EL PORVENIR HA DESHECHO LAS ESPERAS
a Renato Princic, ferroviario
1
Puñal de miriñaque entre los pastos
hiere las lentas soledades frías,
sobre un mandato de la geometría
monótono le cruje el duro trasto.
Como enhebrando pueblos en el vasto
y mudo mapa de las lejanías,
su negritud bufante engulle vías
saciándose en distancias de balasto.
Lleva una estrella temblorosa y sola,
una pequeña mota de rezago,
que parpadeando en su furgón de cola
señala la quietud del horizonte,
cuando, suspenso en un humito vago,
se funde entre las sombras y los montes.
2
Vestidos de brisas y amorseco,
pardos de liebres súbitas, venían por los campos.
En el andén gregario
comadreaban sus horas las sencillas esperas,
y era un contento ver las estaciones claras,
llenas ásperas manos de trato delicado,
traslúcidos niños que corrían mariposas,
mujeres aferradas a cestos minuciosos,
algún viejo sonriendo
detrás del vapuleado cigarro de los años,
perros vagabundos siguiendo cualquier gesto
con un comedimiento muy parecido al hambre.
Eran los descifrables modos
de una fiesta que el pueblo hacía suya
por obra y gracia de la soledad y de los mapas.
Después, en una diáspora de vapores y gorriones,
la voz de la campana
desparramaba ausencias y pañuelos.
Sobre el temblor overo de algún carro,
un par de adioses lentos
se sacaba despacio los abrojos.
3
Hay que verlos allí,
los aceros reumáticos y solos,
indefensos de solemnidad y hastío,
en medio de un páramo de olvido,
los han llevado a morir.
Escucho todavía
aquel bronce llamador de andenes,
empañando los vidrios que se marchaban lentos,
llenos de recomendaciones mudas;
y aquel pitido largo,
que despertaba el ojo de los girasoles
y corría de espanto
las pardas inocencias de las liebres.
Miro sus correrías de mariposas y vilanos,
agudo miriñaque
sesgando las ofrecidas donosuras del campo,
en un hilván de pueblos
que a la hora anunciada
se enfiestaban de niños y canastos,
con una transparencia sin horario.
Hay que verlos allí,
verificarles esa postración inútil,
la luna interpelándoles el lomo,
o el sol a pique sobre los techos rancios.
Un tañido ausente
desala gorriones invisibles,
mientras los días les abordan la tristeza
por un pretil confuso de yuyos y abandono.
Bajo la lluvia, inocentes y oscuros,
una traición con nombre
los ha llevado a morir.
Sobre las vías yacen
las tristes desinencias del óxido y el siglo.
Con su boleto de ida,
el porvenir les ha deshecho las esperas.
*de Abel Edgardo Schaller. abelnegroschaller@yahoo.com.ar
Paraná, julio de 2006.
El porvenir ha deshecho las esperas…
Condenados a estar conectados*
*por Beatriz Sarlo bsarlo@viva.clarin.com.ar
Hace pocas semanas, todos vimos la foto o el plano de televisión de Rosa Molina, la compatriota chaqueña de 56 años que pesa sólo 24 kilos. Sentada en la catedral de Resistencia, debajo de una cruz gigantesca, la mujer parecía venir del fondo del tiempo. Su cuerpo torturado por la miseria era
el de un semihumano de la estatuaria gótica. Como menos que humana la habían tratado, hasta el momento en que dos o tres denuncias la sacaron un rato del infierno. Los mismos diarios y las mismas pantallas de televisión, en los mismos días, mostraban los millones de turistas (mayoría de argentinos) que llevaron los números de ocupación hotelera a la altura del paraíso. Se puede hacer un fondo de pantalla de la computadora con la foto de Rosa Molina o de las familias felices triscando en la nieve. Vivimos, en efecto, en un mundo superconectado y eso nos obliga a enterarnos, aunque sea para olvidarlo de
inmediato, de la existencia de Rosa Molina, que forma parte de los desocupados del Chaco, la mitad de la población activa de la provincia (a la que contribuyen en cantidad escandalosa los indígenas cuya condición no ha mejorado porque ahora se los llame “pueblos originarios”: siempre estuvieron en el fondo del tacho y siguen estando allí). Estamos conectados y nos enteramos de todo.
La superconexión incluye, por supuesto, las indispensables conversaciones que tienen como escenario el colectivo. Incluye los mensajes de texto que van y vienen, consultados dos o tres veces a lo largo de un viaje en tren que dura veinte minutos.
Incluye todos los espacios donde las laptop y los nuevos teléfonos se pueden enganchar a la red como si uno estuviera frente su computadora de escritorio. Muchos saben lo que es consultar por internet, cada cinco minutos, el marcador de un partido de tenis o de fútbol; yo soy la primera en confesarme adicta a esa actualización compulsiva.
Hace casi cuatro décadas, Umberto Eco afirmó que lo más propio de la televisión era la “toma directa” del acontecimiento mientras estaba sucediendo, que en esa capacidad de reproducción instantánea la televisión tenía su rasgo más particular y el secreto que la separaba de otras representaciones con imágenes y sonidos como el cine. Cuando Eco hizo esta afirmación, nadie podía adivinar la masa de conexiones y transmisiones directas que hoy nos constituye. Más que una descripción, Eco hizo una
profecía: vivir en directo, no sólo como dato sino como utopía cultural.
Hay gente que, todas las tardes, consulta por lo menos dos veces las actualizaciones en internet de los diarios. No sé si es un modo para estar mejor informado que hace veinte años (época en que los diarios argentinos, por ejemplo, tenían muy buenas secciones internacionales y menos páginas de esas secciones perecederas por default que se llaman “sociedad” o “vida cotidiana”). Pero, aunque no se obtenga más información que antes, lo que a uno lo posee es una curiosidad irrefrenable por el detalle que podría
haberse alterado en el curso de cuatro o cinco horas. Como si uno estuviera comprando acciones en la bolsa de Tokio. La conectividad jamás reconoce un tope, y siempre parece amenazada por alguna caída imprevista. Nunca hay demasiada conectividad; la conectividad, por definición sólo puede juzgarse
en peligro. Siempre se puede caer un servidor, fallar la banda ancha, debilitarse la señal y de pronto, páfate, el mundo pierde relieve. Se desvanece o nos desvanecemos.
Perón, durante sus dieciocho años de exilio, enviaba cartas, documentos y cintas grabadas a sus seguidores. Hoy daría videoconferencias y López Rega colgaría un MP3 todos los días de modo que las directivas del líder pudieran bajarse a los equipos de audio miniaturizados. No sé si eso hubiera
acelerado su regreso triunfal de 1973, pero estoy segura de que el suspenso y la precaria llegada de las cintas grabadas serían superados por la comodidad con que circularían los MP3 por correo electrónico. Incluso podría emitir en continuado una radio por internet: “Desde Madrid, hoy a las veinte horas, Perón se dirige a todos los argentinos”.
Con sus celulares a mano, mientras regresan del trabajo a su casa hombres y mujeres habrían podido escuchar un podcast peronista y programas donde se reprodujeran discursos históricos. Como todos los investigadores y los periodistas y la gente que opina en el mundo interconectado afirma que la
política ha cambiado justamente por los efectos de las nuevas tecnologías comunicativas, no está prohibido reescribir la historia en este futuro hipotético. Naturalmente, los servicios secretos y los enemigos de Perón estarían hackeando su página de internet, introduciendo virus en falsos mensajes de correo del Gran Conductor que podrían sembrar el desconcierto.
Dejo a los lectores la continuación de este folletín tecnopolítico. Yo tengo que ver el resultado de Cañas en el torneo de Toronto, bajar los mensajes, subir unas fotos, buscar en las páginas de cocina una receta de alcauciles rellenos dificultad cero, bajar el MP3 gratis de allaboutjazz. com, que cambia todos los días, bendito sea. No sé qué haría con mi tiempo sin estas impostergables actividades.
*Fuente: Clarín
http://www.clarin.com/diario/2007/08/26/sociedad/s-01483400.htm
Tarde invernal*
El frío es muy intenso,
las calles están desoladas,
la llovizna melancólica cae
y empapa las veredas.
El cielo cubre la tarde
con su infinita tristeza,
un perro tiembla en una esquina,
el gris invierno lo mira.
En una plaza pequeña
dos niños aún se hamacan,
sus rostros están enrojecidos,
sus labios, morados.
El viento helado sopla
y arrastra algunos suspiros
por los caminos desiertos
en el sombrío paisaje.
Una débil voz murmura
y duele la soledad,
las ilusiones se escapan
y mueren los sueños.
*de María Griselda García Cuerva. mg_cuerva@yahoo.com.ar
“La pregunta de qué país queremos se responde en los laboratorios científicos”*
Una de las trabas para nuestro desarrollo es que por décadas costó vincular investigación y sociedad. Recién ahora ciertos consensos parecen posibles, tras desactivar intereses corporativos de cada sector.
*Fabián Bosoer. fbosoer@clarin.com
Durante siglos se fue consagrando la idea de que la ciencia es una práctica social y culturalmente neutra. Desde este punto de vista, sería lo mismo hacer biología molecular o física de partículas en Nueva Delhi que en Nueva York o Buenos Aires.
Pero cuando se mira la actividad científica desde la historia o las ciencias sociales, lo que se descubre es una práctica humana cargada de intenciones e intereses, y se descubre que sus instituciones son portadoras de idiosincrasias culturales, políticas, socioeconómicas. Sobre esto investiga, enseña y escribe Diego Hurtado de Mendoza, doctor en Física (UBA), director del Centro de Estudios de Historia de la Ciencia José Babini y secretario de Investigación de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM).
A la Argentina le costó bastante lograr un vínculo entre sus sectores económicos relevantes y la producción de conocimiento científico-tecnológico. ¿Por qué ha sido tan difícil?
Es un enigma que se puede comprender en buena medida integrando a los relatos de la historia política y económica del país, con los procesos de institucionalización y profesionalización de la investigación científica.
¿Cómo se dio esta relación entre ciencia y sociedad en nuestra historia?
Podemos fijar un primer anclaje en los años 50, cuando se crean la Comisión Nacional de Energía Atómica, el CITEFA, el INTA y el INTI y el CONICET.
Hasta los 90, junto con las universidades, estas instituciones fueron la columna vertebral institucional de la ciencia y la tecnología de nuestro país. Después del 96 se agrega la Agencia de Promoción. Si se observa este conglomerado institucional, una huella digital es que todas estas instituciones van a congregar buena parte de lo que se llama investigación y desarrollo de áreas centrales en la economía argentina. El INTA, del sector agropecuario; el INTI, del sector industrial; la CNEA, una parte clave de la cuestión energética que es la energía nuclear y, junto con CITEFA, lo que podrían llamarse áreas estratégicas vinculadas al sector militar. El problema fue que con estas instituciones las actividades de investigación y desarrollo quedaron instaladas fuera de las universidades. ¿Qué otra cosa le quedaba entonces a la universidad y al CONICET que la ciencia básica?
¿Hoy se podría ver esto como un error histórico?
Bueno, miremos qué hicieron otros países. En el desarrollo científico de los Estados Unidos, las universidades juegan un papel central. El Estado norteamericano impulsó las investigaciones agrarias a fines del siglo XIX a partir de las universidades estatales. El MIT, las universidades de Columbia, Stanford, California, Pensylvania, ya en las primeras décadas del siglo XX se esforzaron por construir vínculos sólidos con el sector de defensa y con el sector industrial. La filantropía de los grandes
industriales jugó en los Estados Unidos un papel central en la primera mitad del siglo XX. También los contratos con el sector militar. Y no fue para este país un proceso fácil.
En este caso, la Argentina no copió el modelo del país central.
Pero la solución no era copiar a los EE.UU., o a Corea… La moraleja que me gustaría sacar en este punto sería esta: teniendo un pequeño presupuesto para el desarrollo científico, nos dimos “el lujo” de instalar grandes sectores de investigación y desarrollo fuera de las universidades, donde se forman los científicos, ingenieros y tecnólogos.
¿Por qué se dio de este modo?
La pregunta entra de lleno en el tema. Primero, miremos el rol de los organismos internacionales. Por ejemplo, el INTA se crea a partir de lo que se conoció como el “Plan Prebisch”. Raúl Prebisch fue, como sabemos, un funcionario de la CEPAL preocupado por el desarrollo del agro en la Argentina, y recomienda, desde la CEPAL, la creación de un instituto tecnológico para el desarrollo de tecnología agropecuaria. Desde la Facultad de Agronomía y Veterinaria de la UBA se escucharon fuertes quejas: “¿cómo le van a dar un presupuesto comparable a un ministerio a un instituto para desarrollar investigación fuera del ámbito universitario, que es donde se forman los futuros investigadores?” Algo semejante ocurrió con la CNEA. La física experimental siempre fue un problema para América latina, sobre todo, por el costo de los instrumentos. Uno de los grandes físicos que tuvo la Argentina, Enrique Gaviola, luego de la caída de Perón, reclama el cierre de la CNEA y pide que sus laboratorios se trasladen a las universidades. Según Gaviola, la CNEA iba a aniquilar la física experimental en las
universidades.
¿Son ejemplos de una concepción elitista del desarrollo científico?
El elitismo es un aspecto, pero yo hablaría lisa y llanamente de corporativismo. Por un lado, los científicos, con sus intereses, con su ideología. Bernardo Houssay, que marcó la ciencia argentina, primer presidente del CONICET, y detrás de él lo que hoy llamamos ciencias biomédicas, de alguna manera lideraron, hasta fines de los 50 una parte del desarrollo institucional de la investigación. Y es un grupo que trae una ideología muy clara en la que el científico reclama autonomía del Estado, pero también financiamiento del Estado. Por otro lado, estaba el sector militar, que va a jugar un papel desde la década de 1930 y va a ser muy fuerte durante el peronismo. La energía nuclear va a ser para el sector
militar un área estratégica. Por aquellos días había militares como Mosconi, vinculado a YPF, Savio a la Dirección General de Fabricaciones Militares, o más tarde Quihillalt a la CNEA. En el proyecto industrializador de los 40 van a ser protagónicas muchas iniciativas del sector militar. Y después
están “las fuerzas vivas”, terratenientes, productores agropecuarios, empresarios, que hasta los 60 demostraron un desprecio histórico por la ciencia y la tecnología.
¿Qué ocurre luego?
El golpe de 1943 y la intervención de las universidades marca un cisma entre científicos y poder político-militar. Luego vino Perón, que cometió errores gruesos y aciertos enormes, en el campo del desarrollo científico-tecnológico. Pero al final del gobierno peronista se habían creado instituciones como la CNEA, CITEFA o el Instituto Balseiro. Desde la dictadura que expulsó a Perón, lo que se ve es una historia muy ambivalente, moldeada en la matriz de las crisis económicas, los golpes militares y los
condicionamientos externos. Se observan períodos buenos, como fue la primera mitad de la década de los 60, y momentos posteriores de demolición, como la última dictadura.
¿Qué significó la recuperación de la democracia para la actividad científica?
En diciembre del 83, cuando retorna la democracia, la utopía de la comunidad científica fue recuperar la “edad dorada” de la primera mitad de los 60.
Pero esos cinco años y medio de gobierno de Alfonsín se esfumaron intentando recuperar a las instituciones del desastre que había hecho la dictadura militar en un marco de ajuste estructural muy desfavorable.
Mientras tanto, habían pasado y estaban pasando cosas en el mundo.
Así es; entre otras, la década del 80 está marcada por el ascenso de la biotecnología y la microelectrónica, es el momento en que se empieza a “privatizar” la ciencia. EE.UU. define para sí mismo e impone al resto del planeta su sistema de regulación y de protección de la propiedad
intelectual. La empresa INVAP, uno de los pocos ejemplos de empresa de tecnología de punta, que es un caso singular para la historia argentina, debe proteger la propiedad intelectual por otros medios.
La clave parece radicar siempre en la dificultad de pensar en términos de
mediano plazo.
Y en términos sistémicos. Ciencia, tecnología, industria, agro, universidad no se pueden desarrollar de manera aislada. Son prácticas que crecen y maduran integrando redes de instituciones, tradiciones de conocimiento, decisiones políticas y hábitos culturales. La pregunta de qué país queremos se responde en gran parte en los laboratorios científicos, en los institutos de investigación y desarrollo tecnológico. Tuvimos grandes maestros del pensamiento político de ciencia y tecnología en los 60 y 70, como Jorge
Sábato, Oscar Varsavsky o Amílcar Herrera. Creo que fallamos en la capacidad de organización, de integración de las partes, de articular ideales y políticas con acción. Y en la búsqueda de consensos. Es algo que tenemos que enfrentar con políticas decididas a promover desarrollos tan autónomos como
sea posible, ahora que empezamos finalmente a entender lo que es la sociedad de conocimiento.
Copyright Clarín, 2007.
El paso de Einstein por la Argentina
En el libro que escribió junto a Miguel de Asúa, Imágenes de Einstein (Eudeba, 2006), Diego Hurtado encuentra en la recepción que tuvo la teoría de la relatividad en la Argentina una gran metáfora. Lo explica de este modo: “La visita de Albert Einstein a nuestro país, en marzo y abril de 1925, funcionó como un gran amplificador de cuestiones que estaban subyacentes en el escenario político-cultural. Desde el punto de vista científico, la visita de Einstein a la Argentina fue insignificante. Enrique
Gaviola, el primer presidente de la Asociación Física Argentina, dice decepcionado que ‘la visita de Einstein no sirvió para nada’. Pero aquella visita se transformó en un fenómeno cultural y solapadamente político. De partida fue claro que aquel que lograra aparecer como portavoz de la teoría de Einstein iba a poseer un capital simbólico muy importante. Entonces vemos en los diarios, hablando de la teoría de la relatividad, a generales, políticos, estancieros, intelectuales. En sintonía con esto, la presencia de
Einstein también amplifica una atmósfera autoritaria, la ciencia como excusa para desplegar argumentaciones que recurren a criterios de autoridad. Y finalmente, se dan algunas paradojas, como la amistad entre el físico pacifista y el poeta militarista. Porque Leopoldo Lugones fue quien más
cerca estuvo de Einstein y quien hizo lo posible para que el físico viniera a la Argentina. Creo que este panorama esboza una marca de identidad cultural de un Buenos Aires que aspiraba a gran metrópoli europea. Desde esta perspectiva, es interesante que esta primera aparición de la física en la primera plana de los diarios porteños tomó la forma de un gran gesto ampuloso”, concluye.
Señas particulares
NACIONALIDAD: ARGENTINO
ACTIVIDAD: HISTORIADOR Y FISICO. PROFESOR (UNSAM) E INVESTIGADOR DEL CONICET
ULTIMO LIBRO: IMAGENES DE EINSTEIN, CON MIGUEL DE ASUA.
Dirige la revista Saber y Tiempo de la UNSAM. Su especialidad es la historia social de la ciencia en América latina y la Argentina durante el siglo XX.
Actualmente trabaja en la historia de la energía nuclear en nuestro país.
*Fuente: Clarín.
http://www.clarin.com/suplementos/zona/2007/08/26/z-03615.htm
Lo bello y lo libre*
Promesa de felicidad o, por lo menos, de no infelicidad, el arte contemporáneo es puesto bajo la lupa en una serie de lúcidos ensayos.
*Por Mariano Dorr
Lo contrario de la infelicidad
José Fernández Vega
Prometeo 172 páginas.
El sugerente título del libro proviene de un texto de Stendhal (Roma, Nápoles y Florencia) donde aparece una idea que Adorno (después de encontrarla en Nietzsche) convertiría en lema: el arte entraña una “promesa de felicidad”. Sin embargo, según el autor, se ha intentado rebajar el arte a mero servicio de entretenimiento, consuelo existencial o refugio de valor financiero: “Esa promesa quizás se ha revelado excesiva. Pero en la época del fin de todas las cosas, el arte podría intentar, al menos, convertirse en lo contrario de la infelicidad”.
El interés fundamental de José Fernández Vega (investigador del Conicet y profesor de la Universidad de Buenos Aires) involucra tanto la estética como lo político, a partir de considerar que “la deslegitimación de la política contemporánea corre pareja con la deslegitimación de su arte”. El primero de los ensayos (“¿Buenas noticias sobre la ‘muerte del arte’? Entre comunitarismo e individualismo”) constituye una crítica implacable a los argumentos y conclusiones del filósofo estadounidense, Arthur C. Danto, en su (exageradamente celebrado) Después del fin del arte. Si Hegel declaró que el arte se había vuelto, para los modernos, “una cosa del pasado”, el problema de los modernos consistió (y consiste, todavía) en interpretar las palabras de Hegel. La Escuela de Frankfurt, por ejemplo, entendió que el
arte debía volverse crítico. Podía pervivir, “pero al precio de convertirse él mismo en filosofía”. Para Danto -señala el autor- “la muerte del arte significa que, en lo sucesivo, éste se desarrolla en consonancia con la pluralidad de la civilidad democrática”. Todos los estilos son admitidos; cualquier cosa puede convertirse en arte. La democracia liberal hace posible lo que Marx había soñado y entendido como comunismo (aunque restringido al ámbito del atelier, la galería y el museo): cada uno hace con su tiempo lo que quiere. La transformación revolucionaria ocurre en 1964, cuando Andy
Warhol expone sus cajas de jabón Brillo: entonces, después del fin del arte, todo vale. Fernández Vega recorre la argumentación de Danto, mostrando sus fisuras y señalando sus inconvenientes: la inevitable pérdida de autonomía artística en nombre de una “libertad individual” que muy poco tiene de
libre: “esa libertad es sólo una apariencia; el mercado -y no la filosofía- se ha vuelto su verdadero faro”.
El libro es un conjunto de ocho ensayos, escritos entre 2000 y 2005, aparecidos en publicaciones especializadas, modificados y corregidos para esta edición. Resultan imperdibles los trabajos sobre “el momento argentino en la plástica de los años sesenta”, donde Fernández Vega repasa el surgimiento vanguardístico del “Di Tella”, la función de Jorge Romero Brest y la experiencia estética radicalizada (y neovanguardista: contra el Di Tella) de “Tucumán Arde”. Dos ensayos sobre Adorno, un ajuste de cuentas con los “posmodernos” (despolitizadores del arte, a juicio del autor), un trabajo sobre el concepto de “representación” y otro sobre la noción de “belleza” (muy deteriorada, hoy) completan el volumen. El epígrafe del último ensayo, cita de Marcel Duchamp, resume el espíritu del libro: “Les
lancé a la cabeza, como una provocación, el mingitorio, y ahora resulta que lo admiran por su belleza”.
*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/libros/10-2684-2007-08-26.html
De Ella*
No es por su belleza
que
reconozco
me invade como un acorde ideal
para encadenar en oro
los mas brillantes versos
regalarle en cada cita
la mejor la más fantástica orquídea
y proclamarla de mis pequeños
tantas veces soñados
su madre
es
porque parece vivir
los problemas a su alrededor
miserias diversas
enfermedad el dolor
sin lágrimas
con otro rostro
abnegado
(como no parpadea ante nada
siempre temo
que se agrieten sus ojos)
es
como un testigo
con un único impulso
servir
hacer
eso hacedora.
Saben entonces
que no es
mi admiración
por su presencia marmórea lunar
perfecta
que ( tema aparte) me atrae
es… por esa otra…
belleza extraordinaria…
*de Victor M. Falco vittoriofa9@hotmail.com
*
Queridas amigas, queridos amigos:
El domingo 26 de agosto del 2007 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música de los compositores latinoamericanos Jorge Hernández Vela, Mauricio Rodíguez, Edgar Guzmán und Hiram Navarrete. Las poesías que leeremos pertenecen a Omar Darío
Gallo Quintero (Colombia) y la música de fondo será de Pachakuti (Andes).
¡Les deseamos una feliz audición!
ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!
YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com
Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067
*
Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a rastrear noticias y reescribirlas en clave poética y literaria. Cuando menciono noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el corazón. Que nos parten el alma en pedacitos. A las que expresan mejor y más claramente la injusticia social. El mecanismo de participación es relativamente simple. Primero seleccionar la noticia con texto completo y fuente. (indispensable) y luego reescribirla literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve (alrededor de 2000 caracteres).
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