", lisa y llanamente. No le das salida.
    -- Si vos le decís "Vamos al departamento" también le estás diciendo "Vamos a cojer", querido. ¿O con quién estás saliendo? ¿Con Heidi?
    -- Ya sé... Ya sé... --Mario se mordió los labios, transpirando--. Pero no es lo mismo. Es una cuestión de elegancia. Si vos invitás a una mina a un hotel, estás dando por sentado que vos no tenías ninguna duda de que a esa mina te la ibas a pirobar, que era fácil, que era una fija. Es una cuestión de... dignidad, digamos...
    Mochila meneaba la cabeza, negando.
    -- Sos una antigualla --suspiró--. Un relicario...
    -- Es difícil de explicar --insistió Mario--. Es como si vos vas a un bodegón y el mozo ve que vos tenés tal pinta de pordiosero que viene y, sin preguntarte nada, te pone en la mesa un pingüino de vino tinto de la casa. ¿Qué te queda por hacer en ese momento? Levantarte e irte, querido. Ese mozo te está ofendiendo. Porque aunque vos seas un pordiosero y se vea a la legua que no te podes bancar ni por puta un vino más o menos pasable, el tipo tiene la obligación moral de alcanzarte la lista de vinos y preguntarte "¿El señor tiene alguna preferencia? ¿Desea algún vino gran reserva?". Entonces ahí sí, vos podés devolverle la lista y decirle, tranquilo "No, muchas gracias. Tráigame un pingüino con tinto de la casa" porque la verdad es que no tenés ni un mango partido por la mitad para elegir otra cosa... ¡Porque es un problema de dignidad, mi viejo! ¡Te tienen que dar la oportunidad de elegir, ese es el asunto! Pueblos enteros han ido a la guerra por eso...
    -- ¿Porque vino el mozo y les sirvió un pingüino de...?
    -- No. Por dignidad.
    -- Oíme, Mario... --Mochila pareció animarse de repente--. Yo me levanto y voy a la mesa de la mina y le hablo.
    La expresión de Mario fue de pánico. Advertía un atisbo de determinación inquebrantable en la voz del Mochila.
    -- No, Mochi, no jodas --se enojó.
    -- Voy, boludo. ¿No puedo ir, acaso? Todos los días hablo con ella...
    -- Vos tomás medio pingüino de tinto de la casa y te ponés a hacer boludeces, Mochila... Dejame de joder... No me gusta tanto despues de todo...
    Mochila se puso de pie. Mario se tapó la cara con la mano. Luego la destapó y habló mirando hacia otro lado. Transpiraba.
    -- Dejáme de joder, Mochila. Sentate --rogó--. Yo no voy. Si vos me llamas yo no voy. Me voy a la mierda. Me voy al baño. Te juro que no voy...
    -- Oíme, boludo --se agachó un tanto, Mochila--. Hoy puede ser un dia histórico para vos. A veces las minas que menos bola parece que te dan son las que más te vienen marcando, al final de cuentas. No seas ingenuo. Las minas son muy histéricas, y ésta es de las más histéricas que conozco...
    -- Te juro que no voy, Mochila... Sentate, no seas boludo... No me hagas pasar un mal rato...
    -- Por lo menos te sacas la duda de encima, pelotudo. Si te da pelota, perfecto. Si no te da pelota, bueno, al menos te sacastes ese quilombo de la cabeza y ya no te andas preocupando si anda con un macho, o con cuatro, o con cinco mil...
    -- Dejáme vivir con la ilusión, Mochila... De veras... Sentate...
    Mochila giró sobre sus talones y enfiló hacia la mesa de la Flaca. Mario, automáticamente, pivoteó sobre su silla primero hacia la calle Santa Fe y luego en sentido contrario, hacia el mostrador, como si estuviese sobre un sillón giratorio, fingiendo mirar hacia el teléfono público, los baños y las botellas expuestas sobre los estantes de vidrio. Se pasaba repetidamente las yemas de los dedos sobre las cejas.
    Mochila se dejó caer, despreocupado, sobre la silla vacía enfrente de la Flaca y, al punto, ésta, sonriendo, cerró la agenda y comenzaron a charlar. No dejo pasar mucho tiempo, Mochila, y tras algunas preguntas livianas de rigor, encaró el tema con la practicidad de un ejecutivo joven.
    -- Che, Flaca... --casi anunció--. No mires ahora... ¿Vos lo conocés al muchacho que está sentado conmigo, el de lentes?
    Ella dió una pitada larga a su cigarrillo, lanzó algo de humo por la nariz y dijo: "Sí, de acá. Del boliche".
    -- Bueno. Está muerto por vos.
    Marta miró al Mochila con expresión entre dura e inquisidora.
    -- ¿Ese pajero? --preguntó luego, casi airada. Mochila asimiló, apenas, el golpe.
    -- ¿Por qué, "pajero"?
    -- Hace como mil años que se la pasa mirándome y jamás se ha atrevido a decirme nada.
    -- Lo que pasa es que... ehh... Es muy tímido...
    -- ¡Por favor! --la Flaca sacudió la cabeza revoleando un mechón de pelo-- ¡Es un pajero!
    -- No, Flaca --Mochila estaba casi acostado sobre la mesa, apoyando el brazo izquierdo desde la axila hasta el codo, buscando buenas razones con cautela de minero--. Es muy tímido... Te digo que es muy buen tipo... es un tipo interesante...
    Marta extendió su mano derecha y la apoyó en el antebrazo de Mochila. Suavizó su tono y su mirada.
    -- Mirá, Mochila, te agradezco. Pero estoy cansada de la histeria de los tipos. Ya somos grandecitos. Ya no soy una pendeja...
    -- Pero lo parecés...
    Marta estiró una sonrisa forzada.
    -- Te agradezco --repitió.
    Mochila se quedó mirando un rato hacia la esquina de Sarmiento y Santa Fe. Como no encontró nuevos argumentos para su propuesta, se levantó cansinamente, saludó a la Flaca y se fue. Desandó cuatro pasos y volvió a su silla de la mesa compartida con Mario. Este, demudado, había pedido una medialuna de "La Nuria" y otro café, como para hacer algo.
    -- Ehhhh... --vaciló Mochila, mirando perdidamente hacia el baño.
    -- ¿Qué...? ¿Qué pasó? --tragó saliva Mario, intuyendo, quizá, lo peor.
    -- Dice que está esperando al novio...
    Mario mordió un nuevo pedazo de medialuna. Meneó la cabeza.
    -- Te dije... --dijo.
    -- Qué cagada --musitó Mochila.
    -- ¿Viste? --Mario parecía aliviado.
    -- Pero, al menos, lo intentamos...
    -- Te dije... --Mario se acomodó los lentes, mirando hacia la calle, mientras apuraba el último bocado, limpiándose los dedos con una servilleta.
    -- Qué va a ser...
    -- ¿Será posible, este boludo del Sobo? --se quejó Mario--. Justo hoy que lo necesito y no aparece...




*Fuente: http://www.literatura.org/Fontanarrosa/uno_nunca_sabe.html








 Bibliografía  Vínculos filiales
HIJOS DIFICILES, PADRES DESORIENTADOS. PADRES DIFICILES, HIJOS DESORIENTADOS*

 
*Por Eva Rotenberg-(Lugar)-286 páginas-($ 36)
Domingo 22 de julio de 2007 | Publicado en la Edición impresa

Hijos difíciles-padres desorientados. Padres difíciles-padres desorientados , de Eva Rotenberg, revela los años de experiencia clínica e investigación teórica de la autora, además de una amplia formación en los Grupos de Psicoanálisis Multifamiliar, creados por el doctor Jorge García Badaracco, y en su Escuela para Padres.

Uno de los objetivos de la obra es "poder establecer relaciones que sirvan para que las personas puedan utilizarlas para sí mismas y no como poderes rectificadores y controladores". La idea es que este libro les permita pensar en sí mismos en relación a los otros, y pueda servir también para desarrollar la "virtualidad sana" de cada lector.
Eva Rotenberg reconoce los aportes de Frida Fromm-Reichmann, que en 1948 describió a las madres esquizo-frenógenas, agresivas, dominantes, inseguras y rechazantes, y por contraste a los padres ausentes e inadecuados que enferman a sus hijos. Todos estos aportes al psicoanálisis con las familias,
que comenzaron en la década del 50 -con Pichon-Rivière, Margaret Mahler, Anna Freud, entre otros -, pueden considerarse aspectos parciales, como si la familia no constituyera una totalidad.
Aunque Rotenberg señala que estas teorías fueron muy revolucionarias en los años 50 y 60, porque pusieron el acento en la dinámica vincular entre las relaciones familiares, fue recién a partir de su asistencia a los Grupos de Psicoanálisis Multifamiliar, y a su encuentro con García Badaracco, que pudo
ver en vivo y en directo la dinámica familiar patógena. Vio también cómo madres aparentemente "encantadoras" enfermaban a sus hijos. Para su sorpresa descubrió que estos padres sufrían mucho y realmente no sabían cómo ayudar a sus hijos.

La autora añade que no podía entender cómo se sometía a los niños a largos años de terapia sin trabajar con los padres. Trabajar únicamente con los hijos resultó una tarea dolorosa, pues, a medida que éstos iban cambiando, se iban dando cuenta de que sus padres no realizaban el mismo cambio. Es más, sentían que si cambiaban corrían el riesgo de ser rechazados por su propia familia. Quedaban así atrapados en un círculo vicioso. Todo esto la llevó a crear una Escuela para Padres. A partir del Psicoanálisis
Multifamiliar permitió que estos padres pudieran sentirse acompañados en ese proceso y pudieran también pasar por experiencias enriquecedoras y gratificantes, simultáneamente con sus hijos.

El texto transmite sus ideas de manera eficaz. Despierta vivencias, y resulta terapéutico, porque uno va descubriendo lo que hizo y no hizo con sus propios hijos, y lo que hicieron y no hicieron nuestros padres, con las mejoras intenciones, con nosotros.
El libro, a través de relatos vivenciales, permitirá a muchos lectores abrir espacios mentales para que los padres puedan descubrir por sí mismos las dificultades que tienen o han tenido. Como dice Rotenberg, los padres pueden darle consejos a sus hijos, pero si no les transmiten la alegría de vivir, y
no dan el espacio para que ellos lo experimenten, las palabras pierdan sentido.

El índice de este libro es pormenorizado y no deja nada afuera: qué significa tener un hijo; la función de los abuelos, de la familia; la construcción de la mente del niño, el llanto, las pataletas, los miedos, la
angustia de la separación, el significado de los límites.
La autora parte del hecho de que las interdependencias recíprocas comienzan desde antes del nacimiento mismo. Hasta hace poco se pensaba que el bebe era "completamente pasivo y que funcionaba a nivel biológico sin estar conectado por el medio". Actualmente se considera a la madre y al bebe como una díada en la cual ambos interactúan influyendo activamente uno sobre otro. La autora dice, por ejemplo, que la mirada de los padres sobre el hijo tiene un poder muy fuerte sobre éste e influirá como una "marca" en el modo que podrá "mirarse a sí mismo". Aporta una observación fundamental que, en cierto
modo, vale para toda la vida. Se sabe que los pacientes mentales que sufren mucho se sienten muy pertubados por ser mirados como "enfermos" o como "locos" por sus padres.
El libro propone comprender y acompañar a los padres en el crecimiento y asistencia de su hijo. Sostiene que en el momento de separación del hijo, vivido con más angustias y dificultades por los padres de lo que parece, se puede descubrir que ser autónomo no equivale a ser egoísta, que en este
enfoque simultáneo de ayudar a padres e hijos, los padres también van a ir desarrollando recursos propios para sentir la angustia de separación, no como una muerte, sino como un proceso que tiene que darse naturalmente.




*María Elisa Mitre
-Fuente: La Nación.
http://www.lanacion.com.ar/edicionimpresa/suplementos/cultura/Nota.asp?nota_id=927551








Aviso Natural*




Yo soy la Sudestada
Del este traigo el viento solar
Desde el sur un viento de Patria
De sangre inocente
De recios mártires
De cruces de hierro

Yo soy la Sudestada
Someto de rodillas
barcos piratas árboles y pájaros
Para que en el fragor despierten
 una convicción de país

Yo soy la Sudestada
madrugo pescadores
serenos canillitas y embarcados
habitantes costeros
de un río que se embarra los codos
en medio de su labor gigante

Yo soy la Sudestada
Agito pejerreyes
Y hamaco alevinos
con mi rugido de cuna

Desoriento cansados ballenatos
Pongo en aprieto y adormezco
baqueanos que se precian
y arrastro hacia mí vestigios
de todos los hombres

Yo soy la Sudestada
Visité a Moreno
A San Martín
Al Almirante Brown
Y a Rosas
Los he visto llegar y partir
desdeñosos de mi presencia
como los que le sucedieron.

Por eso azoto año tras año
vuestros egos
vuestra indiferencia no me rinde
e inundo estas costas bonaerenses
para que estén alertas
por si mi padre interviene
El tiene hombros mas anchos.



*de Victor M. Falco  vittoriofa9@hotmail.com







Hasta que la muerte nos separe*




*por Beatriz Sarlo  bsarlo@viva.clarin.com.ar

 

Como sucede con los temas sobre los que se precipitan los medios, los zarandean un poco, y luego los abandonan porque algún ruido anuncia la llegada del tema siguiente, hace mucho que no se escucha hablar de los celulares en la escuela. El año pasado, el tema estuvo en los talk-shows de la media tarde y la medianoche, en el periodismo gráfico y en las páginasde Internet. No daba para mucho más y se pasó a uno nuevo. Quizás cuando los Blackberry, esos telefonitos múltiples de última generación, con e-mail,
agenda y acceso a Internet, sean un poco más baratos, demos vuelta las páginas hacia atrás y
comencemos de nuevo a discutir si está bien que los chicos ricos, o hijos de padres sensibles a todos los caprichos, los lleven a la escuela y se conecten a Internet durante una clase aburrida para jugarse una partidita de pókeren algún casino virtual.

Estos temas, por su naturaleza precisamente cotidiana, van y vienen. Nadie puede estar seguro de lo que será importante dentro de diez años. Nadie puede afirmar taxativamente que las escuelas, en vez de discutir el celular en las aulas, deberían discutir qué cantidad de trabajo deben hacer los chicos dentro de ellas. Cuando lo cotidiano es la tecnología, la cuestión se impone por el carácter amenazador que tiene sobre muchos adultos atribulados. Nadie quiere parecer un dinosaurio milagrosa e injustamente salvado de la extinción; nadie quiere decir sin más trámite que, así como los chicos no deben leer historietas durante las horas de clase, no pueden manipular ni tener encendido un celular. Pero, en vez de analizar la ocupación que no permite estar verdaderamente en clase, la discusión se remite a las llamadas "nuevas necesidades" generadas por las nuevas tecnologías.

Los padres, además, creen que sus chicos llevan un celular a la escuela para estar allí más seguros, como si la presencia de miles de celulares en las dos torres neoyorquinas hubiera sido capaz de evitar su destrucción. Es verosímil que los chicos anden con sus celulares por la calle, y las escuelas deberían tener un lugar donde ellos depositen sus telefonitos durante las horas de clase, como deben tener un lugar para que pongan sus bicicletas, ya que no parece conveniente que el derecho de llegar a la escuela en bicicleta se extienda a guardarla en el aula, apoyada contra el pizarrón.

De todos modos, no vale la pena razonar sobre el celular en el aula porque el tema fue olvidado, barrido y deslizado bajo la alfombra hasta que algún periodista vuelva a tropezarse con un caso extravagante, tan simple como olvidable: un chico, imaginemos, que recibe la resolución de sus problemas de álgebra a través de mensajes de texto enviados por un primo que estudia ingeniería.

Este rasgo jadeante de los temas en los medios, que gozan de unos días de rating antes de desvanecerse o ser empujados hacia el margen, donde permanecen al acecho hasta regresar, tiene algo que ver con la atención dispersa de la comunicación. Los diarios, por ejemplo, siempre han vivido de la rotación de las noticias, cada vez más intensa a medida que competían con la rotación de la radio y, en el último medio siglo, con la fantasmagórica nube de contenidos que se desliza por la pantalla de televisión. O sea que el hecho de que el tema "celulares en el aula" se haya diluido temporariamente tiene que ver con esa
rotación de los almácigos de noticias y comentarios. En cualquier momento puede reaparecer, no desesperemos.

Esto tiene que ver también con la atención al mismo tiempo absorbente y dispersa con que usamos las nuevas tecnologías. Quienes, los siete días de la semana, todavía leemos diarios sobre papel (y a veces más de uno), de todos modos, después de las cuatro o cinco de la tarde, sentimos la pulsión irrefrenable de ir a mirar las actualizaciones de esos diarios en Internet.
Por experiencia, sé que, una vez que entro a esas páginas, las recorro con una displicencia que no puede compararse con la atención con que he mirado la primera plana impresa a la mañana de ese mismo día. Sin embargo, la visita de las actualizaciones es difícil de evitar: ¿cómo no enterarse de algo que, casi siempre, puede esperar hasta el día siguiente y que, sin embargo, parece caracterizado por una urgencia de última batalla?, ¿cómo no mantener una ventanita abierta en el escritorio de la computadora con los resultados en vivo de un partido de tenis o de fútbol? Nada importante depende de esa noticia, excepto que alguien la está emitiendo y yo sé que está siendo emitida. El sólo hecho de que yo sepa que la noticia existe presiona mi deseo de enterarme: pasión de conectividad.

De eso, precisamente, hablan quienes se refieren al paisaje tecnológico contemporáneo donde los dueños de celulares creen vivir en comunidad estrecha; a quienes se obliga a mantenerlos apagados (a los desdichados alumnos de profesores exigentes o de colegios donde no se valora la conectividad continua en tiempo real) se los está maltratando moralmente. Quien acepte la premisa de la conectividad
ininterrumpida debe hacerse cargo de la sombría desesperanza que produciría una breve desconexión.



*Fuente: Clarín
http://www.clarin.com/diario/2007/07/22/sociedad/s-01460794.htm
 





*



A veces pienso
no es tan difícil de que esto ocurra
pienso en las cosas que se han perdido
sin yo notarlas, sin yo notarlas
que se han perdido
Fueron quedando
algo pequeñas y retrasadas
aquellas cosas
Basta pensarlas
pero no mucho
Basta fijarse
cuando uno anda
en las pavadas tontas y quietas
tontas pavadas
que los caminos ponen delante
a los que andan
Y vuelven solas,
aquellas cosas
incluso algunas muy tonterías
muy pocas cosas.




*Poema de Roberto Fontanarrosa,
citado de memoria, de ese libro de humor gráfico que llegó a mis manos allá por el año 72.
-Fuente: http://arguellestinta.blogspot.com/2006/10/del-negro-fontanarrosa.html





Correo:


Una verdadera injusticia*


Breton decía que el humor era una rebelión superior del espíritu.
Para mi es una forma de ver desde otro lugar, alumbrar lo que otros no ven, deshacer los frases hechas, los lugares comunes .Una manera de luchar contra la muerte y todas las impotencias humanas, el me de los que no pueden entrar en  ciertos consuelos menos elaborados. Todo esto lo digo  para no llorar
porque se murió Fontanarrosa y eso es a todas luces injusto si uno sabe que tantos, que lo único que hicieron fue causar dolor, siguen vivos. Me refiero a esas instituciones pomposas, uniformadas que siempre supieron cual era el ser nacional y estuvieron dispuestos a defenderlo con todas las armas. En
cambio el sabía del ser humano  y  tenía una ternura bondadosa con sus personajes y con las personas. Era brillante  y modesto y era nuestro.
Sensible frente a todos los males sociales supo investigar sus causas y descubrió el motivo de tanta violencia en la crueldad de levantar a los niños pequeños a horas infames para ir a la escuela, en invierno, una tortura . Acaso no sabemos a quienes representa la ideología contraria, temprano aunque sea para nada. Profundo ese descubrimiento, nada menos que desestimar el sufrimiento  inútil y aceptar el placer como motor del crecimiento No el placer egoísta, tan ensalzado en estas épocas, el de la
charla con los amigos, el del café y las historias compartidas, el de juntarse con los otros, en la cancha o para ver la nieve y emocionarse de a muchos.

Lo necesitamos tanto, el consuelo es que nos dejo mucho para leer y recordar.
Pero el también necesitaba la vida y para eso no hay consuelo.



*Cristina Villanueva, narradora oral, gracias a Fontanarrosa  "Yo fui la amante del Yety"
pluma@velocom.com.ar




*

Queridas amigas, queridos amigos:

El domingo 22 de julio del 2007 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música de los compositores latinoamericanos Cesar Guerra Peixe, Marta García Renart, Carlos A Vázquez y Mariza Rezende. Las poesías que leeremos pertenecen a
Jorge Mendoza Castaño (Colombia) y la música de fondo será de Wankamaru
(Andes). ¡Les deseamos una feliz audición!


ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!


REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!


YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schießstattstr. 44    A-5020 Salzburg      AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067

 



*

Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a rastrear noticias y reescribirlas en clave poética y literaria. Cuando menciono noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el corazón. Que nos parten el alma en pedacitos. A las que expresan mejor y más claramente la injusticia social.  El mecanismo de participación es relativamente simple. Primero seleccionar la noticia con texto completo y fuente. (indispensable) y luego reescribirla literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve (alrededor de 2000 caracteres).

Enviar los escritos al correo: inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar




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"Un invento argentino que se utiliza para escribir"
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Para compartir escritos dirigirse a : inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar
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Editor responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.

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Inventiva Social publica colaboraciones bajo un  principio de intercambio: la libertad de escribir y leer a cambio de la libertad de publicar o no cada escrito. los escritos recibidos no tienen fecha cierta de publicación, y se editan bajo ejes temáticos creados por el editor.
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Inventiva Social no puede asegurar la originalidad ni autoria de obras recibidas, solo verificar que un autor con nombre Y/o seudonimo , y una dirección personal de mail nos envia un trabajo.

Respuesta a preguntas frecuentes

Que es Inventiva Social ?
Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.

Cuales son sus contenidos ?
Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.

Cuales son los ejes de la propuesta?
Proponer el intercambio sensible desde la literatura.
Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.

Es gratuito publicar ?
En inventiva social no se cobra ni se paga por escribir. La publicación de cada escrito es un intercambio de libertades entre el escritor y el editor, cada escritor envia los trabajos que desea compartir sin limitaciones de estilo ni formato.

Cómo se sostiene la actividad de Inventiva Social ?
Sus socios lectores remuneran con el pago de una cuota anual el tiempo de trabajo del editor.

Cómo ayudar a la tarea de Inventiva Social?
Difundiendo boca a boca (o mail a mail ) este espacio de cooperación y sus propuestas de escritura
Posted by URBANOPOWELL at 15:20:15 | Permanent Link | Comments (0) |

Tuesday | July 17, 2007

HASTA LO HÚMEDO DE TU CORAZÓN

*


La hiedra de tus ojos invade de rocío mi cuerpo
Siento fresco     menta     y citronella
Tus pétalos se deshojan en mis labios       uno a uno
Desprendiendo  un perfume que me llena
El de tu aroma
Las rosas envidian
Las ciruelas quieren ser mordidas
Y los azahares se desvanecen
Cavo profundo  con mis manos en tu tierra
Voy hasta lo húmedo de tu corazón                  donde  echo mis raíces
Y me nutro
Reverdezco
Y descanso



*de Iván Silvero  untalivan2001@yahoo.com.ar






Hasta lo húmedo de tu corazón...









EL TIGRE DE AGUA*



    Una extensa ciudad de calles de agua. Ciudad abierta, casas rodeadas de
jardines agrestes, islas, puentes sutiles que unen las manzanas trazadas por
el capricho de los arroyos.
    Los juncos de las orillas danzando al paso de las embarcaciones, en
oleadas vegetales que cambian el tono de verde al inclinarse bellamente,
dulce, acompasadamente acompañando el hincharse del agua. Aguas marrones, se
diría espesas, con el trazado complejo de los flujos y reflujos que le tejen
una superficie de dibujo perfecto y móvil.
    Las casas sobre pilotes, subidas a sus largas patas de garza. Casas con
cenefas de latón, casas con tejados, casas de chapa y madera. Ricos y
pobres, con correspondientes embarcaderos: embarcaderos de bancos lustrosos,
embarcaderos de palitos atados con soga y clavos. Todos compartiendo el
paisaje.
    La lancha colectivo, el autobús que se desliza atracando donde la gente
parada en la escalerita reclama transporte. Los perros que despiden o
saludan con alegría canina, desbordante en saltitos, ladridos y corridas
alrededor del dueño que retorna y camina con una mano que revolea una oreja
o la indiferencia de la costumbre.
    El conductor de la lancha que lleva una garrafa al lado del timón, y la
pava siempre caliente para el mate imprescindible. La mujer y la hija al
lado, los pasajeros en sus cosas, la maestra corrigiendo cuadernos mientras
por las ventanillas se pierde el paisaje maravilloso. Pero ellos tienen los
ojos llenos de agua, ya no necesitan mirar para verla. Son los habitantes de
este extraño mundo donde todo ocurre en torno y sobre los ríos que ajedrezan
la llanura.
    Pasa la lancha almacén con las bolsas de papas y cebollas, las garrafas
de gas, el aceite y la harina. Pasa la lancha ambulancia a todo correr, pasa
la lancha basurera con sus bultos negros, pasa la prefectura, policía del
camino que él también, el camino, pasa.
    Las casitas con sus ropas tendidas y los patos en su corral. El cielo
blanco donde el encaje de las ramas desnudas dibuja nubes difusas.
    Y de pronto el Paraná. La enorme infinitud de un horizonte que se abre,
y allá lejos un barco transatlántico. Da miedo la sensación de pequeñez que
nos invade. Y, como hemos quedado sólo nosotros y el piloto con su familia,
mi mamá manejando el barquito entre carcajadas. "Más a la derecha, ahora,
mueva el timón más a la derecha". La fotografía para capturar la magia, como
si fuese necesario.
    Y la vuelta mientras la luz se pierde, y el reflector sobre la cabina
ilumina los muelles buscando pasajeros que retornen. Las casas con sus
cuadraditos de luz en las ventanas. La lancha que llega a buscar a los
obreros de una construcción. El día que se va como las aguas bautizadas con
nombres para reconocer los cauces, aunque el río, los arroyos, el agua es la
misma agua de tierra y juncos y relieve de melaza. Carapachay diremos,
Guayraca, Reyes, Capitán. Le daremos nombres al agua para creer que es ella
la que pasa y no nosotros los que nos vamos.
    Volvemos en el tren, otra magia. Si existe magia en los transportes,
cómo dudar de que trenes y barcos son los hechiceros de la imaginación y
quienes se aferran a los recuerdos.
    Hemos estado en una ciudad de agua. El Tigre le dicen. Cuando miro el
mapa veo el espinazo del Paraná, y las rayas de los cauces surcando el lomo
de la pampa.



*de Mónica Russomanno. russomannomonica@hotmail.com






Novios*



Temblequean las sillas, roñosísimos y quemados los mantelitos, las paredes,
rugosas y coherentemente húmedas, así como el techo, con ondas. El olor
ambiente casi se oye. Sobre el mostrador campean sándwiches de pan francés
envueltos en un plástico transparente, aunque no lo bastante, y en otro
envoltorio de idéntico material e inconfundible aspecto, se exhiben facturas
apelmazadas. En la mesita aquella, fumando, mientras aguarda el comienzo del
show, mi novio lee el capítulo onceavo de "Las Alas de la Paloma". Soy una
de las potras en bikini maquillándose en un cuartucho con insignificantes
pretensiones de camarín.




*de Rolando Revagliatti  revadans@yahoo.com.ar







Martes, 17 de Julio de 2007
La Protesta*



*Por Carlos A. Solero  casolero_1@hotmail.com



Fundado en 1897, por dos proletarios Gregorio Inglán Lafargue y Antonio
Pellicer Paraire, el periódico anarquista La Protesta siempre fue mucho más
que una publicación. Fue un ámbito de iniciativas de organización para la
lucha, un frente de confluencia de escritores, periodistas y una
incandescente llama productora de ideas a la que nadie pudo ni puede
detener.
Nacido como La Protesta Humana, el médico irlandés Juan Creaghe, antiguo
editor de El Perseguido, compró nuevas máquinas que permitieron ampliar la
tirada y le cambió el nombre para tornarlo más fácil al pregón de los
canillitas, más de una vez efectuaba la distribución personalmente en su
mateo para evitar las requisas de "orden social".
En la huelga de inquilinos de 1907, La Protesta fue el vocero de los
desheredados, maltratados por las clases dominantes y sus lacayos de sotana
y uniforme.
Los talleres de La Protesta padecieron múltiples atentados en las cruentas
jornadas de huelga. A pesar de esto siempre salía puntualmente publicado por
la valiente e ingeniosa labor de sus editores.
En la huelga de 1909, recordada por la masacre de obreros llevada adelante
por la soldadesca de Figueroa Alcorta, su sala sirvió para el velatorio del
marítimo Juan Ocampo, asesinado por las fuerzas policiales al mando del
Coronel Ramón Falcón.
Escribieron en las páginas de La Protesta: Eduardo Gilimón, Alberto
Ghiraldo, Florencio Sánchez, Rodolfo González Pacheco, Virginia Volten,
entre otros.
La Protesta tuvo diversas etapas quizás la más prolífica fue bajo la
dirección de Emilio López Arango y Diego Abad de Santillán, con dos
ediciones diarias, de mañana La Protesta y por la tarde el vespertino La
Batalla. Un suplemento semanal y otro quincenal con notas sobre anarquismo y
sus tendencias, literatura latinoamericana y universal, sociología,
filosofía y psicología. Además una editorial que publicaba libros y folletos
de Bakunin, Proudhon, Malatesta, Luiggi Fabbri, etc.
La Protesta polemizaba con el periódico Cúlmine de Di Giovanni, sobre
cuestiones tácticas de la lucha social, medios y fines. El uso de la
violencia en las luchas de masas, los atentados, etc.
Desde La Protesta se denunciaron las matanzas de la semana de enero de 1919,
las huelgas contra La Forestal, La Patagonia Trágica y los fusilamientos de
1500 obreros a manos de los esbirros de Varela y Anaya, enviados por
Yrigoyen. Propulsaba la campaña pro liberación de Sacco y Vanzzetti.
Con el advenimiento en 1930 de la dictadura uriburista, en primer término y
luego la década infame y la andanada fascistoide del 43, las dificultades de
edición crecieron las persecuciones a los militantes ácratas, espaciaban las
salidas del periódico.
El gobierno peronista con su férrea censura atacó a la prensa revolucionaria
y La Protesta no fue la excepción. Luego la heroica huelga de los obreros
navales, hallará a La Protesta junto a los trabajadores enfrentando a
capitalistas y dictadores.
La década del 60, fue un renacer de polémicas ideológicas y acciones. Por
aquel tiempo escribían en las columnas de La Protesta: Angel Cappelletti,
Oscar y César Milstein, Eduardo Colombo, Herbert Marcuse.
Al finalizar al década del 70 un grupo de jóvenes extasiados con la lucha
armada promueve un debate al interior de la publicación anarquista, pero el
Grupo Editor marca con claridad la línea anarquista en desacuerdo con la vía
del foco guevarista y la confluencia con las tendencias autoritarias del
socialismo.
La Protesta denuncia las maniobras de la dictadura de Lanusse y alerta sobre
la masacre en ciernes de la mano de la maquinaria estatal, los burócratas
sindicales y las fuerzas armadas.
Un editorial de La Protesta de junio de 1976, titulado "Nosotros acusamos"
elabora un certero y dramático análisis de coyuntura, denuncia la represión
militar, los secuestros, torturas y desapariciones.
La noche negra se abate sobre la región con secuela de horror y espanto.
En junio de 1982, reaparece La Protesta, denunciando los asesinatos de
Cambiasso y Pereyra Rossi, sigue hasta nuestros días la lucha y la prédica
el insobornable paladín libertario, del vocero de los oprimidos que hace
historia con sus páginas rojinegras, sin concesiones ni medias tintas con
debates e ideas polémicas y reflexión en pro de una sociedad anarquista, sin
explotación ni injusticias: socialista y libertaria.

* Miembro de la Biblioteca y Archivo Histórico Social "Alberto Ghiraldo".
-Fuente: Rosario-12







HAGAMOS COMO QUE EXCLUIMOS*




Excluyamos a los que se casan con alguien
por más o menos la única razón
de que los calienta
o de que los calienta advertir al contrayente
apetecido rabiosamente por otros

Excluyamos a los que se casan con alguien
por más o menos la única razón
de que el contrayente es "lindo" o "simpático"
o "trabajador"
o "presentable"
o "dispone de un buen pasar"
en fin, etcétera

Excluyamos a los que se casan con alguien
por más o menos la única razón
de que "no toleran la soledad", es decir, quedarse
en la horrorosa compañía que ellos
son para sí mismos

Si a todos éstos excluimos:
¿cuántos quedan?




*de Rolando Revagliatti  revadans@yahoo.com.ar








Ecología | 17.07.2007
Bichos en la ciudad*

 Großansicht des Bildes mit der Bildunterschrift:  "Porcellio scaber
isopod", conocida como cochinilla o chanchito de suelo.



Las bondades del trabajo de los insectos que pueblan las ciudades despierta
el interés de los zoólogos. El valor ecológico de los habitantes de los
suelos de ciudad es más importante de lo hasta ahora se ha creído.
Tan pronto como sale el sol no sólo los humanos queremos salir a pasear por
los parques y alamedas de la ciudad. Mientras los citadinos hacen deporte,
preparan un almuerzo o simplemente descansan al aire libre, hay armadas de
animales que trabajan febrilmente debajo del césped que nos sirve de
almohada.
Según la bióloga Silvia Pieper, "en un metro cuadrado de una profundidad de
20 centímetros viven decenas de miles de animales cuyo hábitat es el suelo".
Cierto es que "la mayoría de pobladores del suelo y subsuelo son conocidos
por nombre por los científicos, más no tanto su trabajo y, sobre todo, los
bondadosos efectos que éste genera", continúa la zoóloga Pieper, en la
página virtual de la Universidad Libre de Berlín.
En cooperación con el profesor Gerd Weigmann, director de Zoología de Suelos
y Ecología, de la Universidad libre de Berlín, Silvia Pieper ha desarrollado
el proyecto investigativo  "Fauna" de la Sociedad de Investigaciones (DFG).

Pequeños grandes colaboradores de las plantas

Cochinillas, ácaros y gusanos cortan, recortan y digieren hojas de árboles
que caen, aran los suelos con sus movimientos y le proporcionan alimento a
bacterias y hongos. Estos organismos, a su vez, concentran los materiales
orgánicos de tal manera que le facilitan a las raíces de las plantas la
absorción de sustancias alimenticias.
Pero también para los insectos la vida puede ser dura en las grandes
ciudades. La contaminación ambiental es mayor, por lo que las consecuencias
de la polución también llegan hasta los más pequeños pobladores de los
suelos. El agua además, está mal distribuida en las ciudades, por la
profusión de las superficies construidas y pavimentadas.

La misión ecológica de las cochinillas

A mayor urbanismo, mayor contaminación y mayor "parcelación" de los hábitat
de los insectos. El uso de los lugares públicos o privados para el ocio es
también más frecuente en las ciudades. Una sola tarde de picnic y asado al
aire libre interfiere enormemente en el trabajo de miles de insectos que
favorecen, a su vez, el crecimiento de los árboles que ayudan a limpiar el
aire en las ciudades.  ¿Puede hoy una cochinilla de ciudad cumplir a
cabalidad con su misión ecológica?, es por ello la pregunta de los
científicos, así la interrogante parezca lo más banal del mundo.
Seis años consecutivos investigó el grupo de zoólogos el acontecer en los
suelos de Berlín, tanto en la realidad como en laboratorios. "Nos hemos
sorprendido del grado de influencia de la fauna de los suelos", reconoce
Silvia Pieper. Camas de paja o desechos orgánicos con presencia de insectos
se reducen dos veces más rápido. Los mismos insectos ayudan a producir  30%
del nitrógeno que necesitan las plantas como fertilizante.

A menos asfalto, más aire puro

En laboratorio, por su lado, se demostró que son suficientes unos cuantos
insectos para elevar en 40% el contenido de calcio en los sistemas
ecológicos más pequeños. La fauna trae otra ventaja a los suelos: el agua
permanece por más tiempo en la tierra, ofreciendo mejor y mayor irrigación.
Así se podrían superar etapas de sequía que, al parecer, son cada vez más
frecuentes en los tiempos del cambio climático.
La fauna de los suelos es pues un factor no desdeñable de conservación de la
naturaleza. No en vano algunas ciudades quieren reducir poco a poco las
superficies cubiertas con cemento y asfalto. Un metro menos de vía asfaltada
es un metro que no pierde la naturaleza para su proceso de autoreparación,
del cual nos beneficiamos todos.



*José Ospina Valencia.
-Fuente:
http://www.dw-world.de/dw/article/0,,2695427,00.html?maca=spa-Titulares-640-html








Nota II y última
Viaje al punto más bajo de la línea de pobreza*

La familia que vive en las vías visitó Tucumán, su provincia


SAN MIGUEL DE TUCUMAN.- "Todo es más lindo en los recuerdos", dice Elvira
Robles, que llega a esa conclusión mientras recorre las empobrecidas calles
del barrio El Colmenar, donde creció, en las afueras de la capital
provincial.

Después de estar un mes junto con ella y su familia en el asentamiento de la
curva que hace el ferrocarril San Martín entre Paternal y Chacarita, en
Buenos Aires, LA NACION los acompañó en un viaje a la tierra de sus
orígenes. Quizás, andar en sus zapatos un trecho ayudaría a comprender por
qué, para ella, vivir al margen de una vía y con la muerte como vecina es
mejor que volver a los pagos en los que están familiares y amigos.

El viaje se hizo en tren, con Elvira y Luis, su marido, y Kevin, de cinco
años, que era el más ansioso por conocer Tucumán, aquella tierra de la que
partieron sus padres en busca de una vida mejor. Tanto, que la adrenalina no
lo dejó dormir.

Durante las 25 horas que duró el trayecto, el tren pasó por varios
asentamientos junto a las vías. "Mirá, acá están peor que nosotros, más
pegados a la vía", dijo Luis, cuando el tren pasó por Villa Constitución,
cerca de Rosario.

La última vez que Elvira y Luis hicieron ese camino, Ivana, que hoy tiene
once años, y Carolina, de nueve, eran bebas. Por eso, el regreso fue todo un
acontecimiento para el barrio. Allí esperaban el padre de Elvira, Miguel
Angel Robles, y Elvecia Dioque, su mujer.

También "Flopi", la hija de Elvira y Luis, que tiene tres años. Cuando era
beba, Elvira enfermó de tuberculosis y quedó internada. "Flopi" se quedó con
la bisabuela, que estaba de visita en Buenos Aires, y después se la llevó a
Tucumán.

El reencuentro fue difícil. Elvira corrió a abrazarla; la nena se asustó y
lloró. Sólo varias horas más tarde pudo alzarla y darle un beso. "Flopi"
miraba con ojos de no comprender mucho. Pero fue sólo un breve contacto;
después, regresó con la bisabuela a su hogar, en Alderetes, donde no sólo es
la reina de la casa, sino la razón de vivir que tienen su bisabuela y el
marido.

Desde que bajó del tren, Kevin miraba con el entrecejo fruncido. "¡Mentira!
Esto no es Tucumán", dijo enojado. Evidentemente, la ciudad que tenía ante
los ojos era distinta de la que había imaginado. Recorrer los barrios en los
que Elvira y Luis nacieron y crecieron fue elocuente. Aunque cueste
imaginarlo, existe un escalón más bajo en la línea de la pobreza que aquel
en el que Luis y Elvira viven junto a las vías, en la Capital.

Margarita Poma es media hermana de Elvira y subsiste a orillas de un canal,
en una casa de cuatro chapas. Hace tres años, tuvo a su último hijo, que no
sobrevivió al parto. Lo tuvo en la Maternidad Nuestra Señora de las
Mercedes, la principal de la provincia. Estuvo internada en la misma cama
que otra mujer. Parada junto al canal, cuenta: "Hace un tiempo, vino ayuda
del gobierno. Cuando fuimos a anotarnos, nos dijeron que era para gente más
necesitada". Y pregunta: "¿Quiénes vendrían a ser gente más necesitada?"

Aquí, la falta de perspectivas parece escrita en la frente de los
habitantes. A los 14 años, Lorenzo, el hermano menor de Elvira, ya no
estudia. En cambio, trabaja pesando y embolsando carbón, y es el principal
sustento de la casa. El padre es beneficiario de un plan social y la madre
cobra una pensión por viudez, de su primer marido.

Cuando Elvira y Luis eran chicos, aquellas tierras eran parte de una finca.
Hoy, el casco de estancia está en ruinas y adentro se instalaron varias
familias, aunque el techo está a punto de caerse. Aquellas tierras en que
crecían limoneros, había un tambo y se fabricaba ladrillo se convirtieron en
barriada. Allí, la línea de pobreza desciende aún más, hasta niveles
impensados.

En una casilla desvencijada, sin puerta, viven Jorgito, de 5 años y Lourdes,
de 3. Están al cuidado de su tío. Dos veces por mes, el hombre viaja a
Bolivia para pasar ropa en balsa y burlar controles aduaneros. El sujeto
relata las peripecias del viaje por el que, según dice, le pagan 45 pesos.
Mientras, los chicos comen arroz aguado, de una misma bandeja y con una sola
cuchara.

Elvira y Luis parecen, en ese contexto, gente de otra clase, ubicada mucho
más adelante en la escala social. Por eso sienten que, a pesar de todo,
ellos progresaron. Y que Tucumán no es un lugar para volver. Ese fue su
punto de partida. Ahora quieren hacer algo para que sus hijos puedan vencer
esa falta de perspectivas que sume a la gente cada vez más abajo de la
indigencia.

"Hija, ustedes tampoco pueden vivir así, junto a las vías. Tienen que salir,
tienen que cambiar", les dijo el padre de Elvira. "Estuvimos hablando con
Luis. Quiero que deje de cartonear. Porque el cartón da plata pero eso es
estar en la basura y trae enfermedades", confiesa. Cuando regresen a Buenos
Aires quiere buscar un trabajo en blanco. Una amiga le dijo que en Jumbo, de
Soldati, estaban tomando gente para limpieza.

Ahora es el anhelo que tiene. El camino que cree posible para empezar a
salir de la marginalidad. "Quiero cambiar de clase. Tengo que hacerlo por
mis hijos, porque ellos preguntan, necesitan cosas y nosotros tenemos que
darles el ejemplo de que se puede salir".


* * *

BUENOS AIRES.- Dos semanas después, el panorama es otro. Elvira tiene una
tristeza muy grande. Se seca las lágrimas pero no puede contenerse. Del
traslado que prometió el gobierno de la ciudad no hay noticias. Pero es otra
cosa lo que la tira abajo.

Luis se fue de casa. En realidad, nunca volvió de Tucumán. El último día,
antes de regresar, le dijo que no iba a volver. Elvira piensa que se fue con
una ex novia. "Nos dejó que volviéramos solos", cuenta en un sollozo, y se
abraza a esta cronista. No es el único que falta en la casa. Kevin se quedó
con el papá. "Luis me prometió que iba a venir a buscar sus cosas y que lo
iba a traer", dice, dolorida por tener lejos otro hijo más. En el fondo,
Elvira piensa que Kevin presentía algo y que por eso no le gustó Tucumán, y
que Luis no quería cambiar de vida, salir de la condición en la que viven
para buscar una mejor.

El día anterior, Talía había cumplido años. Como Luis no está, en la casa no
hay dinero y apenas algo de comida. "Hoy cumplo años, mami", le dijo la
nena. "Sí, ya sé, pero no tengo nada para hacerte...", lamentó Elvira. "No
importa, ya sé, pero igual es mi cumpleaños", respondió Talía.

A Elvira le duele la tristeza de sus hijas. "Quiero irme de acá porque tengo
miedo de hacer una locura. Ayer estaba mirando el tren y pensé: «¿Y si me
tiro? Voy a sufrir menos, pero los que van a sufrir son mis hijos».
Entonces, tengo que juntar fuerzas para salir adelante yo sola y para irme
de acá", cuenta. Esa noche, antes de acostar a las hijas más grandes, Elvira
se sentó con ellas y les contó que su papá no iba a volver. Les dijo que a
partir de ahora ella iba a salir por las noches con el carro a buscar
cartones, que se iban a quedar solas en la casa y que se tenían que portar
bien y no salir a las vías.

"Mami, no te preocupes. Vamos a salir adelante, vas a ver. Yo te voy a
ayudar; voy a cuidar a mis hermanos", le dijo Ivana. Tiene 11 años y desde
el martes pasado, por las noches, está a cargo de su familia.

Para el próximo sábado está planeando ir con la abuela a la feria del
Retiro. Quiere vender algunos de los juguetes y cadenitas que su mamá
encuentre en la basura. "Vas a ver, entre las dos vamos a salir adelante",
promete.



*Por Evangelina Himitian
Enviada especial

-Fuente: La Nación.
http://www.lanacion.com.ar/EdicionImpresa/informaciongeneral/nota.asp?nota_id=926396





*

Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a rastrear
noticias y reescribirlas en clave poética y literaria. Cuando menciono
noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el corazón. Que nos parten
el alma en pedacitos. A las que expresan mejor y más claramente la
injusticia social.  El mecanismo de participación es relativamente simple.
Primero seleccionar la noticia con texto completo y fuente. (indispensable)
y luego reescribirla literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve
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Sunday | July 08, 2007

SUPERHÉROES


*



Tu boca sonriente
(¿de minutos?,
¿de cielos?) y tus
pies
con polvo asomando
en tus sandalias.
Y tu mar encendido,
y ferroso,
que ondula y se
pierde
entre huellas,
entre tus pechos
y tus ojos, y donde
siempre
navegaste, y soñaste,
hora
a hora, rumbos
abiertos,
entre flores encarnadas
de chivato,
sin cadenas y sin
anclas.
Y tu boca triste
un momento,
o como oscurecida
por un viento
secreto o una
brisa
en los caminos,
las orillas,
y en todas las líneas
de la geografía y
de las manos,
sudadas, ya
sudadas,
al sol, a los días,
y tomadas
de sí y de mis
manos,
sudadas de vos,
de mí,
en los senderos,
en la imaginación,
en el beso
a beso,
en los olvidos...



*de Eduardo Dalter. cuadcarmin@hotmail.com
-En "Nidia". Ediciones del Nuevo Cántaro. Buenos Aires. 2007






SUPERHÉROES...







A FONDO: PABLO DE SANTIS - ESCRITOR

"Amamos en los héroes de historietas la vitalidad que suele faltarnos"*


La seducción de los comics cruza edades y generaciones. Para atrapar, se valen de rasgos tan austeros como potentes, y de personajes que conmueven por su capacidad de no temer a la acción.



*Claudio Martyniuk. cmartyniuk@clarin.com



Lo sabemos: las historietas son iniciáticas. Las primeras lecturas autónomas, no escolares, suelen ser historietas. Las fantasías juveniles más intensas, las que le brindan al lector los rasgos de los héroes y la más penetrante idea de aventura, se originan también en las historietas. La eficacia de este género surge de la conjunción de dibujo y texto, que parece armonizar las dimensiones del mirar y el hablar.
El escritor Pablo De Santis -quien recientemente obtuvo, en Bogotá, el Premio Planeta-Casa de América de Narrativa, en su primera edición, por su novela El enigma en París, dotado con 200.000 dólares y considerado el galardón literario iberoamericano de mayor cuantía- conoce íntimamente el mundo de las historietas. A los 21 años comenzó a trabajar en la revista Fierro como guionista y nunca se apartó de ese mundo deslumbrante.

¿La historieta es, como creen algunos, un género menor?

Obviamente, no. Pero es menos peligrosa la desconsideración que algunos hacen de la historieta que la entronización absurda -que también ocurre- de cualquier cosa dibujada. Como cualquier disciplina artística, hay obras geniales, extraordinarias, y obras mediocres, olvidables.

La historieta es un género austero, pero de gran vitalidad expresiva. ¿Eso produce mayores efectos de identificación entre los lectores?


Yo creo que sí. Uno suele identificarse con las cosas que contrastan más con uno. Es que como lector, uno está quieto y tiene una vida poco heroica. Es lógico entonces que se identifique, por sus hazañas, con héroes que nunca están quietos. Uno ama a los héroes porque nunca están quietos. O casi nunca. En algún momento, Sandokán iba a la isla de la Tortuga y vivía algunos instantes de reflexión. Pero duraban poco tiempo; en el capítulo siguiente ya el héroe encaraba una nueva aventura. Es que en la historieta
siempre alguien está haciendo algo. En la literatura puede haber más inmovilidad, pero en la historieta apenas se pone a alguien en el cuadrito, ya tiene que hacer algo. Creo que amamos en los héroes de historietas la vitalidad que suele faltarnos. Los personajes son dinámicos, están siempre en movimiento. Por eso el héroe de los relatos policiales de enigma no tuvo su versión en historieta. El policial de enigma presentaba un detective quieto, que está solo en un cuarto e investiga la pista. Ese no es un héroe
de acción: nunca resuelve algo agarrándose a las trompadas.

Ese detective, por su relación con el alcohol, el problemático vínculo con las mujeres y la soledad que lo rodea, ¿no tiene rasgos melancólicos?

Sí. Los policiales clásicos siempre son solitarios, melancólicos. Nunca existe una familia, o en todo caso arman esa familia provisoria con su asistente. Con él van hacia las aventuras y nunca se sabe de qué viven. Pero la historieta sí tomó al detective norteamericano, el de la novela negra, que ama la pelea. Por ejemplo, Dick Tracy. Eran detectives que iban en auto, siempre urgidos. No eran los detectives quietos del policial inglés, cuya versión más extrema y paródica es el personaje de Borges y Bioy Casares,
Isidro Parodi, que está preso y resuelve los casos a través del análisis, sin ninguna acción.

Pero la historieta también se extendió al campo de las ideas. Hay libros para principiantes que usan el formato de la historieta para divulgar posiciones científicas y filosóficas. ¿Puede la historieta exponer la reflexión?

Siempre me interesó todo lo que tiene que ver con la divulgación, con la posibilidad de que mucha gente entienda algo. Hay un libro llamado Kafka para principiantes, con dibujos fabulosos de Robert Crumb, que muestra cómo la historieta puede comunicar y llegar a más lectores.

Parece fácil hacer una historieta, pero ¿lo es?

No, para nada. Es fácil de leer, pero es un género muy complicado de ejecutar.

Además, no se hace de a uno...

Claro. Tiene que haber alguien que piensa la historia. Un guionista que tiene que hacer cuadro por cuadro los diálogos y saber cómo comunicarlos al dibujante. Tiene que haber una buena relación entre los dos. Tampoco es fácil dibujar una historieta, requiere una serie de destrezas técnicas particulares. Es muy común que excelentes ilustradores se pierdan a la hora de hacer historietas, porque olvidan lo imprescindible que es la acción.

Las imágenes que recordamos de las revistas escolares presentaban a los héroes históricos en historietas. ¿Qué capacidad tiene la historieta para construir una narrativa histórica?

Las ilustraciones de esas revistas escolares eran muy vívidas, creaban intensas anécdotas visuales. Y nosotros, lo que recordamos de la historia del colegio, siempre es una anécdota. Porque es mucho más fácil recordar una anécdota, y mucho más edificante también. Siempre se opuso la historia de la
anécdota a la historia de los procesos. Pero los hechos individuales también hacen a la historia, porque en esos episodios hay cosas que se resuelven o se condensan en una acción, una muerte o un rescate.

¿Por qué tiene tanta potencia erótica el dibujo de la historieta?

Es muy curioso. En un momento en que la historieta tenía problemas para subsistir en nuestro país, en Europa la historieta erótica era un éxito, con esas chicas tan pulposas. Es increíble, pero en un contexto de mucha producción de películas pornográficas, la historieta erótica triunfa. En definitiva, siempre son dibujos, nunca son reales, y sin embargo tienen una capacidad de potenciar la fantasía que quizá las películas y las fotografías de sexo explícito no tengan. La historieta desarrolla siempre la fantasía.

Una de las fantasías más poderosas es la del justiciero. ¿Qué rasgos tiene esa lucha por la justicia?

En cierto modo, en las historietas siempre hay una separación entre la ley y la justicia; o digamos, entre las leyes de los hombres y la justicia. El mundo de las leyes se muestra insuficiente, por la actitud de los
gobernantes o porque los policías a veces son ineficaces. Entonces aparece el héroe, que es el que se ocupa de hacer justicia. Batman, por ejemplo, está por fuera de las instituciones. El superhéroe es un personaje nacido dentro del género de la historieta; no existía antes en la literatura.
Muchos otros personajes, sí. Por ejemplo, Dick Tracy venía de la novela policial; el mismo Batman debe mucho a algunos rasgos de los folletines y ciertos personajes que aparecían en las novelas populares. Superman es un personaje que nace de la historieta; en la literatura popular no había nada parecido, nació para ser dibujado. Superman no es el que más me gusta; para mí es el más desabrido de todos los héroes. Quizás el más interesante sea Batman, con esos rasgos oscuros, nocturnos, en esa ciudad también oscura. Es un héroe en permanente correspondencia con su entorno.

La historieta también puede ser humorística. ¿Se confunde con el humor gráfico?

No. En una historieta narrativa -una historia larga, por ejemplo, El Corto Maltés-, vemos que hay muchos elementos: el personaje, el mar detrás, el barco.... Si nosotros vemos una historieta humorística, vemos que sólo aparece lo significativo: Mafalda o Inodoro Pereyra. El dibujante sólo dibuja lo que es significativo para el humor de la historia. No hay elementos de más, porque distraen la atención. El humor siempre necesita la concentración en un punto. En una historieta hay una escena de acción -el
héroe le da una trompada al villano de turno-, pero siempre hay otra en el fondo, sin que eso nos distraiga ni complique la lectura. Insisto: en el humor gráfico siempre necesitamos que nuestra atención vaya a un solo punto, porque el humor es algo que depende del instante.

En las historietas también están los villanos. ¿Es bueno que las historietas tengan un alto contenido moral?

Creo que sí. Me parece que es bueno tener una visión moral de la vida. No es necesario que cada persona esté identificada con el bien o con el mal, pero sí es importante pensar en el bien y el mal.

¿Los videojuegos tienen vínculos con las historietas? ¿El jugador es una especie de lector participante?

No, en la lectura hay un mecanismo interpretativo que siempre es más sofisticado que jugar videojuegos. Me parece que en la literatura hay algo fundamental: algo ocurre. Usted puede interpretarlo de distintas maneras, pero eso pasó y no puede elegir otro final. Si uno tiene cualquier final posible, se le arruina el efecto literario. Porque en él hay una fatalidad irreductible. La literatura siempre trasmite una sensación de destino, de que las cosas son así, que es indispensable para el efecto artístico. Si no,
ya es otra cosa. Por eso los videojuegos son juegos, no formas artísticas, de la misma manera que jugar al truco no es una forma artística, sino un juego. Atrapante, pero juego al fin.


*

De Batichica a Las Superpoderosas

Entre la historieta y los dibujos animados, hay muchas conexiones, inclusive una gramática gráfica bastante común. "A mí hay dos que me fascinan -confiesa De Santis-, que son Dexter y Las Chicas Superpoderosas.
Son dibujitos de una gran complejidad intelectual, tanto en los guiones como por los dibujos. Usan, a veces, dibujos que parecen de un trazo rápido; si uno los mira asiduamente, se da cuenta de que quien los hizo está pensando las cosas sobre el papel".
"Por otro lado -agrega-, siempre hubo vinculaciones muy fuertes entre los personajes de Disney y la historieta. Disney mismo tenía, para su revista de historietas, dibujantes extraordinarios".
De Santis insiste en la particularidad de Las Chicas Superpoderosas. "Los héroes tradicionales de los dibujitos eran masculinos-explica. Las Chicas Superpoderosas lograron promover la idea de que las chicas también pueden serlo. Aunque es cierto que hay dificultades con las mujeres heroínas. Uno
lo ve con los muñecos en una juguetería: los que quedan de oferta son mujeres. Batichica se vende con más dificultad que Batman. Es muy gracioso ver las diferencias de precio también. Hay algunos personajes que permanecen, como La Mujer Maravilla. Pero, en sí, el personaje del superhéroe pertenece al mundo de la identificación masculina. Los hombres siempre buscan héroes para identificarse. Pero me parece que para las mujeres no es tan estricto. No tienen problema, a veces, de identificarse
con una figura masculina".


Señas particulares:
Entre sus novelas se cuentan "La traducción", "Filosofía y Letras", "El teatro de la memoria" y "El enigma de París" (Premio Planeta-Casa de América).

EDAD:44 AÑOS
NACIONALIDAD:ARGENTINO
ACTIVIDAD: FUE GUIONISTA Y JEFE DE REDACCION DE LA REVISTA "FIERRO". ES
ESCRITOR.


Copyright Clarín, 2007.

*Fuente: Clarín. http://www.clarin.com/suplementos/zona/2007/07/08/z-03615.htm







Soloman*



Cuando descubrí el dibujo del superhéroe en el cuaderno de clase de Paula, no supe como reaccionar. Me surgió una sonrisa, pero contuve unas ganas locas de llorar. No por el título de la tarea que con ayuda de un buscador Web, logre enseguida relacionar con “Soloman”, cuento de Ramón García Domínguez. Sino por la ficción que desato en mí.
El tema es entonces la construcción subjetiva de la soledad que hace cada cual, la que hago yo a partir de ver el dibujo tierno de mi hija. La que casi me hace llorar a baldes, pero no, no delante de
Ella, mi hija de 8 años que enseguida me deja el cuaderno entre las manos y se va a saltar la soga y como parte de la regla salta y cuenta hijos en cada salto exitoso, Un hijo por salto cuando el futuro esta lejano todavía y más abierto que un azar de acontecimientos.
Y yo que quise llorar y no pude. Cerré el cuaderno y seguí imaginando a “Soloman” como el superhéroe de la soledad que algo tiene que ver conmigo.



*De Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial(arroba)hotmail.com






Ese día en que todo lo perdido vuelve*



La juventud termina, dice Isak Dinesen, cuando comprendemos que nuestro destino es exactamente igual al de los otros. Entonces empiezan a importar los ritos.
El año pasado, para las fiestas, yo me fui, solo, a Lisboa. Anduve largamente por callejones empinados, bajo guirnaldas de lucecitas; me sentaba melancólico a tomar café con la estatua de Fernando Pessoa; veía pasar familias con regalos y coros de niños que interrumpían sus villancicos bajo el abucheo de la llovizna y, aunque me preguntaba qué cuernos hacía tan lejos, no conseguía comprender. Hasta que una mañana, mientras buscaba la salida del laberinto del barrio árabe, se desató una tormenta y sin saber bien lo que hacía me refugié en la Iglesia de la Concepción, la más antigua de la ciudad, la única que se salvó del terremoto de 1775. Estaban celebrando misa. Como era día laborable, en la inmensa nave en sombras y ante un cura vestido de dorado y blanco, tiritaban sólo unos cuantos ancianitos. Pero cuando uno de ellos avanzó hasta el púlpito y empezó a leer las Escrituras, tratando de imponer su voz por sobre el trueno y el diluvio, de pronto, digo, comprendí. Arrullado por la música de los versículos me distraje de lo que decían; y pensé en el Cristo lacerado de la entrada, pensé en el Cristo lacerado de la entrada, pensé en la tormenta y en la ciudad inhóspita, pensé en los barcos azotados contra el muelle y pensé en el mar que más de cien años atrás habían cruzado mis bisabuelos portugueses. Pensé, en fin, en ese rito que como durante siglos seguía acogiendo a ancianos y extranjeros, a aquellos que no tienen con quién compartir su memoria, y me dije, de pronto: "Esto es la poesía". Y no me pregunten por qué, pero también pensé: "Esto soy yo". Comprendí, digo, y fue mi forma de comulgar.
Por favor, entiéndanme: aquí, en la Argentina, Jamás piso una iglesia: soy, si Borges no me engaña, agnóstico. Y la mayoría de los curas me parecen similares a aquel sacerdote lisboeta que se impacientaba a cada vacilación del viejito lector y que luego recitó la liturgia con la desgana de cualquier burócrata. Tampoco hablo de las ceremonias patrióticas. Después del genocidio, de la guerra de Malvinas, de las leyes que consagraron la impunidad, me repugna toda fiesta que incluya a los culpables, y si alguna vez me llevan por confusión o por fuerza, seré aquellos que arriman la silla vacía a la mesa de los saciados, quienes devuelven a su fuente "la fruta podrida con que lacayos quieren envenenar mendigos".
Hablo de los ritos privados, secretos, que inventamos cuando volvemos de los pocos sitios en que el recuerdo revive, un jueves en Plaza de Mayo, una madrugada en el boliche cuando nuestra misma conversación parece una manta de retazos, el cumpleaños de un hijo huérfano que se vuelve, de pronto, la celebración de un antiguo deseo de dos. Hablo, en fin, de esos ritos que nos inventamos para que en nuestra soledad, como en el día de la creación, vuelva a escucharse el Verbo, porque nos sentíamos perdidos y estalló la tormenta, porque acabó la juventud y ya no tenemos con quién compartir nuestros recuerdos, y porque sólo volver a actuar como antes da sentido a esto que somos.
Sé de gente que pone a girar viejos discos de vinilo, y hay quien arregla su jardín y reparte en macetitas gajos de árbol antiguo. Hay quien prepara pan dulce tan sólo para resucitar una antigua artesanía y hay quienes se preocupan por conseguir uvas para comerlas una a una a las doce del 31 al ritmo del viejo reloj de un abuelo gallego que inició la tradición. En cuanto a mí, este año que tengo menos dinero y menos trabajo también, he estado desarmando y limpiando, pintando y volviendo a armar una cajita de madera balsa, tapa de vidrio y fondo de corcho, que un estudiante de zoología fabricó para clasificar insectos hacia 1975, y que su madre me ofreció hace un tiempo y yo acepté para guardar mis lápices. Bajo la caricia de la lija, tantos años después, la madera estuvo soltando para mí, como un secreto, su perfume de savia, y yo me acordé de aquel fin de año en que él y sus compañeros se preguntaban cuál sería la bandera que empuñarían el día de los grandes festejos, el Día de la Revolución, y un amigo proponía izar el delantal con que su madre, cada mes, limpiaba la silla donde se sentaba brevemente el patrón que venía a cobrar el alquiler. Yo, en cambio, para la fiesta eterna elijo, no el dolor que protejo en mí con el pudor del amor y el cuerpo, sino la breve fajita de letras blancas que identifica a la caja con un nombre científico: Familia Chrisomelidae.
La elijo como bandera, digo, sin saber si la cajita guardó insectos o mariposas, porque siento que es una buena forma de nombrar esta nueva familia que fuimos construyendo, este lazo que nos reúne en la tormenta como un templo disperso, este rito en el que todo lo perdido vuelve, vuelve, desde allí en donde esté. Familia Crisomelidea, sí: vos, yo, nuestros muertos y nuestros hijos, nuestra poesía y nuestro inmenso silencio. No un museo: un antiguo deseo en marcha. Familia Chrisomelidae, y ya no importan nuestros nombres.
El año pasado, en Lisboa, conocí mi primer fin de año en invierno. Mientras iba solo, recorriendo monumentos llovidos con una guía turística y un paraguas maltrecho, comprendí con cierta envidia para qué se sirven turrones, nueces, chocolates, en las fiestas: para esperar, para invitar, para acoger a las visitas ateridas de frío y de misterio. Y ahora que dejo de escribir y vuelvo a poner mi lápiz en la caja, ahora que cierro su tapa de vidrio, siento que escribo, sí, para volver a esperar, que acabo de tender mi mesa y la fiesta recomienza.
Y llaman a la puerta.


*De Leopoldo Brizuela.
Publicado en la edición de Clarín del viernes 29 de diciembre del 2000.







Domingo, 08 de Julio de 2007
Finalmente*


*Por Juan Gelman


La máscara de la llamada guerra antiterrorista y en pro de la democracia y la libertad ha caído por completo como hoja seca en otoño. El rostro es negro: la Casa Blanca y Downing Street imponen a Irak contratos leoninos en materia de petróleo. Los favorecidos serán los de siempre: BP-Amoco, Shell,
ExxonMobil, Chevron, la francesa Total y la italiana ENI. Sus representantes integran el Centro Internacional de Impuestos e Inversiones (CIII) que presiona al gobierno títere de Bagdad para que adopte la Ley iraquí de hidrocarburos (LIH). Nuri al Maliki aceptó su primera versión en enero de
este año, un texto preparado por la empresa consultora gigante Bearing Point por encargo del Departamento de Estado norteamericano. El primer ministro no contaba con la reacción contraria que provocó en el Parlamento colaboracionista, y menos con la de los 26.000 trabajadores del sector
petrolero iraquí.
El periodista Arthur Lepic recuerda en el Réseau Voltaire (20-6-07) que el 4 de junio pasado aquéllos lanzaron una huelga que paralizó la zona productora principal del sur del país y cortó durante varios días las exportaciones de petróleo, que llegan a dos millones de barriles diarios, según cifras
oficiales. Antes de la invasión, se elevaban a 3,5 millones, un 50 por ciento más, y Paul Wolfowitz, uno de los arquitectos de la intervención, predecía que la producción de energéticos de Irak financiaría rápidamente los costos de la guerra. Se equivocó, claro, como cuando le aumentó el sueldo a la novia ya de presidente del Banco Mundial. La guerra ha entrado en su quinto año y no parece cercano el final, pero Irak posee el 10 por ciento de las reservas mundiales de petróleo y hay que saciar el apetito de
las megaempresas del ramo, especialmente en momentos en que se comprueba que la producción mundial de oro negro declinará en los próximos años por agotamiento de las reservas hoy explotadas.
La Federación iraquí de sindicatos del petróleo exige que se anule el aumento del precio interno de los hidrocarburos, que agrava una situación económica casi insostenible, y denuncian que la LIH privatizaría los ingresos del país procedentes del petróleo "en condiciones escandalosamente beneficiosas" para las compañías extranjeras. Al Maliki ordenó cercar a los huelguistas con tropas iraquíes y lanzó órdenes de arresto contra los líderes del movimiento, mientras cazas norteamericanos sobrevolaban las
manifestaciones. No pudo quebrar la huelga e hizo vagas promesas que, se sabe, están destinadas a la errancia. El proyecto de ley, que el Parlamento iraquí no termina de aprobar, es absurdo y aun increíble.
La LIH sancionaría el método del "contrato de coparticipación en la producción" (PSA, por sus siglas en inglés) que no existe en Medio Oriente desde las nacionalizaciones de los años '70. Algo saben de los PSA los dolores de cabeza de Putin, que los heredó del gobierno corrupto de Boris Yeltsin. El proyecto de ley para Irak estipula que los monopolios extranjeros, a cambio de inversiones -reales o no-, recibirán del 60 al 70 por ciento de los ingresos petroleros durante un período de amortización de
40 años y el 20 por ciento después. Las compañías aducen que la inseguridad imperante aumenta riesgos y costos. Olvidan un pequeño detalle: la ocupación ha generado esa inseguridad y se mantiene precisamente para garantizar la obtención de ganancias con el petróleo iraquí, que Hussein nacionalizó en 1972.
Este plan es viejo. El Departamento de Estado diseñó en abril del 2002 -un año antes de la invasión- el proyecto "Futuro de Irak" y en su elaboración participaron altos funcionarios del gobierno Bush, representantes de las megacompañías petroleras y exiliados iraquíes como Ibrahin Bahr al Ulum,
casualmente nombrado ministro del Petróleo después de la invasión. Una de las conclusiones de tal proyecto es que Irak "debe abrirse a las compañías internacionales lo más rápidamente posible al terminar la guerra". Que ya estaba prevista. Otra conclusión: "El país debe crear una atmósfera propicia a fin de atraer las inversiones en los recursos del petróleo y el gas natural" (www.gwu.edu, 1-9-06). John Negroponte, el segundo del Departamento de Estado, acaba de visitar Bagdad para apurar la promulgación de la LIH: lo respaldaban 160.000 efectivos militares estadounidenses y un ejército de
civiles contratados aún mayor. ¿Alguien suponía que esta guerra es por petróleo? ¿Eh?


*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-87765-2007-07-08.html


 



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 Queridas amigas, queridos amigos:


El domingo 8 de julio del 2007 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM o 97.3 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música de los compositores latinoamericanos Miguel del Aguila, Milton Esteves, Carlos Sánchez-Gutierrez y Ricardo Zohn-Muldoon. Las poesías que leeremos pertenecen a Vicente Girarte Martínez (México) y la música de fondo será de Alma del Sur (Andes).
¡Les deseamos una feliz audición!


ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!


REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com
Schießstattstr. 44       A-5020 Salzburg        AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067




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